Diario El Comercio Lima -Perú
14-08-1993

Martha Meier MQ.

 
Parque Nacional Del Manu.
Territorio de la luz
 
Un estruendo inunda el silencio. Como una colorida lluvia de estrellas caen, a pleno sol, sobre una inmensa piedra arcillosa. Carnaval de plumas donde se repiten todos los colores del universo. La comparsa crece en cuestión de minutos. Pinceladas verdes, rojas, azules y amarillas recrean el paisaje y lo llevan hasta el límite mismo de la fantasía y el sueño.

Es el inigualable festín de barro protagonizado por una muchedumbre de guacamayos.

Algunos pequeños acantilados, junto a los ríos amazónicos, presentan arcillas con altas concentraciones de sales minerales; son las "ccollpas".

Hasta estas nutritivas paredes llegan diversas especies de loros a completar su dieta. Maravillosos espectáculos como éste son asunto cotidiano en el "Parque Nacional del Manu".

Una fascinante joya ecológica incrustada en la selva sur del Perú. Un trozo de verdor y agua donde se concentra la vida en sus más variadas formas. Parque-planeta, imperio de hojas, orquídeas y pájaros, que ha cumplido veinte años de asombrar al mundo... En las alturas cusqueñas, el lugar denominado "Tres Cruces" marca la esperada frontera. Es el comienzo de un territorio de ensueño protegido como parque nacional y declarado "Reserva de la Biosfera" y "Patrimonio de la Humanidad", por la Unesco.

En estas soledades andinas de duros pastos, la selva tropical parece inalcanzable, pero allí está... bajo nuestros pies.

Ningún otro paraje como éste para comprender que faltan aún palabras por inventar. Cómo expresar, entonces, la belleza de los amaneceres de "Tres Cruces", puerta de ingreso al Manu. ¿Qué lenguaje sería capaz de transmitir el exacto momento cuando, como una botella de vidrio, la luz estalla sobre el lejanísimo horizonte de la selva tropical abriéndose paso entre las nubes y la niebla? Y luego, ya lo escribió el sabio Vílchez Murga, "...el Sol, inmensamente grande, como no es posible verlo desde otra parte del mundo, hace su aparición en lontananza.

No hay lenguaje posible capaz de interpretar tan sublime grandeza". Todo esto es, sin embargo, ¡nada!, comparado al fascinante paraíso que nos espera 3 500 metros más abajo por un tortuoso camino...

Arriba queda la palidez del ichu. Aparecen, entonces, los primeros arbustos que luego abren paso a un curioso ejército de árboles enanos. De pronto, la blanca niebla empieza a cubrirlo todo y el paisaje se hace, cada vez, más y más verde, intensamente verde. El viaje en espiral continúa por entre helechos, abismos, límpidas cascadas y niebla. Recordamos, entonces, que en este Parque Nacional se protege la más extensa área de bosque nuboso del globo...

Bajar y seguir bajando, como serpentina, hasta embarcarnos en el Alto Madre de Dios y surcándolo alcanzar las aguas chocolate del Manu.

Es una incómoda aventura llegar a destino, mas... vale la pena el sacrificio. Se trata de uno de los pocos parajes de la Tierra donde se protege la cuenca completa de un río. El Manu es un paraíso para científicos, naturalistas, conservacionistas y turistas. Esta isla de vida en la selva peruana, de aproximadamente 160 por 80 km y cuyo tamaño es casi del tamaño del departamento de Lambayeque, está considerada como una de las zonas silvestres más importantes de la Tierra y un territorio de "megadiversidad".

Es decir que la diversidad de la vida en Manu es, por así decirlo... "superlativa". Manu, territorio de la luz, muchas nuevas especies han revelado su existencia aquí, la mayoría son exclusivas de este rincón.

Flora y fauna espectacular, ríos y cochas plagados de vida, tierras aún por descubrirse, enigmáticos restos arqueológicos, pueblos indígenas que conocen los secretos de una región peruana que nunca dejará de asombrar al mundo...