Diario El Comercio Lima -Perú
24-03-1990

 
El rapto de las orquídeas
 

Orquídea. La más rara, la más hermosa de las flores. Algunas crecen en las selvas, otras en las montañas más altas, sobre la copa de los árboles o la roca desnuda, también flotando en el agua. Dos especies, rarísimas, florecen enterradas sin jamás asomar sus colores para ver la luz del sol. Mirarlas es todo un espectáculo.

Toman formas que recuerdan lepidópteros, cisnes, lagartijas, y hasta hombrecitos barbados. Aunque las hay de colores tan profundos que se acercan al negro, no se conoce orquídea alguna de tal oscuridad. Pero sí de muchos otros colores: rojas, blancas, lilas y naranjas, intensamente amarillas, marrones y muy pocas azules. Tan pequeñitas son algunas que cabría la planta toda en un dedal, otras son enormes. Los especialistas no se ponen de acuerdo en la cantidad de especies que existen, aunque las calculan en algo más de treinta mil. Se trata, pues, de la más grande familia de flores del jardín terrestre.

Belleza y aroma que han cautivado a través de los tiempos, y que en nuestro país están a punto de desaparecer arrancadas por manos inescrupulosas que han descubierto el buen negocio del rapto de las orquídeas...

La orquídea, esa hermosa y fragante flor cuyos más exóticos ejemplares se desarrollan en el trópico húmedo es, para los coleccionistas, un raro y valioso trofeo.

La pasión por los intensos colores y caprichosas formas de la flor, fomenta un millonario comercio internacional que "rapta" a la especie para llevarla a las grandes ciudades del mundo. Esto, en opinión de los conservacionistas, ha puesto en peligro la supervivencia de la especie en su hábitat natural, situación que se ve agravada por la pérdida irreversible de extensas zonas naturales donde ella florece.

La mayoría de naciones donde las orquídeas son parte del paisaje han dado estrictos reglamentos para su conservación, que apuntan al control de la extracción y del comercio masivo como una medida para evitar una irreversible pérdida. En nuestro país, pese a que existen algunos reglamentos, los especialistas coinciden en afirmar que de no adoptarse medidas más estrictas y efectivas, la orquídea peruana estaría irremediablemente perdida.

La belleza y fragancia de esta planta se dá principalmente en nuestra húmeda selva. De las especies existentes sobre el planeta, tres mil florecen en nuestras tierras. Cusco, Madre de Dios, Loreto, Ucayali, San Martín, Piura, Ancash, Amazonas son algunos de los lugares que, con tristeza, ven como manos inescrupulosas han ido borrando la flor de sus paisajes.

Un poco de historia

Las orquídeas ya eran muy conocidas desde la antigüedad. Fueron los primeros griegos quienes se ocuparon de la planta por sus peculiaridades.

Teofrasto, el padre de la botánica, dio el nombre de Orchis, a la especie europea que estudió; palabra griega que hacía referencia a la anatomía masculina.

Desde la antigüedad, pues, existió un gran interés por estas flores siempre rodeadas de leyendas y misterio.

Con el advenimiento de las conquistas y la exploración de las zonas tropicales; Europa aprendió que existían especies mucho más imponentes que las que se daban en sus tierras, y que algunas resultaban muy agradables al paladar.

Cuando los recios conquistadores de México se toparon con los aztecas, descubrieron que estos añadían las semillas fragantes de la vaina de una orquídea a su bebida de cacao.

La Vainilla planifolia (la flor del sabor de los helados contemporáneos) fue llevada a Europa y luego a Madagascar. La isla es hoy, el más grande productor de la semilla; satisface más de la mitad del consumo mundial. En Madagascar los agricultores se han beneficiado con un recurso al que no se le apoya en nuestro país. La vainilla, como las demás orquídeas podrían ser una herramienta para elevar los niveles de vida de las comunidades selváticas, y un motivo más para promover entre los colonos la protección de las selvas tropicales.

Extrañas relaciones

En 1862 Darwin publicó "Sobre los variados artificios mediante las orquídeas son fertilizadas por los insectos". "Estos -escribiría el sabio inglés- son variados y tan hermosos como las adaptaciones del reino animal". Y es que las orquídeas aseguran su fertilización con artimañas tan caprichosas que a veces resultan increíbles...

