Diario El Comercio Lima -Perú
07-09-1994

Martha Meier MQ.

 
Flamencos:
Llamarada hecha ave...
 
Paracas, 1820. Don José de San Martín desembarca glorioso. Viene a liberar nuestra tierra. Cuenta la Historia que el `Santo de la Espada' se recostó a descansar sobre la tibia arena y quedó dormido. Al despertar de su sueño vio una bandada de flamencos comunes, llamados también parihuanas, volando sobre el mar. Se dice que el rojo intenso del plumaje de sus alas le inspiró la bandera del Perú.

Frágiles, sorprendentes, coloridos. Tres especies de flamencos habitan nuestras tierras. Verlas volar en inmensa bandada, en la sierra o cerca al mar es un espectáculo único, inspirador e inolvidable...

La tarde quieta, tibia, azul. El murmullo de las olas, de pronto multitud de roncos graznidos...

Sobre el mar una llamarada: inmensa bandada de parihuanas o flamencos que, como todos los años por estos meses, visita la Reserva Nacional de Paracas entre otros puntos de nuestra costa.

Las largas patas y el fino cuello extendidos para el vuelo. Baten suavemente las alas coloradas, de negras plumas en sus puntas. Se remontan a gran altura. Imágenes imborrables. Imposible no evocarlas cuando desde una playa cualquiera se observa el horizonte, solitario. Mas este espectáculo de la naturaleza no es exclusivo de los rincones costeros.

A más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar, los flamencos iluminan el agreste paisaje con su color. Son varios, aunque cada vez menos, los puntos incrustados en los Andes donde podemos encontrar bandadas de estas aves. Está, por ejemplo, la lagunas de Salinas, en Arequipa, o la de Parinacochas al sur de Ayacucho, cuyo nombre significa, literalmente, `laguna de las parihuanas'.

LOS FLAMENCOS PERUANOS

Tres son las especies de flamencos que habitan en nuestras tierras. Dos de ellas -el flamenco andino y el de James- son exclusivas de las zonas altas de los Andes y la tercera -la parihuana, flamenco común o chileno- visita, estacionalmente, la costa. Estas aves proliferan en las lagunas saladas y poco profundas de nuestra sierra.

Los nidos de los flamencos son típicos. Son de barro, tienen la forma de un cono ahuecado y miden hasta sesenta centímetros de altura. Al nacer, los polluelos no se parecen en nada a los adultos. Tienen el plumaje de un color blanco sucio y recuerdan, más bien, a un ganso.

La sistemática destrucción y creciente contaminación de tales lagunas, y las de agua dulce donde beben, así como la caza indicriminida por `deporte' y `diversión' ha puesto a los flamencos, lamentablemente, en peligro.

Entre 1924 y 1957, por ejemplo, se creyó que el de James se había extinguido. Fue el naturalista chileno Francisco Behn quien, en 1957, redescubrió a esta especie anidando en laguna Colorada, Bolivia. Este es el más pequeño de los flamencos americanos y el más escaso.

MARAVILLOSA ADAPTACION Tan bellas aves viven y se alimentan en lagunas de aguas tan saladas, y alcalinas, donde no pueden desarrollarse especies mayores como mamíferos o peces. Proliferan, sí, algas, diatomeas y algunos pequeñitos crustáceos y moluscos, en el fango. Todo ello forma parte de la dieta de los flamencos. Su `curiosa' figura es valiosísima ayuda a la `hora de comer'.

Los dedos de sus pies están unidos por una membrana natatoria similar a la de los patos. Esto le permite caminar sobre el lodo sin hundirse y, además, revolver el fango del fondo para que aflore la materia orgánica que lo alimenta. Sus largas patas le sirven para adentrarse en los salares y lagunas hasta una profundidad cercana al medio metro. Su cuello ayuda a que pueda sumergir, totalmente, su cabeza. Bajo el agua `pone en funcionamiento' su pico: maravillosa `herramienta' que le permite `atrapar' su alimento, sin que una sola gota de la saladísima agua, ni el barro, pasen a su organismo.

EL PICO Y LA `PESCA'

El pico de los flamencos es peculiar. La parte inferior es una suerte de `estuche' que recibe y envuelve a la mandíbula superior. De tal manera, el pico se abre hacia arriba y no hacia abajo, como es lo usual. La `punta', además, es encorvada hacia abajo, casi en angulo recto. En el interior de su pico posee unas laminillas, como flecos, que le ayudan a `filtrar' el agua. Luego que la aspira, y ésta entre cargada de los pequeños organismos que le alimentan, cierra el pico. Con ayuda de su carnosa lengua, repele el agua.

El líquido sale, entonces, a presión mientras que las referidas laminas bloquean el paso del alimento. Este queda en el pico y luego es deglutido.

Los flamencos son bellos exponentes de la fauna. Aves que ilustran sobre los maravillosos procesos de adaptación al medio. Al Libertador San Martín le bastó verlos para saber cómo sería la bandera del Perú. Basta verlos, tan dependientes de sus lagunas, para comprender su fragilidad. Proteger su habitat es indispensable y fundamental. Esa es nuestra responsabilidad.

Flamenco, su nombre viene de `flama' y eso parecen: un fuego intenso que vuela. Sin su enigmática y estilizada figura, sin sus colores, que van del rosa pálido al rojo intenso de sus alas, triste sería el paisaje...