"
Ama
llulla. Ama qella. Ama sua". (No mientas. No seas flojo. No
Robes). Código de vida del imperio Inca
Pasado mañana viernes 28 de julio, las mujeres y hombres
del Perú celebramos un aniversario más de nuestra
Independencia. Son ya 174 años de vida republicana. Hoy,
sin embargo, a las puertas del siglo XXI, la explotación
rapaz de nuestras riquezas naturales sigue siendo palpable realidad,
triste demostración de que no hemos podido liberarnos de
ciertos "vicios" del virreynato.
En el Perú Antiguo, debemos siempre recordarlo, las prácticas
conservacionistas estaban ampliamente difundidas. Fue por ellas
que se logró avanzar enormemente en la agricultura y ganadería,
asegurando alimento y abrigo a una creciente población.
Nuestros Libertadores procuraron, luego, retomar este espíritu
en lo que fueron las bases de la República Peruana. El
propio Simón Bolívar emitió una serie de
decretos de corte ecológico y nos legó, para posteridad,
la noción de que el futuro de la patria esta en la correcta
administración de los bienes naturales. Así se explica
su orden de incluir, en nuestro Escudo Nacional, la representación
de la flora, la fauna y los recursos no-renovables.
Pero el adecuado uso de este patrimonio pasa, necesariamente,
por el profundo conocimiento de la realidad ecológica nacional.
Por más de medio siglo, el Amauta Javier Pulgar Vidal ha
batallado por la divulgación y revalorización de
la sabiduría ecológica tradicional peruana. Nos
ha enseñado cómo, en el Antiguo Perú, de
manera clara y coherente, sé sub-dividió el territorio
en... ¡96 zonas de vida! Esto permitió el óptimo
aprovechamiento del espacio geográfico, en beneficio de
sus habitantes y la conservación de sus recursos...
"Los antiguos peruanos dieron la más acertada respuesta
al medio geográfico hostil". Así resumió
el filósofo de la historia, Arnold Toynbee, lo que fue
el Tahuantisuyo. En 1589 en su lecho de muerte en el Qosqo, Mancio
Serra de Leguízamo, viejo capitán del conquistador
Pizarro, dicta y jura ante notario: "Que hallamos estos reinos
de tal manera que en todos ellos no había un ladrón,
un hombre vicioso, ni holgazán, ni había mujer adúltera
ni mala... Que las tierras y montes y minas y pastos y caza y
maderas y todo género de aprovechamientos estaban gobernados...".
Dos visiones, en dos distintas épocas, que se refieren
a los avances, en tiempos pasados, de los aspectos sociales, económicos,
agrícolas...
CONOCER PARA CRECER
El grado de desarrollo que se alcanzó en tiempos del Tahuantisuyo
se basó, entre otros factores, en el profundo conocimiento
del ambiente, de los procesos naturales y la correcta administración
de las riquezas ecológicas. Para muestra un botón:
miles de años antes que por estos lares se escuchara el
castellano, ya se habían logrado domesticar entre... ¡150
y 500 especies de nutritivas plantas nativas!
La papa, el maíz, el maní, la piña, la quinua,
la kiwicha, el tarwi, el pallar, él zapallo, el tomate,
y tantas otras que alimentan hoy a la humanidad, fueron "inventadas"
por los primigenios habitantes de esta parte del globo. Para esta
"espectacular" domesticación se tomaron en cuenta
los factores climáticos, geográficos, hídricos,
etc. Así se lograron, inclusive, variedades adaptadas a
la realidad ecológica de cada rincón agrícola.
LAS OCHO REGIONES NATURALES
Por más de medio siglo el Amauta Javier Pulgar Vidal ha
estudiado las subdivisiones tradicionales del territorio nacional,
en función de sus características ecológicas.
Así ha ilustrado a varias generaciones del Perú
sobre las 8 regiones naturales: Chala, Yunga, Quechua, Suni o
Jalca, Puna, Janca, Rupa-Rupa y Omagua.
"Nuestros antepasados -indica el Amauta- comprendieron la
necesidad indispensable de llegar al verdadero conocimiento de
las zonas de la vida natural, tanto humana como animal y vegetal,
tal como finalmente lo establecieron los ecólogos del Nuevo
y Viejo Mundo, en tiempos modernos".
