El
jueves fue el último día para una mujer calificada
por Al Gore, vicepresidente de los Estados Unidos, como "una
de las verdaderas luces guías del movimiento conservacionista
americano".
El propio Bill Clinton, presidente del país del norte,
dijo que ella había sido "inspiración y mentora
de toda una generación".
¿Su nombre? Marjory Stoneman Douglas, verdadera 'madre'
del ambientalismo gringo. Periodista, escritora, defensora de
los derechos de las mujeres y desposeídos, y ecologista
a rabiar, deja un inmenso legado. A los 108 años cerró
los ojos en su casa de Coconut Grove, en Miami, a escasos kilómetros
del único parque nacional tropical de ese país,
zona natural que quedó protegida gracias a su incansable
lucha. Ejemplar dama que pese al peso y al paso del tiempo, desde
su silla de ruedas ya prácticamente sorda y ciega, siguió
alzando potente su voz en defensa de la vida y de su máxima
pasión: el Parque Nacional de los Everglades.
Paraje donde según lo pidió, sus cenizas serán
esparcidas al aire para así formar parte por siempre de
sus aguas, de sus plantas, de sus innumerables especies, es decir
de la vida...
"Su precioso monumento nos rodea". "Un siglo de
activismo". "Cómo una mujer cambió nuestra
forma de ver el ambientalismo". "Símbolo y salvadora".
"Guardiana de los Everglades muere a los 108"...
Estos fueron algunos de los titulares aparecidos en la primera
plana de varios diarios norteamericanos, especialmente del sur
de la Florida, el último viernes. El día anterior
había muerto una leyenda viviente, uno de los pilares del
ambientalismo 'gringo': doña Marjorie Stoneman Douglas.
Nacida 108 años atrás, en 1890, en Minneapolis,
Minnesota, frío lugar cercano a la frontera con Canadá.
No fue raro, pues, que la exuberancia de los parajes tropicales,
la luz tan especial y el verano eterno de la Florida la sedujeran
desde que, muy joven, se estableciera en esta parte de los estados
Unidos.
Descendiente de una familia de abolicionistas e hija del editor
fundador del prestigioso diario 'The Miami Herald', doña
Marjorie fue figura prominente en los ámbitos del activismo
'verde', estableciendo el movimiento ambiental del estado de la
Florida. Batalló por lograr el voto femenino. Fue periodista,
escritora y ferviente defensora de los derechos humanos.
PALABRAS DE VIDA
En los años veinte escribió una sentida nota para
'The Herald', recordando la muerte de un vago en una cárcel
de la Florida, a consecuencia de una de las usuales y aceptadas
golpizas propinadas a los reos. Gracias a aquel artículo
tan salvajes actos fueron prohibidos por ley.
Mujer incansable, comprometida con las más nobles causas,
a quien los norteamericanos supieron honrar en vida. Así,
desde el 13 de noviembre del año pasado, las grandes extensiones
del Parque Nacional de los Everglades, una zona de impresionantes
humedales tropicales que alberga asombrosa diversidad de flora
y fauna, llevan el nombre de esta mujer que salvó al prístino
paraje de la voracidad de los constructores, urbanizadores, cultivadores
de caña...
TRABAJO DE MUJER
"Es un asunto de las mujeres interesarse por el tema ambiental.
Es una forma más amplia de saber llevar la casa",
dijo alguna vez Douglas. Y cercana estuvo siempre a las mujeres,
luchando activamente por sus derechos, compartiendo su entusiasmo
por toda causa abrazada por ellas. Estuvo presente en la trascendental
'Cumbre Mundial: Mujeres por un Planeta Sano', desarrollada en
1991 en Miami, donde se congregaron miles de mujeres de todos
los rincones del globo, junto a las más connotadas representantes
del llamado 'ecofeminismo'.
Y fue desde su perspectiva de mujer que batalló por salvar
los llamados Everglades, íntimamente relacionados a este
género: recordemos, por ejemplo, que el 21 de noviembre
de 1916, la Federación de Mujeres de la Florida compraba
850 hectáreas en lo que hoy es la parte central del parque,
las que fueron ampliadas a dos mil en 1921. Pasarían más
de dos décadas hasta que el sueño del parque se
cristalizara.
ENAMORADA DEL AGUA
Fascinada con las maravillosas formas de vida allí albergadas,
enamorada del paisaje tropical, de sus nubes de flamencos y garzas,
de la claridad de su luz, y la humedad de este rincón de
sinuosos cursos de agua, en 1947 publica su libro 'Ríos
de hierba'. Un canto a la vida, a la conservación, a la
historia, leyendas y culturas que tuvieron como escenario ese
paraje.
Esta obra no ha dejado de reimprimirse desde entonces. Gracias
a esas lúcidas líneas y a un activismo incesante,
el 6 de diciembre de aquel año el gobierno federal de los
Estados Unidos declararía como Parque Nacional, de protección
total una extensión de 556,789 hectáreas.
Sobre 'Ríos de hierba', aquellas páginas ya inmortales,
diría: "Escribir el libro fue una experiencia de descubrimiento
que posiblemente no habría podido ser más excitante.
En canoa, fui capaz de explorar ríos extraños y
abrirme paso entre altas hierbas para desde ocultos lugares observar
a las aves desde los botes. Vi cosas sobre las que sólo
había escuchado y aprendí otras que nunca hubiera
sabido...".
INFATIGABLE GUERRERA
Casi ciega y prácticamente sorda, la señora Douglas
no dejó de lado lo que ella asumió como responsabilidad
y deber. Continuaba con apariciones públicas, en seminarios,
talleres y otras reuniones en el afán de enfrentar los
peligros que aún hoy se ciernen sobre el parque nacional
que gestó. ¿Sus armas? Palabras y sabiduría.
No lograron amedrentarla los grandes intereses económicos
que con lujuria y enfermo deseo frotaban sus manos al mirar las
tierras protegidas, soñando con el día de lograr
'conquistarlas' con mero afán de lucro.
No la desanimó jamás la incomprensión de
algunos de sus gobernantes. No lograron callarla ni aquellos terratenientes
que enardecidos algunas vez creyeron insultarla cuando le gritaron
"condenada perseguidora de mariposas".
En su libro 'Marjorie Stoneman Douglas: Voz del Río',
esta alta y humilde mujer, ejemplo de ejemplos, se describió
así: "No he sido una buena empleada. No me han gustado
los horarios regulares. Nunca me gustó que se me dijera
qué hacer, o trabajar para otras personas. De alguna manera
era una solitaria en el trabajo, de la misma manera fui una solitaria
en casa. Quise ser una persona antes que una empleada o una mujer.
Quiero decir que no me importaba ser una empleada o una mujer,
prefería ser simplemente una persona..."
Personas como ella son lo que más falta en este planeta
con una humanidad cada vez más alejada de sus orígenes,
de su espíritu, de sus sueños. Ella fue la prueba
viviente de que una persona puede hacer la diferencia... -