|
Los habitantes de la
Tierra se preparan para celebrar este martes, 5 de junio, el "Día
Internacional del Medio Ambiente". Una fecha de reflexión,
de movilizaciones masivas y actividades en defensa del entorno y
la vida que se viene repitiendo desde 1972. Este año el tema
elegido es "Niñez y Medio Ambiente"; un merecido
homenaje, sin duda, a los más pequeños habitantes
del planeta, a esos millones de niñas y niños condenados
por sus propios padres a un futuro incierto. La mano oscura de la
muerte se posa sobre el hombro de miles de niños cada día.
En Dinamarca, Perú, Zambia o Hungría, como en las
demás naciones del globo una cosa es cierta: el deterioro
ambiental está afectando principalmente a los más
pequeños. Ellos, y los que vendrán, son los únicos
herederos del planeta; y no merecen las guerras, el hambre, ni las
sombras...
Mil setecientos millones de niñas y niños menores
de quince años juegan, ríen y sueñan sobre
nuestro planeta. La mayoría de ellos vive en áreas
peligrosas, donde el deterioro ambiental causa enfermedad, hambre,
sufrimiento y muerte.
Son las naciones más pobres, las que sostienen
la mayor proporción de esta población infantil, y
donde se estima ocurrirán el noventa por ciento de los nacimientos
de los próximos años.
La miseria, el hambre, la violencia y la enfermedad
son algunos de los peligros que estos niños del mundo olvidado
deben soportar. Cada año, catorce millones de pequeños
menores de cinco años mueren por enfermedades que bien podrían
ser prevenidas o tratadas.
Muchos de estos padecimientos, si bien es cierto
son resultado de la profunda pobreza que afecta a tantas naciones,
están de alguna manera ligados al medio ambiente. La diarrea
por ejemplo, que cada día le apaga la vida a siete mil niños,
es causada por la mala calidad del agua de muchas ciudades y poblados
rurales. La contaminación del aire es una de las principales
causas de las infecciones respiratorias que cada día le arrancan
el alma a más de seis mil niños
Estas cifras, que deberían avergonzarnos a
todos, son sólo un pequeño ejemplo de la manera como
las malas políticas ambientales, y el despilfarro de recursos
con fines bélicos (cerca de 150 mil millones de dólares)
afectan a los más pequeños, y a todos los seres humanos
que algún día habitarán sobre la Tierra.
Pero el problema que padecen los niños debido
a la degradación del entorno, no es de ninguna manera exclusividad
de las naciones pobres...
También en los países industrializados mueren cientos
de niños cada semana a causa de la polución, y la
intoxicación con venenos químicos; esas sustancias
que se han convertido en "indispensables" para la industria
y la agricultura contemporáneas.
Aunque los problemas ecológicos nos afectan
a todos por igual, los más vulnerables son las niñas
y niños del mundo. La razón es sencilla: se trata
de seres en crecimiento y por lo tanto muchísimo más
frágiles que los adultos. Sus cuerpos y mentes no tienen
la capacidad para soportar las presiones de la contaminación,
los ruidos, la violencia, ni la desnutrición.
La deforestación, la pérdida de suelos cultivables,
la contaminación del aire y el agua son asuntos en los que
los niños no tienen ninguna culpa, por ello resulta paradójico
que justamente sean ellos los más afectados.
Doloroso es reflexionar sobre los hechos, y comprobar que la responsabilidad
recae sobre nuestros hombros. Que es por nuestras actividades que
la Tierra se muere, que es por nuestro egoísmo que sus heridas
no cicatrizan...
De las decisiones que tomemos en la presente década
dependerá el futuro de la humanidad. De nosotros depende
que la Tierra se convierta en un lugar seguro y bueno para nuestros
hijos.
Quizá sea hora de comprender que no somos
los amos de la Tierra, que sólo estamos de paso y que es
nuestro deber legar un planeta en paz, y ecológicamente equilibrado,
para que algún día los nuevos seres humanos logren
ese mundo justo que nosotros no supimos construir, y que hoy parece
imposible...
|