Diario El Comercio Lima -Perú
10- 03-1991

 
Nueva poesía femenina
 
Invocn a los parques cuando se acercan / primera imagen de infancia

Los parques son refugios de libertad trapos de pasto que abrigan los copos de eucalipto en el olfato de un desconocido, en el invierno sin cielo de esta ciudad en parto de esta ciudad en esclavitud. Los parques pueden ser la alegría en una foto el llanto tropezando al escondite, el amor del intruso arrancando la flor o el lugar favorito para dormitar cadáveres bajo el junco. Aquí la tierra de nadie para los coatíes para aquellos que como yo no tienen donde ir y una deshoja margaritas sin esperar respuesta. Para qué partir del bullicio hojarasca de la menta de mi cuerpo laxado esperando el murmullo dormilón de los grillos o la visión de un cernícalo en exilio traspasando el cielo elixir de burbujas S bajo las nubes que han de guiar mis pies hasta perderlos al final del arco iris.

Mujeres de palabra

La mujer ha sido, desde siempre, musa que inspiró a poetas. Se la ha representado como ser divino, origen mismo de la poesía. A ella se le han dedicado las más hermosas palabras en todas las épocas. Pero, de ella, sólo sabíamos a través de la voz de algún caballero enamorado o de un novio desdichado. Su cuerpo, sus miedos, sus sueños nos llegaban siempre por intermediarios que de ninguna manera sentían como ellas.

Cuenta la escritora chilena Lucía Guerra que en una remota isla del Japón a las mujeres les estaba prohibido rezar porque los hombres tenían miedo de que dieran aviso a los dioses sobre la explotación y los golpes que recibían. Dice, también, que si bien a las latinoamericanas se les permite rezar, el silencio impuesto a la mujer responde a una dominación similar a la de aquella exótica isla.

Acostumbradas a callar, las mujeres tardaron en darse cuenta que tenían derecho a expresar lo que sentían; hoy, no se resignan a que otros les usurpen la voz y son ellas mismas elevan fuerte su grito.

Actualmente, en el Perú, la poesía escrita por mujeres se encuentra en una etapa importante de búsqueda y reafirmación. A nivel latinoamericano, la nuestra, es una de las más ricas y variadas quizá porque su aparición aquí fue temprana (no olvidemos que durante los tiempos de la Colonia tuvimos a una rebelde y soñadora Amarilis). En este pequeño homenaje, que el Dominical dedica al feminismo, no se podían dejar de incluir las jóvenes voces de las herederas de aquella enigmática monja huanuqueña.

Esta es una pequeña selección que de ninguna manera representa la totalidad de matices, ni todo el talento, que existen en la joven poesía femenina. Son textos, sí que permiten vislumbrar los nuevos rumbos, temáticas y diversos estilos que se van perfilando.

No hemos incluido a las poetas primeras, como Magda Portal, Yolanda Westphalen o Blanca Varela, ni a otras de siguientes generaciones, pues la calidad de sus trabajos es ya reconocida y sus obras han sido ampliamente difundidas. Hemos preferido, más bien, darle espacio a voces nuevas -algunas inéditas- con mucho que decir pero, lamentablemente, poco espacio para hacerlo...

Virna Vera (Lima, 1967)

Aguafuerte (fragmento)

La bestia cabizbaja avanzó hacia el encierro La masa de sus lomos voluptuosos brillaba como las botas sobre el cuello. La turba sigilosa iba adelante, a la muralla, su aliento febril y presuroso ya no tuvo freno De pronto, el dolor enrojeció la tarde Silbó un graznido

Se alzó un cuerno insolente, con un ojo empitonado Y el tumulto sin color de un tajo cercenó la cabeza como un trozo de Historia colgó las carnes como racimos

El ojo del Amo latía de rabia El ojo del Amo mirando hacia el Pasado El ojo del Amo mostró su cuello grueso y fue un duro hueso de roer

El gentío se aglomeró diputándose las presas era el hambre que golpeaba en los vientres su tambor de guerra

Pero aún faltaban trozos el reparto es desigual

Reza por multiplicar el pan Reza por la mutación /el cambio del Pasado en el Presente Reza y regocíjate, que la leche ya fluyó del matadero.

