Arriba,
cerca al cielo, en los altos pastos de nuestro Perú, hubo una
vez cuando los ojos inmensos de la vicuña estuvieron a punto
de convertirse en recuerdo.
Por siglos, esta hermosa especie fue perseguida y masacrada debido
a su finísima piel. Las sistemáticas matanzas de las
últimas décadas la pusieron, literalmente, al borde
del abismo. Para los años sesenta, y con una población
de apenas unos cuantos miles de ejemplares, parecía condenada
irreversiblemente a la extinción. Sin embargo, gracias a la
terca e infatigable lucha de don Felipe Benavides Barreda, la vicuña,
símbolo patrio de nuestra riqueza nacional, pudo salvarse.
Pese a los intereses creados en torno a esta especie, pese a la
inescrupulosa acción de los cazadores furtivos (la mayor
de las veces coludidos con autoridades forestales), el Perú
cuenta, hoy, con aproximadamente cien mil ejemplares, que constituyen
el ochenta por ciento de vicuñas del planeta.
Pero las cosas podrían cambiar pronto. En opinión
de los expertos, la reciente promulgación de un decreto legislativo
de promoción agraria ha puesto en peligro el futuro de nuestras
cuatro especies de camélidos sudamericanos (guanaco, alpaca,
llama y vicuña) particularmente a esta última. Como
recordarán nuestros lectores, la semana pasada, nos hemos
referido a esta situación. Se trata de una medida que muchos
han considerado panti-ecológica. No sólo porque ha
dejado a nuestras valiosísimas especies silvestres a merced
de intereses que nada tienen que ver con la conservación,
sino que además ha derogado artículos del Código
del Medio Ambiente referentes a la intangibilidad de nuestras áreas
protegidas. Así, Pacaya-Samiria, el Manu y tantos otros parajes,
han quedado expuestos a que dentro de sus límites se realicen
actividades pocos amables para con el entorno.
La nota que publicamos en esta página se refiere a las nuevas
medidas y cómo podrían estar poniendo en peligro nuestro
patrimonio ecológico, particularmente los logros en la recuperación
de la vicuña.
El autor es Diego Benavides Norlander, hijo de quien fuera celoso
guardián de nuestros tesoros naturales. El, que vivió
de cerca la larga batalla de su padre contra la insensibilidad de
sucesivos gobiernos frente al tema ambiental, no podía dejar
de alzar su voz de protesta.
Benavides, hijo, nos recuerda el mensaje de su padre: que el Perú
sea para las mujeres, hombres y niños del Perú, que
nuestras invalorables especies de flora y fauna sean puestas al
servicio de la noble causa nacional y que se reconozcan, ante todo,
los derechos de las, por siglos, postergadas comunidades campesinas
de nuestros altos Andes.
La conservación no es obstáculo para el desarrollo,
eso es algo que se tiene que comprender. Podríamos más
bien decir que, sin conservación, no se alcanzará
un desarrollo real. Sin considerar la variable ambiental dentro
de nuestras estrategias estamos poniendo en riesgo a las futuras
generaciones del Perú.
Martha Meier M.Q.
"Muchas de las grandes causas conservacionistas convertidas
en luchas internacionales, tarde o temprano, ingresan al terreno
de la desilusión". Son expresiones que pertenecen a
Don Felipe Benavides Barreda, escritas en la página editorial
de este mismo diario, hace algunos años.
Lo que actualmente viene sucediendo con la vicuña en nuestro
país, coincide con las dramáticas expresiones de un
peruano que entregó su vida, a la defensa de nuestro patrimonio
ecológico nacional y, dentro de este, especialmente a la
conservación de la vicuña; bello exponente de la fauna
silvestre latinoamericana.
La reciente promulgación de la cuestionable "Ley de
Reforma, Promoción e Inversión Agraria"; la retención
de mil metros de tela de lana de vicuña -registrada con la
marca "Vicuñandes-Perú"- debido a inescrupulosas
maniobras para evitar su venta en el mercado internacional, evidencian
la ausencia de voluntad política para cristalizar los objetivos
de la noble causa nacional de la vicuña, enfocada a favor
de las comunidades campesinas de nuestra patria.
