Diario El Comercio Lima -Perú
15 -01-1997

Martha Meier MQ.

 
Continúa matanza de tortugas marinas
 
A vista y paciencia de las autoridades de la provincia de Pisco se perpetra, día a día, un delito que según la ley debiera ser penado con multa y prisión. Así es!

Parece que en nuestro país una cosa son las normas legales y otra la realidad. Y para comprobarlo basta darse una vueltecita por San Andrés, Paracas y Pisco, en el departamento de Ica, por citar apenas un lugar.

PASIVAS AUTORIDADES

En las playas, cerquita a la... Capitanía de Puerto! Y también en el mero centro pisqueño, en el ajetreado Jirón Comercio, a escasos metros de la... Municipalidad, la sub-Prefectura y la Comisaría!, Inescrupulosos comerciantes y dueños de restaurantes siguen vendiendo carne, caparazones y otros productos derivados de las tortugas marinas.

Cabe recordar que la Resolución Ministerial 103-95, de Pesquería prohíbe la extracción, captura, transporte, comercialización, procesamiento y consumo de estas especies por encontrarse en serio peligro de extinción. Pese a que en esta zona de la costa, la Dirección sub-regional de Pesquería de Pisco ha difundido hace pocas semanas un comunicado, y afiches informativos sobre esta veda, lamentablemente el asunto parece haber caído en "saco roto".

BRUTAL ESPECTACULO

La extracción de tortugas marinas es una amenaza real para la supervivencia de las que habitan en aguas peruanas. Si esta es razón de peso para protegerlas legalmente, no debemos dejar de lado las razones humanitarias. La captura de tortugas y su posterior tratamiento son un asunto verdaderamente salvaje, cruel, brutal que no hace más que insensibilizar a quien lo ejecuta. Quien ha presenciado la verdadera tortura que sufre este animal difícilmente podrá olvidar la sangrienta escena.

Tras ser "arrancadas" de su hábitat se las "empala", es decir se les atraviesa con un grueso y filudo palo. La tortuga sigue aún viva, entonces se procede a abrirle heridas para extraerle la grasa, luego se la troza. Surge entonces la pregunta: ¿tan cruel oficio no envilece, no embrutece, acaso a quien lo realiza?, ¿No es un vulgar entrenamiento que llevará poco a poco a perderle todo respeto a la vida?...