Diario El Comercio Lima -Perú 20 - 05 -1998

Martha Meier MQ.

 
Marjory Stoneman Douglas (1890-1998)
Primera Dama de la Conservación...
 
El jueves fue el último día para una mujer calificada por Al Gore, vicepresidente de los Estados Unidos, como "una de las verdaderas luces guías del movimiento conservacionista americano". El propio Bill Clinton, presidente del país del norte, dijo que ella había sido "inspiración y mentora de toda una generación".

¿Su nombre? Marjory Stoneman Douglas, verdadera "madre" del ambientalismo gringo. Periodista, escritora, defensora de los derechos de las mujeres y desposeídos, y ecologista a rabiar, deja un inmenso legado. A los 108 años cerró los ojos en su casa de Coconut Grove, en Miami, a escasos kilómetros del único parque nacional tropical de ese país, zona natural que quedó protegida gracias a su incansable lucha. Ejemplar dama que pese al peso y al paso del tiempo, desde su silla de ruedas ya prácticamente sorda y ciega, siguió alzando potente su voz en defensa de la vida y de su máxima pasión: el Parque Nacional de los Everglades. Paraje donde según lo pidió, sus cenizas serán esparcidas al aire para así formar parte por siempre de sus aguas, de sus plantas, de sus innumerables especies, es decir de la vida...

"Su precioso monumento nos rodea". "Un siglo de activismo". "Cómo una mujer cambió nuestra forma de ver el ambientalismo". "Símbolo y salvadora". "Guardiana de los Everglades muere a los 108"...

Estos fueron algunos de los titulares aparecidos en la primera plana de varios diarios norteamericanos, especialmente del sur de la Florida, el último viernes. El día anterior había muerto una leyenda viviente, uno de los pilares del ambientalismo "gringo": doña Marjorie Stoneman Douglas.

Nacida 108 años atrás, en 1890, en Minneapolis, Minnesota, frío lugar cercano a la frontera con Canadá. No fue raro, pues, que la exuberancia de los parajes tropicales, la luz tan especial y el verano eterno de la Florida la sedujeran desde que, muy joven, se estableciera en esta parte de los estados Unidos.

Descendiente de una familia de abolicionistas e hija del editor fundador del prestigioso diario "The Miami Herald", doña Marjorie fue figura prominente en los ámbitos del activismo 'verde', estableciendo el movimiento ambiental del estado de la Florida. Batalló por lograr el voto femenino. Fue periodista, escritora y ferviente defensora de los derechos humanos.

PALABRAS DE VIDA

En los años veinte escribió una sentida nota para "The Herald", recordando la muerte de un vago en una cárcel de la Florida, a consecuencia de una de las usuales y aceptadas golpizas propinadas a los reos. Gracias a aquel artículo tan salvajes actos fueron prohibidos por ley.

Mujer incansable, comprometida con las más nobles causas, a quien los norteamericanos supieron honrar en vida. Así, desde el 13 de noviembre del año pasado, las grandes extensiones del Parque Nacional de los Everglades, una zona de impresionantes humedales tropicales que alberga asombrosa diversidad de flora y fauna, lleva el nombre de esta mujer que salvó al prístino paraje de la voracidad de los constructores, urbanizadores, cultivadores de caña...

TRABAJO DE MUJER

"Es un asunto de las mujeres interesarse por el tema ambiental. Es una forma más amplia de saber llevar la casa", dijo alguna vez Douglas. Y cercana estuvo siempre a las mujeres, luchando activamente por sus derechos, compartiendo su entusiasmo por toda causa abrazada por ellas. Estuvo presente en la trascendental "Cumbre Mundial: Mujeres por un Planeta Sano", desarrollada en 1991 en Miami, donde se congregaron miles de mujeres de todos los rincones del globo, junto a las más connotadas representantes del llamado 'ecofeminismo'. Y fue desde su perspectiva de mujer que batalló por salvar los llamados Everglades, íntimamente relacionados a este género: recordemos, por ejemplo, que el 21 de noviembre de 1916, la Federación de Mujeres de la Florida compraba 850 hectáreas en lo que hoy es la parte central del parque, las que fueron ampliadas a dos mil en 1921. Pasarían más de dos décadas hasta que el sueño del parque se cristalizara.

ENAMORADA DEL AGUA

Fascinada con las maravillosas formas de vida allí albergadas, enamorada del paisaje tropical, de sus nubes de flamencos y garzas, de la claridad de su luz, y la humedad de este rincón de sinuosos cursos de agua, en 1947 publica su libro 'Ríos de hierba'. Un canto a la vida, a la conservación, a la historia, leyendas y culturas que tuvieron como escenario ese paraje. Esta obra no ha dejado de reimprimirse desde entonces. Gracias a esas lúcidas líneas y a un activismo incesante, el 6 de diciembre de aquel año el gobierno federal de los Estados Unidos declararía como Parque Nacional, de protección total una extensión de 556,789 hectáreas.

Sobre "Ríos de hierba", aquellas páginas ya inmortales, diría: "Escribir el libro fue una experiencia de descubrimiento que posiblemente no habría podido ser más excitante. En canoa, fui capaz de explorar ríos extraños y abrirme paso entre altas hierbas para desde ocultos lugares observar a las aves desde los botes. Ví cosas sobre las que sólo había escuchado y aprendí otras que nunca hubiera sabido...".

INFATIGABLE GUERRERA

Casi ciega y prácticamente sorda, la señora Douglas no dejó de lado lo que ella asumió como responsabilidad y deber. Continuaba con apariciones públicas, en seminarios, talleres y otras reuniones en el afán de enfrentar los peligros que aún hoy se ciernen sobre el parque nacional que gestó. ¿Sus armas? Palabras y sabiduría.

No lograron amedrentarla los grandes intereses económicos que con lujuria y enfermo deseo frotaban sus manos al mirar las tierras protegidas, soñando con el día de lograr 'conquistarlas' con mero afán de lucro.

No la desanimó jamás la incomprensión de algunos de sus gobernantes. No lograron callarla ni aquellos terratenientes que enardecidos alguna vez creyeron insultarla cuando le gritaron "condenada perseguidora de mariposas".

En su libro "Marjorie Stoneman Douglas: Voz del Río", esta alta y humilde mujer, ejemplo de ejemplos, se describió así: "No he sido una buena empleada. No me han gustado los horarios regulares. Nunca me gustó que se me dijera qué hacer, o trabajar para otras personas. De alguna manera era una solitaria en el trabajo, de la misma manera fui una solitaria en casa. Quise ser una persona antes que una empleada o una mujer. Quiero decir que no me importaba ser una empleada o una mujer, prefería ser simplemente una persona..."

Personas como ella son lo que más falta en este planeta con una humanidad cada vez más alejada de sus orígenes, de su espíritu, de sus sueños. Ella fue la prueba viviente de que una persona puede hacer la diferencia...