Un poco de historia
Los primeros esfuerzos para salvar a la vicuña de la extinción,
empezaron en la década de los años sesenta, cuando
en el Perú no existían más de cinco mil ejemplares.
Gracias a la generosa cooperación internacional, y a los
esfuerzos de conservacionistas, liderados por don Felipe Benavides,
se logró establecer la Reserva Nacional de Pampa Galeras.
A partir de esos años, surgió la esperanza de lograr
incorporar a la vicuña a la economía de las empobrecidas
comunidades altoandinas, como un vehículo importantísimo
que contribuyera a mejorar sus niveles de vida.
No hay que olvidar que, los primeros esfuerzos internacionales
para impulsar la conservación de esta especie se concretaron
el 1969 cuando se suscribió el "Convenio para la Conservación
de la Vicuña". Siendo autor de esta iniciativa el peruano
Felipe Benavides Barreda.
En la actualidad, el Perú posee cerca de cien mil ejemplares,
con la posibilidad que este recurso, a través de la producción
textil, sirva a la economía nacional, si es que las autoridades
gubernamentales se preocuparan de alentar esta importante alternativa.
El lamentable panorama actual
Desgraciadamente, el panorama actual es deprimente, debido a las
recientes medidas adoptadas por el Supremo Gobierno, sobre la conservación,
manejo y aprovechamiento de este recurso, desconociendo los esfuerzos
internacionales desplegados por el Perú, para promover la
utilización inteligente de la vicuña.
Cuanta indignación sentiría el recordado científico
alemán Rudolf Hofmann, quien entregó doce años
de su vida a la noble causa de la conservación de la vicuña.
Desde su tierra natal llegó hasta las lejanas alturas de
Pampa Galeras, para brindarle al Perú un servicio invalorable
en la custodia de una especie en extinción; en la que él
apreció grandes potencialidades económicas para nuestro
país.
Es cuestionable que recientes dispositivos nacionales, elaborados
sin consultar a los sectores interesados, desconozcan que el Perú
tiene la obligación de cumplir con acuerdos internacionales,
promovidos por recordados conservacionistas comprometidos con el
anhelo de salvar a la vicuña.
El Perú debe ser para los peruanos
El mensaje de Felipe Benavides fue siempre orientar las riquezas
naturales del Perú, al servicio de los peruanos y, fundamentalmente,
en provecho de las futuras generaciones. Estos propósitos
se están desplazando como consecuencia de medidas gubernamentales,
orientadas a entregar la vicuña a inescrupulosos grupos económicos
internacionales.
Es tiempo que los peruanos empecemos a valorar el potencial económico,
científico, cultural y social de nuestros recursos naturales
en favor de la deteriorada economía nacional.
A lo largo de nuestra historia, el entreguismo de nuestro patrimonio
natural ha evidenciado la visión inmediatista de los gobiernos
de turno. Es así, como el caucho, el guano, la anchoveta,
la chinchilla y, ahora, la vicuña, permanecen expuestas a
su depredación y exterminio, debido a irresponsables políticas
sobre el aprovechamiento que debe efectuarse con estos valiosísimos
recursos naturales.
Todo esto constituye una enorme frustración para los peruanos
que han consagrado su vida por la conservación ambiental;
noble causa en beneficio de los peruanos del mañana.
Invoco a las nuevas generaciones de peruanos identificados con
la conservación a levantar su voz ante un acto que pretende
terminar con más de veinte años de fatigosas luchas
en favor de la vicuña y de los derechos de las comunidades
campesinas.
Las juventudes peruanas no pueden permanecer ajenas a los problemas
ambientales en esta hora difícil, cuando ante todo deben
defenderse los ideales nacionales.
¿Será que nuestra sociedad no se siente comprometida
con las causas nacionales? ¿Hemos perdido, acaso, todo sentimiento
de identidad nacional?
El "liberalismo" no tiene por qué dar como resultado
medidas que contribuyan al exterminio de nuestra flora y fauna,
en desmedro de los altos intereses nacionales.
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