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estos días de guerra, las buenas noticias son un recuerdo.
La muerte galopando por las arenas del Oriente Medio es una imagen
constante que a todos entristece. Allá, cada día, miles
de seres humanos son exterminados en una guerra, que, como todas,
no puede justificarse.
Mientras quince millones de niñas y niños mueren
cada año por enfermedades prevenibles, mientras casi media
humanidad pasa hambre y muchísimos viven en condiciones de
miseria extrema, el "occidente desarrollado" despilfarra
(según indican los analistas) mil millones de dólares
en cada día de conflicto (Otro sería el planeta si
tales cifras se invirtieran en programas de reforestación,
de salud, de alfabetización y alimentación).
Pero el costo de esta guerra no se expresa exclusivamente en números.
Las cicatrices que en la memoria colectiva de la humanidad queden,
serán difíciles de borrar y ¡que decir de la
factura ambiental que nos pase la Madre Tierra cuando cesen los
oscuros tambores...
En dos artículos previos nos hemos referido al daño
ambiental que se derivaría del uso de armas químicas,
biológicas y nucleares en la Guerra del Golfo (aterradora
posibilidad que crece cada segundo). También hemos mencionado
el descalabro climático que se desprendería del incendio
masivo de los miles de pozos petroleros de la zona y los efectos
que tendría el vertido de éste en las aguas del Golfo.
La crisis ecológica se dejará sentir, sin duda, mucho
más allá de la zona, hoy, convulsionada.
Felizmente algunos seres con quienes compartimos el planeta, pese
a todo, no la están pasando tan mal. Nos referimos a las
gaviotas, esas aves hermosas cuyo vuelo nos acompaña en estos
días de sol y playa. A propósito de ellas trata la
siguiente nota llegada desde España. Según se informa,
su adaptabilidad les ha permitido soportar la creciente polución,
e inclusive variar su dieta de acuerdo al alimento disponible. Tan
resistentes son que, en opinión de los expertos, podrían
sobrevivir perfectamente a una hecatombe nuclear. Ojalá fuésemos
gaviotas...
Los ornitólogos han detectado un crecimiento enorme de las
bandadas de gaviotas. Ya no se los encuentra en los acantilados
de las costas, ni tampoco tierra adentro, cerca de los basurales
de las grandes ciudades. La gaviota siempre fue reconocida como
una de las especies más fuertes del reino animal. Sin embargo,
en los últimos años ha sido tal el índice de
crecimiento de su población que el fenómeno llena
de curiosa perplejidad a los científicos. Ornitólogos
de diversos países lo comprueban, sin que, hasta el presente,
se pueda explicar cuáles puedan ser las causas de que las
bandadas de gaviotas, con su pico largo parecido a una pequeña
navaja curva, su graznido espectacular, la mirada entre agresiva
y entrometida, y el vuelo de garbo fácil (el lárido
ostenta la acreditación de uno de los pájaros que
vuela más largo y tendido y con una facilidad que recuerda
a la de las águilas) sea vista picoteando o solazándose
entre basuras y escombreras en los suburbios ciudades de tierra
adentro.
De la playa a todas partes
Su medio natural eran los aledaños de las costas, hasta
sus puestas en los riscos de los acantilados inaccesibles, y sus
revoloteos en torno a los mástiles de los barcos, dan vida
y color a cualquier escena marinera. Hasta hace unos años
la presencia de dichos palmípedos volando a más de
cien kilómetros tierra adentro era cosa nunca vista, aunque
se sabía que el animal es capaz de permanecer planeando sobre
el aire sin posar hasta un día entero y que resiste, debido
a la consistencia robusta de su organismo, vuelos muy largos.
De acuerdo a un estudio de la Junta Rectora de las Islas Cíes,
Galicia, el número de gaviotas de aquella parte de la cornisa
cantábrica se ha triplicado en los últimos diez años.
Asimismo, se constata que es mucho más grande y que algunos
ejemplares de la gaviota argentea han llegado a pesar hasta...¡cinco
kilos y medio!
Numerosas hipótesis se alzan al respecto. Se dice que se
trata de uno de los animales que mejor da la razón a Darwin
en sus teorías sobre mutación y evolución y,
sobre todo, que son un ejemplo de contundencia y resolución
en su adaptación al medio.
Un ave que sabe acomodarse
Si como decía Eneas "audaces fortuna iuvat" ("la
fortuna ayuda a los audaces"), entonces podemos decir que la
naturaleza premia a los más fuertes y a aquellos que saben
programar su organismo en consonancia con el medio hostil en el
cual han de batallar y moverse. En este sentido, el palmípedo
lárido (como se conoce científicamente a la gaviota)
supo ser dúctil y asumir los cambios climáticos operados
en los últimos años en el planeta, hasta el punto
de que puede ser una especie preponderante, al igual que la rata,
o el mismo género humano.
La polución de los mares por derrames de petróleo
Ala gaviota ha demostrado ser capaz de sobrevivir a las hecatombes
ocurridas con el naufragio de los superpetróleos A no arredra
a estos pájaros que han sabido ser capaces de alterar sus
hábitos y costumbres, y hasta mudar su dieta. Antes eran
ictiófagos, (solo se alimentaban de peces y moluscos) pero
en la actualidad se han vuelto carnívoros y carroñeros.
Podrían sobrevivir a un holocausto nuclear
Alfred Hitchcock se inspiró en la terrorífica impasibilidad
de las gaviotas para tomar la idea original de su película
de suspenso "Los Pájaros" cuyo tema central es
ataque sangriento de bandadas de gaviotas, y otras aves, a ciudades
enteras. También se dice que, por su gran versatilidad y
capacidad de adaptación al ambiente y a los recursos de comida,
podrían sobrevivir a un holocausto nuclear. En tal caso,
solo quedarían en la tierra ratas y gaviotas.
Los ornitólogos han contado hasta un centenar de tipos de
esta especie de las cuales las más frecuentes son la argentea
y la gaviota gris o común. Su presencia ha terminado por
desplazar a otros pájaros marinos (como el cormorán
o el petrel) que no han mostrado la misma capacidad para el cambio.
Hablar de gaviotas, esto hablar de un caso típico de supervivencia
y de lucha por el medio en el cual están biológicamente
desplazando a otras especies. De seguir la constante de crecimiento
demográfico, su familiaridad para el hombre de las ciudades
puede resultar tan acostumbrada como la del gorrión (pajarillo
sedentario, fuerte y de gran fecundidad) o los córvidos,
que tan bien se han habituado a los "tiempos modernos"...
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