Diario El Comercio Lima -Perú
14 -07-1990

 
Población: El peligro de los excesos
 

El pasado miércoles se celebró el "Día Mundial de la Población" y ha quedado claro que el reto inmediato que plantea la próxima década es lograr un crecimiento ordenado y equilibrado de la población. Con las proyecciones actuales es fácil darse cuenta que la explosión demográfica es un estallido del que sólo nuestro sentido común podrá protegernos. Hoy, somos algo más de cinco mil millones de personas las que habitamos sobre este planeta llamado Tierra, pero la cifra crece rápido y es que la población crece con pasos de gigante al ritmo de dos por ciento cada año.

Mientras nada parece dar resultado para controlar esta tendencia, los recursos disminuyen, y cada vez son más los condenados a una existencia dura y desde todo punto de vista inhumana.

Tres niños nacen cada segundo, así es que cuando usted termine de leer esta frase -si lo hace pausadamente- podrían haber llegado a nuestro planeta cerca de treinta nuevos pasajeros. Solamente en un día arribarán un cuarto de millón de seres humanos más. Todos requerirán de alimentos y tierras donde cultivarlos; de recursos esenciales y cada vez más escasos, como el agua; de un lugar en las ya conglomeradas y polucionadas ciudades; no es difícil darse cuenta, pues, de que la vertiginosa velocidad a la que se reproduce la raza humana no es de manera alguna un asunto saludable.

Y en nuestro país las cosas no son diferentes. Aquí nacen más de quinientos mil nuevos habitantes cada año: ¡casi dos mil peruanos por día! Sólo durante el mes pasado, por ejemplo, nacieron más de sesenta mil niños y niñas y, aunque según los expertos no contamos con recursos que nos permitan satisfacer las necesidades básicas que cifras así nos exigen, tenemos el record latinoamericano en lo que se refiere a índice de natalidad: dos y medio por ciento, frente al promedio regional de 1.2 por ciento.

El desmedido y caótico crecimiento poblacional se ha convertido en una amenaza que lejos de asegurar la supervivencia de la especie, con su altísima tasa de nacimientos, nos está conduciendo a un futuro bastante oscuro. Hablar de explosión demográfica es hablar de un estallido cuyas consecuencias podrían ser tan terribles como las de cualquier poderosa bomba.

En un informe reciente del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP) se manejan cifras que pueden quebrar el ánimo del más positivo y es que en cuestiones demográficas, como las actuales, se hace difícil mantener el optimismo. El documento en cuestión dice, por ejemplo, que durante la presente década el número de seres humanos crecerá más que en cualquier otro período similar de la historia, que cada año de los noventa cien millones de personas (una cantidad igual a la actual población europea) se sumarán a la terrible lucha de la supervivencia, y que para el año dos mil la población del mundo habrá saltado de los 5,300 millones actuales a más de seis mil millones, y que el noventa por ciento de todos los nacimientos ocurrirán en las naciones mas pobres del globo.

Es decir que el siglo veintiuno nos llegará con ¡Mil millones de niños y niñas menores de once años! ¿Qué futuro les espera? Basándonos en las cifras actuales de los países menos desarrollados del Asia, Africa y América Latina no podemos sino concluir que la historia que les estamos escribiendo no será de final feliz.

Pequeños en problemas

Hoy, en 1990, con mil millones de niños menos que lo que se espera para comienzos del nuevo siglo, los pequeños del Tercer Mundo (donde como hemos visto ocurrirán el noventa por ciento de los nacimientos) tienen ya suficientes problemas.

Es triste saber, pero cierto, que veinte por ciento de los niños de nuestros países no alcanzan a cumplir su primer año de vida y que solamente un setenta por ciento llega a los cinco años, que trescientos millones de niños menores de cinco años, alrededor del globo, sufren de desnutrición profunda hasta el punto de contraer dolencias cerebrales que los imposibilitan de por vida.

Es desgarradoramente cierto averiguar que, la mitad de las muertes que ocurren en las naciones más pobres corresponden a niños menores de cinco años y que cada año quince millones de pequeños seres humanos mueren en esos mismos países: cuarenta mil muertes diarias a causa del hambre, la diarrea, la falta de atención médica y en definitiva la pobreza... Y no hay que irnos muy lejos aquí no más, en nuestro Perú, quince mil trescientos niños y niñas murieron el año pasado por causas que parecen imposible a finales del siglo veinte.

Dolorosas cifras que nos permiten vislumbrar el sombrío panorama al que estarían condenados los novecientos millones de seres humanos que, en los próximos diez años, verán por primera vez la luz en el mundo menos desarrollado. Es evidente, pues, que uno de los principales problemas que tendremos que enfrentar en los próximos diez años es el de la planificación.

Son necesarias campañas intensivas de educación en lo que se refiere a métodos de control y comprender de una vez que es imprescindible elevar el nivel de vida de los actuales habitantes del planeta antes de seguir incrementándonos. Construir un mundo seguro donde los derechos y los recursos sean para la humanidad es el gran reto de la década.

Para lograrlo habrá que utilizar aquellos métodos que no planteen dilemas morales, pero ¿habrá algo peor que condenar a millones de personas a una existencia breve, dura y desde todo punto de vista inhumana?...