Diario El Comercio Lima -Perú
24 -05-1995

Martha Meier MQ.

 
Contaminación pesquera.
El lento, pero seguro, camino de la destrucción
 
Los estragos ambientales generados por la industria de la harina de pescado son, a estas alturas, ampliamente conocidos e innegables. Nos referimos, es cierto, a una importante actividad para nuestra economía que, sin embargo, es "pésimo negocio" para las futuras generaciones del Perú.

Sobre pesca; contaminación de la franja costera y ciudades aledañas; envenenamiento del aire y las aguas; destrucción del "plancton" (base de la cadena alimenticia de los mares); pérdida del potencial turístico de nuestro litoral; destrucción de flora y fauna; proliferación de enfermedades "alérgicas" (bronquios, piel). Estas son algunas de las "secuelas" de una contaminadora y millonaria industria que "pulveriza" nutritivas especies marinas transformándolas en harina de exportación, muy cotizada en el mercado internacional para el engorde de animales.

Para fabricar una tonelada de harina se requiere hasta... ¡cinco toneladas de peces! ¿Será acaso que no se considera "rentable" la nutrición de las niñas y niños de la nación? ¡Cuánto mejoraría la dieta de las familias peruanas, si esa voluminosa extracción marina llegara a sus mesas! Se prefiere, sin embargo, con visión egoísta y a corto-plazo, "dar de comer" a fábricas que operan irresponsablemente desde hace largas décadas.

El ingeniero Alejandro Vinces Araoz no necesita presentación. Pionero de la conservación en el Perú, es un experto en alternativas para el óptimo aprovechamiento del recurso agua. Vinces ha dedicado su vida al estudio de la contaminación por residuos urbanos e industriales. A continuación, nos ilustra sobre el larguísimo camino recorrido por la industria pesquera. Cerca de... cuatro décadas! de impune destrucción ambiental...

Fiel a su tradición de defensa ambiental "El Comercio" denuncia, por enésima vez, los graves peligros ecológicos que nos amenazan. En los últimos días se ha conocido la triste situación de la zona de Pisco, donde se ubica la Reserva Nacional de Paracas. Con una variada fauna marina, de ejemplares únicos y en proceso de extinción, Paracas es una herencia nacional que tenemos la sagrada obligación de defender.

VIDA EN RETROCESO

Hemos visto las fotografías de peces muertos, de la agonía de las aves marinas. Esto ocurre en las zonas donde los residuos de las grandes factorías de harina de pescado privan al mar del componente más vital que tenemos en el planeta: el oxígeno. En países con mayor conciencia ecológica se lucha por defender este elemento fundamental. El oxígeno, sin el cual sería imposible la vida sobre el planeta, fue creado por el mecanismo de la fotosíntesis, en un proceso de millones y millones de años. Esa misma fotosíntesis es la que "recicla" el oxígeno de nuestra atmósfera. A saber, hasta 90% de ella ocurre gracias a las algas y plancton del mar.

RESPIRAR O MORIR

Si nos faltará el aire, uno de cuyos componentes es el oxígeno, nuestra vida terminaría en apenas... ¡5 minutos! En mi libro "Contaminación Ambiental y Defensa Ecológica de Lima" señalé que la acción fotosintética, que produce alimentos para las plantas verdes (que tienen clorofila), crea también el oxígeno vital para la vida en este planeta que Dios nos regaló. Un planeta que tenemos la obligación de cuidar para nosotros, nuestros hijos y las generaciones que los sucederán.

Respiramos 16 veces por minuto, absorbiendo 5% del oxígeno que penetra en nuestros pulmones. Este gas constituye el 21% de los que forman el aire. En un día inhalamos, por tanto... ¡15 mil litros de aire! Ahora bien, si la humanidad esta compuesta por cinco mil millones de personas la cantidad de oxígeno que se requiere, por día, sería de: 3, 750 millones, de millones, de litros de oxígeno (O2). Recordemos que las plantas, los animales y las bacterias también "respiran". Todo esto hace que, más o menos, se requieran 10,000 toneladas métricas de O2... ¡cada segundo!

