Este
año se conmemora el cuatrocientos aniversario del nacimiento
del célebre filósofo, matemático y fisiólogo
francés René Descartes (1596-1650). Alrededor del
planeta se organizan una serie de charlas y actividades para recordar
a quien es considerado "padre" de la filosofía
moderna y máxima figura del llamado racionalismo.
Connotados y renombrados especialistas le brindarán homenajes,
aplausos y reconocimientos. Este artículo será,
sin duda, uno de los pocos "palos" -si no el único-
que recibirá este hombre que más allá de
sus méritos intelectuales, su aporte al desarrollo del
pensamiento humano y la creación de la geometría
analítica, bien puede ser considerado el "filósofo
de la crueldad".
Genio que merece los más fieros mordiscos de los perros,
pitonazos de los toros, arañazos gatunos y de las yeguas
más recias unas buenas patadas en...
"Palo" para el filósofo francés René
Descartes (1596-1650). Que lo aplaudan otros. Aquí lo recordamos
por su fría y "racional" crueldad contra los
animales, silvestres y domesticados. Cuatrocientos años
después de su nacimiento, una "pequeñita"
distorsión en su pensamiento es aún base que justifica
todo tipo de crueldad, agresión y maltrato contra la fauna.
Sus reflexiones lo llevaron a sostener que los seres menores
eran meras máquinas biológicas: "Las bestias...
no tienen razonamiento en absoluto", afirmó y con
estas escasas palabras condenó hasta hoy a toda criatura
no humana.
QUE LES DUELA NOMAS...
No hay que retroceder demasiado para comprobar que la injusta
y apresurada hipótesis de Descartes influye, hasta la actualidad,
sobre el pensamiento de los estudiosos modernos. Para muestra
un botón...
En 1989, o sea casi ahorita, apareció en la prestigiosa
revista "Journal of Philosophy" un artículo firmado
por P. Carruthers.
Frases que ponen los "pelos de punta" y la "carne
de gallina" a cualquiera que tenga un ápice de sensibilidad.
Refiriéndose a los animales dijo Carruthers: "las
experiencias, incluyendo el dolor, son conscientes, no merecen
una consideración moral. De hecho, como ninguno de los
estados mentales de las bestias es consciente, sus lesiones no
son dignas ni siquiera de una preocupación moral indirecta".
Cientos de años después las "confusiones cartesianas"
-por llamarlas de algún modo- tienen lamentablemente fieles
seguidores que no consideran a un animal capaz de sufrir o sentir...
LA MAQUINA CARTESIANA
Stanley Coren, profesor de sicología de la Universidad
de Vancouver, Canadá, ha escrito: "Desgraciadamente,
el que Descartes suprimiera el intelecto, la razón y el
estado consciente en los perros tuvo más que consecuencias
científicas e intelectuales. Al negarles estas capacidades
mentales superiores, Descartes también les negó
el sentimiento y la emoción.
Según él, el grito que exhala un animal cuando
se golpea no indica dolor, sino que equivale al ruido metálico
de los resortes y engranajes cuando se cae un reloj o un juguete
de cuerda". Este psicólogo canadiense, sin embargo,
nos refresca en algo el espíritu en su libro "La fabulosa
inteligencia de los perros", al recordarnos que el célebre
naturalista Charles Darwin (1809-1882) refutaría, siglos
más tarde, al francés. ¡Así es! En
"La descendencia del hombre", Darwin escribió
que la única diferencia de los seres humanos y la mayoría
de sus inferiores primos mamíferos es una cuestión
"de grado y no de especie".
El naturalista inglés escribió: "los sentidos
e intuiciones, las distintas emociones y facultades, como el amor,
la memoria, la atención, la curiosidad, la imitación,
la razón, etcétera, de que se jacta el hombre, se
encuentran en condición incipiente, y a veces bien desarrollada,
en los animales inferiores". En su libro Coren explica, también,
que ya muchísimos siglos antes el célebre filósofo
griego Aristóteles (384-32 a.C.) parecía sostener
que la habilidad mental de los perros y las personas difieren
sólo en grado.
ALTERNATIVAS DE INVESTIGACION
La psicóloga Patricia Gonzáles, de la Red Nacional
de Acción Ecologista del Perú, Renace-Perú,
es coordinadora del área de los grupos de defensa de los
derechos de los animales y práctica ética en los
experimentos con ellos. Gonzáles indica:
"Hace pocos meses nuestra red avaló un shampoo del
laboratorio Bristol y Myers como verdadero producto ecológico.
No sólo por las componentes utilizados en su elaboración,
todos biodegradables, sino porque no había sido "probado"
en animales. Por ello avalamos dicho producto". ¿Qué
tan "feos" son los "tests" en animales? La
psicóloga nos explica: "Hay varios tipos de experimentación
que resultan especialmente crueles, si se toma en cuenta que sólo
son para desarrollar nuevos productos para el mercado como pesticidas,
cosméticos, químicos de limpieza, etc.
Una las pruebas más utilizadas por los Laboratorios cosméticos
es, por ejemplo, la prueba "Draize", que utiliza animales
para medir el daño y la irritación que pueden causar
sus productos en los ojos y la piel".
