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Un punto perdido en
la azul vastedad del Océano Pacífico ha cobrado repentina
notoriedad internacional y podría convertirse en tema de
principal interés para nuestro país. Nos estamos refiriendo
a la esplendorosa pIsla de Cocosn. Este paraje, que fuera refugio
de corsarios y piratas, está situado frente a las costas
occidentales de la ejemplar Costa Rica, la más antigua Democracia
de nuestra América.
Ahora bien, nuestros lectores se estarán preguntando,
¿qué tiene de importante para el Perú una pequeña
y tropical isla centroamericana?. Pues mucho. A decir de quienes
investigan nuestro pasado, un inmenso tesoro, robado de las iglesias
limeñas, está oculto bajo la frondosa vegetación
de la tal Isla de Cocos; paisaje alucinante cuya exuberante flora
y fauna constituyen un verde tesoro mucho más grande y hermoso
que cualquiera otro.
El lunes, en primera plana, nuestro diario publicó
un cable internacional informando sobre una expedición norteamericana
que pretende ubicar el inmenso "Tesoro de Lima", oculto
en la "Isla de Cocos". No han sido pocas las personas
que, en estos últimos días, nos han llamado tratando
de averiguar algo más sobre este asunto del que poco, o nada,
se habla en nuestro país.
Bajo la vegetación siempre verde (o perennifolia,
tal cual los bosques de nuestra selva) de la isla se esconden, en
total, tres inmensos tesoros que fueron enterrados, entre 1684 y
1821 por William Davies, Benito Bonito y el inefable Thompson. Sumándolos
no alcanzarían, sin embargo, a igualar a las inmensas riquezas
ecológicas del lugar.
La Isla de Cocos, o Isla del Coco, está situada
frente a la costa pacífica de Costa Rica y forma parte, en
la actualidad, del sistema de Parques Nacionales de dicho país.
Así pues, hoy en día, se protegen 2,400 hectáreas
de tierras y más de dieciocho mil de mar circundante.
Debido a su aislamiento del continente, la Isla es
territorio prácticamente vírgen donde la mano del
hombre no ha dejado heridas abiertas. Sólo se ve, una que
otra huella de los piratas y corsarios que lo usaron como refugio
(entre los XVII y XIX) y pequeños descalabros causados por
algunos irresponsables "eco-turistas" que, de cuando en
cuando, llegan al apartado lugar.
Los intocables paisajes son un deleite para especialistas
y exploradores y, según indican los entendidos, permiten
realizar importantes estudios y observar cómo las especies
(en procesos de millones de años) han desarrollado mecanismos
de adaptación a las peculiaridades de su hábitat.
Un pequeño paraíso, de hermosos paisajes y gran importancia
científica...
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