Diario El Comercio Lima -Perú
14-12-1991

 
Eco-etiquetas: Sellos que marcan la "verde" diferencia
 

Desde palillos de dientes hasta pesados materiales de construcción, pasando por lápices labiales, chocolates y pañales, vinos, alimento para gatos, ropa, juguetes, zapatos... la lista es interminable; en las naciones más desarrolladas del globo literalmente todo empieza a producirse de manera más `inteligente'. Mujeres y hombres conscientes de su responsabilidad individual frente a la actual crisis ambiental empiezan a modificar sus patrones de consumo. El ecologismo no es más un tema de sobremesa o de debate especializado, sino que se han integrado las propuestas a la vida cotidiana.

Las empresas y conglomerados tratan de satisfacer la demanda y se ven obligadas a producir lo que `la gente quiere' y lo que la gente quiere son productos más saludables y naturales, alimentos libres de contaminación y residuos químicos, artículos reciclados o reciclables que no ocasionan daños al entorno, cuya materia prima no esté amenazada de extinción y cuyos envases no generen mayores problemas de contaminación y basuras.

Grupos organizados de consumidores están cambiando las reglas de juego y han comprendido el poder que tienen en sus manos. La compra se hace cada vez más racionalmente; las eco-etiquetas con su sello de "verde" diferencia distinguen a los productos `más inteligentes'.

No es raro que los asuntos ambientales y ecológicos sean tema de conversación en la sobremesa y de constante debate en foros especializados. Todos nos preocupamos con las espeluznantes informaciones sobre el `efecto invernadero', la diseminación de la capa de ozono, la deforestación de la Amazonía... Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar cómo nuestros hábitos, costumbres e inclusive nuestras `compras' pueden estar contribuyendo a generar mayores descalabros ambientales. Poco a poco, sin embargo, se empieza a ver un cambio de actitud. El ecologismo no debe ser sólo un discurso, ante todo es una forma de vida; una propuesta que debemos asumir hasta en nuestros más cotidianos actos.

Así lo han comprendido muchos hombres y mujeres alrededor del globo, quienes coordinando acciones a través de organizaciones de consumidores han ejercido suficiente presión como para obligar a las grandes empresas y conglomerados a descontinuar ciertos productos o modificarlos.

Alrededor del planeta son muchos los productos que han visto restringidas sus ventas. Debido al exterminio de delfines a causa de las `redes rastreras' usadas en la pesca industrial del atún, este enlatado, por ejemplo, se consume cada vez menos. En los Estados Unidos, las cadenas de restaurantes de venta de hamburguesa la están viendo díficil porque la mayor parte de la carne que comercializan procede de ganado vacuno criado en las selvas centroamericanas. Así, grandes extensiones de selva virgen han sido deforestadas para habilitar zonas ganaderas, lo cual ha parecido poco apropiado a millones de consumidores.

Este tipo de presión hace que las grandes empresas busquen métodos cada vez más `verdes' tanto para la elaboración, como el empacado de sus productos. Además, la gran demanda de estos consumidores conscientes ha permitido la aparición de productos más inteligentes: Diferentes sellos y símbolos se han desarrollado en los países para identificar y realzar a estos nuevos productos.

Primero fue Alemania

Fueron los grupos de consumidores alemanes los primeros en llamar la atención sobre la necesidad de desarrollar productos más acordes con las propuestas `verdes' y que representaran una real alternativa. Así es que desde l978 se decidió diferenciarlos con un símbolo determinado. Los productos que llevan el distintivo alemán son todos aquellos que no constituyen amenaza a la salud humana, no impactan negativamente sobre el entorno, no dependen de la explotación irracional de los recursos naturales para su materia prima y comparados con sus similares producen menor impacto ambiental, sin disminuir su valor práctico.

El distintivo alemán es el logotipo de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), llamado `Angel Azul'. Alrededor de este diseño se especifican las bondades medio-ambientales del producto (inofensivo para la capa de ozono, cultivado sin pesticidas, hecho con material reciclado, etc.) Pero lograr que las autoridades alemanas otorguen el `Angel', no es nada fácil. Hay que cumplir con varios requisitos. Primero presentar una propuesta a la Agencia Federal del Medio Ambiente con documentos que confirman el `ecologismo' del producto. Luego de estudiada, la propuesta es remitida al `Umweltzeichen' o `Comité de Etiquetado Ambiental'. Científicos, organizaciones ecologistas, asociaciones de consumidores, poderes públicos y universidades entre otros, conforman el `Umweltzeichen', ellos son quienes determinan los grupos de productos susceptibles a la eco-etiqueta.

Luego de lograr la victoria en la primera prueba, el fabricante deberá presentar una solicitud al RAL (Instituto Alemán para la garantía de Calidad y el Etiquetado de los Productos), organismo que, coordinadamente con la Agencia de Medio Ambiente verificará los datos del producto y las instalaciones donde se produce. Si así fuera, se otorga el sello, sólo por dos años después de los cuales se analizará si se siguen manteniendo las iniciales excelencias de calidad.

Luego de casi catorce años, más de 4,000 productos alemanes de todo tipo llevan en sus etiquetas al `Angel Azul', el símbolo se ha convertido en sinónimo de calidad.

También en Canadá

La hoja de arce del Escudo canadiense formando tres palomas entrecruzadas es el eco-logo de ese país. El proceso para obtenerlo es similar al alemán y se le denomina `Le Choix Environemental' (o la elección medioambiental). Dieciséis expertos procedentes de diversos sectores (derecho, economía, medio ambiente, ciencias, fabricantes, etc.) conforman el primer comité evaluador, el segundo paso está a cargo de la Asociación Canadiense de Normalización (ACNOR). Luego de seleccionados, los productos son sometidos a un período de información pública donde cualquiera puede presentar sus observaciones.

El abrazo japonés

Hace un par de años, en l989, se inició el eco-etiquetado en Japón y en la actualidad cerca de medio millar de productos lucen el logotipo que bien podría ser llamado el `abrazo japonés' y que consiste en dos brazos rodeando protectoramente nuestro redondo planeta.

En su adjudicación participan la estatal Agencia del Medio Ambiente y la Asociación Japonesa del Medio-Ambiente quienes exigen que en el proceso de fabricación del producto se utilicen tecnologías contra la polución, reciclaje de los desagües de las fábricas, etc. Deben tener envases de fácil eliminación, su utilización debe propiciar el ahorro de energía y recursos naturales, el precio debe ser competitivo con sus similares.

Muchos otros países han desarrollado sistemas de eco-etiquetado, respondiendo a las exigencias de una creciente demanda, tales como Noruega, Suecia, Dinamarca y Holanda. Nuestro vecino del sur, Chile, también viene implementando un sistema similar.

Eco-símbolos que nos demuestran cómo nosotros sí podemos hacer la diferencia y que nos ayudan a replantearnos actividades tan cotidianas como el ir de compras.