"A medida que la civilización
y la técnica progresan y el crecimiento urbano absorbe
el campo, el hombre se aleja más y más de la Naturaleza
sustrayéndose al impacto confortante de sus manifestaciones."
- SALOMON VILCHEZ MURGA, en: "Parques Nacionales del Perú".
"Cuando a las personas altamente "estresadas"
se les pide visualizar una escena tranquilizadora, nadie jamás
imagina una autopista ni un centro comercial".
- THEODORE ROSZAK, Instituto de Eco-psicología de la Universidad
de California.
"La naturaleza es de por sí, y siempre, un sanatorio.
Aunque no pueda curar otra cosa puede sanar al hombre enfermo
de megalomanía".
- LIN YUTANG, en: "La Importancia de Vivir"
Tensión. Nervios. El trabajo, la familia, el caos urbano...
Tratemos de relajarnos y cerrando los ojos imaginemos un lugar
agradable. ¡Intentémoslo! ¿Qué imágenes,
qué sonidos, nos vienen a la mente?
Una playa de aguas mansas y brisa fresca; un bosquecillo poblado
de árboles, helechos y riachuelos; una planicie andina
por donde cruzan raudas las vicuñas; un jardín escondido
arrullado por el canto de las aves; una laguna tranquila donde
los juncos se mecen suavemente; un ancho río de la Amazonía
reflejando una bandada de guacamayos... Raro sería que
para relajarse alguien trajera a su mente una congestionada y
contaminada calle; una tienda o un restaurante atiborrado de ruidosos
comensales. Los seres humanos tenemos una necesidad innegable
de contacto y armonía con el mundo natural. La "eco-psicología"
empieza a revelarnos los problemas del "alma" y su "sanación"
desde una perspectiva verde...
"El hombre, perdido en medio de las masas estupendas de los
cerros innumerables, se siente anonadado y comprende la pequeñez
y la miseria de su cuerpo mortal. Como un grano de arena en las
playas, como una gota de agua en los mares; así se siente
el hombre, absorbido, aniquilado en la inmensidad de la cordillera
de los Andes...".
Estas hermosas frases pertenecen a Racso y aparecieron publicadas
en nuestro diario allá por el año de 1919. Inmortal
pensador y pionero del periodismo científico, Oscar Miró
Quesada de la Guerra transmitió así a los lectores
de aquella época, el poder curativo de la naturaleza para
el espíritu humano.
Las más diversas culturas, en todos los tiempos, han reconocido
con variados enfoques el potencial terapéutico del verdor.
Pocas décadas atrás el célebre filósofo
y médico chino Lin Yutang nos recordaba, en "La importancia
de vivir": "Toda buena montaña es un sanatorio.
Uno se siente acurrucado como un niño en su pecho".
Hoy la "eco-psicología" empieza a tomar todo
esto en cuenta...
LOCA DESTRUCCION
Theodore Roszak director del Instituto de Eco-psicología
de la Universidad de California, en Hayward, es autor de numerosas
publicaciones sobre el tema. En un reciente número de la
revista "Psychology Today" el estudioso difunde el artículo:
"La Naturaleza de la Cordura". De "locura"
califica Roszak la actual situación de degradación
ambiental que sufre el planeta.
"Infligir daños irreversibles a la biosfera -escribe-
podría parecer la forma más obvia de esta locura.
Pero cuando revisamos la literatura psiquiátrica del mundo
occidental moderno, no encontramos ninguna categoría semejante
a locura ecológica".
Cuestiona a los psicoterapeutas por sus análisis de todo
tipo de "relación disfuncional" (social y familiar)
recordándoles que, sin embargo, la "disfunción
de las relaciones con el ambiente" no existe siquiera como
concepto.
"Desde sus inicios -indica- la corriente principal de la
psicología occidental, limita su definición de la
salud mental a la interpretación del contexto interpersonal
de la sociedad urbana industrial: matrimonio, familia, trabajo,
escuela, comunidad".
MARAVILLA CURATIVA
La conservación de prístinos paisajes y de los
más variados ecosistemas es, amén de asunto ético,
vital para la supervivencia de las variadísimas especies
de flora y fauna que comparten con nosotros el planeta. Es pues
una cuestión fundamental para la propia humanidad que depende
de esa biodiversidad para su progreso y permanencia en el tiempo.
La conservación es también un tema relacionado
a la calidad de vida, tanto física como mental, pues la
una depende y es inseparable de la otra. Recordemos aquello de
"mente sana en cuerpo sano".
Pues bien la eco-psicología no analiza exclusivamente
nuestras relaciones con el ambiente sino que va más allá
y ve en la naturaleza una suerte de "sanatorio al aire libre".
Lin Yutang reveló a occidente hace varias décadas
los poderes psicoterapéuticos del verdor. "...creo
en las propiedades espirituales curativas de los árboles
antiguos y los lugares de montaña, no para sanar una clavícula
fracturada o una piel infectada, sino para curar las ambiciones
de la carne y las enfermedades del alma: cleptomanía, megalomanía,
egocentrismo, halitosis espiritual, titulitis, prestamitis, dirigentitis
(el deseo de dirigir a los demás), neurosis de guerra,
verso fobia, maldad, odio, exhibicionismo social, terquedad en
general y todas las formas de enfermedades morales".
Hoy los eco-psicólogos andan buscando nuevas maneras de
aplicar este tipo de terapias. Es más en la conferencia
"Psicología como si toda la Tierra importara",
realizada en el Centro para Psicología y Cambio Social
de Harvard, los participantes concluyeron: "Si el yo se expande
para incluir el mundo natural, la conducta que lleva a la destrucción
de este mundo sería experimentada como auto-destrucción".
Así pues se empieza a perfilar un nuevo tipo de "desadaptado":
el "eco-suicida".
AMOR A LA VIDA...
"Ecocidio" es el término utilizado por el psicoanalista
mexicano Fernando Cesarman para calificar lo que perpetramos contra
éste nuestro único hogar en el universo. Al otro
lado de la oscuridad como siempre está la luz y para el
caso se llama "Biofilia".
Edward O. Wilson, destacado científico vinculado a Harvard
y experto en biodiversidad que ha estudiado a fondo nuestra selva,
especialmente lugares como Tambopata y Manu, ha acuñado
el término "biofilia". Con él sugiere
la existencia de una afinidad emocional innata con todos los organismos
vivientes, que sería la que lleva a la humanidad a cuidar
y preocuparse por el resto de especies. He allí una posibilidad
de cambio y dejar de lado la "locura".
Pues como bien advierte Theodore Roszak "Al devastar el
ambiente natural podemos estar socavando un requerimiento básico
de la cordura: nuestro sentido de reciprocidad moral con el ambiente
no humano"...
El renombrado conservacionista venezolano Arturo Eichler recordaba
alguna vez la frase de uno de los más grandes escritores
y pensadores alemanes Federico Schiller (1759-1805). _"El
hombre enfermo enferma a la naturaleza", y decía Eichler,
"podríamos añadir y la naturaleza enferma,
enferma al hombre". Una extensión de estas frases
bien podría ser hoy: Si la naturaleza enferma, enferma
al hombre; la naturaleza sana, bien lo puede... ¡curar!