Diario El Comercio Lima -Perú
10-02-1990

 
Selvas : Interminable destrucción
 

Aquí como en Tanzania, Honduras o Camerún se está escribiendo una misma historia. Cambian los nombres, cambian las lenguas, pero el desenlace amenaza ser igualmente triste en cualquiera de las latitudes. Ese cinturón verde que rodea nuestro planeta por la zona ecuatorial y que ha permanecido sin alteraciones por millones de años, desaparece a pasos agigantados. Los bosques tropicales, enormes pulmones vegetales que desde siempre han estado reciclando el oxígeno que respiramos, parecen condenados a desaparecer.

Como fichas de dominó, uno tras otro caen los árboles sin cesar, derribados por cuadrillas de taladores que han descubierto el "buen" negocio de la madera. Además millones de campesinos buscan zonas donde sembrar sus alimentos. Talan los árboles, queman el manto vegetal de los suelos y logran con esfuerzos una buena cosecha. El suelo pierde sus nutrientes con rapidez, la erosión avanza; pronto tienen que recoger sus objetos más queridos y buscar un nuevo lugar; allí se repite la destrucción. Cada año se pierden once millones de hectáreas de selvas debido a la expansión agrícola (en un solo minuto pueden destruirse más de doscientas hectáreas de selva). Si la devastación continúa al ritmo actual, la Tierra podría haber perdido su verde cintura en... menos de medio siglo.

La Edad Media presenció la despoblación forestal de Europa Occidental, los tiempos modernos han contemplado la deforestación violenta de la parte norte del continente americano. Los bosques siguen retrocediendo ante el avance de la civilización.

Si bien es cierto que las zonas boscosas del mundo desarrollado se han estabilizado, los problemas continúan. Hoy, son las naciones más pobres del planeta las que están perdiendo importantes regiones ecológicas.

En lo que va del presente siglo, la franja de bosques tropicales que va de Africa hasta Asia, pasando por las Américas, se ha visto reducida en un cincuenta por ciento... y la destrucción no cesa. Arboles, plantas y animales desaparecen a un ritmo alarmante. Cada año que pasa se pierden once millones de hectáreas de selvas (con la consiguiente extinción de diversas especies animales) a causa de las desorganizadas actividades productivas de la sociedad contemporánea.

La fuerte presión demográfica y la falta de oportunidades que imperan en estas zonas obliga a que sean muchos los que busquen en la agricultura una forma de mejorar su situación, lo cual resulta nefasto.
Una vasta y verde fragilidad

Parece increíble pero, los ricos nutrientes que dan vida a un exuberante bosque tropical, no pueden soportar los cultivos por más de unas pocas estaciones.

Cuando los terrenos ya no rinden, las gentes buscan otras zonas, se adentran en el vientre oscuro de la selva, derriban árboles, queman los suelos y continúan con un interminable ciclo de destrucción que amenaza con dejarnos un planeta "pelado".

La quema con fines agrícolas hace que se pierdan, en un solo día, infinidad de plantas y animales que requirieron de intrincadas comunidades y millones de años para evolucionar.

Los delicados suelos de los bosques tropicales, se mantienen gracias a la protección que le dan los árboles. En las selvas los minerales y nutrientes de los suelos, que provienen de las hojas y ramas que caen de lo alto y se descomponen, son usados una y otra vez. Los nutrientes pasan directamente del suelo a la planta gracias a las micorrizas ("hifas", o filamentos, de los hongos que se unen a las raíces de las plantas estableciendo una relación de simbiosis). Al preparar los suelos para la siembra se pierde esta relación.

La deforestación deja los suelos expuestos a las torrenciales lluvias, esto favorece la erosión, los deslizamientos y el total empobrecimiento de los suelos. El paso del hombre deja la huella de pequeños desiertos...

Importancia de las selvas

Aunque solo ocupan el seis por ciento de nuestro mundo, los bosques tropicales ocultan más de la mitad de la vida terrestre.

Las selvas son también cuna de culturas ancestrales; pueblos antiguos de conocimientos milenarios. Grupos humanos que han sabido vivir por siglos en armonía con la naturaleza y que no comprenden por qué se le abren tantas heridas al bosque.

