Diario El Comercio Lima -Perú
13-07-1991

 
Lago Titicaca: Responsabilidad compartida
 

Arriba, casi tocando el doloroso azul del cielo andino, una profunda lágrima une a dos entrañables hermanas llamadas Perú y Bolivia. Nos referimos al lago Titicaca, líquida inmensidad de la que, según cuenta la leyenda, emergieron Manco Cápac y Mama Ocllo con la alta misión de fundar la sagrada ciudad del Cuzco, cuna de la civilización Inca y capital del Imperio del Tawantinsuyo. Si no fuera por que sus aguas son dulces, cualquiera podría creer que el Titicaca es un pedacito desorientado de mar, atrapado por las altas cumbres y rodeado de penínsulas, puertos, bahías, ensenadas y pequeñas islas. Los restos de ciudades, templos y palacios, que pueden aún admirarse en la zona, nos hablan de importantes civilizaciones prehispánicas que supieron aprovechar los múltiples y variados recursos que ofrece el lago. Aguas frías y transparentes pobladas de peces. Totorales que son refugio de aves variadas, el efecto beneficioso para el clima de los alrededores (y por tanto para la agricultura) son razones más que suficientes para preocuparse por el destino de estas buenas aguas...

Ante el majestuoso Titicaca es imposible no que darse sin aliento. Y no estamos hablando del tristemente célebre soroche. Si bien es cierto que a tales alturas (3,810 metros sobre el nivel del mar) hay que forzar los pulmones, lo que verdaderamente deja sin aire es esa sensación de estar frente a un mar que se confunde con el cielo, un paraje de ensueño, irreal. Pero, nada puede ocultar una verdad. Aquí, ni la belleza, ni el recuerdo de los mitos logran disimular una triste realidad: el terrible deterioro ambiental de tan importante ecosistema. Así, el lago se transforma repentinamente en lágrima y las heridas de los islotes deforestados duelen sobre la propia piel. La soledad de los poblados, el silencio de olvidados campesinos y pastores, la voracidad con que vacas, ovejas y cerdos (animales que no pertenecerán jamás a estas tierras) arrancan los brotes tiernos de la totora, la ausencia de nuestras llamas y alpacas y los ojos suplicantes de innumerables niñas y niños nos dicen que nuestra tierra y Bolivia están, hoy, más unidas que nunca.

Para analizar la situación ecológica en la región toda donde el inmenso Titicaca (de 8,100 kilómetros de extensión) deja sentir la beneficiosa influencia de sus aguas, fue que se realizó el encuentro binacional PerúBolivia: Ambiente y Desarrollo Social en el área del lago Titicaca. Del 30 de junio al cinco de julio, se reunieron en La Paz (Bolivia) expertos de organismos gubernamentales de ambos países y representantes de organizaciones ambientalistas (como Pirámide y NTCL por el Perú).

El evento fue organizado por el Proyecto Medio Ambiente y Desarrollo Social (MADS) de la Secretaría Ejecutiva del Convenio Andrés Bello, a cargo de la Dra. Eloísa Tréllez, muy recordada en nuestro por sus logros en Educación Ambiental. La Fundación Konrad Adenauer, de Alemania, financió la reunión que permitió a los especialistas constatar los múltiples problemas compartidos y proponer alternativas que permitan elevar la calidad de vida de los lugareños, aprovechando racionalmente las inmensas riquezas del Titicaca.

Un importantísimo paso en ese largo caminar para recuperar nuestro lago, desarrollando programas productivos en bien de miles de familias campesinas. Después de esta primera etapa, habrá que convocar e incorporar a la población para el diseño de los planes y proyectos. Una cosa es cierta: sólo si los hombres, mujeres y niños del Titicaca expresan sus principales y verdaderas necesidades, sólo si el sector oficial y los ambientalistas toman en cuenta sus opiniones y logran comprender la particular visión andina de la vida, del tiempo y del universo se podrá salvar el maravilloso, y hoy maltratado, Titicaca...