Diario El Comercio Lima -Perú 21 - 01 -1998

Martha Meier MQ.

 
"Niño terrible"
De huaicos, derrumbes y... ¿árboles?
 

"Me hablan, así, del algarrobo que brotó espontáneamente con las lluvias de 1891, y que creció y duró más de treinta años. Con las lluvias de 1925 acabó su vida, pero esas mismas caídas de agua hicieron brotar otro algarrobo que aún vive, como símbolo de tradición y de la perduración en el esfuerzo". Estas líneas pertenecen a "Costa, Sierra y Montaña", monumental obra publicada hace ya varias décadas por el doctor Aurelio Miró-Quesada Sosa.

Frases que caen hoy como "anillo al dedo", cuando "El Niño" hace de las suyas, a diestra y siniestra, en todo nuestro territorio. Lluvias que recuerdan diluvios y devastan poblados. Agua por la que claman los campesinos, cuando falta, pero capaz de destruirlo todo cuando del cielo cae imparable. Agua que da la vida y la aniquila para hacerla renacer, como bien lo expresan las frases de Miró-Quesada Sosa. Palabras que traen a la mente los graves problemas que se vienen suscitando a raíz de los cambios climáticos y lluvias torrenciales generadas por el complejo fenómeno de El Niño. ¿Por qué nunca estamos preparados para aprovechar lo que del cielo cae? ¿Por qué tanto huaico, derrumbe y destrucción? Estas son algunas de las preguntas que nos responde, a continuación, el experto investigador y ecólogo Francisco Sagot, un convencido de que la deforestación es la principal causa de los actuales padecimientos. -Martha Meier M.Q.

"En la actualidad en el Perú se observan grandes extensiones de tierra 'desnuda', privada de su original cobertura vegetal. En costa, sierra y selva, ésta es una verdad irrepetible.

Tal situación se deriva, en parte, de la naturaleza desértica de ciertas zonas (como gran parte de la franja costera, por ejemplo). En general, sin embargo, se puede decir que ha sido el resultado de siglos de mal uso de la tierra: quema con fines agrícolas, sobre pastoreo con cabras, vacas y otras especies no nativas, así como mala planificación de caminos, carreteras y centros urbanos. Así poco a poco se fueron literalmente 'devorando' los bosques. Cada árbol en su sitio

La falta de vegetación impacta de manera negativa sobre el clima, seca las fuentes de agua y lo que es peor: deja al suelo sin ningún tipo de protección. La masa vegetal es una suerte de esponja que absorbe el exceso de lluvias, protegiendo la tierra y evitando así derrumbes y deslizamientos. Sin su verde cobertura, las gotas de lluvia 'chocan' directamente contra el terreno, induciendo, considerables pérdidas de suelo que terminan siendo arrastrados, por las aguas superficiales, las que además llevan a un acelerado crecimiento en el caudal de los ríos.

El uso masivo de especies de árboles que no son típicos del Perú, aumenta considerablemente la fragilidad de la tierra, exponiéndola a mayores efectos erosivos. La plantación extensiva de pinos y cipreses, o de eucaliptos, todas éstas especies foráneas, bien pueden fomentar huaycos y derrumbes.

Cada cosa tiene su sitio, y con esto queremos dejar en claro que si en las partes altas del país, principalmente, se contara con bosques poblados de especies nativas no se sucederían desastres de la magnitud de los que estamos presenciando en la actualidad.

No podemos cerrar los ojos a la realidad; en la sierra resta apenas algo más del tres por ciento de la cobertura boscosa. En la costa los bosques secos no han corrido mejor suerte. Mucho más que sembrar

En castellano reforestar es reconstituir una selva, un bosque, cualquiera que sean las especies utilizadas para ello. Pero en otros idiomas, como el inglés, las ideas de selva nativa y de plantación de árboles exóticos fueron separadas (Aforestation y Reforestation).

Una selva no puede estar constituida por especies exóticas traídas de otras latitudes, pues éstas no están adaptadas al conjunto de los otros seres vegetales y animales del lugar, para mantener un equilibrio dinámico dentro del ecosistema.

La vegetación nativa es el fruto de millones de años de selección natural y por eso está compuesta de plantas adaptadas a los extremos climáticos de cada región. Plantas capaces de formar suelos con la participación de organismos y microorganismos también seleccionados desde épocas remotas.

