La desnutrición es uno de
los principales frenos para el desarrollo y progreso de los pueblos.
Durante el inkanato este flagelo fue acertadamente enfrentado.
En nuestro país el hambre sigue siendo principal freno
para alcanzar el desarrollo así como causa de diversos
males que afectan la salud de la población. Volver los
ojos al pasado es, muchas veces, revelador. En este caso es descubrir
un panorama totalmente distinto al que padecemos hoy. Ya para
tiempos del Tahuantinsuyo la desnutrición y las enfermedades
y malformaciones asociadas a ella eran un problema prácticamente
inexistente. Durante milenios, las mujeres y hombres del Antiguo
Perú supieron aprovechar con gran sabiduría diversos
cultivos para su alimentación. Aquella olvidada dieta contribuyó
al desarrollo de una población saludable, inteligente,
fuerte y sumamente creativa para resolver los más variados
problemas.
La observación de la naturaleza, el profundo conocimiento
de cada ecosistema, la experimentación y domesticación
de múltiples especies de la flora nativa, permitieron en
esos tiempos remotos contar con alimentos que influyeron de manera
decisiva en el progreso del Perú de entonces. Hoy la ciencia
moderna no deja de sorprenderse por el ancestral conocimiento
y descubrimientos precolombinos sobre los requerimientos nutricionales
del organismo humano para su óptimo rendimiento. Y eso
no es todo. La antigua población peruana ya conocía
de los efectos de ciertos componentes sobre las... ¡células!,
Revelándonos una clara conciencia y sabiduría de
los aspectos genéticos vinculados a la salud.
A continuación un extracto de 'Nutrición y Genética
Precolombina', ensayo presentado por ese maestro de maestros que
es el doctor Santiago Antúnez de Mayolo R., en el marco
del Ciclo de Conferencias Magistrales organizado hace algunas
semanas por el Instituto de Medicina Tradicional.
"Veinte mil años observando la naturaleza y experimentando
permitió a los inkas, entre los siglos X al XV, retroalimentarse
y obtener conocimientos que recién la ciencia empieza a
explicar, y que nos faculta a interpretar él ¿por
qué? De las prácticas precolombinas.
Quien por ignorancia daba muerte a una persona era ajusticiado,
porque la ley inka obligaba a todos a aprender lo que no se sabía.
Esta norma desarrolló un alto nivel de inteligencia, pues
a cada cuestión o problema el poblador encontró
tantas soluciones como análisis de la situación
efectuó. Tal mentalidad permitió a los inkas, notables
avances en ciencia y tecnología, llevando a que el Tahuantinsuyo
fuera, en 1532, la primera nación de América.
El padre Acosta, cronista jesuita, informaba a Roma en 1576 que
los indios de Juli, en Puno a 3 820 metros sobre el nivel del
mar, aprendían en dos meses lo que los españoles
no aprenderían en cinco.
CHICHA Y PESCADO
Notable complemento de la nutrición precolombina fue la
sustitución del agua por el Azua, o Chicha. De ella se
bebía cuando menos... ¡un litro y medio diario, por
persona! Así se evitaba, no sólo, las usuales enfermedades
transmitidas por el agua sino que suministraba al menos el treinta
por ciento de las calorías requeridas, contribuía
con el íntegro de la niacina, y más de la cuarta
parte de la tiamina y riboflavina (vitaminas del complejo B).
Según estudios del investigador Doyle, esta bebida por
su contenido de las vitaminas antes mencionadas, influye de manera
positiva sobre las gestantes y tiene correlación con el
mayor peso, perímetro cefálico y talla del niño
al nacer.
La chicha contribuyó con la cuarta parte de los requerimientos
de ácido ascórbico (vitamina C), que protegía
al sistema reproductivo de varones y mujeres de los riesgos del
cáncer.
No menos importante fue el consumo de pescado, porque además
de proteínas y grasas aportaba el yodo indispensable para
la formación de la hormona tiroidal, la cual induce la
secreción de importantes hormonas femeninas.
ALIMENTAR LA SALUD
Mejoró la asimilación de los nutrientes la costumbre
de consumir cruda la carne de la fauna marina y terrestre, así
como la pulpa de aquellas especies de la flora que no requerían
ser hervidas para eliminar sustancias tóxicas.
La medicina tradicional asigna a los huevos de 'angelote' (Squatina
armata), la capacidad de hacer fértiles a los varones,
mientras que la fecundidad de las mujeres era fortalecida gracias
al consumo de la huevera de los pescados.
Las prácticas de control de plagas, y el sacrificio de
animales enfermos evitó que se propagasen parásitos
y dolencias que afectaran a la población.
