Los
estragos ambientales generados por la industria de la harina de
pescado son, a estas alturas, ampliamente conocidos e innegables.
Nos referimos, es cierto, a una importante actividad para nuestra
economía que, sin embargo, es "pésimo negocio"
para las futuras generaciones del Perú.
Sobre pesca; contaminación de la franja costera y ciudades
aledañas; envenenamiento del aire y las aguas; destrucción
del "plancton" (base de la cadena alimenticia de los
mares); pérdida del potencial turístico de nuestro
litoral; destrucción de flora y fauna; proliferación
de enfermedades "alérgicas" (bronquios, piel).
Estas son algunas de las "secuelas" de una contaminadora
y millonaria industria que "pulveriza" nutritivas especies
marinas transformándolas en harina de exportación,
muy cotizada en el mercado internacional para el engorde de animales.
Para fabricar una tonelada de harina se requiere hasta... ¡cinco
toneladas de peces! ¿Será acaso que no se considera
"rentable" la nutrición de las niñas y
niños de la nación? ¡Cuánto mejoraría
la dieta de las familias peruanas, si esa voluminosa extracción
marina llegara a sus mesas! Se prefiere, sin embargo, con visión
egoísta y a corto-plazo, "dar de comer" a fábricas
que operan irresponsablemente desde hace largas décadas.
El ingeniero Alejandro Vinces Araoz no necesita presentación.
Pionero de la conservación en el Perú, es un experto
en alternativas para el óptimo aprovechamiento del recurso
agua. Vinces ha dedicado su vida al estudio de la contaminación
por residuos urbanos e industriales. A continuación, nos
ilustra sobre el larguísimo camino recorrido por la industria
pesquera. Cerca de... cuatro décadas! de impune destrucción
ambiental...
Fiel a su tradición de defensa ambiental "El Comercio"
denuncia, por enésima vez, los graves peligros ecológicos
que nos amenazan. En los últimos días se ha conocido
la triste situación de la zona de Pisco, donde se ubica
la Reserva Nacional de Paracas. Con una variada fauna marina,
de ejemplares únicos y en proceso de extinción,
Paracas es una herencia nacional que tenemos la sagrada obligación
de defender.
VIDA EN RETROCESO
Hemos visto las fotografías de peces muertos, de la agonía
de las aves marinas. Esto ocurre en las zonas donde los residuos
de las grandes factorías de harina de pescado privan al
mar del componente más vital que tenemos en el planeta:
el oxígeno. En países con mayor conciencia ecológica
se lucha por defender este elemento fundamental. El oxígeno,
sin el cual sería imposible la vida sobre el planeta, fue
creado por el mecanismo de la fotosíntesis, en un proceso
de millones y millones de años. Esa misma fotosíntesis
es la que "recicla" el oxígeno de nuestra atmósfera.
A saber, hasta 90% de ella ocurre gracias a las algas y plancton
del mar.
RESPIRAR O MORIR
Si nos faltará el aire, uno de cuyos componentes es el
oxígeno, nuestra vida terminaría en apenas... ¡5
minutos! En mi libro "Contaminación Ambiental y Defensa
Ecológica de Lima" señalé que la acción
fotosintética, que produce alimentos para las plantas verdes
(que tienen clorofila), crea también el oxígeno
vital para la vida en este planeta que Dios nos regaló.
Un planeta que tenemos la obligación de cuidar para nosotros,
nuestros hijos y las generaciones que los sucederán.
Respiramos 16 veces por minuto, absorbiendo 5% del oxígeno
que penetra en nuestros pulmones. Este gas constituye el 21% de
los que forman el aire. En un día inhalamos, por tanto...
¡15 mil litros de aire! Ahora bien, si la humanidad esta
compuesta por cinco mil millones de personas la cantidad de oxígeno
que se requiere, por día, sería de: 3, 750 millones,
de millones, de litros de oxígeno (O2). Recordemos que
las plantas, los animales y las bacterias también "respiran".
Todo esto hace que, más o menos, se requieran 10,000 toneladas
métricas de O2... ¡cada segundo!