DE ZONA EN ZONA
En la memoria del "I Congreso Peruano de Ecología",
publicada por el Fondo Editorial de RENACE-Perú, explica
Pulgar Vidal: "Estas zonas han encontrado expresión
científica avanzada en numerosos teóricos y filósofos
de la ecología, como el tratadista Holdridge (1947), vulgarizado
entre nosotros por J.Tossi jr. Tal autor fue el primero en publicar
las "Zonas de Vida Natural del Perú". Este estudio
consideró 46 zonas de vida para nuestro país".
Años más tarde, según lo indica el propio
Amauta, la ONERN (hoy INRENA) publicó el mapa ecológico
del Perú que analizó 84 zonas de vida natural, de
las 104 que se supone existen en todo el planeta. Pero las investigaciones
de Pulgar Vidal tienen mayor proyección... Si partimos
de las 8 regiones naturales del Perú, y aplicamos el sistema
tradicional podemos constatar que: las antiguas mujeres y hombres
del Perú subdividieron el territorio en... ¡96 zona
de vida natural!
El Amauta explica además que cada una de las 8 regiones
fueron designadas con nombres expresivos, concebidas en diversas
lenguas nativas, que recogieron en síntesis perfecta, la
verdadera significación y preciso contenido de cada zona.
A saber, y comparándolos, el sistema del antiguo Perú
resulta más práctico y permite, en el campo, un
reconocimiento más simple de cada zona y sus subdivisiones.
LAS ZONAS MEDIAS
Javier Pulgar Vidal nos enseña que los antiguos hombres
y mujeres del Perú al analizar la realidad ecológica
se dieron cuenta que cada una de las ocho grandes zonas de vida
natural eran muy vastas y que al recorrerlas se distinguían
3 zonas menores: LURIN (o zona baja); CHAUPI (zona media); HANAN
(o zona alta). Esta realidad está presente en cada una
de las ocho regiones. Así el ecólogo del antiguo
Perú multiplicó 8 x 3, llegando a las 24 zonas medianas
de vida natural, humana, animal y vegetal.
Pero allí no quedó la cosa...
OBSERVANDO LA LUZ
La permanente observación permitió a los antiguos
habitantes percatarse que la luz solar no ilumina de manera pareja
el paisaje; que al caer, por la mañana, en determinados
sectores del suelo se producen variedades vegetales distintas,
a las de los lugares que reciben el sol por las tardes. Esta particularidad
se observa también en cada una de las 24 zonas medianas
de vida natural. Multiplicamos así 24 x 2 y llegamos a
las 48 zonas de vida. A la zona de iluminación matutina
se denominó ALLAUCA y a las que recibían el sol
de la tarde: RANCHA. Y todavía hay más...
LO QUE DICEN LAS PLANTAS
Otra subdivisión resulto de la observación de las
plantas. Estas eran diversas y variadas no solo por las diferencias
en la iluminación solar que recibía el lugar donde
proliferan, sino por los distintos grados de humedad o aridez.
Así se percataron que la ubicación del suelo era
también fundamental. Descubrieron entonces que la vertiente
occidental (la cara de los Andes que miran al Pacífico)
era árida o menos húmeda -esta parte fue llamada
CHAQUI- y que la vertiente oriental (cara que mira a la selva)
era mucho más húmeda y la llamó MIQUI. Así
multiplicó las 48 zonas de vida, mencionadas líneas
arriba, por estas dos última y llegó a comprender
que en el Perú podían observarse 96
ZONAS PEQUEÑAS DE VIDA NATURAL.
PERUANIZANDO LA ECOLOGIA
El Amauta Javier Pulgar Vidal es enfático en afirmar la
necesidad de que nuestros estudiosos y especialistas retomen la
sabiduría tradicional peruana para analizar e interpretar
la realidad ecológica nacional y sus posibilidades. "La
capacidad de esta nomenclatura -indica- aleja todo el riesgo que
comporta la pretendida aplicación de nombres foráneos
inventados por Holdridge y que nuestros ecólogos insisten
en aplicar en el Perú". Como lo dice el propio Amauta:
es necesario comprender y aplicar estas nociones teóricas
y prácticas, para el desarrollo de una ecología
netamente peruana. Solo así podremos hallar una solución
adecuada a nuestros problemas ambientales...