Cae
la tarde sobre la cabeza gacha de una mujer sentada sobre los viejos
escalones de piedra que llevan al portón de la iglesia. Junto
a ella hay una caja abierta. Velas, estampas de diversos santos,
crucifijos, escapularios, rosarios y, como si fuera niebla, fluye
el sahumerio. Su profundo perfume lo envuelve todo, se pasea por
las veredas, cruza las calles, se cuela por las ventanas. Es un
aroma conocido, de templo, de fe, de procesión. Inconfundible
fragancia de un pequeñito trozo de la madera clara del palo
santo, un árbol que tanto acompaña nuestra religiosidad
y del que poco, o casi nada, sabemos. Su místico olor estará
junto a nuestras reflexiones de Semana Santa. Madera costera que
a lo largo y ancho de nuestro país será encendida
para estos sagrados días...
Semana Santa es sinónimo de procesiones, de reflexiones y
sahumerios. El aroma profundo del palo santo está impregnado
ya en la memoria, sus humos son parte de las celebraciones de éstas
y otras fechas sagradas que, año tras año, se recuerdan
en nuestro país. Pero... ¿qué es el palo santo?
La primera imagen que viene a la mente es la de una bolsita de plástico
transparente, vendida por unos poquitos soles, que contiene algunos
fragmentos de una madera clara. De primera impresión parecieran
los pedacitos de un árbol cualquiera. Basta, sin embargo,
que el fuego los posea y entonces como magia, como hechizo, se libera
el humo de mística fragancia...
EL GRAN OLVIDADO
El destacado botánico, doctor Ramón Ferreyra Huerta,
del Museo de Historia Natural, considera un gran olvidado al palo
santo, representativo árbol de la flora nativa costera.
"Casi no se conocen estudios sobre esta especie, típica
de la costa norte, del llamado Bosque Seco".
La costa de Tumbes, Piura y La Libertad es ámbito de esta
especie de la familia de las Burseráceas.
"Un árbol de zona seca -indica Ferreyra Huerta-,
allí es alimentado por las lluvias que usualmente caen
durante los veranos, es decir entre diciembre y marzo".
No se tiene referencias sobre escritos de los cronistas españoles
sobre tan utilísima especie. Olvidada, pues, desde el propio
inicio de la historia hispana de nuestro país.
Narran por allí, que el cronista español Bernabé
Cobo describe a una planta de nombre similar como un árbol
hediondo, es decir apestoso, de la selva amazónica que
crece desde los 200 hasta los 1 200 metros sobre el nivel del
mar, y que alcanza una altura de tres metros. Cobo indicaba también
que era hueco, desde el tronco hasta sus ramas y lleno de hormigas,
y que debajo de él no crecía hierba alguna, que
todos huían al acercársele, que su madera amarilla
olía tan mal que al quemarse como incienso causaba dolor
de cabeza".
A menos que los conquistadores tuvieran gustos tan distintos
a los nuestros en cuanto a aromas, no cabe duda de que Cobo se
habría estado refiriendo a otra especie de la flora ¿no?.
Vida entre las arenas
El Palo Santo, conocido científicamente con el nombre
latino de Bursera graveolens, crece robusto hasta alturas que
sobrepasan los ocho metros de altura y que pueden alcanzar los
quince. Se desarrolla cercano a los algarrobos, especie que ha
visto ampliada su extensión alimentada por las lluvias
resultantes del fenómeno de El Niño. Después
del norteño algarrobo y el sureño huarango, se podría
decir que el aromático palo santo es quizá uno de
los más importantes árboles que se dan en los bosques
secos del desierto peruano.
FRAGANTE ALBERGUE Y ALIMENTO
Robusto y frondoso es el palo santo. La gran cantidad de follaje
que produce sirve como alimento para el ganado. Comenta el especialista
Ramón Ferreyra "alguna vez, viajando por el alto Piura,
me topé con una señora que andaba junto a su jumento.
El animal iba cargado de palo santo. Le pregunté por qué
llevaba tal cantidad de ramas y simplemente me respondió
que era para dar de comer a sus animalitos. Esto corrobora que
en la zona algunas personas utilizan esta especie de flora inclusive
para alimentar a sus animales".
Utilísima y fragante especie que, lamentablemente, viene
retrocediendo. No faltan quienes, en afán de hacer negocios
a corto plazo, cortan del todo el árbol impidiendo que
éste vuelva a regenerarse. Aromas de religiosidad que en
humo se van...