Violera Barrientos (Lima, 1963)

Heencia de Esclava

Soy el abuso de un deseo robado apurado, soy el letargo de una conciencia hinchada nueve meses y tres días, soy la piel de jade negra brillante suave de mi madre (esa que encantara a propios y ajenos), he nacido de una palabra equivocada de la boca húmeda de una esclava; maldigo al sol, cómplice de las caderas crujientes movientes/ mientras dormía y yo soñaba.

A veces cuando pienso la miro pisando las uvas con su cuerpo aplastado por el amo, veo sus gemidos crispados de locura y la calma absurda llegada después del vino. He tratado de olvidar al semental bárbaro y rubio/ con poderes de macumba y mano de látigo en mi espalda; he tratado de arrancar la curva de mi vientre/ lustroso y estirado, latiendo sin mi compás. Soy el abuso de un deseo robado apurado y sembrada entre almohadones y oscuridad.

May Rivas.

Camino para salir

Camino para salir y voy entrando cada ausencia es un mar donde me entrego la ácida memoria tornase dulce bajo mis ojos desolados, quién vino por mí hace tiempo, porqué se desdibujan los paisajes, días de calor y viento, días de arena quemante, qué fue del tiempo que quise, hoy ojos negros, cierro a todo mi voz y el silencio ahogada la llamada, nada en el sueño, mi cuerpo tiembla, nada en la noche, antes serena, sueño de locos el repitiendo el camino el de nuevo y el nunca, perdí tanto nada hubo y si es así yo soy el esbozo imperfecto de mi propio delirio casi magia casi piedra casi entero de nada en desnudez en desuso es tortura avalancha de objetos sin nombre, mantos de forma ya ilegibles, frases de desconocida gramática universo irreconocible hoy en que suspiro de estas muertes recubiertas, destierro en la propia piel y guerra se desgarran en mí cielo y tierra, tiempo sólo quebrado, roto para ensombrecer la noche más oscura, qué fui para que soy y nadie ocupa este lugar que ocupo, en torre, pero consiento en esto, sufro la mano de mi misma.

Grecia Caceres (Lima, l968)

Parada

En Lima cuando acaba la tarde es mejor no mirar Nada es real Y algo oscuro te va aplastando aún más al pavimento. Así camines rodeada de carretillas La hora es incierta, y a pesar de los cientos de luces Que se encienden a lo largo, todo permanece igual. El momento es perfecto para lo malo, las caras Alisan sus rasgos y un vapor oscuro protege a las personas. La ambigüedad te defiende de los peores Pensamientos; nada es real En Lima a las seis de la tarde puedes tomar un café O tirarte bajo un carro. A las siete, después de la gente o de lo malo, La ciudad reposa en una ajustada oscuridad Y mis ojos la alumbran.

Patricicia Alba (Lima,1960)

Chambala era un camino estrecho y polvoriento

Bajo este cielo, bajo esta misma luna yo respiraba de niña, esta misma orfandad. Tendida sobre el polvo latía como un frágil animal miraba al cielo y contaba una a una las estrellas (de pronto madre llamaba desde la cocina) trescientas diecisiete más la luna las retenía entre los dedos y dejaba de contar. La noche dentro de mi casa era menos mágica afuera era enorme y más blanca (coge bien la cuchara, decía madre y de mis manos iban cayendo una a una las estrellas). Chambala era un camino estrecho y polvoriento en el recuadro del viejo portal se cocían habas, las manos se tocaban al dormir se paría y se moría apenas. Bajo este mismo cielo mi padre llenaba la noche de canciones antiguas madre remendaba la vieja colcha sobre la cama y yo, echada presentía como poco a poco un extraño dolor brotaba de mi pecho y se iba deslizando por debajo de mi vientre hasta que estiraba los brazos y la encontraba allí a mi lado, cerrando una puntada.

Quieta, me miraba (trescientas diecisiete más la luna, me decía) y yo dejaba de temblar. Bajo esta misma noche, bajo esta misma orfandad me dormía muy cerca a ella para amarla, para huir de su amor.