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La gran diversidad biológica,
ecológica y humana del Perú son su mayor potencial'.
Así hablaba Bárbara, una mujer que entregó
su vida a la alta tarea de la conservación. Luchadora valiente,
defensora incansable de nuestros tesoros naturales, dura crítica
de los traficantes de vida; Bárbara se encontró con
la muerte, un 31 de mayo en Huancavelica.
Su afán de investigar, de ver, de confirmar
y defender, de cumplir con los lectores de esta página en
la que brillantemente colaboró, la hicieron viajar por todos
los caminos del Perú. Semana a semana sus escritos no relataban
los problemas que enfrentan los ecosistemas de nuestro país;
la agonía de los bosques, la muerte de los ríos, el
deterioro de nuestro medio ambiente.
Las angustias de las comunidades rurales, las costumbres
de remotos pueblos peruanos, de los que pocas veces habíamos
oído hablar, llegaban frescos y vividos a través de
sus magníficas crónicas de viaje. Con sencillez y
claridad transmitió profundo conocimientos científicos
y conceptos ecológicos, que terminaron por crear una fuerte
conscienci conservacionista entre sus lectores.
Peruana por elección, Bárbara representa
uno de los ejemplos más hermosos de amor a la naturaleza;
por ella, entregó la vida. Sus magníficos escritos
constituyen un testimonio de paz e integración; un trabajo
infatigable en el intento de construir ese mundo más justo
y ecológicamente equilibrado con el que todas, y todos, soñamos.
Los fragmentos que reproducimos a continuación, son sólo
una muestra, una pequeñísima muestra de una labor
que muchas generaciones de peruanos sabrán agradecer.
Hoy sus escritos nos sabrán agradecer. Hoy
sus escritos nos permiten conocer todos los rincones del Perú,
esos pedacitos que la violencia nos arrebata día a día...
El destino absurdo, la violencia insana, quisieron que el alma se
le escapara en el erosionado paisaje serrano. Las montañas
acariciando la blancura de las montañas acariciando la blancura
de las nubes, el soplo andino del viento, los ojos tristes de las
vicuñas y su encuentro con los aliados de las tinieblas hubieran
sido protagonistas de su último relato, ese que nunca llegaremos
a leer...(Martha Meier M.Q.)
A propósito del agua que nos falta
..."Dice la leyenda que aquí vivían
los Cumbes, quienes adoraban al agua. La cuidaban y administraban
con mucho cuidado. Construyeron una hermosa ciudad, con huertos
y jardines, regados por esta agua, sabiamente juntada y repartida.
El rayo había creado a este pueblo, y como su creador lo
veneraban."
"Luego llegaron los Xexes, invadieron estas
tierras, malgastaron el agua, la despilfarraron. Los dioses se indignaron,
los rayos y los truenos volvieron en toda su furia, y así
como habían creado todo, ahora lo destruyeron. Las rocas
quedaron como eterno testimonio de la gente que pedía clemencia
ante el castigo".
Pensé, la leyenda no está lejos de
la realidad. De la situación actual, moderna. Los seres humanos
estamos malgastando el agua. En la medida que se maneja el agua,
que se cuida la napa freática y se administra el riego los
suelos rinden frutos, las plantas crecen, los árboles prosperan.
En cambio si se descuida el manejo del agua, la tierra
es llevad por la escorrentía, y la piedra queda muda, estéril,
pelada, igual que las rocas y frailones, en testimonio de su pedido
de clemencia al cielo...
Con razón los antiguos Caxamarcas también
adoraban al dios preinca Catequil, el rayo: trajo el agua, y luego
la destruyó, por la negligencia de los hombres. No supieron
apreciar lo que les daba. (Por la herida en la roca corre el agua
cristalina; octubre 4, 1986)
La Lima del siglo veintiuno
Hagamos algunas preguntas retóricas: ¿Se producen
todos los años huaycos en la carretera Central? ¿Tiene
Lima agua suficiente? ¿Existen tierras agrícolas?
¿Cuantos habitantes tendrá Lima en el año dos
mil?
Las respuestas, como todo el mundo sabe, son, respectivamente: sí,
sí, no, diez millones.
Ultima pregunta (que no debería ser retórica,
pero lo es): ¿se ha hecho algo al respecto?
