Finalmente sucedió. No podía
ser de otra manera. Las advertencias han sido muchas mas las autoridades
no tomaron las drásticas medidas necesarias. La destrucción
volvió a hacer de las suyas en Pisco, en la hermosa Paracas.
Sigue creciendo la amenaza contra nuestra Reserva Nacional. La
agonía no cesa. El mar, envenenado, vomitó peces
sobre la playa. ¿Hasta cuándo? Es la pregunta. Por
largo tiempo las fábricas de harina de pescado han operado
con impunidad. Pisco y Paracas, son patéticos ejemplo del
desarrollo mal enfocado, de la miopía de quienes se empeñan
en disfrazar de progreso lo que es apenas crecimiento económico.
Las ganancias a corto plazo son para unos pocos. Las pérdidas
a largo plazo afectan a la mayoría. El "progreso"
que se nos quiere vender para el "sur chico", incluida
Paracas, es el que llevó al colapso ambiental a Chimbote.
Progreso que no es más que vulgar "retroceso":
retroceso de posibilidades para cualquier propuesta turística,
retroceso de la vida silvestre, y el nivel de credibilidad de
este sector del empresariado peruano; retroceso de los derechos
a un ambiente equilibrado y de las esperanzas de la niñez,
de las mujeres y hombres del Perú a un mañana mejor,
sustentable, ecológicamente viable. "Crónica
de una muerte anunciada"; "Chimbote y Paracas: Almas
Gemelas". Si la destrucción pesquera fuera novela
o largo-metraje, éstos serían los dos títulos
posibles para una historia de horror y desencanto...
Más de cincuenta gramos de aceite y cerca de doce gramos
de desechos orgánicos... ¡por cada litro de agua!
Este es el resultado preliminar de los análisis realizados
por especialistas de la Facultad de Pesquería de la Universidad
San Luis Gonzaga, de Ica. Las muestras fueron recogidas en el
litoral de Pisco, frente a las plantas de procesamiento de harina
y aceite de pescado. Los resultados fueron divulgados por el ingeniero
Talledo, jefe del laboratorio de la mencionada facultad.
JOYA AMENAZADA
La contaminación no respeta límites, ni fronteras,
menos aun las líneas imaginarias que limitan un área
natural protegida como la Reserva Nacional de Paracas. Estamos
en una importantísima zona arqueológica y silvestre,
única reserva marina del Perú. Paracas es hogar
de cientos de especies, entre las que se destacan tortugas, aves
guaneras y marinas, peces, mamíferos como los delfines,
los lobos marinos. El paraje es uno de los principales puntos,
en el planeta, de concentración de aves migratorias.
Las fábricas aledañas de harina de pescado son
una amenaza constante. Las esperanzas del "sur chico"
de alcanzar el desarrollo gracias a la "industria sin chimeneas",
el turismo, están siendo abortadas por las chimeneas y
desagües de estas plantas procesadoras.
15 DE JULIO: OJALA
El último domingo el ministro de Pesquería, Jaime
Sobero Taira, indicó que el 15 de julio próximo
vence, indefectiblemente, el plazo para que las empresas procesadoras
de pescado presenten sus Programas de Adecuación y Manejo
Ambiental (PAMA). Según el ministro se apunta a revertir
la contaminación que afecta nuestro litoral. Manifestó
que vencido el plazo se inspeccionará cada una de las empresas
y que se les cancelará las licencias a las que, en seis
meses, no cuenten con una planta de agua de cola (para el tratamiento
de sus residuos líquidos) y una rejilla de retención
de sólidos. No está demás recordar, sin embargo,
que el plazo de presentación de los PAMA ha venido sufriendo
sucesivas postergaciones por presión de las propias empresas.
ENGORDANDO POLLOS
La de la harina de pescado es una industria verdaderamente ilógica.
Los peces que debieran alimentar directamente a la población,
principalmente a la niñez, son "pulverizados".
Esta harina es luego mayoritariamente exportada pues goza de gran
demanda internacional como... ¡alimento para animales! La
contribución de la harina de pescado a la dieta nacional
es... ¡mínima! Se da indirecta y encarecidamente
a través del engorde de aves. Una industria que escupe
sus venenos y malos olores sin reparos y sin culpas.
En 1986 la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación, sacó a la luz datos
que nos ayudan a comprender que de hecho existen actividades productivas
más útiles e "inteligentes". Según
lo reveló la FAO, una fábrica de harina de pescado,
de tamaño mediano, puede llegar a generar aguas residuales
con una demanda bioquímica de oxígeno equivalente
a la de una ciudad de... ¡un millón de habitantes!
Estas aguas residuales, de alto contenido orgánico, es
la que fluye incesante e impunemente hacia el mar, literalmente
"asfixiando" la vida marina y causando los estragos
que se han visto.
LA IMPUNIDAD
A fines del verano de 1994 la contaminación de la bahía
de Paracas era ya insostenible. El presidente del "Instituto
Paracas", Diego Benavides Norlander, en un intento de revertir
esta situación presentó una demanda ante la Fiscalía
Provincial de Pisco, contra las empresas responsables de la debacle.
Hoy un año después ¿cuál es la situación?