De las zonas que hoy desaparecen, provienen las especies con que se elaboran enfermedades tan diversas como la leucemia o algunos tipos de cáncer

Los científicos están convencidos que junto con las selvas se podrían estar perdiendo posibles tratamientos para enfermedades mortales. Los bosques tropicales son, además, una especie de gran despensa donde se se encuentra abundante material genético que permitirá mejorar muchas de las especies que usamos en nuestra alimentación.

Ya que la fotosíntesis se realiza a gran escala; las zonas resultan una suerte de gigantescos y verdes pulmones capaces de purificar el emponzoñado aire de nuestra atmósfera.

En lo que respecta al clima, las selvas tienen la capacidad de distribuir la humedad del ambiente, influyendo de manera beneficiosa en el clima. Pueden regular el ciclo de lluvias y mejorar el drenaje de los suelos.
El manto vegetal previene la erosión y la pérdida de suelos.

La opinión mundial ha comprendido que los bosques tropicales no son sólo importantes a nivel regional sino que los son a escala planetaria; se ha comprobado que el deterioro de la capa de ozono se profundiza con la devastación de áreas forestadas. Y que estas resultan, quizá, la única arma eficaz que tenemos para enfrentar el temible "efecto invernadero".

Los árboles no mueren solos...

En todas las latitudes, medios de comunicación, científicos y políticos, vienen advirtiendo sobre los alcances de la destrucción masiva de los bosques tropicales.

Si la Tierra perdiera su apretada franja verde es indudable que nos enfrentaríamos a una catástrofe climática y ecológica sin precedentes. En opinión de los expertos, la destrucción de los bosques puede estar contribuyendo en casi veinte por ciento a intensificar el "efecto invernadero".

Hay quienes no se dejan convencer con estos argumentos y afirman que con la excusa de la protección ambiental, los países industrializados pretenden frenar el progreso de naciones como Brasil, Perú o Madagascar.

Mientras los diversos sectores se ponen de acuerdo la devastación continúa. Cada año se destruye casi el dos por ciento de lo que representan los bosques tropicales.

Alternativas

Es improbable e ilógico que se dejen de explotar zonas de tanto valor económico; pero debe hacerse de una manera racional y bien planificada.

Es importante establecer políticas conservacionistas y promover la investigación y mayor conocimiento de estas zonas.

Ya que los asentamientos agrícolas son la mas grande amenaza, es un imperativo, clasificar adecuadamente los terrenos de acuerdo a sus verdaderas posibilidades de uso. Una clasificación inapropiada o utilizacíon de las tierras para un destino distinto abre las puertas a la degradación del medio ambiente.

Es necesario desarrollar programas que permitan a los habitantes del bosque mejorar su nivel de vida sin tener que arremeter contra el medio ambiente, hoy, no conocen alternativas.

Es tiempo de comprender que la deforestación creciente tiene sus orígenes en la pobreza del campo, la baja productividad agrícola, la presión demográfica y la ausencia de planificación; hechos que se repiten en los países tropicales.

Pero hay alternativas .recientes estudios han demostrado que conservar las selvas resulta mucho más rentable que destruirla. Recoger las cosechas de frutas y latex, deja mayores ganancias que la cría de ganado o la explotación maderera. Es más saludable para el medio ambiente y hacia esto deberían apuntar las políticas de desarrollo de los países de bosques tropicales.

En lo que respecta a la deforestación de las selvas tropicales
se requiere de un trabajo conjunto. Los países industrializados y los de la franja de selva, deben emprender acciones de inmediato, y desarrollar programas coherentes.

No es cuestión de señalar culpables. Se debe mirar hacia adelante y esta vez sin separar el mundo en tres partes. Es innegable que se requieren de nuevos modelos de desarollo que permitan evitar una hecatombe ecológica. La raza humana debe comprender que su vida está enlazada a la de la naturaleza y que somos los únicos responsables de la supervivencia de nuestro planeta.

Necesitamos un cambio de actitud para dejar de escribir la historia que narra la muerte de las selvas...