CEREBRO Y PESCADO
En la nutrición humana los ácidos grasos Linoleico
(LA) y Linolénico (LNA) son esenciales porque el cuerpo
no los puede sintetizar. Es por ello fundamental que se encuentre
en los alimentos que ingerimos, para que nuestro cuerpo pueda
transformar el LA en araquidónico (AA), conocido como Omega
6, y el LNA en docosahexaenoico (DHA), más conocido como
Omega 3. Estos dos ácidos grasos son esenciales para la
conformación de las neuronas del cerebro, de la médula,
nervios, así como de los gametos (cada una de las dos células
que en la reproducción sexual se fusionan originando el
cigoto, o embrión).
Los ácidos grasos araquidónico (AA) y docosahexaenoico
(DHA) se hallan especialmente en la anchoveta (Engraulins ringens).
Para elevar el contenido de proteínas, minerales y ácidos
grasos en los granos del maíz (Zea mayz), los antiguos
peruanos costeros, acostumbraron sembrar el maíz rodeado
de anchovetas. Este importante pescado se consumió siempre
por su calidad nutricional, su abundancia y facilidad de pesca.
Se deshidrataba y era enviada en grandes cantidades a la sierra.
Los españoles la incluyeron en su dieta, por ello en 1630
el cronista jesuita Bernabé Cobo decía que era alimento
de pobres y ricos.
Lamentablemente en el último medio siglo la codicia de
unos pocos ha privado de este excelente alimento a la población
peruana. Ahora se la convierte en harina de pescado para alimentar
a reses, cerdos y aves foráneas.
Nuestro campesinado obtuvo otro importante elemento, el zinc,
de la maca (Lepidium meyenii Walp). Se le utilizaba además
para ayudar a los varones y mujeres estériles.
DESPENSA DE VIGOR
Antaño, de enero a mayo era el tiempo destinado al acopio
de hojas que luego se deshidrataban para ser consumidas el resto
del año. Funcionarios inkas revisaban las casas para comprobar
e inventariar que hubiera alimentos almacenados. De esta manera
se aseguraba la ración de vitaminas y minerales que propiciaban
un cuerpo vigoroso y sano, y que al aportar ácido fólico
protegían a las gestantes de tener descendencia con males
como espina bífida o labio leporino.
En la sierra, las cosechas comenzaban en febrero con la "michka",
o papa tierna. Luego seguían con la del "mangu"
(Bromus mangu) y el "tuca", cereales hoy extinguidos.
Hortalizas frescas y desecadas, la kiwicha, quinua, kañihua
y el maíz se cosechaban de marzo a abril. Los porotos (Phaseolus
vulgaris) y el tarwi, de abril a junio; terminando entre mayo
y junio con la "cochca", es decir la gran cosecha de
papa.
Para junio se contaba con amplia disponibilidad de variados alimentos,
tanto por las cosechas cuanto por lo almacenado, además
del consumo de animales domésticos. En febrero y marzo
se contaba con abundantes hortalizas que repletaban los organismos
de vitaminas y minerales, seguido por las calorías y proteínas
proporcionadas por los animales domésticos y consumo de
las reservas de "charqui" (carne seca) de la fauna marina
y terrestre, así como de los cereales y menestras almacenadas.
En abril y mayo, tanto la mujer como el varón, aumentaron
de peso por la alta disponibilidad de proteínas y calorías,
así como de vitaminas y minerales. Es decir estaban en
óptimas condiciones para el desarrollo de sus gametos.
MATRIMONIO EN AGOSTO
Hace unas décadas viajé en el mes de agosto a Puno.
Me sorprendió ver algunas casas embanderadas y grupos de
personas desfilando con su "pincullo" (flautín)
y sus "tinyas" (tamborcillos), acompañando a
personas engalanadas con flores en los sombreros. Al indagar se
me informó que "en agosto la tierra era sorda",
que se la podía cavar "sin que se resintiera"
y que era el "mes del matrimonio".
La práctica precolombina de fijar el matrimonio en el
mes de agosto, estaba destinado a que la futura gestante tuviera
la oportunidad de almacenar en su cuerpo no sólo los minerales,
vitaminas y proteínas, sino también las grasas,
especialmente las Omega 3 y 6. Las primeras en ser requeridas
desde antes de la procreación, ya que son indispensables
para el desarrollo normal del óvulo y del espermatozoide.
DULCE CONCEPCION
A los catorce días de haber concebido, la gestante aún
no percibe que está embarazada. Su feto, sin embargo, ya
desarrolló el cerebro y la médula espinal, para
los que requirió las grasas antes mencionadas. Cuando en
la alimentación de la madre no se encuentran éstas
y otras grasas anteriormente nombradas, las neuronas cerebrales
y la médula espinal se forman con grasas de inferior calidad,
ocasionando menor eficiencia en el proceso neuronal.