¿De dónde viene todo este gas? Pues de la biosfera, de la fotosíntesis que realizan las plantas verdes. Si hubiera una fábrica capaz de tal hazaña: todo el dinero del mundo no alcanzaría para pagar la factura mensual por tan vital servicio.

Es sabido, según lo ha indicado la FAO y lo ha divulgado esta sección de Ecología, una fábrica de harina de pescado de tamaño mediano produce residuos con una demanda bioquímica de oxígeno equivalente a la de una ciudad de... ¡un millón de habitantes!

CUARENTA AÑOS Y... ¡NADA!

Hace casi... ¡cuarenta años! el gobierno nombró una comisión para estudiar un "reglamento de Desagües Industriales". Esa comisión estuvo integrada por los Ingenieros Enrique Bielich Urbina, Ramón Aspillaga Navarro y el suscrito.

¿Qué había pasado? ¿Por qué el Gobierno tenía interés en ese tema? El motivo era simple: los desagües en la zona industrial de la Av. Argentina, y otras de la capital, habían comenzado a colapsar. Las pistas se hundían. Algo pasaba y era nuestra misión averiguarlo...

"DETECTIVES ECOLOGICOS"

Empezamos nuestra investigación. Trabajábamos con 5 laboratorios especializados que analizaron todas las áreas: desde los gases que se encontraban en las tuberías, hasta la concentración y naturaleza de la materia orgánica.

Así, poco a poco, descubrimos al "culpable" de la destrucción.

PELIGROSA INDUSTRIA

Luego de las "pesquisas" se encontró lo que sigue a continuación. Las grasas y la "sang aza" que arrojaban, al desagüe convencional a altas temperaturas, las fábricas de harina de pescado, -por aquellos tiempos ubicadas en plena zona urbana- habían formado verdaderas cámaras sépticas. En las tuberías se concentraban gases muy peligrosos, inclusive de naturaleza explosiva. Todo ello había formado substancias altamente corrosivas. Lo que se halló era que estos residuos, literalmente, se "estaban comiendo" el concreto.

Así el gran poder destructor de la industria harinera "salió a luz". Esas fábricas, por ello, fueron erradicadas del perímetro urbano y trasladadas hacia zonas de la costa, en ese entonces, alejadas de los lugares pesqueros tradicionales. Hoy estos puntos costeros están poblados y allí se realizan diversas actividades. Las fábricas son un peligro latente para esas ciudades, como lo fueron para Lima hace cuarenta años.

EL RUMBO PERDIDO...

Cuando se realizó aquel estudio, se esperaba que en un plazo no mayor a veinte años, las fábricas de harina de pescado habrían sido saneadas y que ya no emitirían sus contaminantes a la atmósfera ni al ecosistema marino. Sin embargo, hasta el momento, no ha sido así...

Entiendo que el Perú firmó todos los documentos referidos a protección ambiental en la llamada "Cumbre de la Tierra" (Eco-92). Ojalá ahora, como lo afirma el Ministro de Pesquería, no sé de marcha atrás y al más breve plazo la industria pesquera tome las medidas pertinentes.

Quiera Dios que no nos pase lo que sucedió en 1991 con la epidemia del cólera. En un sólo año se produjeron... ¡220 mil casos! Murieron más de 2,000 personas y se ocasionaron pérdidas por más de...¡mil millones de dólares! Todo por no haber invertido en saneamiento ambiental y por no haber tomado drásticas medidas, durante la llamada "Década Internacional del Agua y del Saneamiento". El Perú tenía compromisos internacionales que cumplir (como ahora con los de la "Eco-92") para lograr elevar la cobertura en agua potable y disposición de excretas.

En el caso de la industria harinera, como en tantos otros, la deuda ecológica que tarde o temprano pagaremos será al "contado". La naturaleza no da "plazos", ni facilidades...

ING. ALEJANDRO VINCES ARAOZ