Una selva produce frutos, plantas medicinales y de otros usos, suelos y microclimas y participa activamente en los ciclos del agua. Éste es un punto crucial porque el agua aparece como lo más necesario y conflictivo de todos nuestros bienes naturales

En los Andes, los manantiales brotan dentro y bajo los bosques nativos que captan, almacenan y filtran el agua minimizando el escurrimiento superficial. El agua que no se escurre se filtra hacia la capa freática (capas de agua subterránea), recreándose así los manantiales. Peligro extranjero

La flora exótica a su vez está compuesta por especies introducidas desde otros continentes. Pueden adaptarse, en el sentido que crecen y eventualmente se reproducen donde se les planta, pero no cumplen con los servicios de ecosistema tales como los ciclos de agua, la fertilidad de suelos y los microclimas. Por ejemplo, bajo plantaciones de pinos exóticos y de eucaliptos, la vegetación es tan rala que no permite limitar el efecto erosivo del agua. Además, a estas especies exóticas consumen muchísima agua y demandan una gran cantidad de nutrientes poco comunes en los suelos como son el fósforo y al azufre, impidiendo así el crecimiento de otras especies al lado o bajo ellas. La flora extranjera puede acidificar los suelos, liberar moléculas complejas con aluminio, tóxicas para las otras plantas.

La hojarasca de los árboles exóticos se descompone incompleta y lentamente. En el caso del eucalipto libera fenoles y otros elementos tóxicos nocivos que impiden el crecimiento vegetal. Se ve entonces que en ningún caso la flora no nativa, protege ni forma suelos, cuya permanencia y restauración es posible exclusivamente a partir de la regeneración natural y a programas de reforestación con vegetación típica de cada lugar. Al contrario de las especies nativas, las exóticas no forman suelo y por ser muy ávidas de agua, secan los manantiales. Cercando lagunas

Si no podemos hacer nada contra los sismos y los aludes que éstos provocan, sí podemos limitar la fuerza de los segundos, manteniendo y restaurando los cinturones naturales de árboles que rodean a las lagunas, protegiéndolas. De la misma forma la conservación y restauración de los bosques nativos en los valles bajo las lagunas, permiten minimizar los impactos destructivos de los aluviones. En la antigüedad estos cinturones de protección estaban muy desarrollados, teniendo la importancia que merecen, pero en la actualidad existen muy pocas zonas que aún conservan esta cobertura. Como lógica consecuencia la gran mayoría de las zonas altas del país se encuentran en estado de extrema fragilidad. Podemos decir que a pesar de los esfuerzos de conservación de suelos sigue empobreciéndose el país, debido a la pérdida de suelos y de su fertilidad, a la creciente irregularidad de los caudales, a los accidentes que mencionamos cuyo sobrecosto (carreteras, puentes, hidroeléctricas, etc.) sobrepasa ampliamente el presupuesto necesario para un programa coherente de reforestación. Y "el niño" ¿qué?

Se sabe que en el Perú antiguo el penoso fenómeno de El Niño, fue aprovechado utilizando un sistema de represas y de almacenamiento y descanso de las aguas, completado por una red de canales de riego. Esto sería difícil de practicar hoy debido a los niveles de degradación de las tierras, acelerados por la mecanización, el uso del fuego y del ganado exótico con cargas pastoriles excesivas así como las prácticas forestales sin fundamento ecológico (uso masivo de eucaliptos y otras plantas exóticas). Es entonces imprescindible la restauración de los paisajes agrícolas en primer lugar.

Por ello resulta fundamental darle la "bienvenida" a "El Niño", protegiendo y recuperando los suelos, desarrollando sistemas agrosilvopastoriles sostenibles, sin uso del fuego y con ganado nativo como los camélidos y plantas autóctonas. Se debe también prohibir la extracción de material de construcción extraído de los ríos. Así se desacelerará su caudal y se conservarán tierras fértiles, obras de infraestructura como carreteras, ferrocarriles, puentes, etc.

Evitar la construcción en zonas de ribera de los ríos, en las faldas de los cerros y en el caso de la costa no hacerlo cerca al litoral. Hay muchas playas recién formadas, por ejemplo durante el último "Niño" que, a pesar de la colonización por arbustos y árboles, son muy susceptibles de desaparecer este año o en otro "Niño" no muy lejano..." -Francisco Sagot