La representante de Renace explica que hay alternativas para
que éstos, y los necesarios experimentos médicos,
no sigan siendo motivo de sufrimiento de criaturas vivientes.
Gonzáles informa: "La propia Asociación Médica
Americana, en su Enciclopedia de Medicina, dice que ya existen
otras posibilidades. En vez de un animal puede utilizarse cultivos
de células y tejidos vivos.
Otras alternativas son el uso de organismos simples, como bacterias,
e inclusive modelos matemáticos o computarizados. La tecnología
humana ha avanzado lo suficiente como para que los laboratorios
dejen de ser verdaderas Cámaras de tortura".
POR TUS OJOS NUNCA TE QUERRÉ...
Si existe el "odio a primera vista" eso fue lo que
sentí apenas vi su retrato. Descubrí su boca arrogante,
su barba rala de chivato, sus cejas arqueadas, su mirada torva.
Grande fue mi aflicción cuando empecé a toparme
con esa misma figura cada vez que abría algún libro.
Allí estaba el horrible René Descartes (1596-1650),
en mis diccionarios, enciclopedias, libros de geometría,
de historia, de filosofía... ¡en todas partes! Aparecía
hasta en mis sueños, mejor dicho pesadillas. "Seguro
que no hiciste tu tarea de geometría", me decía
mi padre mientras endulzaba su yogur matutino con miel, más
algo malo percibía en este filósofo muerto en Estocolmo,
en la corte de Cristina de Suecia, su gran admiradora.
Mi primer acercamiento, sin prejuicios, a Descartes fue en tiempos
escolares. El enigma era su más conocido retrato, ese del
Museo del Louvre, en el cual fuera inmortalizado por el pintor
de Amberes, Frans Hals (h. 1580-1666).
¿Cómo Hals -me preguntaba- que en sus escenas y
retratos al aire libre de gente humilde, pescadores, músicos
ambulantes, cantores, había logrado personajes siempre
sonrientes, que reflejaban movilidad y vida, había sido
capaz de pintar esos ojos tan muertos? ¿Tan grande artista
fue Hals para captar la "racional" frialdad del corazón
del intelectual francés? Viendo esa mirada, una y otra
vez, venían a mi mente las frases bíblicas: "Tu
ojo es tu lámpara. Si tu ojo es limpio, toda tu persona
aprovecha tu luz. Pero si es borroso, toda tu persona estará
en la confusión" (Mt. 6, 22).
CONTESTA BONITO PUES...
"No seas así, no te dejes llevar por un retrato,
lee las obras de este lúcido filósofo y reconcíliate
con él", insistía mi abuelo Racso. Y así
lo fui haciendo. "El discurso del método"; "Primera
filosofía"; "Compendio de la música";
"Reglas para la conducción del espíritu",
entre varios otros libros que con avidez juvenil devoraba. Descubrí
sí a un genio, pero constaté también su falta
de sensibilidad hacia el mundo natural.
Un hombre intransigente con sus ideas, convencido de que los
animales eran meras máquinas sin alma. ¿Vanidoso,
pedante? ¡Quién sabe! Lo cierto es que por carta
fue capaz de llegar a una suerte de "patanería"
con una dama inglesa, y todo por no dar su brazo a torcer.
El canadiense Stanley Coren en su libro recuerda este incidente:
"...la marquesa de Newcastle planteó una pregunta...
Le pidió a Descartes que considerara la posibilidad de
que los animales con órganos similares a los nuestros pudieran
tener pensamientos similares a los nuestros "aunque de una
especie menos perfecta". En lugar de enfocar la cuestión
sobre una base de evidencia, Descartes simplemente encontró
una manera de repetir su conclusión básica. En una
carta dirigida a la marquesa el 23 de noviembre de 1646, le dice:
"No tengo nada que responder, excepto decirle que si los
animales pensaran como nosotros, tendrían un alma inmortal
como nosotros. Esto es improbable porque no hay razón para
creerlo posible en algunos y no en todos, y muchos de ellos, como
las ostras y las esponjas, son demasiado imperfectos para creerlo
posible". ¿Por qué el francés se refirió
a ostras y esponjas cuando la marquesa le había preguntado
sobre animales con órganos parecidos a los nuestros?
Pero pese a todo hay algo que escribió que puede ayudarnos
a reconciliarnos con este genio de helado corazón. En su
"Discurso del Método" reconoció con humildad:
"Quiero que se sepa que lo poco que aprendí hasta
ahora no es casi nada en comparación con lo que ignoro
y que no desespero de poder aprender".
MARTHA MEIER M.Q.
"No matarás. La influencia que tuvo en mí
este mandamiento de no matar ni torturar a otras criaturas fue
la gran experiencia de mi infancia y juventud. A su lado todas
las demás resultan insignificantes". ALBERT SCHWEITZER
(1875-1965) Médico francés, Nobel de la Paz en 1935.
"El mundo animal, como toda la creación, es una manifestación
del poder de Dios y como tal merece el respeto del hombre".
S.S. PIO XII (1876-1958) "El grado de civilización
de un pueblo se conoce por su manera de tratar a los animales".
ALEXANDER VON HUMBOLDT (1769-1859) Sabio alemán.