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Cada cierto tiempo el
abastecimiento de agua sufre alteraciones, sólo entonces
tomamos conciencia de su importancia. Buscando culpables señalamos
a las autoridades, al crecimiento excesivo de la población,
quizá acusemos al cielo por ser cada año más
egoista o al propio río, que fácilmente se deja convencer
para olvidar sus aguas en el camino. Pero sería mejor reflexionar
sobre nuestra relación con ella y el
mal trato que le damos.
Agua, la usamos para beber, limpiarnos y cultivar nuestros alimentos.
Por más que nos jactemos de ser los grandes alquimistas no
hemos podido desarrollar nada ni remotamente parecido a esta fundamental
transparencia.
El agua en su estado líquido sólo existe
en este redondo rincón del sistema solar y quizá por
ello, opinan los científicos, sólo la Tierra ha visto
el milagro de la vida.
Transparente, sin color, olor ni sabor, es un elemento
esencial para el surgimiento y el sostenimiento de todas las variantes
de vida conocidas en el planeta. La sangre transparente de la tierra
hace milagros, a su paso las piedras retroceden y los suelos muertos
se pintan de colores.
Pese a que es un recurso de vital importancia, la derrochamos y
contaminamos olvidando que sin ella nuestro planeta sería
un mundo fantasma...
Arboles quemados, arenas cubriendo templos, caminos
y tiempos. Ni hombres, ni mujeres, ni siquiera un insecto o la última
hierba azul. La nada, la total y vasta nada. Sólo las piedras,
mudos testigos de un mundo que perdió sus manantiales. Soledad,
una seca y total soledad... Esta descripción bien podría
corresponder al paisaje terrestre, si algún día perdiéramos
el agua ese elemento fundamental.
A través de todas las culturas, el agua, ha
sido símbolo de purificación y vida. De las aguas
emergieron muchos de los dioses de nuestros antepasados; Yahvé
tomó un puñado de tierra y lo mezcló con agua
para dar vida al primer ser del universo. Y en ella se desarrollaron
las primeras formas de vida del planeta. Se conocen muchos organismos
que pueden vivir sin el vital oxígeno pero ninguno puede
hacerlo sin agua.
El agua forma parte de todo ser viviente; el cuerpo
humano está conformado en un setenta por ciento del líquido.
Podríamos pasar hasta cuarenta días sin comer pero
no más de cuatro sin agua, es... imprescindible. Cada día
que pasa usamos unos ochenta galones del líquido. Aunque
en promedio sólo consumimos directamente dos (un galón
para beber y otro para cocinar nuestros alimentos) se consumen grandes
cantidades de forma indirecta. Cada huevo, por ejemplo, ha demandado
más de cien galones de agua para la gallina que lo puso.
Un buen trozo de lomo, más de tres mil. Una tonelada de acero
del automóvil en que circulamos, ha requerido de sesenta
mil galones de agua y la lista puede continuar interminablemente...
El ciclo del agua
El agua que hoy calma la sed de nuestros cultivos
es la misma que bañó las costas mediterráneas
cuando los emperadores romanos descansaban en Capri, la que navegaron
los rudos piratas y aquella que por primera vez reflejó el
tembloroso rostro de un homínido. No hay más agua,
que la que hubo siempre y desde siempre es la misma la que una y
otra vez se desprende de las nubes luego de un delicado y maravilloso
proceso de purificación.
La humedad atmosférica se produce durante
el ciclo hidrológico; un sistema inacabable de reciclaje
y limpieza del agua. Cada día, miles de kilómetros
cúbicos de agua se evaporan de mares, ríos y lagos,
de la propia tierra y otras fuentes, convirtiéndose en humedad
atmosférica por acción del sol. Antes o después,
el calor hace que esa agua vuelva a la tierra en forma de lluvia
o nieve y aunque la mayor parte haya salido de los oceanos una mínima
proporción vuelve a él. La mayoría del agua
que retorna cae sobre los continentes; ríos y arroyos la
devuelven lentamente al mar. Muchos sugieren que la sociedad contemporánea
debe aprender a administrar el agua que vuelve para así no
tener que recurrir a otras reservas hídricas; esto, afirman
los especialistas, nos permitiría tener acceso a unas siete
mil toneladas anuales por cabeza. Sin embargo las cosas no son tan
simples... La distribución de las lluvias es muy desigual
alrededor del globo con períodos de sequía inesperados,
además el mundo moderno está aprendiendo que el agua
de la lluvia puede resultar no muy saludable...
La contaminación del agua es un fenómeno
cada vez más extendido y peligroso. Los síntomas de
que el sistema natural de depuración no puede actuar al ritmo
que lo exige la polucionante humanidad ya se dejan ver.
Contaminando y purificando
En el ciclo hidrológico, el agua se purifica
gracias a la evaporación; desgraciadamente la mayoría
de los contaminantes pasan al estado gaseoso a temperaturas muy
por encima de las alcanzadas en ese proceso. Los tóxicos,
pues, quedan en el mar, lago o río y se concentran día
a día; el agua puede volver purificada pero se encontrará
nuevamente con ellos. Y puede que el agua no vuelva pura ya que
en su descenso las gotas quizá arrastren los contaminantes
de la atmósfera, convirtiéndose en una lluvia que
corroe, quema y acidifica lagos, suelos y acuíferos subterráneos;
la terrible "lluvia ácida".
Arroyos, lagos, océanos; todas nuestras grandes
reservas hídricas -grandes productoras de oxígeno-
están siendo sistemáticamente devastados por el vertido
directo, deliberado e irresponsable de desechos tóxicos,
residuos industriales, químicos agrícolas y otras
basuras; sustancias todas que bloquean los procesos de oxigenación
que algas y bacterias llevan a cabo. El agua se transforma en una
espesa, fétida e inservible mazamorra.
Ante situaciones como esta se evidencia la necesidad
de impulsar tecnologías de reciclaje y purificación.
Debemos aprender a deshacernos de nuestras basuras sin perjudicar
el entorno; es una locura envenenar el agua que luego necesitaremos
para calmar la sed y regar nuestros cultivos.
La tarea de limpiar el agua puede no ser fácil
pero en la actualidad contamos con los medios para lograrlo. En
muchos países se está reciclando el agua potable con
excelentes resultados; una y otra vez las grandes ciudades consumen
la misma agua, repitiendo el ciclo hidrológico natural.
En nuestro país las lagunas de oxidación
o bioestabilizacíon, que permiten obtener agua de excelente
calidad para la agricultura han tenido muy buenos resultados. Con
"aguas negras" tratadas se ha logrado crear áreas
de cultivo en suelos antes muertos. Desviar los desagües con
este fin no sólo permite terminar con peligrosos focos de
contaminación, sino que significa un gran ahorro de agua
potable y un manera de crear ecosistemas saludables.
El agua es un recurso esencial, si no aprendemos
a respetarla quizá la sequedad nos tome de rehenes...
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