Una valla azul bloquea la visión.
Al otro lado un cadáver se extiende hacia el mar. Lo que
durante largos años fue un lugar de paseo, descanso y esparcimiento
para varias generaciones de limeños, agoniza bajo el rugido
de pesada maquinaria. El tradicional Parque Salazar de Miraflores,
ya no es más. Cae la tarde y se alargan las sombras. Ya
no están las palmeras, ni los árboles que cobijaron
el canto de las aves. El aroma de las flores es apenas un recuerdo.
En el ayer quedó también esa pequeña poza
de agua, espejo donde el sol se reflejaba, y sucumbió el
monumento que recordaba la hazaña salvadora del inmortal
aviador Alfredo Salazar Southwell.
Una importante y hermosa área verde pública se
convertirá en un paso peatonal hacia una galería
comercial, en azotea tanto de un inmenso parqueo de automóviles
como de un hotel. Pese a las incesantes protestas del vecindario,
a la opinión negativa de urbanistas y ambientalistas el
parque... ¡Ay!, Sigue muriendo.
"En un creciente rompimiento con las tradiciones y los valores
propios, la urbanización afiebrada de las grandes ciudades
en Latinoamérica y en otras regiones tercermundistas, puede
considerarse como un fenómeno socio-patológico y
no como prueba de una creciente robustez de la economía
y de la sociedad.
El urbanismo atropellado, que no es el resultado de un desarrollo
orgánico respaldado por la productividad en otros campos
-agrícola, industrial, tecnológico- no representa,
por lo tanto, un proceso de auténtica culturización
sino lo que la antropología social conoce como "Lehnkultur",
una cultura prestada, del cemento y del acero, que está
en drástica contradicción con las reales necesidades
y posibilidades de muchos pueblos".
Estas lúcidas frases pertenecen al renombrado ambientalista
venezolano Arturo Eichler, y caen "a pelito" cuando
se trata de comprender lo que viene perpetrándose en Miraflores.
El proyecto Larcomar, avalado por el alcalde de ese distrito,
arrasará el Parque Salazar, la concha acústica aledaña
y los reverdecidos acantilados de esta parte de Lima con vista
al mar, para crear un híbrido turístico-comercial
en el subsuelo. Una propuesta arquitectónica totalmente
desvinculada de las necesidades reales de la ciudadanía,
y desarticulada de lo que debiera ser el desarrollo armónico
de una comuna alguna vez considerada ejemplo "ecológico".
ECOLOGICA PUÑALADA
Desde su inicio el proyecto Larcomar fue cuestionado. Expertos
urbanistas, ambientalistas, vecinas y vecinos advirtieron sobre
el impacto ambiental negativo que originaría esta "descabellada
construcción", según la calificaron. Mayor
congestionamiento vehicular, y por ende más ruido y contaminación;
pérdida de un espacio público de recreación
que vincula a las más distantes generaciones; destrucción
del espíritu natural de los acantilados, que con tanto
esfuerzo e inversión se lograron reverdecer hace pocos
años; devastación de lo que se consideraba un circuito
de belleza escénica y un verdadero "corredor ecológico"
de parques que culmina en el malecón de Chorrillos, luego
de cruzar el distrito de Barranco; Cambio de uso de un espacio
público para otros fines... Estas fueron algunas de las
preocupaciones que llevaron a un gran grupo de ciudadanos a organizarse
en defensa de este rincón. El municipio, sin embargo, hizo
oídos sordos a tan legítimos reclamos...
JUECES Y PARTES
Hace un par de semanas nuestra página de ecología
hizo referencia a la vinculación de la consultora ambiental
Ecotec s.a. -encargada de elaborar las evaluaciones del caso-
a la constructora Graña y Montero, empresa que junto a
Figari Arquitectos, Gessa y Copresa, conforman el Consorcio Larcomar
s.a..
El doctor Jorge Caillaux, presidente de la Sociedad Peruana de
Derecho Ambiental, SPDA, entidad que ha revelado la serie de irregularidades
de este proyecto, fue uno de los fundadores de Ecotec s.a. En
carta dirigida a nuestro diario confirma la relación de
la consultora con la referida constructora. Aclara, además,
que actualmente él y el doctor Manuel Pulgar-Vidal, aludido
en nuestra nota, están totalmente desvinculados de esa
firma ambiental, y que la SPDA está en desacuerdo con el
proyecto Larcomar.
Dice el doctor Caillaux: "...en razón de nuestras
obligaciones particulares los socios fundadores transferimos el
control y la propiedad de la empresa al grupo Graña y Montero
que decidió incursionar en el sector de los servicios ambientales".
Manifiesta también: "...es evidente que nuestra posición
es contraria al proyecto Larcomar no sólo por razones técnico-jurídicas
sino fundamentalmente por una cuestión de principio: nuestras
autoridades tienen que respetar con sus actos y con sus obras
el ambiente en que vivimos, siendo su deber el de conservar los
espacios naturales".
AUTORITARISMO EDIL
En los últimos días el doctor Carlos Chirinos Arrieta,
del área de Defensa del Interés Ciudadano de la
SPDA ha hecho de conocimiento público la posición
de la institución que representa. El documento suscrito
por Chirinos deja en claro una serie de vicios e irregularidades
que parten de la autoridad municipal. Indica el experto abogado:
"todas las disposiciones que autorizan la aprobación
y ejecución del proyecto Larcomar han sido expedidas por
el alcalde de Miraflores mediante resoluciones de Alcaldía,
cuando por la naturaleza del acto de disposición y la magnitud
de la obra, ésta requería no sólo el voto
del alcalde sino de todo el Concejo Municipal... con lo cual se
garantiza un debate participativo y se representa con mayor legitimidad
el interés plural del vecindario".
En el segundo punto, Chirinos refiere que la obra ha sido autorizada
"sin haberse aprobado previamente el Estudio de Impacto Ambiental
por la autoridad competente". Informa que "no es la
Municipalidad de Miraflores sino el Ministerio de Transportes,
Comunicaciones, Vivienda y Construcción", quien debiera
aprobar dichos estudios.
El doctor Chirinos enfatiza: "Los alcaldes deben promover
la protección y el respeto a la intangibilidad de las áreas
verdes de su jurisdicción". Sostiene, además,
que la "Municipalidad de Miraflores ha incumplido su obligación
de informar y facilitar a la opinión pública el
acceso a toda la información, donde destaca el Plan Maestro
de la Costa Verde y el Estudio de Impacto Ambiental del Proyecto
Larcomar". El representante de la SPDA concluye: "En
verdad el Estudio de Impacto Ambiental del Proyecto Larcomar ha
sido aprobado con absoluta prescindencia de las normas que rigen
los procesos de este tipo de estudios en el país y en el
mundo, lo que constituye tanto un vicio procesal como sustancial
del otorgamiento del derecho de superficie en favor de la empresa
Larcomar s.a.".
Pese a las protestas vecinales, la opinión contraria de
ambientalistas y expertos y a la revelación de una serie
de irregularidades... el parque sigue siendo desmembrado. ¿Hasta
cuándo...? -MARTHA MEIER MIRO QUESADA