Tuna,
chumbera, nopal, son algunos de los nombres con que se conoce alrededor
del mundo a la “Opuntia ficus – indica”; una humilde
cáctacea originaria de nuestro continente cuyo cultivo, se
está convirtiendo en una excelente alternativa agrícola
para promover el desarrollo.
Una planta que prospera bien, aún con poca agua, en terreno
de mala calidad, y que puede crecer a una altitud de hasta tres
mil metros sobre el nivel del mar. Pocos plagas y enfermedades la
atacan. Sus deliciosos frutos son muy nutritivos y hasta sus hojas
pueden industrializarse. Además constituye el hábitat
preferido de la cochinilla, pequeño insecto que produce el
carmín, un colorante altamente cotizado en el mercado internacional.
Cuando se la conoce de cerca se comprende de inmediato que la
tuna es... mucho más, bastante más, que frutos y
espinas.
La voz como un trueno del dios Huitzilopochti rugió: "Encontrarán
un águila sobre un nopal devorando una serpiente".
Cuando los primeros aztecas llegaron al valle de México
y vieron la imagen descrita por el dios, comprendieron el mensaje
y fundaron la capital de su reino. Un hermoso paraje que alrededor
del año 1325 fue bautizado como Tenochtitlán, que
en lengua Nahual significa "lugar donde abundan las tunas".
Nombre que bien le caería a muchas otras zonas de la América,
donde los tunales, con sus hojas de paleta, sus espinas y sus
flores coloridas, son parte esencial del paisaje.
La tuna (Opuntia ficus-indica), es una suerte de hija del rigor
que prolifera en las zonas áridas y semiáridas de
Latinoamérica. La tuna es originaria, tanto, de los andes
peruanos y bolivianos, como de las planicies mexicanas. Los españoles
viendo sus bondades la llevaron hasta su tierra donde aprendió
a crecer verde y vigorosa. Hoy las tunas son un importante cultivo
en las Islas Canarias. Países como Italia y Chile, son
algunos de los que promueven su cultivo al haber comprendido la
utilidad de la cactácea.
La tuna crece sin problemas, e inclusive de manera silvestre,
en terrenos poco fértiles y bajo condiciones hídricas
severas gracias a su capacidad para almacenar agua y nutrientes
en sus pencas (las hojas). La capacidad de almacenamiento de agua
es realmente asombrosa; se ha observado pencas de ocho centímetros
que bajo condiciones de sequía intensa reducen su grosor
a un centímetro.
Los mil y un usos de la tuna
El cultivo de la cactácea es de gran importancia para
nuestra sierra y costa, ya que bien utilizado puede servir para
luchar contra la desnutrición y desarrollar las economías
de muchas familias campesinas. El fruto, por ejemplo, tiene alto
contenido de vitaminas C y B, así como minerales esenciales.
Con él, además, se pueden elaborar jugos, mieles,
queso y vino de excelente calidad. Como fruta de mesa es altamente
cotizada.
La tuna produce más materia asimilable por hectárea,
que cualquier otro cultivo con fines alimentarios que se desarrolle
bajo las mismas duras condiciones. Son muchas las ventajas de
este cultivo; la tuna no requiere terrenos de primera calidad,
puede crecer bien en tierras marginales y bajo condiciones hídricas
severas. Prospera bien en pendientes fuertes, y sembrada en las
laderas constituye una excelente manera de evitar la erosión
y peligrosos deslizamientos.
De ninguna manera se le puede acusar de ser egoísta; una
sola planta puede dar hasta ciento cincuenta espinosos frutos
por cosecha y producir sin cesar por más de treinta años.
Existen varias clases de tuna. Las más conocidas son la
amarilla, la blanca, la roja, y la forrajera, una especie sin
espinas que sirve para alimentar al ganado.
De sus hojas, como paletas, se elaboran una variedad de productos
que van desde medicinas hasta cremas de belleza, pasando por champúes
y helados.
Una antiquísima receta, recomienda cortar y calentar sus
pencas para aplicarlas como cataplasma sobre los más rebeldes
abscesos. Pero pese a su valor, la tuna ha sido, en algunos lugares,
una gran incomprendida. Seguramente sus agresivas espinas han
tenido la culpa...
Australianos la consideraron terrible plaga
De Perú y México, llegó la tuna hasta la
lejana Australia. Los isleños reconocieron de inmediato
su potencial como cerco vegetal. Sus hirientes espinas alejaban
a cualquier entro metido. Las arenas y la sequedad del ambiente
ayudaron a que la planta proliferara rápidamente. Las cactáceas
empezaron a invadirlo todo, jardines, parques, huertos; los australianos
estaban desesperados por las pérdidas cuantiosas que ocasionaba
esta terrible "plaga".
