Lima.
Cerca al cielo. Los pumas acechaban venados y los osos de anteojos
jugaban con el agua clara de los puquios, las aves tejían sus
nidos con ramitas de matorral. Arboles, flores. Los bosques eran vigorosos
y extendiéndose, cubrían todo de vida. Hoy, el paisaje
no es el mismo.
En las partes más bajas: sequedad y silencio. Los cerros han
perdido su manto verde y la tierra muerta, muestra las dolorosas cicatrices
de la erosión. Sin embargo, la vida... Bajo la mirada atenta
y la mano fuerte de los agricultores cultivos de tuna, níspero,
manzana y palta cubren de color las laderas, y rompen la tristeza
marrón de los cerros de San Bartolomé.
Algunas cactáceas, ayudadas por sus espinas, han logrado
sobrevivir; lo demás es soledad... Pero arriba, donde la
tierra se confunde con el cielo, y las piedras juegan con la niebla,
se esconde un bosque. Es Zárate, el último de Lima.
Un bosque que agoniza, y está a punto de desaparecer...¡devorado
por las cabras!
Muy cerca a la ciudad de Lima, el bosque. Para alcanzarlo hay que
llegar a San Bartolomé, provincia de Huarochirí, y
después andar cuesta arriba por horas hasta encontrarlo,
escondido, en lo más alto.
Fueron los esposos Koepcke quienes descubrieron, y describieron
por primera vez, este valioso ecosistema. A ellos se les debe, también,
haber mantenido el nombre de Zárate.
Cuentan en el pueblo que en la zona alta del bosque habitaba un
poderoso ganadero de Llancha que así apellidaba, y que por
ello se acostumbra llamar Zárate a la zona. Y así,
los lugareños, lo han estado haciendo por generaciones. Los
Koepcke decidieron mantener como referencia el apellido del ganadero,
pues se trataba de un nombre que formaba parte de la tradición
de los pobladores, y que, además, estaba ampliamente difundido
entre las comunidades aledañas.
Un pequeño paraíso
Se trata de un bosque pequeño, cuyas mil seiscientas hectáreas,
han logrado sobrevivir a duras penas, y hoy están siendo
devoradas por las cabras. Zárate constituye una suerte de
"reliquia natural"; un remanente de la franja boscosa
que en tiempos pasados abarcó las estribaciones de la vertiente
occidental de los Andes. Desde su descubrimiento, la zona se ha
convertido en materia de especial interés para la investigación
científica. Ecólogos y biólogos, describen
el bosque como un "pequeño paraíso", donde
se han encontrado varias especies autóctonas, plantas nuevas
y aves desconocidas para la ciencia.
El Bosque de Zárate constituye uno de los pocos bosques
que sobreviven en la zona del centro; está compuesto por
una diversidad de pisos ecológicos de características
disímiles. En la zona están presentes las principales
comunidades vegetales de las vertientes occidentales del Centro
del Perú. El bosque trepa desde una ladera cercana a San
Bartolomé, a mil quinientos metros sobre el nivel del mar,
hasta mas allá de los cuatro mil metros, confundiéndose
con el vuelo del cóndor, y cambiando de rostro en cada paso.
Los pobladores dividen la zona dándole nombres que se refieren,
generalmente, a las características del paisaje. Así
tenemos, por ejemplo, el "mital", una zona donde crece,
incansable, el mito (Carica candicans) -pariente serrano de la papaya-,
Esquina Grande, una loma prominente a más de dos mil metros
de altitud, o Gatero donde antes habitó el puma (Felis concolor).
El agua es relativamente escasa en la ladera, especialmente en
la estación seca (mayo-setiembre). El Rio Seco, conocido
también como Quebrada Carnacha en su parte superior, constituye
la principal fuente de agua de la región; provee de líquida
transparencia a las tunas que se se cultivan, entre frutales, en
las terrazas azules del valle.
Arboles, flores y aves...
En el Bosque de Zárate, se pueden encontrar varios árboles
exclusivos de la zona. Entre los más abundantes, podemos
mencionar el calatillo (Myrcianthes quinqueloba) de hojas redondas
y tronco retorcido, que se desprende de su corteza como quien se
despoja de un traje colorado (de ahí el nombre). El chachamomo
(Escallonia resinosa) y el calo (Oreopanax oroyanus) de grandes
y bicolores hojas palmadas, son otras de las especies que abundan
en este bosque limeño.
