Diario El Comercio Lima -Perú
01 -10-1997

Martha Meier MQ.

 
Nutrición y genética precolombina
Milenaria sabiduría...
 

La desnutrición es uno de los principales frenos para el desarrollo y progreso de los pueblos. Durante el inkanato este flagelo fue acertadamente enfrentado.

En nuestro país el hambre sigue siendo principal freno para alcanzar el desarrollo así como causa de diversos males que afectan la salud de la población. Volver los ojos al pasado es, muchas veces, revelador. En este caso es descubrir un panorama totalmente distinto al que padecemos hoy. Ya para tiempos del Tahuantinsuyo la desnutrición y las enfermedades y malformaciones asociadas a ella eran un problema prácticamente inexistente. Durante milenios, las mujeres y hombres del Antiguo Perú supieron aprovechar con gran sabiduría diversos cultivos para su alimentación. Aquella olvidada dieta contribuyó al desarrollo de una población saludable, inteligente, fuerte y sumamente creativa para resolver los más variados problemas.

La observación de la naturaleza, el profundo conocimiento de cada ecosistema, la experimentación y domesticación de múltiples especies de la flora nativa, permitieron en esos tiempos remotos contar con alimentos que influyeron de manera decisiva en el progreso del Perú de entonces. Hoy la ciencia moderna no deja de sorprenderse por el ancestral conocimiento y descubrimientos precolombinos sobre los requerimientos nutricionales del organismo humano para su óptimo rendimiento. Y eso no es todo. La antigua población peruana ya conocía de los efectos de ciertos componentes sobre las... ¡células!, Revelándonos una clara conciencia y sabiduría de los aspectos genéticos vinculados a la salud.

A continuación un extracto de 'Nutrición y Genética Precolombina', ensayo presentado por ese maestro de maestros que es el doctor Santiago Antúnez de Mayolo R., en el marco del Ciclo de Conferencias Magistrales organizado hace algunas semanas por el Instituto de Medicina Tradicional.

"Veinte mil años observando la naturaleza y experimentando permitió a los inkas, entre los siglos X al XV, retroalimentarse y obtener conocimientos que recién la ciencia empieza a explicar, y que nos faculta a interpretar él ¿por qué? De las prácticas precolombinas.

Quien por ignorancia daba muerte a una persona era ajusticiado, porque la ley inka obligaba a todos a aprender lo que no se sabía. Esta norma desarrolló un alto nivel de inteligencia, pues a cada cuestión o problema el poblador encontró tantas soluciones como análisis de la situación efectuó. Tal mentalidad permitió a los inkas, notables avances en ciencia y tecnología, llevando a que el Tahuantinsuyo fuera, en 1532, la primera nación de América.

El padre Acosta, cronista jesuita, informaba a Roma en 1576 que los indios de Juli, en Puno a 3 820 metros sobre el nivel del mar, aprendían en dos meses lo que los españoles no aprenderían en cinco.

CHICHA Y PESCADO

Notable complemento de la nutrición precolombina fue la sustitución del agua por el Azua, o Chicha. De ella se bebía cuando menos... ¡un litro y medio diario, por persona! Así se evitaba, no sólo, las usuales enfermedades transmitidas por el agua sino que suministraba al menos el treinta por ciento de las calorías requeridas, contribuía con el íntegro de la niacina, y más de la cuarta parte de la tiamina y riboflavina (vitaminas del complejo B). Según estudios del investigador Doyle, esta bebida por su contenido de las vitaminas antes mencionadas, influye de manera positiva sobre las gestantes y tiene correlación con el mayor peso, perímetro cefálico y talla del niño al nacer.

La chicha contribuyó con la cuarta parte de los requerimientos de ácido ascórbico (vitamina C), que protegía al sistema reproductivo de varones y mujeres de los riesgos del cáncer.

No menos importante fue el consumo de pescado, porque además de proteínas y grasas aportaba el yodo indispensable para la formación de la hormona tiroidal, la cual induce la secreción de importantes hormonas femeninas.

ALIMENTAR LA SALUD

Mejoró la asimilación de los nutrientes la costumbre de consumir cruda la carne de la fauna marina y terrestre, así como la pulpa de aquellas especies de la flora que no requerían ser hervidas para eliminar sustancias tóxicas.

La medicina tradicional asigna a los huevos de 'angelote' (Squatina armata), la capacidad de hacer fértiles a los varones, mientras que la fecundidad de las mujeres era fortalecida gracias al consumo de la huevera de los pescados.

