Diario El Comercio Lima -Perú
17-02-1990

 
Agua: Es pura vida
 

Cada cierto tiempo el abastecimiento de agua sufre alteraciones, sólo entonces tomamos conciencia de su importancia. Buscando culpables señalamos a las autoridades, al crecimiento excesivo de la población, quizá acusemos al cielo por ser cada año más egoista o al propio río, que fácilmente se deja convencer para olvidar sus aguas en el camino. Pero sería mejor reflexionar sobre nuestra relación con ella y el mal trato que le damos.

Agua, la usamos para beber, limpiarnos y cultivar nuestros alimentos. Por más que nos jactemos de ser los grandes alquimistas no hemos podido desarrollar nada ni remotamente parecido a esta fundamental transparencia.

El agua en su estado líquido sólo existe en este redondo rincón del sistema solar y quizá por ello, opinan los científicos, sólo la Tierra ha visto el milagro de la vida.

Transparente, sin color, olor ni sabor, es un elemento esencial para el surgimiento y el sostenimiento de todas las variantes de vida conocidas en el planeta. La sangre transparente de la tierra hace milagros, a su paso las piedras retroceden y los suelos muertos se pintan de colores.
Pese a que es un recurso de vital importancia, la derrochamos y contaminamos olvidando que sin ella nuestro planeta sería un mundo fantasma...

Arboles quemados, arenas cubriendo templos, caminos y tiempos. Ni hombres, ni mujeres, ni siquiera un insecto o la última hierba azul. La nada, la total y vasta nada. Sólo las piedras, mudos testigos de un mundo que perdió sus manantiales. Soledad, una seca y total soledad... Esta descripción bien podría corresponder al paisaje terrestre, si algún día perdiéramos el agua ese elemento fundamental.

A través de todas las culturas, el agua, ha sido símbolo de purificación y vida. De las aguas emergieron muchos de los dioses de nuestros antepasados; Yahvé tomó un puñado de tierra y lo mezcló con agua para dar vida al primer ser del universo. Y en ella se desarrollaron las primeras formas de vida del planeta. Se conocen muchos organismos que pueden vivir sin el vital oxígeno pero ninguno puede hacerlo sin agua.

El agua forma parte de todo ser viviente; el cuerpo humano está conformado en un setenta por ciento del líquido. Podríamos pasar hasta cuarenta días sin comer pero no más de cuatro sin agua, es... imprescindible. Cada día que pasa usamos unos ochenta galones del líquido. Aunque en promedio sólo consumimos directamente dos (un galón para beber y otro para cocinar nuestros alimentos) se consumen grandes cantidades de forma indirecta. Cada huevo, por ejemplo, ha demandado más de cien galones de agua para la gallina que lo puso. Un buen trozo de lomo, más de tres mil. Una tonelada de acero del automóvil en que circulamos, ha requerido de sesenta mil galones de agua y la lista puede continuar interminablemente...

El ciclo del agua

El agua que hoy calma la sed de nuestros cultivos es la misma que bañó las costas mediterráneas cuando los emperadores romanos descansaban en Capri, la que navegaron los rudos piratas y aquella que por primera vez reflejó el tembloroso rostro de un homínido. No hay más agua, que la que hubo siempre y desde siempre es la misma la que una y otra vez se desprende de las nubes luego de un delicado y maravilloso proceso de purificación.

La humedad atmosférica se produce durante el ciclo hidrológico; un sistema inacabable de reciclaje y limpieza del agua. Cada día, miles de kilómetros cúbicos de agua se evaporan de mares, ríos y lagos, de la propia tierra y otras fuentes, convirtiéndose en humedad atmosférica por acción del sol. Antes o después, el calor hace que esa agua vuelva a la tierra en forma de lluvia o nieve y aunque la mayor parte haya salido de los oceanos una mínima proporción vuelve a él. La mayoría del agua que retorna cae sobre los continentes; ríos y arroyos la devuelven lentamente al mar. Muchos sugieren que la sociedad contemporánea debe aprender a administrar el agua que vuelve para así no tener que recurrir a otras reservas hídricas; esto, afirman los especialistas, nos permitiría tener acceso a unas siete mil toneladas anuales por cabeza. Sin embargo las cosas no son tan simples... La distribución de las lluvias es muy desigual alrededor del globo con períodos de sequía inesperados, además el mundo moderno está aprendiendo que el agua de la lluvia puede resultar no muy saludable...

La contaminación del agua es un fenómeno cada vez más extendido y peligroso. Los síntomas de que el sistema natural de depuración no puede actuar al ritmo que lo exige la polucionante humanidad ya se dejan ver.

Contaminando y purificando

En el ciclo hidrológico, el agua se purifica gracias a la evaporación; desgraciadamente la mayoría de los contaminantes pasan al estado gaseoso a temperaturas muy por encima de las alcanzadas en ese proceso. Los tóxicos, pues, quedan en el mar, lago o río y se concentran día a día; el agua puede volver purificada pero se encontrará nuevamente con ellos. Y puede que el agua no vuelva pura ya que en su descenso las gotas quizá arrastren los contaminantes de la atmósfera, convirtiéndose en una lluvia que corroe, quema y acidifica lagos, suelos y acuíferos subterráneos; la terrible "lluvia ácida".

Arroyos, lagos, océanos; todas nuestras grandes reservas hídricas -grandes productoras de oxígeno- están siendo sistemáticamente devastados por el vertido directo, deliberado e irresponsable de desechos tóxicos, residuos industriales, químicos agrícolas y otras basuras; sustancias todas que bloquean los procesos de oxigenación que algas y bacterias llevan a cabo. El agua se transforma en una espesa, fétida e inservible mazamorra.

Ante situaciones como esta se evidencia la necesidad de impulsar tecnologías de reciclaje y purificación. Debemos aprender a deshacernos de nuestras basuras sin perjudicar el entorno; es una locura envenenar el agua que luego necesitaremos para calmar la sed y regar nuestros cultivos.

La tarea de limpiar el agua puede no ser fácil pero en la actualidad contamos con los medios para lograrlo. En muchos países se está reciclando el agua potable con excelentes resultados; una y otra vez las grandes ciudades consumen la misma agua, repitiendo el ciclo hidrológico natural.

En nuestro país las lagunas de oxidación o bioestabilizacíon, que permiten obtener agua de excelente calidad para la agricultura han tenido muy buenos resultados. Con "aguas negras" tratadas se ha logrado crear áreas de cultivo en suelos antes muertos. Desviar los desagües con este fin no sólo permite terminar con peligrosos focos de contaminación, sino que significa un gran ahorro de agua potable y un manera de crear ecosistemas saludables.

El agua es un recurso esencial, si no aprendemos a respetarla quizá la sequedad nos tome de rehenes...