¿
Parajes
Hermanos? Aunque la cosa no sea oficial no hay quien pueda negar
que en el Perú y la Argentina existen dos joyas ecológicas
marinas, similares. La nuestra se extiende plácida junto
al Pacífico, la otra mira al Atlántico. A continuación
una ilustrativa nota de la licenciada Etel Carpi, pedagoga, poeta,
pintora y conservacionista Argentina. Como ya lo ha mencionado nuestra
página de Ecología en diferentes oportunidades, Paracas
tiene una hermana con la que requiere estrechar lazos...
"Paracas se mece cálida en el tenue sueño
de las doradas arenas del desierto de Ica. Respirando fuerte como
hembra embravecida, peina al viento su cabellera de sal y azul
mar Pacífico. Innumerables y hermosas criaturas la pueblan.
Unas permanecerán allí mientras se lo permitamos,
otras regresarán a ella, año tras año, si
los seres humanos no las herimos de muerte.
Al otro lado de Sudamérica, en la mágica Patagonia
una belleza inmensa, le ofrece su cuerpo al Atlántico.
Son dos hermanas que se dan la espalda y miran distintos horizontes.
Aunque no sea asunto oficial y a muchos le suene increíble
Paracas tiene una. ¡Hermana melliza en la Argentina! ¿El
nombre de la "ché?": Península Valdés".
MARTHA MEIER. "El Comercio" 21 de marzo de 1992
América del Sur, nuestro continente, es un tesoro de riquezas
ecológicas, un paraíso para quienes aman la naturaleza.
Esta tierra es, a la vez, un desafío para todos quienes
la habitamos pues es impostergable defender su ambiente y protegerlos
de las presiones económicas e intereses que entran en juego
cuando de la vida silvestre se trata.
MAS QUE HERMANAS
En el Perú, en la costa del Pacífico, y en la costa
atlántica Argentina existen dos lugares de insuperable
belleza. Por sus características geográficas y similitudes
en cuanto a fauna bien debieran "hermanarse", como acertadamente
lo propuso la periodista Martha Meier Miró Quesada, en
su artículo "La hermana Argentina de Paracas",
aparecido en esta misma página el 21 de marzo de 1992.
Los sitios a los que nos referimos son la Península de
Paracas, en Ica, unos 200 kilómetros al sur de Lima, donde
se ubica tanto la Reserva Nacional de Paracas como las Islas Ballestas
y otras; y la zona de la Península Valdés, unos
1 500 kilómetros al sur de Buenos Aires, en la provincia
de Chubut, Patagonia. Formalizar la "hermanación"
de estos parajes irrepetibles sería un gran avance en el
camino común de la integración, y la protección
y defensa de sus riquezas naturales
IGUALES Y TAN LEJANAS
Lo primero que salta a la vista, geográficamente hablando,
es su parecido. Valdés y Paracas son semejantes. En ambos
lugares, además, soplan fuertísimos vientos: la
famosa "Paraca" que barre constantemente el increíble
desierto ocre de esta parte de la costa del Perú y las
ventiscas patagónicas que azotan la inhóspita meseta
arbustiva Argentina, que en esa latitud llega hasta el Atlántico.
Seguimos analizando y vemos que la quieta Bahía de Paracas,
con sus bellísimas puestas de sol, recuerda el encanto
del Golfo Nuevo, de Valdés, con sus aguas transparentes
y calmas que el sol enciende de bellos colores. En muchas partes
estas costas son similares. Vemos altas barrancas de arena compacta
que miran al mar; rocas y salientes que son refugio ideal para
las aves marinas, están también las extensas playas.
LO MUCHO COMPARTIDO...
En Paracas la flora terrestre es, sin duda, escasa, casi nula.
En los puntos más altos, que atrapan la humedad de la niebla
en los meses invernales, existen unas pocas especies bajas típicas
de las lomas. Para el caso de Península Valdés y
zonas cercanas, el clima y los suelos permiten el desarrollo de
especies típicas del monte arbustivo ("jarilla",
"jume", "quilimbay", etc.). En algunas partes
estas plantas alcanzan más de un metro de altura. Si ésta
es la única diferencia lo mucho compartido no deja de asombrar.
Lo más importante de ambos lugares es la increíble
variedad de su flora marina, pero principalmente de su fauna.
Ambos lugares son el paraíso que necesitan diversas especies
para reproducirse, vivir en paz y prosperar a pesar del maltrato
de los seres humanos. Ambos parajes comparten, además,
una larga lucha -con grandes avances e innegables retrocesos-
en el campo de la protección de las bellezas paisajísticas
para el desarrollo del turismo y el gozo de los amantes de la
naturaleza agreste y pura. Así también comparten
una misma preocupación: la conservación de las especies
amenazadas para que éstas no desaparezcan de la faz de
la tierra. Aves variadas como flamencos, cormoranes, gaviotines,
chorlos y ostreros, son las mismas en esos lugares. En Valdés
los pingüinos de Magallanes son prácticamente idénticos
a los de Humboldt, de Paracas.
Existen también lobos de mar, zorros, entre otros. En
la "hermana" Argentina domina en tierra la figura del
imponente guanaco, camélidos que alguna vez poblaron también
las costas del Perú y hoy se refugian en las alturas andinas.
SUPERAR LAS VICISITUDES
Hoy en día ambos reductos de vida, ambos emporios silvestres,
padecen problemas para sacar adelante sus propuestas, su compromiso
con la conservación ambiental. Mucho es lo que se ha avanzado.
Se ha aprendido y comprendido, por ejemplo, sobre la conservación,
sobre cómo implementar las medidas más adecuadas
que conduzcan al fin deseado. Por eso, por todas las experiencias
que se podrían seguir compartiendo a futuro, por el intercambio
de información, e incluso por la investigación con
respecto a las especies similares de uno y otro rincón
de nuestro continente es que sería de suma importancia
trabajar en forma coordinada, "hermanada", en el camino
de la defensa de la vida...