| Invocn
a los parques cuando se acercan / primera imagen de infancia
Los parques son refugios de libertad trapos de pasto que abrigan
los copos de eucalipto en el olfato de un desconocido, en el invierno
sin cielo de esta ciudad en parto de esta ciudad en esclavitud.
Los parques pueden ser la alegría en una foto el llanto tropezando
al escondite, el amor del intruso arrancando la flor o el lugar
favorito para dormitar cadáveres bajo el junco. Aquí
la tierra de nadie para los coatíes para aquellos que como
yo no tienen donde ir y una deshoja margaritas sin esperar respuesta.
Para qué partir del bullicio hojarasca de la menta de mi
cuerpo laxado esperando el murmullo dormilón de los grillos
o la visión de un cernícalo en exilio traspasando
el cielo elixir de burbujas S bajo las nubes que han de guiar mis
pies hasta perderlos al final del arco iris.
Mujeres de palabra
La mujer ha sido, desde siempre, musa que inspiró a poetas.
Se la ha representado como ser divino, origen mismo de la poesía.
A ella se le han dedicado las más hermosas palabras en todas
las épocas. Pero, de ella, sólo sabíamos a
través de la voz de algún caballero enamorado o de
un novio desdichado. Su cuerpo, sus miedos, sus sueños nos
llegaban siempre por intermediarios que de ninguna manera sentían
como ellas.
Cuenta la escritora chilena Lucía Guerra que en una remota
isla del Japón a las mujeres les estaba prohibido rezar porque
los hombres tenían miedo de que dieran aviso a los dioses
sobre la explotación y los golpes que recibían. Dice,
también, que si bien a las latinoamericanas se les permite
rezar, el silencio impuesto a la mujer responde a una dominación
similar a la de aquella exótica isla.
Acostumbradas a callar, las mujeres tardaron en darse cuenta que
tenían derecho a expresar lo que sentían; hoy, no
se resignan a que otros les usurpen la voz y son ellas mismas elevan
fuerte su grito.
Actualmente, en el Perú, la poesía escrita por mujeres
se encuentra en una etapa importante de búsqueda y reafirmación.
A nivel latinoamericano, la nuestra, es una de las más ricas
y variadas quizá porque su aparición aquí fue
temprana (no olvidemos que durante los tiempos de la Colonia tuvimos
a una rebelde y soñadora Amarilis). En este pequeño
homenaje, que el Dominical dedica al feminismo, no se podían
dejar de incluir las jóvenes voces de las herederas de aquella
enigmática monja huanuqueña.
Esta es una pequeña selección que de ninguna manera
representa la totalidad de matices, ni todo el talento, que existen
en la joven poesía femenina. Son textos, sí que permiten
vislumbrar los nuevos rumbos, temáticas y diversos estilos
que se van perfilando.
No hemos incluido a las poetas primeras, como Magda Portal, Yolanda
Westphalen o Blanca Varela, ni a otras de siguientes generaciones,
pues la calidad de sus trabajos es ya reconocida y sus obras han
sido ampliamente difundidas. Hemos preferido, más bien, darle
espacio a voces nuevas -algunas inéditas- con mucho que decir
pero, lamentablemente, poco espacio para hacerlo...
Virna Vera (Lima, 1967)
Aguafuerte (fragmento)
La bestia cabizbaja avanzó hacia el encierro La masa de
sus lomos voluptuosos brillaba como las botas sobre el cuello. La
turba sigilosa iba adelante, a la muralla, su aliento febril y presuroso
ya no tuvo freno De pronto, el dolor enrojeció la tarde Silbó
un graznido
Se alzó un cuerno insolente, con un ojo empitonado Y el
tumulto sin color de un tajo cercenó la cabeza como un trozo
de Historia colgó las carnes como racimos
El ojo del Amo latía de rabia El ojo del Amo mirando hacia
el Pasado El ojo del Amo mostró su cuello grueso y fue un
duro hueso de roer
El gentío se aglomeró diputándose las presas
era el hambre que golpeaba en los vientres su tambor de guerra
Pero aún faltaban trozos el reparto es desigual
Reza por multiplicar el pan Reza por la mutación /el cambio
del Pasado en el Presente Reza y regocíjate, que la leche
ya fluyó del matadero.