Las prácticas de control de plagas, y el sacrificio de animales enfermos evitó que se propagasen parásitos y dolencias que afectaran a la población.

CEREBRO Y PESCADO

En la nutrición humana los ácidos grasos Linoleico (LA) y Linolénico (LNA) son esenciales porque el cuerpo no los puede sintetizar. Es por ello fundamental que se encuentre en los alimentos que ingerimos, para que nuestro cuerpo pueda transformar el LA en araquidónico (AA), conocido como Omega 6, y el LNA en docosahexaenoico (DHA), más conocido como Omega 3. Estos dos ácidos grasos son esenciales para la conformación de las neuronas del cerebro, de la médula, nervios, así como de los gametos (cada una de las dos células que en la reproducción sexual se fusionan originando el cigoto, o embrión).

Los ácidos grasos araquidónico (AA) y docosahexaenoico (DHA) se hallan especialmente en la anchoveta (Engraulins ringens). Para elevar el contenido de proteínas, minerales y ácidos grasos en los granos del maíz (Zea mayz), los antiguos peruanos costeros, acostumbraron sembrar el maíz rodeado de anchovetas. Este importante pescado se consumió siempre por su calidad nutricional, su abundancia y facilidad de pesca. Se deshidrataba y era enviada en grandes cantidades a la sierra. Los españoles la incluyeron en su dieta, por ello en 1630 el cronista jesuita Bernabé Cobo decía que era alimento de pobres y ricos.

Lamentablemente en el último medio siglo la codicia de unos pocos ha privado de este excelente alimento a la población peruana. Ahora se la convierte en harina de pescado para alimentar a reses, cerdos y aves foráneas.

Nuestro campesinado obtuvo otro importante elemento, el zinc, de la maca (Lepidium meyenii Walp). Se le utilizaba además para ayudar a los varones y mujeres estériles.

DESPENSA DE VIGOR

Antaño, de enero a mayo era el tiempo destinado al acopio de hojas que luego se deshidrataban para ser consumidas el resto del año. Funcionarios inkas revisaban las casas para comprobar e inventariar que hubiera alimentos almacenados. De esta manera se aseguraba la ración de vitaminas y minerales que propiciaban un cuerpo vigoroso y sano, y que al aportar ácido fólico protegían a las gestantes de tener descendencia con males como espina bífida o labio leporino.

En la sierra, las cosechas comenzaban en febrero con la "michka", o papa tierna. Luego seguían con la del "mangu" (Bromus mangu) y el "tuca", cereales hoy extinguidos. Hortalizas frescas y desecadas, la kiwicha, quinua, kañihua y el maíz se cosechaban de marzo a abril. Los porotos (Phaseolus vulgaris) y el tarwi, de abril a junio; terminando entre mayo y junio con la "cochca", es decir la gran cosecha de papa.

Para junio se contaba con amplia disponibilidad de variados alimentos, tanto por las cosechas cuanto por lo almacenado, además del consumo de animales domésticos. En febrero y marzo se contaba con abundantes hortalizas que repletaban los organismos de vitaminas y minerales, seguido por las calorías y proteínas proporcionadas por los animales domésticos y consumo de las reservas de "charqui" (carne seca) de la fauna marina y terrestre, así como de los cereales y menestras almacenadas.

En abril y mayo, tanto la mujer como el varón, aumentaron de peso por la alta disponibilidad de proteínas y calorías, así como de vitaminas y minerales. Es decir estaban en óptimas condiciones para el desarrollo de sus gametos.

MATRIMONIO EN AGOSTO

Hace unas décadas viajé en el mes de agosto a Puno. Me sorprendió ver algunas casas embanderadas y grupos de personas desfilando con su "pincullo" (flautín) y sus "tinyas" (tamborcillos), acompañando a personas engalanadas con flores en los sombreros. Al indagar se me informó que "en agosto la tierra era sorda", que se la podía cavar "sin que se resintiera" y que era el "mes del matrimonio".

La práctica precolombina de fijar el matrimonio en el mes de agosto, estaba destinado a que la futura gestante tuviera la oportunidad de almacenar en su cuerpo no sólo los minerales, vitaminas y proteínas, sino también las grasas, especialmente las Omega 3 y 6. Las primeras en ser requeridas desde antes de la procreación, ya que son indispensables para el desarrollo normal del óvulo y del espermatozoide.

