Su
caprichosa silueta domina el paisaje. Un macizo aislado de la cordillera,
una suerte de isla rodeada por el desierto se yergue sobre las arenas.
Por esta época la niebla lo envuelve como un pañuelo.
La vida dormida renace aún en sus partes más escarpadas
y abruptas. Estamos a unos quince kilómetros al noroeste
de la ciudad de Trujillo, cerca muy cerca de Cerro Campana. Basta
trepar por un par de horas para constatar cómo el invierno
pinta de verde la altura de este sitio que bien puede considerarse
principal lugar de nacimiento de ese fenómeno llamado "lomas".
Formación vegetal que se extiende, de forma discontinua,
por toda la costa peruana hasta alcanzar la localidad de Copiapó,
en Chile. Campana, paraje que parece arrancado de un hermoso sueño
y cuya actual situación de abandono es verdadera pesadilla...
"...Caen solamente las garúas. A estos cerros que
con ellas se riegan llamamos en estos reinos Lomas, y al tiempo
en que cae este rocío decimos tiempo de lomas, porque en
él se visten de yerba y crían abundantes pastos..."
BERNABE COBO (1582-1657) en: Historia del Nuevo Mundo.
"En tiempo de garúa o de aguas se visten los cerros
o lomas de esta costa de muchas y diversas plantas que floridas
presentan un delicioso pavimento, así para los pasajeros
como para los que acuden allí a recreaciones y días
de campo. Con estas yerbas y sus raíces se mantiene copioso
número de ganado. En tiempo que allí llaman de lomas,
que es en invierno"
HIPOLITO RUIZ LOPEZ (1754-1816)
Fármaco botánico español, estudioso de la
flora peruana. "...su peculiar medio ambiente daba cabida
a una fauna silvestre. Sus pastos se aprovecharon como terrenos
de caza y de pastoreo, no sólo por los habitantes yungas,
sino por los que bajaban de las agrestes serranías. Estos
hechos convirtieron las lomas en zonas de encuentro y, quizá,
marcaron los inicios de las relaciones entre la sierra y la costa."
MARIA ROSTWOROWSKI en: Recursos Naturales Renovables y Pesca,
siglos XVI y XVII
Kilómetro 565 de la Panamericana Norte. Una inmensa silueta
coronada de niebla, solitaria como arrancada de los Andes, parece
flotar sobre el vasto océano de arena. La bella ciudad
de Trujillo está a unos quince kilómetros de aquí.
Cerro Campana domina el paisaje, desde el aeropuerto, desde el
balneario de Huanchaco, desde el camino, desde cualquier lugar.
¿Qué nos atrae de este fragmento de cordillera
naufragando en el desierto costero? ¿Cuál es su
importancia? ¿Por qué es especial este cerro que
bordea los mil metros de altura y no cualquiera otro? Ocurre que
este punto del departamento de La Libertad es uno de los más
importantes lugares donde se inicia el fenómeno estacional
conocido como "lomas". Resulta de especial interés,
además, por ser independiente del resto de los Andes. Subir
por su cara, la que mira al mar, nos llevará hasta un indescriptible
y bello "jardín"...
DE LA NIEBLA A LA VIDA
Como se sabe las "lomas" se originan en las estribaciones
de la cordillera más cercanas al mar, hasta alturas de
800 metros o algo más. Comprenden cerros, colinas y pampas.
En estos lugares una asombrosa variedad de vegetación "despierta"
cada invierno, entre junio y setiembre, gracias a las nieblas
bajas y garúas típicas de la costa en la temporada.
Su flora efímera y periódica ha desarrollado una
asombrosa capacidad de supervivencia. Sus semillas soportan las
adversas y severas condiciones del verano sin perder poder germinativo.
Otras plantas toleran la sequía y renacen apenas rozadas
por las primeras humedades. Estas formaciones permiten la supervivencia
de variadas especies de fauna que van desde lagartijas hasta aves,
pasando por mamíferos e insectos.
Según datos de la ONERN (hoy: Instituto Nacional de Recursos
Naturales, INRENA) en el Perú existen unas 65 áreas
o unidades de "lomas". Lachay en Lima, Atiquipa en Arequipa
son algunos de sus nombres.
DESTRUCCION Y RETROCESO
Hasta donde se sabe estas formaciones discontinuas a lo largo
de nuestra árida costa representan alrededor de 800 000
hectáreas, es decir menos del 0.64% del territorio nacional.
Datos no tan optimistas, sin embargo, indican que actualmente
las lomas costeras cubrirían de manera efectiva a lo sumo.
¡250 000 hectáreas! Ocurre que desde tiempos de la
colonia estos "oasis" vienen sufriendo una depredación
sistemática.
A mediados de los años ochenta la ONERN advirtió:
"El manejo y la utilización irracionales a que han
sido -y siguen estando- sometidas estas tierras han deteriorado
severamente al recurso vegetal. La persistente extracción
de arbustos y árboles y el sobre pastoreo practicado durante
décadas han comprometido severamente a este ecosistema
tan peculiar, que ahora conforma una de las áreas críticas
del país, donde el proceso de desertización es dramático."
Poco han cambiado las cosas...
CAMPANA EN PELIGRO
Según el biólogo Víctor Vásquez Sánchez
y la arqueóloga Teresa Rosales Tham, del centro de investigaciones
Arqueobios /Universidad Nacional de Trujillo, existen "múltiples
problemas de destrucción y depredación". De
cara a la realización del "Primer Congreso Internacional
de Ecología y Turismo de Huanchaco", evento que viene
sacando adelante la Asociación Nacional de Rescate Ecológico
y Cultural, ANREC, los expertos de Arqueobios indican la necesidad
de "priorizar la protección y recuperación
de este cerro, que se halla amenazado por el avance de las actividades
económicas de empresas comercializadoras de materiales
de construcción, que están minando poco a poco la
base del cerro". Recorrer las faldas del Campana es encontrarse
con esa realidad, así como montículos de basuras
y terrenos dedicados a la crianza de pollos, entre otras actividades
que atentan contra la conservación de la zona.
LAS BUENAS LOMAS
"Los antiguos peruanos -ha escrito el ilustre botánico
Ramón Ferreyra Huerta- sabían aprovechar muy bien
la época de las lomas para cultivar la papa, maíz,
maní y otros alimentos básicos de ciclo corto, cosechándolos
al final del período de garúas.
Por otro lado, la abundancia de pastos naturales de las lomas
era motivo para que los nativos de la sierra trajeran sus productos,
papa, olluco, oca, maíz de cancha y mote, carne seca o
charqui y artesanía, a lomo de llama para cambiarlos con
el alimento de la costa como el cochayuyo, pescado seco de anchoveta,
bonito, conchas de abanico, almejas secas, camarones, etc..."
La importancia de las "lomas" para el desarrollo de
la civilización costera es también reflejada en
el siguiente párrafo del ensayo "El Perú: una
larga historia", presentado en 1992, ante el "IX Congreso
de la Cultura Andina" por el historiador sanmarquino Waldemar
Espinoza Soriano. Ha escrito Soriano: "Es en el valle de
Chilca (al sur de Lima), en el lugar de Santa María, en
el que se ha descubierto la aldea más antigua de nuestro
país (5 700 a. C.). Se trata de una zona árida próxima
a un oasis de colinas. De allí se desplazaban a cazar,
recolectar y pescar; o dicho de otro modo a captar recursos de
las lomas, del valle y las playas marinas".
Cerro Campana es hoy patético ejemplo de lo que viene
ocurriendo, a todo lo largo de nuestra costa, a estas importantes