Durante
los últimos dos días, el Perú fue sede de
la "IV Reunión de Cancilleres de los países
miembros de la Comisión Permanente del Pacífico
Sur (CPPS)". El certamen fue presidido por el Dr. Oscar de
la Puente, ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país,
y contó con la participación de Chile, Colombia
y Ecuador.
Especial atención se prestó al tema
de la protección del ambiente marino y las zonas costeras.
Lógica preocupación, tomando en cuenta que alrededor
del globo, mares y costas agonizan por la contaminación
y la depredación sistemática de sus riquezas.
En nuestro país existe un patético
ejemplo de lo que ocurre a escala planetaria. Una joya de la Cuenca
del Pacífico está en peligro: Paracas. Imperio de
arena y agua; cuna de una esplendorosa y avanzada cultura; refugio
de infinitas aves; tierra de los vientos y la sal. Un paraíso
a la deriva...
Parecía como si la noche, o un gigantesco y maléfico
pulpo, hubiera derramado toda su tinta entre las olas. Una sopa
negra y espesa había usurpado el lugar de la mar. Verdes
y gelatinosas algas, descompuestas mucho antes de ser vomitadas
sobre la playa, impregnaban con su fétido aliento el paisaje.
¿Dónde escapó Paracas? ¿Dónde
quedó aquella bahía de aguas transparentes como
el cielo y olas plateadas de peces? ¿Qué conjuro
transformó ese planeta submarino de rocas sembradas de
Argopecten pupuratus -que es como llama la ciencia a las conchas
de abanico- en un ácido universo de grasa, químicos
y soledad?...
Hace pocos días llegamos hasta la sureña
bahía de Paracas (provincia de Pisco, Departamento de Ica,
Región Libertadores-Wari) y nos encontramos con este deplorable
cuadro (como se recuerda una porción de la amplia bahía
se inscribe dentro de los límites de la...¡Reserva
Nacional de Paracas!).
Una suerte de "mancha negra", a ratos
parda y otras veces amarillenta, evidenciaba la contaminación
que hoy va cediendo. Gracias al viento, a las corrientes y a una
extensa formación geológica, la `mancha' no logró
invadir los dominios de la única reserva marina del Perú.
Sin embargo sí afectó la flora y fauna de un amplio
sector de la bahía. Inclusive a cientos de metros de la
playa era notoria la ausencia de peces, moluscos, crustáceos
y algas.
Ahora bien, ¿qué sucedió?
Pues un asunto...¡rutinario! Como se sabe, hace varias décadas
empezaron a establecerse plantas procesadoras de harina de pescado,
conserveras y otras fábricas que constituyen un foco permanente
de contaminación. La mayoría de éstas descargan
sus desagües directamente al mar, sin previo tratamiento.
De vez en cuando, a vista y paciencia de las autoridades,
dichas plantas y algunos buques pesqueros limpian sus bodegas
utilizando un "menjunje" de productos químicos
altamente tóxicos y corrosivos. Estos venenos sumados a
los residuos orgánicos de las instalaciones forman lo que
se llama "sanguaza". Los estragos de la "sanguaza"
se repiten año tras año. ¿Hasta cuando?...