DULCE CONCEPCION

A los catorce días de haber concebido, la gestante aún no percibe que está embarazada. Su feto, sin embargo, ya desarrolló el cerebro y la médula espinal, para los que requirió las grasas antes mencionadas. Cuando en la alimentación de la madre no se encuentran éstas y otras grasas anteriormente nombradas, las neuronas cerebrales y la médula espinal se forman con grasas de inferior calidad, ocasionando menor eficiencia en el proceso neuronal.

Otro aspecto sumamente importante es la alimentación de la madre lactante. Es primordial que consuma los ácidos grasos Linoleico y Linolénico (presentes principalmente en los cereales, menestras, oleaginosas y carne de llama), así como las grasas araquidónico u omega 6, y docosahexaneoico u omega 3 (presentes particularmente en la anchoveta, entre otros peces). Estos componentes son requeridos por la niña o niño en periodo de lactancia para el mejor desarrollo de su cerebro, médula espinal y defensa de sus células contra el ataque de virus y bacterias. Estas grasas están presentes en la leche materna, más no en la de vaca, ni en la de cabra, ni en la de soya, ni tampoco en las fórmulas maternizadas.

CULTIVOS Y REPRODUCCION

Durante el inkario la mujer que iba a concebir aumentaba de peso antes de la gestación. Durante los meses de escaso acopio de cosecha, contaba con las reservas de alimentos almacenados. Así, utilizaba lo guardado durante el segundo trimestre de gestación. Para el tercer trimestre, cuando es más importante el suplemento lípido (grasas) la conseguía de las menestras cosechadas y del consumo de carne, especialmente de la llama, cuyes, patos.

Al realizarse el matrimonio, planificadamente en agosto, el parto ocurría en mayo. Este mes resultaba excelente pues no había mayores trabajos agrícolas por realizarse, entonces los padres contaban con más tiempo para el cuidado del bebé, en sus trascendentales primeros meses de vida. Las ordenanzas inkas eximían de participar en los trabajos públicos a los progenitores que tuvieran hijos menores de dos años. Hay que recordar que en el inkario los padres eran severamente castigados por la muerte de sus menores, presumiéndose que era el descuido la causa del deceso.

FELIZ NACIMIENTO

Diversas teorías sostienen que cuando el nacimiento se realiza en el otoño o invierno, es decir en temporada de frío, el espesor del córtex o materia gris del cerebro es más gruesa. Esto brindaría una mayor capacidad para el desarrollo de las neuronas en el cerebro. En los Andes el mes de junio es frígido.

En el inkario el uso de la medicina natural, durante la gestación, no ocasionaba anormalidades genéticas que hoy se observan por la malnutrición, automedicación, drogas, etc.

EL LEGADO...

Cuando nos referimos a nuestros antepasados nativos precolombinos, automáticamente hacemos recaer en ellos las apariencias de los actuales campesinos desnutridos, de baja estatura, poca capacidad energética y en extrema pobreza: nivel de vida al que los hemos llevado. Tal visión no puede ni debe ser imaginada para el inkario. No hay más que leer los textos antiguos para percatarnos de la robustez, extraordinaria energía, nivel de salud y longevidad que tuvieron.

La genética inka nos enseña que si se desea tener una hija o un hijo sano y bien dotado, la madre y el padre deben alimentarse perfectamente en los cinco meses anteriores a la concepción. La que ha de gestar debe haber aumentado su peso antes del embarazo y durante la gestación, al hoy no consumirse la grasa de los camélidos ni las menestras nativas, debe incluir en su alimentación el aceite de soya, acompañada de vitaminas B.C y E, y consumir especialmente pescados de carne oscura.

Nos enseñaron los inkas que, si se desea que los hijos tengan éxito en la vida, desde muy temprana edad se les debe entrenar para que construyan su conocimiento, promoviendo el desarrollo de una mente divergente, analítica, creativa y práctica.

Si bien de la adecuada nutrición dependerá el potencial genético, la inteligencia que tendrán cuando adultos dependerá de la estimulación, experiencias y guía que reciba el infante.

Cuando en el año 2,021 se conmemore el segundo siglo de nuestra Patria como República, sólo podrán detentar niveles dignos de vida aquellos que retomando el aprendizaje inka posean un cociente intelectual superior. Esto debe estar unido a los sólidos valores humanos incaicos y a una excelente salud para poder sobreponerse a la creciente contaminación ambiental que estamos generando.

Recuerden "ama quella": No ser ocioso; "ama llulla": No ser mentiroso; "ama sua": No ser ladrón; "ama opa": No ser ignorante; "ama llunca": no ser adulón..."

-DR. SANTIAGO ANTUNEZ DE MAYOLO R.