En 1731 un botánico inglés recibió un herbario de las Bahamas donde había un espécimen de orquídea. Después de muchos cuidados logró que floreciera, se trataba de la hermosísima Bletia purpurea. Este suceso desencadenó una fiebre sin precedentes por la flor, sin embargo pasaron más de cien años para que se lograra cultivar orquídeas en los invernaderos de Europa; los intentos habían sido desastrosos.

Los botánicos desconocían entonces que estas flores necesitan ser polinizados por insectos y avecillas, y los bichos definitivamente tienen negado el ingreso a los invernaderos. Cuando por algún descuido una pequeña abeja (quizá) logró su cometido, las semillas producidas no lograron germinar. No se había descubierto aún que las semillas pulvurulentas de la orquídea, a diferencia de la mayoría de semillas, carecen de endosperma (reserva nutritiva) y que dependen de una frágil y complicada relación para sobrevivir.

Para 1904 un francés apellidado Bernart, intrigadísimo por el comportamiento de la flor fuera de su habitat natural descubrió que estas sólo lograban germinar al ser "infectadas" por un hongo. Hoy sabemos que se trata de un hongo simbionte que les suministra alimentos a cambio de determinadas sustancias.

Los descubrimientos sobre las peculiaridades reproductivas de las orquídeas permitieron su domesticación en los invernaderos. Comenzó entonces la "cacería" de especies raras.

Los bribones...

Para comienzos del siglo diecinueve el tráfico de orquídeas era un excelente negocio. Se formaron diversas sociedades que entre intrigas y espionaje lograban ubicar las especies más valiosas y sacarlas de los países tropicales.

A nuestro país llegó, en 1892, un tal Oversluys, un bribón que por más de siete meses recorrió nuestras tierras en busca de la Cattleya Rex, una valiosísima especie que hoy a desaparecido casi totalmente.

En 1885 un tal Mr. Williams, funcionario de una de las casas comercializadoras de orquídeas, escribía preocupado sobre la forma como los "raptores" arrancaban por millares bellísimas especies "teniendo muy poco respeto por estos tesoros naturales y sin tomar en cuenta el futuro..."

La depredación que establecieron estos traficantes es, en la actualidad, asunto cotidiano; las cosas resultan además bastante más serias debido al retroceso de las selvas. Este sólo factor, en el Perú, deriva en una pérdida anual de 25 millones de orquídeas. Es pues evidente la necesidad de una mayor protección.

Como bien dice el Dr. Miguel Ibañez "no es posible que ante este hecho lamentable no se preste atención a la depredación causada por la mano del hombre. Es cierto que frente a la magnitud de la desaparición de orqúideas por otras causas, el problema causado por la extracción con fines comerciales parece mínimo. Pero lo cierto es que esas orquídeas que se arrancan de su hábitat natural para venderlas a los coleccionistas internacionales pueden las últimas".

Si el deterioro de nuestros bosques húmedos continúa al ritmo actual y no se desarrollan proyectos que permitan conservar las orquídeas peruanas, para el año dos mil tendremos que conformarnos con ver fotografías de los ejemplares...

Es necesario promover la investigación, conocer a fondo este recurso florístico y realizar un inventario de las especies amenazadas. Un importante paso al respecto sería el establecimiento del banco de germoplasma propuesto por algunos especialistas de la Universidad de San Marcos. Allí se resguardarían semillas para el futuro. Se hace necesario, además, el establecimiento de invernaderos; de ellos deberían salir todos los ejemplares a comercializarse

La orquídea es un excelente recurso; bien manejado puede significar la base del desarrollo de olvidadas comunidades de la selva. La flor es muy cotizada en los mercados internacionales; algunos ejemplares pueden alcanzar un valor de más de dos mil dólares. Sin duda una buena oportunidad para traer prosperidad a los colonos y una forma más de demostrar que el desarrollo de la amazonía no tiene por que estar basado en la deforestación masiva.

Las más raras, las más hermosas flores podrían desaparecer de nuestro país para siempre...¡No lo permitamos!