Retrocedamos cientos de millones
de años. La Amazonía, esa lujuriosa y fascinante
inmensidad verde, era entonces un mar interior. Así es...
¡un mar! Una y otra vez a lo largo de ese remoto pasado
fue mar y dejó de serlo. Durante el Mioceno -era que duró
unos quince millones de años y que concluyó hace
diez millones- conforme la corteza terrestre se iba elevando,
se convirtió en un inmenso lago de agua dulce. Los años,
los millones de años, siguieron su inexorable paso hasta
hacer de la Amazonia el maravilloso paraje de aguas y bosques
que hoy conocemos.
"Esta área desde el punto de vista práctico
sigue siendo un mar interior". Así lo escribió
el célebre naturalista norteamericano Marston Bates. Quien
haya tenido ocasión de viajar por el llano amazónico
no dudaría en afirmar lo mismo. Serpenteantes ríos,
sucesión interminable de "cochas", agua por doquier.
En estos parajes la periódica creciente de los ríos
y las inundaciones han obligado, inclusive, al desarrollo de una
particular arquitectura: las mujeres y hombres, nativos y campesinos,
levantan sus habitaciones sobre pilotes o bien las construyen
flotantes, para no verse afectados en tales temporadas. Es la
respuesta del creador cerebro humano a la realidad ecológica
de la gran selva sudamericana. En el caso de las criaturas silvestres,
éstas han desarrollado una serie de adaptaciones para sobrevivir
en el "acuático" ambiente.
En la selva la premisa es simple: "nadar o ahogarse".
Quienes no sepan nadar deberán protegerse de las aguas,
y sus fuertes crecidas, entre las ramas de los árboles.
Excelente ayuda para ello es la "cola prensil" con que
cuentan diversas especies amazónicas. "Colgar para
sobrevivir", tal podría ser el lema de muchas criaturas...
Desde el malecón de Iquitos el inmenso Amazonas, el monarca
de los ríos, discurre como proyectado en una iluminada
pantalla cinematográfica. La selva recorta su oscuro perfil
sobre el fondo intenso del atardecer. El incendio del cielo a
esta hora es un espectáculo único. Como un mago
sacaría de su sombrero un conejo, un lugareño saca
de su maletín una pequeña y tierna criatura. A vista
y paciencia de las autoridades el joven ofrece: "el osito
hormiguero más chiquito de la selva, por sólo veinte
dólares". Se trata del Cyclopes didactylus, más
conocido como "serafín", una representativa especie
de las selvas sudamericanas, ilegalmente extraída de su
hábitat natural. Una sedosa y tímida criatura de
pelaje claro y algo mayor que una ardilla, oficialmente catalogada
como especie en peligro. Su hocico es apenas una pequeña
protuberancia; su dieta predilecta: termitas y hormigas. Gracias
a su robusta y prensil cola, el "osito" se descuelga
del brazo extendido del traficante de vida silvestre recordando,
sin duda, su vida arborícola.
EL BUEN RABO
Tomemos un diccionario cualquiera y busquemos la pequeña
palabra: "Cola". El significado será más
o menos como sigue: "Extremidad posterior del cuerpo y de
la columna vertebral de algunos animales". ¡JA! Como
veremos la cola es mucho más. El significado de nuestros
diccionarios es, sin duda, limitado. No incluye a la "cola
prensil" ni refleja su utilidad como una verdadera herramienta
para la supervivencia en la húmeda selva.
Muchas especies que, hoy, se albergan en la Amazonía no
hubieran podido sobrevivir, en tan inmenso territorio fluvial,
de no haberse adaptado a la vida acuática -como en el caso
de las nutrias y tantos otros animales- o desarrollado aptitudes
para encaramarse, con facilidad y rapidez, en los árboles.
En general, las selvas húmedas de América y, en
especial, la rica cuenca amazónica es una inmensidad donde
especies acuáticas, arborícolas y anfibias han alcanzado
una diversidad asombrosa y adaptaciones asombrosas y poco frecuentes.
La presión del agua y el árbol de alguna manera
ha "modelado morfológicamente" a las criaturas
de los bosques haciéndolas singulares.
PARAÍSO DE COLAS
A decir de los especialistas, en ningún otro rincón
del globo las utilísimas colas prensiles se dan, tanto,
como en las selvas sudamericanas. Especies muy distantes entre
sí las han desarrollado. La mayoría de primates
de este lado de la Tierra, la poseen; también casi todos
los marsupiales de por acá y algunos desdentados (como
los osos hormigueros); un roedor como el puerco espín y
hasta un carnívoro, el Potus flavus o "chosna".
Esto es lo que científicamente puede considerarse como
una "evolución convergente"; es decir especies
que perteneciendo a órdenes muy diferentes y con hábitos
alimenticios disímiles, desarrollan mecanismos similares
(en este caso la cola prensil).
En la Amazonía, territorio frecuentemente inundado, se
sobrevive porque se sabe nadar o bien porque se puede trepar,
con facilidad, hasta lo más alto de los árboles.
El "rabo prensil" es una ayuda para pasar la vida de
"copa en copa" (hablamos de la copa de los árboles,
claro está).
EL QUINTO MIEMBRO
"Todo mono capaz de quedar colgando de su cola es, indudablemente,
un mono del nuevo mundo americano. No existe en el viejo mundo
ninguno con esas facultades". Así nos lo enseñaron
en el colegio. Ocurre, sin embargo, que en nuestro lado del globo
no sólo los monos son capaces de quedar colgando de su
peculiar cola. Como hemos visto criaturas muy distintas han desarrollado
esta útil herramienta.
Este tipo de colas son, en realidad, una suerte de "quinto
miembro". Se trata de un apéndice, de fuertes músculos,
que permite al animal sujetarse mientras utiliza las otras cuatro
extremidades para alimentarse, o bien busca otro apoyo que le
permita abrirse camino entre las ramas y lianas del exuberante
bosque.
UNA "ARAÑA" DIFERENTE
A los maquisapa, primates del género Ateles, se les conoce
comúnmente como "mono araña". No es para
menos. Poseen unas extremidades larguísimas que, sumadas
a su ágil y mucho más extensa cola, recuerdan a
las patas de un arácnido. Es todo un espectáculo
ver a estos animales, quienes bien merecen el título de
expeditos trapecistas de los bosques, utilizando su diestra cola.
La usan tanto para coger objetos lejanos, como para encaramarse
velozmente en los árboles.
Es en tales monos que la "cola prensil" ha llegado
a su máxima expresión. En estas especies la maravillosa
"quinta mano" no tiene pelos en el anverso (o sea misma
palma de la mano). Es tan sensible y hábil que logra asir
objetos muy pequeños. Particulares arrugas en la punta
le dan una gran sensibilidad táctil.
MARAVILLAS DE LA VIDA
La flora y la fauna, con sus particulares características
y adaptaciones son un invalorable patrimonio. Se trata de seres
vivos que han sufrido una evolución de millones de años.
Aparecieron en esta vida muchísimo antes que la raza humana;
supieron adaptarse al cambiante mundo natural y desarrollar facultades
que han permitido su supervivencia a través de las edades.
A lo largo del tiempo han contribuido con el ciclo natural de
los bosques, esos mismos bosques amenazados por la rapacidad del
hombre...