El sabio italiano Antonio Raimondi
comparaba nuestro accidentado territorio con un papel arrugado.
Trataba con esta imagen, sin duda, de resaltar la Cordillera de
los Andes, suerte de imponente columna vertebral que cruza nuestra
tierra, sitio de nacimiento de ríos que por el flanco occidental
discurren formando a su paso fértiles valles hasta desembocar
en el Océano Pacífico; y que por la vertiente oriental
descienden hacia la vasta planicie amazónica en una intrincada
y extensa red de agua, con dirección al Atlántico.
En nuestro territorio se encuentran los más variados climas
y paisajes. La tórrida y húmeda Amazonía,
bosques de neblina, la gélida puna, la árida costa.
Apenas un peque o ejemplo de esta diversidad que se refleja en
la asombrosa variedad de especies de flora y fauna que la pueblan.
Por milenios, los pobladores del Antiguo Perú supieron
reconocer los ciclos de la naturaleza, la vulnerabilidad de ciertos
suelos, la recurrencia de sequías, de lluvias descomunales,
de sismos. Así, desarrollaron una serie de estrategias
para proteger a la población y su subsistencia de los embates
naturales de la Madre Tierra. La prevención, a partir del
conocimiento profundo de los fenómenos climatológicos
fue piedra angular, en este sentido. A continuación resumimos
una nota del destacado investigador doctor Santiago Antúnez
de Mayolo Rynning, que nos ilustra sobre este y otros temas vinculados
a los fenómenos naturales que hoy se viven a lo largo y
ancho del país...
La vulnerabilidad de nuestro territorio por la recurrencia de
sismos, prolongadas sequías, de lluvias escasas o torrenciales,
con su secuela de hambruna y desastres, llevó a las culturas
precolombinas a adoptar una serie de medidas de prevención
para impedir la descapitalización colectiva en personas
y bienes.
LO QUE SABEMOS HOY...
A principios de siglo se inició el análisis de
las descargas de los ríos costeros, en las principales
zonas agrícolas. Tras los desastres ocurridos en 1925,
estos estudios se extendieron a todos los valles. Gracias a estas
investigaciones sabemos hoy que existe una cierta periodicidad
en las grandes descargas: éstas varían entre cuatro
a siete, o más años. Se ha podido observar, también,
que dos años antes o dos después de la aparición
de "El Niño", se presentarán en la costa
norte (especialmente en el río Zarumilla, en Tumbes) reducciones
en su descarga, que desciende a una tercera parte de lo normal.
En tales años, mientras tanto, los ríos sureños
aumentan sus descargas en un treinta por ciento.
DE SATELITES Y OTRAS MIRADAS
La observación del comportamiento de las descargas, unido
a la información que diariamente se recibe por satélite
y la temperatura del mar frente a nuestras costas, permitiría
prever las sequías o las inundaciones. Si a tales observaciones
agregaremos información fenológica, que se manifiesta
en el comportamiento de la fauna y en el florecimiento, brote
y fructificación de la flora, con relación al clima,
podríamos tener elementos que nos permitan establecer las
medidas cautelares y no estar exclusivamente subordinados a la
excelente información que nos pueda proporcionar estaciones
extranjeras como la NOAA o las del Bureau of Meteorology de Australia
y a los efectos en el deshielo del Antártico.
MILENARIA SABIDURIA
En veinte mil años de observación a la naturaleza,
nuestros antepasados llegaron a establecer un sistema de pronóstico
bastante preciso. Sistema que, lamentablemente, se ha ido perdiendo
en el proceso de occidentalización de nuestra población
y debido al menosprecio de lo tradicional. Debido a la inexorable
desaparición de los más ancianos es hoy raro encontrar
quien sepa efectuar el diagnóstico con alta probabilidad
de éxito, empero podríamos recuperar tal saber si
estableciéramos estaciones meteorológicas fenológicas.
La Fenología, como se sabe, es una rama de la meteorología
que estudia las repercusiones del clima sobre los fenómenos
biológicos del ritmo periódico, como el florecimiento
y el brote.
Mientras los humanos cada día nos sentimos superiores
a la naturaleza, el resto de la fauna montaraz y la flora silvestre
dependen de sus percepciones del tiempo para supervivir y con
ello regulan sus ciclos de vida, a lo que ha de suceder.
CASAS CONTRA EL TEMBLOR
Los pobladores del Antiguo Perú ante la vulnerabilidad
de nuestro territorio, adoptaron medidas precautorias. Una de
ellas fue, por ejemplo, evitar el colapso de las viviendas debido
a sismos. Para ello nivelaron los suelos e incluso prepararon
morteros con sangre, sobre la que aplicaron arena gruesa, pusieron
la cara plana de la piedra en contacto con la arena, para luego
emparejar con pedregullo y arcilla, y sobre todo esto iniciaban
la construcción con adobe, adobón o piedra. Lograron
así disipar la energía cortante que se produce en
los movimientos telúricos.
Este sistema precolombino de construcción, que hace más
de una década explicáramos en la Universidad Nacional
de Ingeniería, está ya siendo promovida en el Japón.
¿La única diferencia? En vez de arena y piedras
emplean billas de acero inoxidable.
EL MAL DEL RIO
Salvo las inusuales lluvias sobre las cabeceras de nuestros ríos
norteños, que han excedido las máximas descargas
de antaño, en los restantes valles las pérdidas
humanas y daños económicos se han debido principalmente
a la negligencia de los funcionarios ediles, porque consintieron
en que paulatinamente los cauces de los ríos empezaran
a ser cegados con desmontes y basura, y que luego sobre estos
espacios se edificaran viviendas.
Según refiere el ingeniero Regal, a fines del siglo pasado
atravesaban el área de Lima cinco ríos, lo cual
llevaba a que durante las crecidas hubieran menos daños
en los alrededores del cauce. Un ejemplo de ello es el río
Surco hoy convertido en pequeña acequia que regularmente
causa "inundaciones" y daños al vecindario al
"atorarse" con basuras.
ARRIBA LA CIUDAD
Los pobladores precolombinos construyeron sus ciudades en las
partes altas, alejadas del cauce del río, como lo era el
montículo que viera Pizarro en Tumbes. En 1940 la lloclla
(riada o crecida del caudal) que discurrió por el Huayco
(o quebrada) del río Quilcay destruyó parte de Huaraz
hispano, pero no afectó a Pucamayón que fue el Huaraz
precolombino a la vera del Quilcay. Hace pocos días el
Gobierno dictó un Decreto Supremo castigando con penas
pecuniarias e incluso con riesgo de cárcel a quienes arrojen
basura o desmontes sobre el lecho del Rímac. Por la edición
de "El Comercio", del 27/02/98, nos percatamos que se
hace caso omiso a tal disposición legal. Así se
siguen aumentando los riesgos para la población.
-DR. SANTIAGO ANTUNEZ DE MAYOLO R.