Para fines de 1925 los tunales habían cubierto por completo
millones de hectáreas de pastoreo y de las mejores tierras
de cultivo. Se descubrió a un enemigo natural de la planta
el Cactoblastis cactoreum, originario de la América del
Sur. Miles de estos insectos fueron liberados en las zonas ocupadas
por las tunas para erradicarlas. Diez años más tarde
los insectos habían destruido en su totalidad a las espinosas
y densas marañas. Puede parecer increíble, pero
la Asociación Femenina de Queensland colocó una
placa recordatoria, en agradecimiento al bicho sudamericano que
terminó con la "maldición de las espinas"...
Cochinilla; valiosa intrusa
Se ve que nada sabían los australianos del potencial alimenticio,
medicinal e industrial de estas plantas, y de esa pequeña
"intrusa" que prolifera en sus hojas: la cochinilla
del carmín. Pequeñito insecto que servía
a los antiguos peruanos para elaborar los tintes con que coloreaban
sus tejidos y cerámicas y que en San Bartolomé,
como en muchas otras comunidades del Perú ha traído
una esperanza...
San Bartolomé, es un poblado con una arraigada tradición
frutícola. La creciente escasez de agua obligó a
que los agricultores optaran por cultivos que requieren poco riego.
Los árboles frutales abrieron paso a la tuna, cuyos deliciosos
frutos tienen gran demanda.
Cuentan en el pueblo, que un vecino celoso por las buenas tunas
que crecían en San Bartolomé, decidió infestar
los cultivos con un parásito: la cochinilla. Este parásito
succionador, que vive del jugo de la planta, volvió los
frutos débiles, resecos y desabridos, pero los agricultores
aprendieron que los bichos, que soltaban una gota intensamente
roja cuando se les apretaba, eran una bendición. Verdadera
o falsa la historia, lo cierto es que, allí como en otras
zonas, cada día son más los que descubren el potencial
de la planta y de la plaga.
La cochinilla es un insectito pequeño, del tamaño
de un grano de arroz cuando adulta, que produce el ácido
carmínico; Base para un tinte natural utilizado ampliamente
en la industria textil y cosmética: el carmín. El
"boom" del carmín, surge en los setenta, cuando
se determina que la generalidad de tintes artificiales son potencialmente
cancerígenos.
Gran demanda internacional...
En nuestro continente sólo existe una especie de cochinilla
de valor comercial la Dactylopius indicus que se desarrolla muy
bien en Perú, México y Centro América.
En nuestro país, el buen insecto crece saludable en Huancavelica,
Ayacucho, Arequipa y en general en todos los valles interandinos,
a partir de los 1,800 hasta los 2,700 metros sobre el nivel del
mar. Cualquier cultivo de tunas que se desarrolle en esos lugares
es bueno para albergar a este insecto homóptero. El Ing.
Edgar Espinoza Montesinos, autor del manual práctico "Cochinilla
en América", dio algunas recomendaciones sobre el
procedimiento
Para infestar de cochinilla una planta. La mejor manera es colocar
una docena de hembras maduras en una bolsita de tul, la cual se
prende de las propias espinas. Allí estas colocan sus huevos
y cuando eclosionan cientos de bebés cochinilla (llamadas
ninfas) se esparcirán por la planta. El insecto sufre dos
mudas antes de llegar a la madurez sexual, la cual ocurre a los
tres meses, la cosecha debe realizarse en ese período y
antes del desove de la hembra.
Hay que resaltar que es la hembra la que produce mayor cantidad
de ácido carmínico. Se reconoce una planta que está
infestada, pues las pencas presentan manchas blancas; esto es
debido a que el insecto se cubre de una especie de cera pulverulenta
que tiene la finalidad de protegerlo de los cambios externos de
temperatura.
"Se pueden obtener hasta cuatro cosechas de cochinilla por
año. La cosecha debe realizarse con sumo cuidado, haciendo
uso de una espátula para desprenderla de la penca. Luego
se les debe secar al aire por varios días. En realidad
es un producto que tiene gran demanda y que no requiere demasiados
cuidados. Japón, Canadá, Estados Unidos, son algunos
de los países que adquieren la cochinilla peruana".
Sin duda estamos frente a una excelente alternativa que permitiría
elevar el nivel de vida
de cientos de familias campesinas peruanas. Un cultivo que merece
ser impulsado y difundido...