"Me hablan, así, del algarrobo
que brotó espontáneamente con las lluvias de 1891,
y que creció y duró más de treinta años.
Con las lluvias de 1925 acabó su vida, pero esas mismas
caídas de agua hicieron brotar otro algarrobo que aún
vive, como símbolo de tradición y de la perduración
en el esfuerzo". Estas líneas pertenecen a "Costa,
Sierra y Montaña", monumental obra publicada hace
ya varias décadas por el doctor Aurelio Miró-Quesada
Sosa.
Frases que caen hoy como "anillo al dedo", cuando "El
Niño" hace de las suyas, a diestra y siniestra, en
todo nuestro territorio. Lluvias que recuerdan diluvios y devastan
poblados. Agua por la que claman los campesinos, cuando falta,
pero capaz de destruirlo todo cuando del cielo cae imparable.
Agua que da la vida y la aniquila para hacerla renacer, como bien
lo expresan las frases de Miró-Quesada Sosa. Palabras que
traen a la mente los graves problemas que se vienen suscitando
a raíz de los cambios climáticos y lluvias torrenciales
generadas por el complejo fenómeno de El Niño. ¿Por
qué nunca estamos preparados para aprovechar lo que del
cielo cae? ¿Por qué tanto huaico, derrumbe y destrucción?
Estas son algunas de las preguntas que nos responde, a continuación,
el experto investigador y ecólogo Francisco Sagot, un convencido
de que la deforestación es la principal causa de los actuales
padecimientos. -Martha Meier M.Q.
"En la actualidad en el Perú se observan grandes
extensiones de tierra 'desnuda', privada de su original cobertura
vegetal. En costa, sierra y selva, ésta es una verdad irrepetible.
Tal situación se deriva, en parte, de la naturaleza desértica
de ciertas zonas (como gran parte de la franja costera, por ejemplo).
En general, sin embargo, se puede decir que ha sido el resultado
de siglos de mal uso de la tierra: quema con fines agrícolas,
sobre pastoreo con cabras, vacas y otras especies no nativas,
así como mala planificación de caminos, carreteras
y centros urbanos. Así poco a poco se fueron literalmente
'devorando' los bosques. Cada árbol en su sitio
La falta de vegetación impacta de manera negativa sobre
el clima, seca las fuentes de agua y lo que es peor: deja al suelo
sin ningún tipo de protección. La masa vegetal es
una suerte de esponja que absorbe el exceso de lluvias, protegiendo
la tierra y evitando así derrumbes y deslizamientos. Sin
su verde cobertura, las gotas de lluvia 'chocan' directamente
contra el terreno, induciendo, considerables pérdidas de
suelo que terminan siendo arrastrados, por las aguas superficiales,
las que además llevan a un acelerado crecimiento en el
caudal de los ríos.
El uso masivo de especies de árboles que no son típicos
del Perú, aumenta considerablemente la fragilidad de la
tierra, exponiéndola a mayores efectos erosivos. La plantación
extensiva de pinos y cipreses, o de eucaliptos, todas éstas
especies foráneas, bien pueden fomentar huaycos y derrumbes.
Cada cosa tiene su sitio, y con esto queremos dejar en claro
que si en las partes altas del país, principalmente, se
contara con bosques poblados de especies nativas no se sucederían
desastres de la magnitud de los que estamos presenciando en la
actualidad.
No podemos cerrar los ojos a la realidad; en la sierra resta
apenas algo más del tres por ciento de la cobertura boscosa.
En la costa los bosques secos no han corrido mejor suerte. Mucho
más que sembrar
En castellano reforestar es reconstituir una selva, un bosque,
cualquiera que sean las especies utilizadas para ello. Pero en
otros idiomas, como el inglés, las ideas de selva nativa
y de plantación de árboles exóticos fueron
separadas (Aforestation y Reforestation).
Una selva no puede estar constituida por especies exóticas
traídas de otras latitudes, pues éstas no están
adaptadas al conjunto de los otros seres vegetales y animales
del lugar, para mantener un equilibrio dinámico dentro
del ecosistema.
La vegetación nativa es el fruto de millones de años
de selección natural y por eso está compuesta de
plantas adaptadas a los extremos climáticos de cada región.
Plantas capaces de formar suelos con la participación de
organismos y microorganismos también seleccionados desde
épocas remotas.
