Aquí
como en Tanzania, Honduras o Camerún se está escribiendo
una misma historia. Cambian los nombres, cambian las lenguas, pero
el desenlace amenaza ser igualmente triste en cualquiera de las
latitudes. Ese cinturón verde que rodea nuestro planeta por
la zona ecuatorial y que ha permanecido sin alteraciones por millones
de años, desaparece a pasos agigantados. Los bosques tropicales,
enormes pulmones vegetales que desde siempre han estado reciclando
el oxígeno que respiramos, parecen condenados a desaparecer.
Como fichas de dominó, uno tras otro caen los árboles
sin cesar, derribados por cuadrillas de taladores que han descubierto
el "buen" negocio de la madera. Además millones
de campesinos buscan zonas donde sembrar sus alimentos. Talan los
árboles, queman el manto vegetal de los suelos y logran con
esfuerzos una buena cosecha. El suelo pierde sus nutrientes con
rapidez, la erosión avanza; pronto tienen que recoger sus
objetos más queridos y buscar un nuevo lugar; allí
se repite la destrucción. Cada año se pierden once
millones de hectáreas de selvas debido a la expansión
agrícola (en un solo minuto pueden destruirse más
de doscientas hectáreas de selva). Si la devastación
continúa al ritmo actual, la Tierra podría haber perdido
su verde cintura en... menos de medio siglo.
La Edad Media presenció la despoblación forestal
de Europa Occidental, los tiempos modernos han contemplado la
deforestación violenta de la parte norte del continente
americano. Los bosques siguen retrocediendo ante el avance de
la civilización.
Si bien es cierto que las zonas boscosas del mundo desarrollado
se han estabilizado, los problemas continúan. Hoy, son
las naciones más pobres del planeta las que están
perdiendo importantes regiones ecológicas.
En lo que va del presente siglo, la franja de bosques tropicales
que va de Africa hasta Asia, pasando por las Américas,
se ha visto reducida en un cincuenta por ciento... y la destrucción
no cesa. Arboles, plantas y animales desaparecen a un ritmo alarmante.
Cada año que pasa se pierden once millones de hectáreas
de selvas (con la consiguiente extinción de diversas especies
animales) a causa de las desorganizadas actividades productivas
de la sociedad contemporánea.
La fuerte presión demográfica y la falta de oportunidades
que imperan en estas zonas obliga a que sean muchos los que busquen
en la agricultura una forma de mejorar su situación, lo
cual resulta nefasto.
Una vasta y verde fragilidad
Parece increíble pero, los ricos nutrientes que dan vida
a un exuberante bosque tropical, no pueden soportar los cultivos
por más de unas pocas estaciones.
Cuando los terrenos ya no rinden, las gentes buscan otras zonas,
se adentran en el vientre oscuro de la selva, derriban árboles,
queman los suelos y continúan con un interminable ciclo
de destrucción que amenaza con dejarnos un planeta "pelado".
La quema con fines agrícolas hace que se pierdan, en un
solo día, infinidad de plantas y animales que requirieron
de intrincadas comunidades y millones de años para evolucionar.
Los delicados suelos de los bosques tropicales, se mantienen
gracias a la protección que le dan los árboles.
En las selvas los minerales y nutrientes de los suelos, que provienen
de las hojas y ramas que caen de lo alto y se descomponen, son
usados una y otra vez. Los nutrientes pasan directamente del suelo
a la planta gracias a las micorrizas ("hifas", o filamentos,
de los hongos que se unen a las raíces de las plantas estableciendo
una relación de simbiosis). Al preparar los suelos para
la siembra se pierde esta relación.
La deforestación deja los suelos expuestos a las torrenciales
lluvias, esto favorece la erosión, los deslizamientos y
el total empobrecimiento de los suelos. El paso del hombre deja
la huella de pequeños desiertos...
Importancia de las selvas
Aunque solo ocupan el seis por ciento de nuestro mundo, los bosques
tropicales ocultan más de la mitad de la vida terrestre.
Las selvas son también cuna de culturas ancestrales; Pueblos
antiguos de conocimientos milenarios. Grupos humanos que han sabido
vivir por siglos en armonía con la naturaleza y que no
comprenden por qué se le abren tantas heridas al bosque.
