Diario El Comercio Lima -Perú
15- 07-1991

 
Invocan a periodistas a informar con libertad buscando la paz
 

Centro América es como una hermosa y muy maltratada niña pequeña. Violencia, situaciones políticas irregulares y guerras ha padecido por décadas. Como si todo ese dolor y esa sangre no fueran suficientes, ha soportado la violación y el saqueo de sus más grandes tesoros. Su situación ambiental, dicen los expertos, es insostenible Gracias a esta pequeña, que es una suerte de puente, el desarrollado Norte con nuestro olvidado Sur están, al menos geográficamente, unidos.

Ella permite que nuestra América sea una sola y continua desde las esplendorosas soledades de la Patagonia hasta las blancuras lacerantes de las nieves de Alaska bañada por el Pacífico en el Oeste y por el Mar Caribe, es Centroamérica una tierra de ensueños. Playas que parecen infinitas, bosques poblados de orquídeas y aves multicolores, paraje tropical, tórrido, exuberante, primer y maravilloso escenario de este lado del planeta que vieron ojos europeos hace casi quinientos años. Desde entonces el triste destino de la niña fue ineludible.

De sus fascinantes bosques se empezaron a extraer, con voracidad, duras y fragantes maderas con que se construyeron templos y casonas españolas en todo el continente (recordarán seguramente nuestros lectores que la mayoría de balcones y artesonados coloniales de nuestras antiguas casonas fueron hechos con maderas centroamericanas, tales como el cedro de Nicaragua).

La explotación irracional del recurso forestal en la región, sumada a la expansión de grandes plantaciones agrícolas y de la actividad ganadera, ha alcanzado límites peligrosísimos. Por increíble que parezca, y pese a las múltiples reglamentaciones regionales que obligan a las empresas a replantar los árboles que tumban, cada minuto del día se pierden...¡treinta! hectáreas de bosques tropicales! (para tener una idea de esta extensión basta saber que cada hectárea equivale a una manzana urbana, imagínese el espacio de nada que quedaría en su ciudad si cada minuto se esfumaran treinta manzanas). Lógicamente se cuentan en cientos las especies, tanto de flora como de fauna, que se dirigen irremediablemente hacia la extinción como consecuencia de tan terrible deforestación.

A continuación publicamos un reciente informe de la agencia Efe, donde varios de los problemas de esta pequeña niña, cuyo desvergonzado y esplendoroso verdor pronto podría ser un asunto del pasado, poniendo en riesgo a los veintiocho millones de mujeres, hombres y niños que habitan en lo que podría ser una de las regiones más ricas del planeta. (Martha Meier M.Q.)

"Guatemala (o Quauhtemalan) significa en lengua Nahuatl tierra de árboles; en Honduras, cuando había pinos, se cantaba una canción en su honor; y Panamá debe su nombre, según su historia, a la abundancia de peces en sus aguas o de un árbol con el mismo nombre. De continuarse con la depredación actual, el esplendor de los bosques centroamericanos, pronto se convertirá en recuerdo y nadie podrá creer que esos desolados desiertos estuvieron alguna vez cubiertos por árboles y orquídeas, aves multicolores, plantas medicinales y variedad de vida silvestre"

Belice, Costa Rica, El Salvador , Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, día a día, sufren el deterioro ecológico que consume su fauna, flora y recursos naturales de toda especie, desequilibra los ciclos de la Naturaleza, contamina fuentes de agua, océanos, ríos y lagos en un proceso de creciente mutilación.

La comercialización de la riqueza natural es un negocio que beneficia a una minoría privilegiada, pues éste genera anualmente, unos 54 mil millones de dólares, de los que los países suministradores no perciben ni la mitad, de acuerdo a recientes revelaciones del Instituto Forestal Latinoamericano.

Centroamérica tiene el índice más alta de deforestación del mundo, calculada en treinta hectáreas por minuto, según informó recientemente el director del Instituto de Recursos Naturales de Nicaragua, Jaime Incer.
A un año de que se celebre en Brasil una cumbre mundial en defensa del medio ambiente, los Gobiernos de los países centroamericanos aceleran la redacción de un Código Ambiental que detenga el proceso creciente de mutilación y falta de respeto de lo que hoy se define como la ecología humanan, señala el texto final de una última reunión de vicepresidentes del área.

Sin embargo, las declaraciones románticas no son acompañadas de prácticas efectivas de control de la extracción de la madera o el tráfico de especies animales o vegetales en peligro de extinción, ya que, o no hay presupuesto para hacer cumplir las leyes existentes o, simplemente, los depredadores las burlan hábilmente.

Bosques que desaparecen

Más del setenta por ciento de los 541.165 kilómetros cuadrados que forman Centroamérica son aptos para la explotación forestal controlada, lo que constituiría una fuente de desarrollo para estos países, en donde 21 millones de personas son pobres. Sólo Honduras, el segundo país territorialmente más grande, necesita 570 millones de dólares para recuperar dos millones de hectáreas de bosques talados en los últimos veinte años, a un ritmo de 120 mil hectáreas cada año. En Honduras han desaparecido 41 especies de animales.

En Costa Rica la deforestación llega a las sesenta mil hectáreas cada año, de acuerdo con organismos no gubernamentales defensores del medio ambiente.

Panamá, que hace cuarenta años tenía cubierto de bosques tropicales el 65 por ciento de su geografía, ha registrado una disminución del veinte por ciento, que año a año aumenta, y sólo en este país hay más de ochenta especies animales y vegetales en peligro de extinción, algo que se repite en el resto de naciones centroamericanas.

El Salvador, el país más pequeño, es el más afectado por la destrucción del ochenta por ciento de sus bosques y se teme que, de no invertirse inmediatamente el proceso, se convierta en un desierto en diez años, lo mismo puede suceder en Costa Rica y Panamá en dos décadas, afirmaron autoridades forestales de ambos países.

En Guatemala, Belice y Nicaragua han sido seriamente depauperados los bosques de cedros y caoba, así como los pinares de Honduras y Nicaragua, señalaron expertos europeos, en una región en la que más del cincuenta por ciento de sus habitantes son agricultores y la renta per cápita anual es de unos mil dólares, o menos.

Miles de agricultores también contribuyen al deterioro ambiental, pues anualmente queman extensas zonas de bosques para aprovecharlos como tierra de cultivo, incrementando la contaminación, y la pérdida de especies únicas en el mundo. Nicaragua, en lo que va del año, ha perdido más de medio millón de hect reas de bosques a consecuencia de los incendios forestales. La madera también es una fuente importante de generación de energía, en toda Centroamérica, especialmente en Guatemala y Nicaragua, en donde el 78 por ciento de los hogares la usa como combustible.

En pocos años los espectaculares bosques que cubren a Centro América se transformarán en un recuerdo. (Efe)