Una selva produce frutos, plantas medicinales y de otros usos,
suelos y microclimas y participa activamente en los ciclos del
agua. Éste es un punto crucial porque el agua aparece como
lo más necesario y conflictivo de todos nuestros bienes
naturales
En los Andes, los manantiales brotan dentro y bajo los bosques
nativos que captan, almacenan y filtran el agua minimizando el
escurrimiento superficial. El agua que no se escurre se filtra
hacia la capa freática (capas de agua subterránea),
recreándose así los manantiales. Peligro extranjero
La flora exótica a su vez está compuesta por especies
introducidas desde otros continentes. Pueden adaptarse, en el
sentido que crecen y eventualmente se reproducen donde se les
planta, pero no cumplen con los servicios de ecosistema tales
como los ciclos de agua, la fertilidad de suelos y los microclimas.
Por ejemplo, bajo plantaciones de pinos exóticos y de eucaliptos,
la vegetación es tan rala que no permite limitar el efecto
erosivo del agua. Además, a estas especies exóticas
consumen muchísima agua y demandan una gran cantidad de
nutrientes poco comunes en los suelos como son el fósforo
y al azufre, impidiendo así el crecimiento de otras especies
al lado o bajo ellas. La flora extranjera puede acidificar los
suelos, liberar moléculas complejas con aluminio, tóxicas
para las otras plantas.
La hojarasca de los árboles exóticos se descompone
incompleta y lentamente. En el caso del eucalipto libera fenoles
y otros elementos tóxicos nocivos que impiden el crecimiento
vegetal. Se ve entonces que en ningún caso la flora no
nativa, protege ni forma suelos, cuya permanencia y restauración
es posible exclusivamente a partir de la regeneración natural
y a programas de reforestación con vegetación típica
de cada lugar. Al contrario de las especies nativas, las exóticas
no forman suelo y por ser muy ávidas de agua, secan los
manantiales. Cercando lagunas
Si no podemos hacer nada contra los sismos y los aludes que éstos
provocan, sí podemos limitar la fuerza de los segundos,
manteniendo y restaurando los cinturones naturales de árboles
que rodean a las lagunas, protegiéndolas. De la misma forma
la conservación y restauración de los bosques nativos
en los valles bajo las lagunas, permiten minimizar los impactos
destructivos de los aluviones. En la antigüedad estos cinturones
de protección estaban muy desarrollados, teniendo la importancia
que merecen, pero en la actualidad existen muy pocas zonas que
aún conservan esta cobertura. Como lógica consecuencia
la gran mayoría de las zonas altas del país se encuentran
en estado de extrema fragilidad. Podemos decir que a pesar de
los esfuerzos de conservación de suelos sigue empobreciéndose
el país, debido a la pérdida de suelos y de su fertilidad,
a la creciente irregularidad de los caudales, a los accidentes
que mencionamos cuyo sobrecosto (carreteras, puentes, hidroeléctricas,
etc.) sobrepasa ampliamente el presupuesto necesario para un programa
coherente de reforestación. Y "el niño"
¿qué?
Se sabe que en el Perú antiguo el penoso fenómeno
de El Niño, fue aprovechado utilizando un sistema de represas
y de almacenamiento y descanso de las aguas, completado por una
red de canales de riego. Esto sería difícil de practicar
hoy debido a los niveles de degradación de las tierras,
acelerados por la mecanización, el uso del fuego y del
ganado exótico con cargas pastoriles excesivas así
como las prácticas forestales sin fundamento ecológico
(uso masivo de eucaliptos y otras plantas exóticas). Es
entonces imprescindible la restauración de los paisajes
agrícolas en primer lugar.
Por ello resulta fundamental darle la "bienvenida"
a "El Niño", protegiendo y recuperando los suelos,
desarrollando sistemas agrosilvopastoriles sostenibles, sin uso
del fuego y con ganado nativo como los camélidos y plantas
autóctonas. Se debe también prohibir la extracción
de material de construcción extraído de los ríos.
Así se desacelerará su caudal y se conservarán
tierras fértiles, obras de infraestructura como carreteras,
ferrocarriles, puentes, etc.
Evitar la construcción en zonas de ribera de los ríos,
en las faldas de los cerros y en el caso de la costa no hacerlo
cerca al litoral. Hay muchas playas recién formadas, por
ejemplo durante el último "Niño" que,
a pesar de la colonización por arbustos y árboles,
son muy susceptibles de desaparecer este año o en otro
"Niño" no muy lejano..." -Francisco Sagot