De las zonas que hoy desaparecen, provienen las especies con
que se elaboran enfermedades tan diversas como la leucemia o algunos
tipos de cáncer
Los científicos están convencidos que junto con
las selvas se podrían estar perdiendo posibles tratamientos
para enfermedades mortales. Los bosques tropicales son, además,
una especie de gran despensa donde se encuentra abundante material
genético que permitirá mejorar muchas de las especies
que usamos en nuestra alimentación.
Ya que la fotosíntesis se realiza a gran escala; las zonas
resultan una suerte de gigantescos y verdes pulmones capaces de
purificar el emponzoñado aire de nuestra atmósfera.
En lo que respecta al clima, las selvas tienen la capacidad de
distribuir la humedad del ambiente, influyendo de manera beneficiosa
en el clima. Pueden regular el ciclo de lluvias y mejorar el drenaje
de los suelos.
El manto vegetal previene la erosión y la pérdida
de suelos.
La opinión mundial ha comprendido que los bosques tropicales
no son sólo importantes a nivel regional sino que los son
a escala planetaria; Se ha comprobado que el deterioro de la capa
de ozono se profundiza con la devastación de áreas
forestadas. Y que estas resultan, quizá, la única
arma eficaz que tenemos para enfrentar el temible "efecto
invernadero". Los árboles no mueren solos...
En todas las latitudes, medios de comunicación, científicos
y políticos, vienen advirtiendo sobre los alcances de la
destrucción masiva de los bosques tropicales.
Si la Tierra perdiera su apretada franja verde es indudable que
nos enfrentaríamos a una catástrofe climática
y ecológica sin precedentes. En opinión de los expertos,
la destrucción de los bosques puede estar contribuyendo
en casi veinte por ciento a intensificar el "efecto invernadero".
Hay quienes no se dejan convencer con estos argumentos y afirman
que con la excusa de la protección ambiental, los países
industrializados pretenden frenar el progreso de naciones como
Brasil, Perú o Madagascar.
Mientras los diversos sectores se ponen de acuerdo la devastación
continúa. Cada año se destruye casi el dos por ciento
de lo que representan los bosques tropicales.
Alternativas
Es improbable e ilógico que se dejen de explotar zonas
de tanto valor económico; pero debe hacerse de una manera
racional y bien planificada.
Es importante establecer políticas conservacionistas y
promover la investigación y mayor conocimiento de estas
zonas.
Ya que los asentamientos agrícolas son la más grande
amenaza, es un imperativo, clasificar adecuadamente los terrenos
de acuerdo a sus verdaderas posibilidades de uso. Una clasificación
inapropiada o utilización de las tierras para un destino
distinto abre las puertas a la degradación del medio ambiente.
Es necesario desarrollar programas que permitan a los habitantes
del bosque mejorar su nivel de vida sin tener que arremeter contra
el medio ambiente, hoy, no conocen alternativas.
Es tiempo de comprender que la deforestación creciente
tiene sus orígenes en la pobreza del campo, la baja productividad
agrícola, la presión demográfica y la ausencia
de planificación; hechos que se repiten en los países
tropicales.
Pero hay alternativas. Recientes estudios han demostrado que
conservar las selvas resulta mucho más rentable que destruirla.
Recoger las cosechas de frutas y látex, deja mayores ganancias
que la cría de ganado o la explotación maderera.
Es más saludable para el medio ambiente y hacia esto deberían
apuntar las políticas de desarrollo de los países
de bosques tropicales.
En lo que respecta a la deforestación de las selvas tropicales
Se requiere de un trabajo conjunto. Los países industrializados
y los de la franja de selva, deben emprender acciones de inmediato,
y desarrollar programas coherentes.
No es cuestión de señalar culpables. Se debe mirar
hacia adelante y esta vez sin separar el mundo en tres partes.
Es innegable que se requieren de nuevos modelos de desarrollo
que permitan evitar una hecatombe ecológica. La raza humana
debe comprender que su vida está enlazada a la de la naturaleza
y que somos los únicos responsables de la supervivencia
de nuestro planeta.
Necesitamos un cambio de actitud para dejar de escribir la historia
que narra la muerte de las selvas...