La parte del bosque que presenta mayor densidad vegetal, es la
denominada gatero. Esta zona donde ayer cazaba el puma, hoy desaparece
digerida por las cabras.
Entre los árboles: las heridas de la tierra, quizá
un zorro y una vizcacha traviesa. El sobrepastoreo se evidencia
a cada paso, y los árboles mutilados nos recuerdan el dolor
de la tala.
La erosión está ganándole la batalla a la
belleza del paisaje.
Cientos de cabras arremeten ansiosas contra hierbas y arbustos,
algunas paradas sobre sus patas traseras arrancan, con rabia, las
hojas de los árboles. Según informan Neils Valencia
e Irma Frank, dos estudiososos del bosque, en Zárate, no
se observa regeneración vegetal. El árbol que perece
no renace. Las cabras con sus pezuñas todo lo arrasan, aplastan
a los frescos retoños cuyas tiernas raíces no soportan
el impacto. Las cabras lo devoran todo, inclusive las flores, truncando
así los procesos de polinización. Los árboles
caen derribados por los pastores, bien para leña o para forraje.
Un pasado de piedra
Pero el Bosque es mucho más que un interesante refugio para
la vida natural. En Zárate se encuentran lepidópteros,
reptiles, mamíferos y aves (como la autóctona Zaratornis
stresemanni) y también como en el resto del valle del Rio
Seco: gran cantidad de restos arqueológicos. Poco se sabe
del pasado de piedra que guarda el bosque, nada de su historia.
Muy pocos estudios se han ocupado de los restos y las referencias
han sido mayormente generales.
Entre los restos arqueológicos se cuentan poblados, necrópolis,
terrazas de cultivo y complicados canales de riego. Se trata de
evidencias de una ocupación humana precolombina, un misterioso
grupo que habitó las alturas y que necesariamente influyó
en el equilibrio del bosque.
Los restos arqueológicos sufren hoy la ocupación.
Las piedras históricas se han convertido en una suerte de
hogar de paso para los nómadas pastores.
Utilización del bosque y sus consecuencias
Es indudable que el sobrepastoreo, el constante andar de los pastores
y sus animales de un campamento a otro, y el frecuente uso de los
caminos que cruzan el bosque, tienen un impacto perjudicial, sobre
la flora y fauna.
Las lluvias, cada vez más escasas y el consiguiente empobrecimiento
de los pastos fuerza a los pastores a cortar los árboles
para alimentar al ganado. Son varias las especies animales que ya
no habitan la zona. Han desaparecido el venado, el puma, el ucumari
u oso de anteojos.
La destrucción abarca también el suelo. El ganado
ocasiona constantes derrumbes al empujar las piedras en su andar.
Los campamentos estan rodeados por zonas desnudas debido al constante
pisoteo. El suelo se empobrece y la erosión natural avanza.
Ya en 1964, los Koepcke sugirieron la creación del Parque
Nacional de Zárate, debido a su valor científicos.
En 1966, el Dr. Ferreyra, quien ha descubierto varias nuevas especies
en Zárate, propuso la creación del Parque Nacional
de Zárate. En l978, hace notar por primera vez que el bosque
está siendo destruido por las actividades humanas; considera
conveniente tomar medidas para su protección y sugiere se
le declare Unidad de Conservación.
Hoy, la depredación continúa pero se vislumbran cambios.
La comunidad de San Bartolomé ha comprendido la importancia
de preservar su bosque y ya prepara acciones. Por lo pronto el Presidente
de la comunidad, Sr. José Saldías y el nuevo alcalde,
Sr. Inocencio Cortabrazo han decidido prohibir la entrada de los
pastores. La comunidad ha firmado, además, convenios cono
la Universidad de San Marcos, y la Asociación Diaconia. Han
comprendido que se requiere de un trabajo organizado y conjunto
para salvar el último bosque de Lima. Es necesario reforestar,
continuar con las investigaciones, y prestar especial atención
a los restos arqueológicos. Recuperar las terrazas de cultivo
y los ancestrales canales de riego serviría de mucho a las
economias de las comunidades.
Urge la creación de la Unidad de Conservación del
Bosque de Zárate, una zona de tan alto valor científico
merece mayor atención...
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