Otro aspecto sumamente importante es la alimentación de
la madre lactante. Es primordial que consuma los ácidos
grasos Linoleico y Linolénico (presentes principalmente
en los cereales, menestras, oleaginosas y carne de llama), así
como las grasas araquidónico u omega 6, y docosahexaneoico
u omega 3 (presentes particularmente en la anchoveta, entre otros
peces). Estos componentes son requeridos por la niña o
niño en periodo de lactancia para el mejor desarrollo de
su cerebro, médula espinal y defensa de sus células
contra el ataque de virus y bacterias. Estas grasas están
presentes en la leche materna, más no en la de vaca, ni
en la de cabra, ni en la de soya, ni tampoco en las fórmulas
maternizadas.
CULTIVOS Y REPRODUCCION
Durante el inkario la mujer que iba a concebir aumentaba de peso
antes de la gestación. Durante los meses de escaso acopio
de cosecha, contaba con las reservas de alimentos almacenados.
Así, utilizaba lo guardado durante el segundo trimestre
de gestación. Para el tercer trimestre, cuando es más
importante el suplemento lípido (grasas) la conseguía
de las menestras cosechadas y del consumo de carne, especialmente
de la llama, cuyes, patos.
Al realizarse el matrimonio, planificadamente en agosto, el parto
ocurría en mayo. Este mes resultaba excelente pues no había
mayores trabajos agrícolas por realizarse, entonces los
padres contaban con más tiempo para el cuidado del bebé,
en sus trascendentales primeros meses de vida. Las ordenanzas
inkas eximían de participar en los trabajos públicos
a los progenitores que tuvieran hijos menores de dos años.
Hay que recordar que en el inkario los padres eran severamente
castigados por la muerte de sus menores, presumiéndose
que era el descuido la causa del deceso.
FELIZ NACIMIENTO
Diversas teorías sostienen que cuando el nacimiento se
realiza en el otoño o invierno, es decir en temporada de
frío, el espesor del córtex o materia gris del cerebro
es más gruesa. Esto brindaría una mayor capacidad
para el desarrollo de las neuronas en el cerebro. En los Andes
el mes de junio es frígido.
En el inkario el uso de la medicina natural, durante la gestación,
no ocasionaba anormalidades genéticas que hoy se observan
por la malnutrición, automedicación, drogas, etc.
EL LEGADO...
Cuando nos referimos a nuestros antepasados nativos precolombinos,
automáticamente hacemos recaer en ellos las apariencias
de los actuales campesinos desnutridos, de baja estatura, poca
capacidad energética y en extrema pobreza: nivel de vida
al que los hemos llevado. Tal visión no puede ni debe ser
imaginada para el inkario. No hay más que leer los textos
antiguos para percatarnos de la robustez, extraordinaria energía,
nivel de salud y longevidad que tuvieron.
La genética inka nos enseña que si se desea tener
una hija o un hijo sano y bien dotado, la madre y el padre deben
alimentarse perfectamente en los cinco meses anteriores a la concepción.
La que ha de gestar debe haber aumentado su peso antes del embarazo
y durante la gestación, al hoy no consumirse la grasa de
los camélidos ni las menestras nativas, debe incluir en
su alimentación el aceite de soya, acompañada de
vitaminas B.C y E, y consumir especialmente pescados de carne
oscura.
Nos enseñaron los inkas que, si se desea que los hijos
tengan éxito en la vida, desde muy temprana edad se les
debe entrenar para que construyan su conocimiento, promoviendo
el desarrollo de una mente divergente, analítica, creativa
y práctica.
Si bien de la adecuada nutrición dependerá el potencial
genético, la inteligencia que tendrán cuando adultos
dependerá de la estimulación, experiencias y guía
que reciba el infante.
Cuando en el año 2,021 se conmemore el segundo siglo de
nuestra Patria como República, sólo podrán
detentar niveles dignos de vida aquellos que retomando el aprendizaje
inka posean un cociente intelectual superior. Esto debe estar
unido a los sólidos valores humanos incaicos y a una excelente
salud para poder sobreponerse a la creciente contaminación
ambiental que estamos generando.
Recuerden "ama quella": No ser ocioso; "ama llulla":
No ser mentiroso; "ama sua": No ser ladrón; "ama
opa": No ser ignorante; "ama llunca": no ser adulón..."
-DR. SANTIAGO ANTUNEZ DE MAYOLO R.