¿De dónde viene todo este gas? Pues de la biosfera,
de la fotosíntesis que realizan las plantas verdes. Si
hubiera una fábrica capaz de tal hazaña: todo el
dinero del mundo no alcanzaría para pagar la factura mensual
por tan vital servicio.
Es sabido, según lo ha indicado la FAO y lo ha divulgado
esta sección de Ecología, una fábrica de
harina de pescado de tamaño mediano produce residuos con
una demanda bioquímica de oxígeno equivalente a
la de una ciudad de... ¡un millón de habitantes!
CUARENTA AÑOS Y... ¡NADA!
Hace casi... ¡cuarenta años! el gobierno nombró
una comisión para estudiar un "reglamento de Desagües
Industriales". Esa comisión estuvo integrada por los
Ingenieros Enrique Bielich Urbina, Ramón Aspillaga Navarro
y el suscrito.
¿Qué había pasado? ¿Por qué
el Gobierno tenía interés en ese tema? El motivo
era simple: los desagües en la zona industrial de la Av.
Argentina, y otras de la capital, habían comenzado a colapsar.
Las pistas se hundían. Algo pasaba y era nuestra misión
averiguarlo...
"DETECTIVES ECOLOGICOS"
Empezamos nuestra investigación. Trabajábamos con
5 laboratorios especializados que analizaron todas las áreas:
desde los gases que se encontraban en las tuberías, hasta
la concentración y naturaleza de la materia orgánica.
Así, poco a poco, descubrimos al "culpable"
de la destrucción.
PELIGROSA INDUSTRIA
Luego de las "pesquisas" se encontró lo que
sigue a continuación. Las grasas y la "sang aza"
que arrojaban, al desagüe convencional a altas temperaturas,
las fábricas de harina de pescado, -por aquellos tiempos
ubicadas en plena zona urbana- habían formado verdaderas
cámaras sépticas. En las tuberías se concentraban
gases muy peligrosos, inclusive de naturaleza explosiva. Todo
ello había formado substancias altamente corrosivas. Lo
que se halló era que estos residuos, literalmente, se "estaban
comiendo" el concreto.
Así el gran poder destructor de la industria harinera
"salió a luz". Esas fábricas, por ello,
fueron erradicadas del perímetro urbano y trasladadas hacia
zonas de la costa, en ese entonces, alejadas de los lugares pesqueros
tradicionales. Hoy estos puntos costeros están poblados
y allí se realizan diversas actividades. Las fábricas
son un peligro latente para esas ciudades, como lo fueron para
Lima hace cuarenta años.
EL RUMBO PERDIDO...
Cuando se realizó aquel estudio, se esperaba que en un
plazo no mayor a veinte años, las fábricas de harina
de pescado habrían sido saneadas y que ya no emitirían
sus contaminantes a la atmósfera ni al ecosistema marino.
Sin embargo, hasta el momento, no ha sido así...
Entiendo que el Perú firmó todos los documentos
referidos a protección ambiental en la llamada "Cumbre
de la Tierra" (Eco-92). Ojalá ahora, como lo afirma
el Ministro de Pesquería, no sé de marcha atrás
y al más breve plazo la industria pesquera tome las medidas
pertinentes.
Quiera Dios que no nos pase lo que sucedió en 1991 con
la epidemia del cólera. En un sólo año se
produjeron... ¡220 mil casos! Murieron más de 2,000
personas y se ocasionaron pérdidas por más de...¡mil
millones de dólares! Todo por no haber invertido en saneamiento
ambiental y por no haber tomado drásticas medidas, durante
la llamada "Década Internacional del Agua y del Saneamiento".
El Perú tenía compromisos internacionales que cumplir
(como ahora con los de la "Eco-92") para lograr elevar
la cobertura en agua potable y disposición de excretas.
En el caso de la industria harinera, como en tantos otros, la
deuda ecológica que tarde o temprano pagaremos será
al "contado". La naturaleza no da "plazos",
ni facilidades...
ING. ALEJANDRO VINCES ARAOZ