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Centro América es como una
hermosa y muy maltratada niña pequeña. Violencia,
situaciones políticas irregulares y guerras ha padecido por
décadas. Como si todo ese dolor y esa sangre no fueran suficientes,
ha soportado la violación y el saqueo de sus más grandes
tesoros. Su situación ambiental, dicen los expertos, es insostenible
Gracias a esta pequeña, que es una suerte de puente, el desarrollado
Norte con nuestro olvidado Sur están, al menos geográficamente,
unidos.
Ella permite que nuestra América sea una sola y continua
desde las esplendorosas soledades de la Patagonia hasta las blancuras
lacerantes de las nieves de Alaska bañada por el Pacífico
en el Oeste y por el Mar Caribe, es Centroamérica una tierra
de ensueños. Playas que parecen infinitas, bosques poblados
de orquídeas y aves multicolores, paraje tropical, tórrido,
exuberante, primer y maravilloso escenario de este lado del planeta
que vieron ojos europeos hace casi quinientos años. Desde
entonces el triste destino de la niña fue ineludible.
De sus fascinantes bosques se empezaron a extraer, con voracidad,
duras y fragantes maderas con que se construyeron templos y casonas
españolas en todo el continente (recordarán seguramente
nuestros lectores que la mayoría de balcones y artesonados
coloniales de nuestras antiguas casonas fueron hechos con maderas
centroamericanas, tales como el cedro de Nicaragua).
La explotación irracional del recurso forestal en la región,
sumada a la expansión de grandes plantaciones agrícolas
y de la actividad ganadera, ha alcanzado límites peligrosísimos.
Por increíble que parezca, y pese a las múltiples
reglamentaciones regionales que obligan a las empresas a replantar
los árboles que tumban, cada minuto del día se pierden...¡treinta!
hectáreas de bosques tropicales! (para tener una idea de
esta extensión basta saber que cada hectárea equivale
a una manzana urbana, imagínese el espacio de nada que quedaría
en su ciudad si cada minuto se esfumaran treinta manzanas). Lógicamente
se cuentan en cientos las especies, tanto de flora como de fauna,
que se dirigen irremediablemente hacia la extinción como
consecuencia de tan terrible deforestación.
A continuación publicamos un reciente informe de la agencia
Efe, donde varios de los problemas de esta pequeña niña,
cuyo desvergonzado y esplendoroso verdor pronto podría ser
un asunto del pasado, poniendo en riesgo a los veintiocho millones
de mujeres, hombres y niños que habitan en lo que podría
ser una de las regiones más ricas del planeta. (Martha Meier
M.Q.)
"Guatemala (o Quauhtemalan) significa en lengua Nahuatl tierra
de árboles; en Honduras, cuando había pinos, se cantaba
una canción en su honor; y Panamá debe su nombre,
según su historia, a la abundancia de peces en sus aguas
o de un árbol con el mismo nombre. De continuarse con la
depredación actual, el esplendor de los bosques centroamericanos,
pronto se convertirá en recuerdo y nadie podrá creer
que esos desolados desiertos estuvieron alguna vez cubiertos por
árboles y orquídeas, aves multicolores, plantas medicinales
y variedad de vida silvestre"
Belice, Costa Rica, El Salvador , Guatemala, Honduras, Nicaragua
y Panamá, día a día, sufren el deterioro ecológico
que consume su fauna, flora y recursos naturales de toda especie,
desequilibra los ciclos de la Naturaleza, contamina fuentes de agua,
océanos, ríos y lagos en un proceso de creciente mutilación.
La comercialización de la riqueza natural es un negocio
que beneficia a una minoría privilegiada, pues éste
genera anualmente, unos 54 mil millones de dólares, de los
que los países suministradores no perciben ni la mitad, de
acuerdo a recientes revelaciones del Instituto Forestal Latinoamericano.
Centroamérica tiene el índice más alta de
deforestación del mundo, calculada en treinta hectáreas
por minuto, según informó recientemente el director
del Instituto de Recursos Naturales de Nicaragua, Jaime Incer.
A un año de que se celebre en Brasil una cumbre mundial en
defensa del medio ambiente, los Gobiernos de los países centroamericanos
aceleran la redacción de un Código Ambiental que detenga
el proceso creciente de mutilación y falta de respeto de
lo que hoy se define como la ecología humanan, señala
el texto final de una última reunión de vicepresidentes
del área.
Sin embargo, las declaraciones románticas no son acompañadas
de prácticas efectivas de control de la extracción
de la madera o el tráfico de especies animales o vegetales
en peligro de extinción, ya que, o no hay presupuesto para
hacer cumplir las leyes existentes o, simplemente, los depredadores
las burlan hábilmente.
Bosques que desaparecen
Más del setenta por ciento de los 541.165 kilómetros
cuadrados que forman Centroamérica son aptos para la explotación
forestal controlada, lo que constituiría una fuente de desarrollo
para estos países, en donde 21 millones de personas son pobres.
Sólo Honduras, el segundo país territorialmente más
grande, necesita 570 millones de dólares para recuperar dos
millones de hectáreas de bosques talados en los últimos
veinte años, a un ritmo de 120 mil hectáreas cada
año. En Honduras han desaparecido 41 especies de animales.
En Costa Rica la deforestación llega a las sesenta mil hectáreas
cada año, de acuerdo con organismos no gubernamentales defensores
del medio ambiente.
Panamá, que hace cuarenta años tenía cubierto
de bosques tropicales el 65 por ciento de su geografía, ha
registrado una disminución del veinte por ciento, que año
a año aumenta, y sólo en este país hay más
de ochenta especies animales y vegetales en peligro de extinción,
algo que se repite en el resto de naciones centroamericanas.
El Salvador, el país más pequeño, es el más
afectado por la destrucción del ochenta por ciento de sus
bosques y se teme que, de no invertirse inmediatamente el proceso,
se convierta en un desierto en diez años, lo mismo puede
suceder en Costa Rica y Panamá en dos décadas, afirmaron
autoridades forestales de ambos países.
En Guatemala, Belice y Nicaragua han sido seriamente depauperados
los bosques de cedros y caoba, así como los pinares de Honduras
y Nicaragua, señalaron expertos europeos, en una región
en la que más del cincuenta por ciento de sus habitantes
son agricultores y la renta per cápita anual es de unos mil
dólares, o menos.
Miles de agricultores también contribuyen al deterioro ambiental,
pues anualmente queman extensas zonas de bosques para aprovecharlos
como tierra de cultivo, incrementando la contaminación, y
la pérdida de especies únicas en el mundo. Nicaragua,
en lo que va del año, ha perdido más de medio millón
de hect reas de bosques a consecuencia de los incendios forestales.
La madera también es una fuente importante de generación
de energía, en toda Centroamérica, especialmente en
Guatemala y Nicaragua, en donde el 78 por ciento de los hogares
la usa como combustible.
En pocos años los espectaculares bosques que cubren a Centro
América se transformarán en un recuerdo. (Efe)
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