Diario El Comercio Lima -Perú
23 -08-1995

Martha Meier MQ.

 
Ashaninka .
Milenaria cultura que se extingue..
 

La última semana llegaron a Lima dirigentes del pueblo Asháninka, pobladores de las orillas del río Ene, de los valles de Satipo, Pangoa, Mazamari, Tambo, de la selva central. Aquí, en esta capital "más lejos del Perú que Londres...", según lo constató hace casi dos siglos el lúcido estudioso alemán Alexander von Humboldt, descendientes de los primigenios habitantes de la Amazonia revelaron la dolorosa realidad que sufren día a día. Desplazados de sus milenarios territorios por la violencia narco-terrorista y esclavizados por madereros clandestinos y buscadores de fortuna, estos olvidados peruanos tratan de reconstruir sus arrasadas comunidades, defendiendo su ancestral cultura y tradiciones.

El mañana del pueblo Asháninka depende, en gran medida, de una profunda comprensión y aceptación de que el Perú es un país pluri-cultural y multi-étnico. Conservar esa diversidad es el reto del nuevo milenio...

"Sé que tenéis sufrimientos, porque siendo poseedores pacíficos desde tiempo inmemorial de estos bosques y "cochas", véis con frecuencia la codicia de los recién llegados, que amenazan vuestras reservas, sabedores que carecéis de títulos escritos que garanticen legalmente vuestras tierras. Conforme a las leyes del Perú y a vuestros derechos ancestrales hago también mío el pedido a fin que os otorguen las titulaciones que os corresponden. Pido a los gobernantes, en nombre de vuestra dignidad, una legislación eficaz, cada vez más adecuada, que os ampare de los abusos y os proprocione el ambiente y los medios necesarios para vuestro normal desarrollo".

JUAN PABLO II a los pueblos indígenas, en su visita a Iquitos.

Con los rostros pintados de rojo y negro, en protesta. Ataviados con túnicas de color gris, señal de luto y dolor. Así se presentaron en la capital del Perú el último jueves varios lideres de las comunidades Asháninka, ubicadas en las márgenes del río Ene, principalmente de la selva de Junín. La ruidosa urbe no pudo silenciar las voces de quienes vinieron a dar un desgarrador testimonio, a clamar por la vida...

Cada día mueren uno o más pequeños por hambre. Cientos de niñas y niños desnutridos, amenazados por la falta diaria de alimentos, por enfermedades que resultan mortales para sus debilitados cuerpos. Huérfanos que deambulan por la selva, solitarios tras la muerte de sus padres a manos del terrorismo. La miseria es una cotidiana realidad que amenaza, también, la supervivencia de las mujeres y hombres de esta cultura amazónica, hoy convertida en símbolo de resistencia ante la violencia que desangró al país. Luego de ser desplazados por la subversión siguen sufriendo por el acoso de pequeñas hordas vinculadas al narcotráfico y al terror. Se secuestra a su gente, se los esclaviza...

RENACER DE LAS CENIZAS

Los representantes Asháninka fueron claros al informar sobre la urgencia de contar con un real apoyo del Estado para retornar a sus territorios milenarios, reconstruir sus poblados y rehabilitar sus economías. Manifestaron además su temor a los alcances de la nueva "Ley de Tierras" (No. 26505) que contempla el "abandono" como una causal de expropiación. "Nuestras tierras no están abandonadas -indicaron- tuvimos que escapar de ellas. Nos obligaron a dejarlas".

Mino Eusebio Castro, vice-presidente de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) -entidad que agrupa a más de 42 federaciones nativas- reveló que existen también madereros clandestinos que los consideran "mano de obra barata", obligando a los indígenas a trabajar sin mayor retribución, explotándolos salvajemente. Pidieron por ello seguridad para retornar a sus tierras, así como una legislación coherente que protega sus territorios y culturas.

LA MADRE TIERRA

Dirigentes vinculados a 30 mil Asháninkas, así como Obispos de la Amazonia, misioneros, asistentes sociales, trabajadores, organizaciones de la zona e inclusive funcionarios de Naciones Unidas, solicitaron correcciones a la nueva "Ley de Tierras". Se pidió además proteger a estas comunidades nativas y atacar frontalmente a sus tres principales amenazas: madereros, terroristas y narcotraficantes. Manifestaron que la supervivencia de esta cultura selvática depende, principalmente, de una adecuada y concertada protección militar y de la titulación de sus tierras.
Territorios indígenas sin protección legal ni estabilidad jurídica pueden llevar a la desaparición de esta y otras culturas nativas. Tanto como el apoyo de alimentos, semillas y medicinas requeridas, la titulación de tierras es tarea impostergable.

Los obispos que en 1992 se reunieron en Santo Domingo lo expresan así: "La tierra, dentro del conjunto de elementos que forman la comunidad indígena es vida, lugar sagrado, centro integrador de la vida de la comunidad. En ella viven y con ella conviven, a través de ella se sienten en comunión con sus antepasados y en armonía con Dios; por eso mismo, la tierra, su tierra, forma parte sustancial de su experiencia religiosa y de su propio proyecto histórico. En los indígenas existe un sentido natural de respeto por la tierra. Ella es la Madre Tierra que alimenta a sus hijos, por eso hay que cuidarla pedir permiso para sembrar y no maltratarla".