|
Mañana millones
de personas alrededor del mundo celebrarán el "Día
de la Tierra". En Pakistán, Filipinas, Marruecos, Italia...
miles de actividades que apuntan a la defensa del medio ambiente
se llevarán a cabo.
En 1970, cuando se estableció el "Día de la Tierra",
no existía aun una real consciencia ecológica. Al
principio la fiesta se observaba exclusivamente en colegios y universidades
norteamericanos, poco a poco fue dejando las aulas, los patios,
los gimnasios y jardines, y empezó a captar el interés
de grandes sectores de la población.
Hoy, después de veinte años, hemos
comprendido que la degradación del medio ambiente no reconoce
fronteras, que se traslada de un país a otro silenciosamente,
afectándonos a todos por igual; por ello es imperativo el
trabajo en conjunto de todas las naciones del planeta.
Nuestro redondo y azul hogar, el único mundo
generoso del sistema solar; agoniza. ¿Los causantes?, pues
nosostros.
Desde que la raza humana apareció sobre el
planeta, la destrucción ha sido una forma de vida; nos hemos
dedicado a tratar con desprecio a la naturaleza. Cada gran salto
tecnológico ha significado un resquebrajamiento del equilibrio
natural. Desde los albores de la revolución industrial, tone
ladas de venenos gaseosos han sido bombeados en nuestra atmósfera.
Las fábricas, y las ciudades han estado descargando, desde
siempre, tóxicos residuos en ríos y océanos;
que no sólo han aniquilado peces, aves y otras formas de
vida, sino que han polucionado, muchas veces irreversiblemente,
nuestras fuentes de agua.
Automóviles, calderas, y locomotoras, han
consumido casi la totalidad del combustible fósil disponible
emponzoñando, de paso, el aire que respiramos.
En nombre del progreso, hemos arremetido contra los
árboles, los bosques han retrocedido y el desierto ha extendido
sus dominios. Miles de especies han sido masivamente exterminadas;
hemos convertido en recuerdo infinidad de flores y animales.
Suelos que hemos maltratado por generaciones se han
vuelto estériles, y de ellos ya no crecerán nuestros
alimentos. Nuestra violenta evolución nos ha erigido por
sobre las demás especies transformándonos en los más
mortíferos seres del planeta. Por siglos hemos buscado excusas
para luchar los unos contra los otros, y tarde hemos comprendido
que solo unidos podremos continuar.
Es hora de olvidar las campañas militares
y el falso miedo al vecino; enemigo no es el hermano sino la miseria,
el hambre y los humos del "progreso".
El "Día de la Tierra" es un llamado
a la integración, una cruzada universal que debe ser tomada
como una jornada de reflexión que servirá para sentar
las bases del planeta justo, seguro y sostenible que necesitamos
construir.
Ha llegado el tiempo del respeto, de reverenciar
no sólo a todos los seres humanos, sino también a
todas las otras formas de vida. Como bien dice el célebre
Carl Sagan "Si sentimos este profundo respeto por los demás
seres humanos porque al igual que nosotros son receptores del precioso
patimonio de cuatro mil millones de años de evolución,
¿por qué no habríamos de aplicar este mismo
concepto a todos los demás organismos de la Tierra, igualmente
producto de cuatro mil millones de años de evolución?
Arañas y salamandras, salmones y girasoles son nuestros hermanos
y hermanas.
Y como nosotros no tienen, por más que lo
busquen en la infinitud del universo, más refugio que este
pedacito de cosmos al que llamamos Tierra...
|