Ya que el asunto "año dos mil" está
al día -y a las puertas- veamos: seremos diez millones de
habitantes, es casi seguro que las tierras agrícolas serán
"cero", y que la ciudad de Lima se extenderá desde
Huacho hasta Pisco.
La única medida efectiva que puede tomarse
en previsión contra huaycos y la falta de agua es la reforestación.
Y a pesar que desde hace mucho se habla de ello, no se hace casi
nada. Por otro lado, en vista de la escasez de tierras agrícolas
en las cuencas del Departamento de Lima, lo obvio -para que el territorio
sea productivo- es dedicar esfuerzos a todo lo que sea "árbol"
(Reforestación en el departamento de Lima, Mayo 16, 1987)
Comprendiendo a los demás
Es un hecho que, en general, nosotros tratamos a
los grupos nativos en nuestro medio con desconfianza y hasta con
desprecio. No los comprendemos ni realmente hacemos esfuerzos por
acercarnos a ellos. Recuerdo una experencia reveladora en el Gran
Pajonal. Mientras conversaba con algunos de los asháninkas
a mi alrededor, vi a una mujer y a un hombre jóvenes que,
a una distancia de unos quince metros entre ellos, se hablaban a
los gritos, mirándose con ceñudos rostros. Convencida
que se iba a armar una gresca a breve plazo comenté con un
amigo lo que estaba ocurriendo, manifestando mi preocupación.
Este campa conocido me sacó de mi error: "es
nuestra forma de hablar", me dijo dejándome de una pieza.
"Aquí nos juntamos los domingos, venimos de todas partes,
intercambiamos noticias sobre parientes, arreglamos cuentas, concertamos
préstamos. Esta es la forma de conversar entre personas que
no son del mismo grupo familiar".
Humildemente me di cuenta que existen mil formas
de adecuar correctamente y la mía no es, ni por asomo, universalmente
la única, ni la justa, ni la verdadera... (El nativo protector
de su hábitat, junio 27, 1986)
Por los caminos del Perú
Para cubrir en automóvil, los 198 kilómetros,
que separan a Pedro Ruiz, en Amazonas, de Moyobamba, en San Martín,
se necesitan doce insoportables horas a paso de tortuga, frenando
constantemente para escoger el hueco menor entre la disponibilidad
de obstáculos existentes...
Hacía tres cuartos de hora que subíamos
por una cuesta, asesinamente vertical y empinada. Miré hacia
la cima. ¡Estaba tan lejos todavía! El panorama era
bello, con cascadas que caían formando arco iris en sus precipitadas
aguas. En cada ángulo del zigzag de la trocha teníamos
amplia oportunidad de admirar lo que nos rodeaba, mientras recobrábamos
aliento. Los dieciséis kilos que llevaba a mis espaldas pesaban
cada vez más sobre mis agonizantes piernas. A cada paso me
decía: ¡Nadie me lo creería! Ni yo misma, si
lo hubiera pasado mejor.
...Hacía 48 horas que "no había
pase". La carretera estaba interrumpida por el derrumbe de
una ladera, que aún no cesaba de caer. En realidad hacía
diez días que caía. En el colmo de la improvisación
-de acuerdo a mis cavilaciones- no sé había hecho
nada hasta que no ocurrió lo irremediable...(Odisea en una
carretera, junio 14, 1986)
El camión estaba listo para partir. En Cusco
se habían hecho las últimas compras de verduras frescas
que sumadas a las menestras, atún y tallarines, constituyen
la comida de todos los días en la estación biológica
de Cocha Cashu, en el Parque Nacional del Manu. El vehículo
llevaba también ocho cilindros de gasolina y querosene: combustible
para botes y cocina...Encima de todo ello iban mochilas con ropa
y carpas, bolsas con equipos científicos, microscopios y
aparatos para medir, pesar, recolectar, atrapar, guardar y anotar
toda clase de datos sobre insectos, plantas, aves, mamíferos...
Y arriba de toda esta carga, tratando en lo posible
de no romper nada frágil (no siempre con éxito), diez
personas, que por 24 horas se iban a zangolotear a través
de caminos de sierra, puna y selva, pasando por las heladas ráfagas
de viento a cuatro mil metros de altura hasta que, entrada la noche,
llegarían con el cuerpo adolorido y muertos de sueño,
a Salvación, en cuya población se encuentra la jefatura
del Parque. En la ruta hacia la "ciencia pura"; setiembre
20, 1986.
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