Violera Barrientos (Lima, 1963)
Heencia de Esclava
Soy el abuso de un deseo robado apurado, soy el letargo de una
conciencia hinchada nueve meses y tres días, soy la piel
de jade negra brillante suave de mi madre (esa que encantara a propios
y ajenos), he nacido de una palabra equivocada de la boca húmeda
de una esclava; maldigo al sol, cómplice de las caderas crujientes
movientes/ mientras dormía y yo soñaba.
A veces cuando pienso la miro pisando las uvas con su cuerpo aplastado
por el amo, veo sus gemidos crispados de locura y la calma absurda
llegada después del vino. He tratado de olvidar al semental
bárbaro y rubio/ con poderes de macumba y mano de látigo
en mi espalda; he tratado de arrancar la curva de mi vientre/ lustroso
y estirado, latiendo sin mi compás. Soy el abuso de un deseo
robado apurado y sembrada entre almohadones y oscuridad.
May Rivas.
Camino para salir
Camino para salir y voy entrando cada ausencia es un mar donde
me entrego la ácida memoria tornase dulce bajo mis ojos desolados,
quién vino por mí hace tiempo, porqué se desdibujan
los paisajes, días de calor y viento, días de arena
quemante, qué fue del tiempo que quise, hoy ojos negros,
cierro a todo mi voz y el silencio ahogada la llamada, nada en el
sueño, mi cuerpo tiembla, nada en la noche, antes serena,
sueño de locos el repitiendo el camino el de nuevo y el nunca,
perdí tanto nada hubo y si es así yo soy el esbozo
imperfecto de mi propio delirio casi magia casi piedra casi entero
de nada en desnudez en desuso es tortura avalancha de objetos sin
nombre, mantos de forma ya ilegibles, frases de desconocida gramática
universo irreconocible hoy en que suspiro de estas muertes recubiertas,
destierro en la propia piel y guerra se desgarran en mí cielo
y tierra, tiempo sólo quebrado, roto para ensombrecer la
noche más oscura, qué fui para que soy y nadie ocupa
este lugar que ocupo, en torre, pero consiento en esto, sufro la
mano de mi misma.
Grecia Caceres (Lima, l968)
Parada
En Lima cuando acaba la tarde es mejor no mirar Nada es real Y
algo oscuro te va aplastando aún más al pavimento.
Así camines rodeada de carretillas La hora es incierta, y
a pesar de los cientos de luces Que se encienden a lo largo, todo
permanece igual. El momento es perfecto para lo malo, las caras
Alisan sus rasgos y un vapor oscuro protege a las personas. La ambigüedad
te defiende de los peores Pensamientos; nada es real En Lima a las
seis de la tarde puedes tomar un café O tirarte bajo un carro.
A las siete, después de la gente o de lo malo, La ciudad
reposa en una ajustada oscuridad Y mis ojos la alumbran.
Patricicia Alba (Lima,1960)
Chambala era un camino estrecho y polvoriento
Bajo este cielo, bajo esta misma luna yo respiraba de niña,
esta misma orfandad. Tendida sobre el polvo latía como un
frágil animal miraba al cielo y contaba una a una las estrellas
(de pronto madre llamaba desde la cocina) trescientas diecisiete
más la luna las retenía entre los dedos y dejaba de
contar. La noche dentro de mi casa era menos mágica afuera
era enorme y más blanca (coge bien la cuchara, decía
madre y de mis manos iban cayendo una a una las estrellas). Chambala
era un camino estrecho y polvoriento en el recuadro del viejo portal
se cocían habas, las manos se tocaban al dormir se paría
y se moría apenas. Bajo este mismo cielo mi padre llenaba
la noche de canciones antiguas madre remendaba la vieja colcha sobre
la cama y yo, echada presentía como poco a poco un extraño
dolor brotaba de mi pecho y se iba deslizando por debajo de mi vientre
hasta que estiraba los brazos y la encontraba allí a mi lado,
cerrando una puntada.
Quieta, me miraba (trescientas diecisiete más la luna, me
decía) y yo dejaba de temblar. Bajo esta misma noche, bajo
esta misma orfandad me dormía muy cerca a ella para amarla,
para huir de su amor.
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