Diario El Comercio Lima -Perú 04 - 03 -1998

Martha Meier MQ.

 
Desastres que se repiten
Descifrando los mensajes de la Madre Tierra...
 

El sabio italiano Antonio Raimondi comparaba nuestro accidentado territorio con un papel arrugado. Trataba con esta imagen, sin duda, de resaltar la Cordillera de los Andes, suerte de imponente columna vertebral que cruza nuestra tierra, sitio de nacimiento de ríos que por el flanco occidental discurren formando a su paso fértiles valles hasta desembocar en el Océano Pacífico; y que por la vertiente oriental descienden hacia la vasta planicie amazónica en una intrincada y extensa red de agua, con dirección al Atlántico.

En nuestro territorio se encuentran los más variados climas y paisajes. La tórrida y húmeda Amazonía, bosques de neblina, la gélida puna, la árida costa. Apenas un peque o ejemplo de esta diversidad que se refleja en la asombrosa variedad de especies de flora y fauna que la pueblan. Por milenios, los pobladores del Antiguo Perú supieron reconocer los ciclos de la naturaleza, la vulnerabilidad de ciertos suelos, la recurrencia de sequías, de lluvias descomunales, de sismos. Así, desarrollaron una serie de estrategias para proteger a la población y su subsistencia de los embates naturales de la Madre Tierra. La prevención, a partir del conocimiento profundo de los fenómenos climatológicos fue piedra angular, en este sentido. A continuación resumimos una nota del destacado investigador doctor Santiago Antúnez de Mayolo Rynning, que nos ilustra sobre este y otros temas vinculados a los fenómenos naturales que hoy se viven a lo largo y ancho del país...

La vulnerabilidad de nuestro territorio por la recurrencia de sismos, prolongadas sequías, de lluvias escasas o torrenciales, con su secuela de hambruna y desastres, llevó a las culturas precolombinas a adoptar una serie de medidas de prevención para impedir la descapitalización colectiva en personas y bienes.

LO QUE SABEMOS HOY...

A principios de siglo se inició el análisis de las descargas de los ríos costeros, en las principales zonas agrícolas. Tras los desastres ocurridos en 1925, estos estudios se extendieron a todos los valles. Gracias a estas investigaciones sabemos hoy que existe una cierta periodicidad en las grandes descargas: éstas varían entre cuatro a siete, o más años. Se ha podido observar, también, que dos años antes o dos después de la aparición de "El Niño", se presentarán en la costa norte (especialmente en el río Zarumilla, en Tumbes) reducciones en su descarga, que desciende a una tercera parte de lo normal. En tales años, mientras tanto, los ríos sureños aumentan sus descargas en un treinta por ciento.

DE SATELITES Y OTRAS MIRADAS

La observación del comportamiento de las descargas, unido a la información que diariamente se recibe por satélite y la temperatura del mar frente a nuestras costas, permitiría prever las sequías o las inundaciones. Si a tales observaciones agregaremos información fenológica, que se manifiesta en el comportamiento de la fauna y en el florecimiento, brote y fructificación de la flora, con relación al clima, podríamos tener elementos que nos permitan establecer las medidas cautelares y no estar exclusivamente subordinados a la excelente información que nos pueda proporcionar estaciones extranjeras como la NOAA o las del Bureau of Meteorology de Australia y a los efectos en el deshielo del Antártico.

MILENARIA SABIDURIA

En veinte mil años de observación a la naturaleza, nuestros antepasados llegaron a establecer un sistema de pronóstico bastante preciso. Sistema que, lamentablemente, se ha ido perdiendo en el proceso de occidentalización de nuestra población y debido al menosprecio de lo tradicional. Debido a la inexorable desaparición de los más ancianos es hoy raro encontrar quien sepa efectuar el diagnóstico con alta probabilidad de éxito, empero podríamos recuperar tal saber si estableciéramos estaciones meteorológicas fenológicas. La Fenología, como se sabe, es una rama de la meteorología que estudia las repercusiones del clima sobre los fenómenos biológicos del ritmo periódico, como el florecimiento y el brote.

Mientras los humanos cada día nos sentimos superiores a la naturaleza, el resto de la fauna montaraz y la flora silvestre dependen de sus percepciones del tiempo para supervivir y con ello regulan sus ciclos de vida, a lo que ha de suceder.

CASAS CONTRA EL TEMBLOR

Los pobladores del Antiguo Perú ante la vulnerabilidad de nuestro territorio, adoptaron medidas precautorias. Una de ellas fue, por ejemplo, evitar el colapso de las viviendas debido a sismos. Para ello nivelaron los suelos e incluso prepararon morteros con sangre, sobre la que aplicaron arena gruesa, pusieron la cara plana de la piedra en contacto con la arena, para luego emparejar con pedregullo y arcilla, y sobre todo esto iniciaban la construcción con adobe, adobón o piedra. Lograron así disipar la energía cortante que se produce en los movimientos telúricos.

Este sistema precolombino de construcción, que hace más de una década explicáramos en la Universidad Nacional de Ingeniería, está ya siendo promovida en el Japón. ¿La única diferencia? En vez de arena y piedras emplean billas de acero inoxidable.

EL MAL DEL RIO

Salvo las inusuales lluvias sobre las cabeceras de nuestros ríos norteños, que han excedido las máximas descargas de antaño, en los restantes valles las pérdidas humanas y daños económicos se han debido principalmente a la negligencia de los funcionarios ediles, porque consintieron en que paulatinamente los cauces de los ríos empezaran a ser cegados con desmontes y basura, y que luego sobre estos espacios se edificaran viviendas.

Según refiere el ingeniero Regal, a fines del siglo pasado atravesaban el área de Lima cinco ríos, lo cual llevaba a que durante las crecidas hubieran menos daños en los alrededores del cauce. Un ejemplo de ello es el río Surco hoy convertido en pequeña acequia que regularmente causa "inundaciones" y daños al vecindario al "atorarse" con basuras.

ARRIBA LA CIUDAD

Los pobladores precolombinos construyeron sus ciudades en las partes altas, alejadas del cauce del río, como lo era el montículo que viera Pizarro en Tumbes. En 1940 la lloclla (riada o crecida del caudal) que discurrió por el Huayco (o quebrada) del río Quilcay destruyó parte de Huaraz hispano, pero no afectó a Pucamayón que fue el Huaraz precolombino a la vera del Quilcay. Hace pocos días el Gobierno dictó un Decreto Supremo castigando con penas pecuniarias e incluso con riesgo de cárcel a quienes arrojen basura o desmontes sobre el lecho del Rímac. Por la edición de "El Comercio", del 27/02/98, nos percatamos que se hace caso omiso a tal disposición legal. Así se siguen aumentando los riesgos para la población.

-DR. SANTIAGO ANTUNEZ DE MAYOLO R.