Pues, la contaminación persiste y no se conocen de sanciones,
ni multas. A decir del doctor Ricardo Brousset Salas, abogado
ambientalista y directivo del "Frente Ecológico Peruano:
Felipe Benavides", en nuestro país impera la impunidad
en el caso de los delitos ecológicos. "En Paracas
como en Chimbote y otros escenarios de contaminación pesquera
o minera, asuntos como el Código del Medio Ambiente y los
Recursos Naturales (CMARN); el Código Penal que también
contempla estos aspectos; los reglamentos y leyes de los propios
ministerios son "letra muerta". Las autoridades respectivas
son sumamente blandas y comprensivas con los infractores y no
se comprometen a hacer cumplir la ley, menos aún si el
"pillaje" viene de una empresa privada".
DEFENDIENDO EL TURISMO
Nuestras autoridades no se cansan de repetir sobre el "boom"
turístico que vive el país. El propio presidente,
ingeniero Alberto Fujimori, ha manifestado que para su gobierno
el turismo representa una de las bases principales para la reactivación
económica. Según declaraciones, difundidas en la
revista "Aeropuerto 2000", el ingeniero Fujimori sostiene:
"Los turistas no vienen simplemente porque tenemos atractivos,
sino cuando hay condiciones mínimas para que se sientan
cómodos y seguros".
La zona de Pisco-Paracas está, sin duda, perdiendo grandes
posibilidades por la creciente contaminación. Difícil
que ningún turista se sienta "cómodo"
en medio de tanto deterioro ambiental y menos aún "seguro",
por las implicaciones sobre su salud.
La misma revista, de reciente aparición y que acertadamente
dirige Martín Garay, recoge en otro marco declaraciones
que nos ayudan a reflexionar sobre la importancia de la conservación
ambiental para el turismo. Se trata de las opiniones del Vice-Ministro
de esa cartera, Pablo de la Flor. El experto sostiene: "Lo
que está de moda en el mundo es actualmente el ecoturismo.
Y el Perú por sus especiales características geográficas,
de flora y fauna, representa un singular atractivo".
Las opiniones de estas autoridades nos ayudan a comprender mejor
que: "Defender nuestras riquezas naturales, es la mejor forma
de apoyar el turismo".
RECURSOS EN RETIRADA
Para la cineasta y publicista Silvia Kantor Pallant, vinculada
al proyecto "Consejo Nacional para el Turismo Ecológico-CONECOTUR",
el caso de Paracas demuestra cómo nuestros recursos turísticos
y naturales están siendo sistemáticamente diezmados,
por actividades mal encaminadas.
"A lo largo y ancho del Perú, importantes centros
arqueológicos y paisajes silvestres, que constituyen un
claro motor para el desarrollo económico y social son seriamente
dañados. En el caso de Paracas la situación es totalmente
incoherente. Dejando de lado su fundamental importancia para la
conservación y reproducción de especies marinas,
la zona encierra importantes restos arqueológicos y cumple
un papel decisivo como centro de recreación y descanso.
Está estratégicamente situada relativamente cerca
a Lima. Esto permite, por ejemplo, que turistas que vienen por
negocios y breves días a la capital, puedan "darse
un salto". Nuestras autoridades y la empresa privada deben
comprender que el futuro de nuestra franja costera se llama: T-u-r-i-s-m-o"
y no "harina", ni "aceite", ni "procesadoras
minerales", concluyó.
ECONOMIA Y AMBIENTE
En su obra "Economía Ambiental", el ingeniero
Amadeo Gómez Marmanilla, de la Universidad Nacional de
Ingeniería, dice: "...la Economía y la Ecología
deben hallar los principios de una vinculación estricta.
Las decisiones económicas tienen que tomar en cuenta el
componente ecológico, si se quiere evitar el derrumbamiento
de la civilización". Y añade: "La industria
arroja desechos, inunda el aire con humos, sus residuos envenenan
los suelos ¿Cuánto paga por contaminar el ambiente?
Nada. En sus costos empresariales no se incluye el daño
al ambiente, el costo social. La contaminación perjudica
a las generaciones presentes y afectará a las futuras.
El mercado descarta el valor de estas externalidades, los precios
del mercado son entonces erróneos. Fallados. Esta falla
del mercado obliga a la intervención del Estado".
Queda claro, pues, que es urgente hacer cumplir la ley.
NECESARIA INDEMNIZACION
Para el ecologista Wilfredo Pérez Ruiz, director de PRODENA
(Pro-Defensa de la Naturaleza) es fundamental que se logren sanciones
ejemplares. "Se requiere, además, ejercer el principio
de "quien contamina paga". El poder judicial debiera
llevar a estos irresponsables empresarios a indemnizar a la Reserva
Nacional de Paracas, a los hoteles de la zona que se están
viendo afectados y, principalmente, al sindicato de pescadores
artesanales, pues se ha puesto en riesgo su subsistencia. Cientos
de familias podrían verse desplazadas por otro tipo de
violencia: la de la contaminación. No es posible que por
beneficiar a un puñado de empresas se arriesgue así
la salud de la población, se atente contra nuestro patrimonio
ecológico y cultural y se vulnere el derecho que nos asiste
de gozar de un ambiente sano", concluyó.
CUIDAR EL "VECINDARIO"
La Reserva Nacional de Paracas está en peligro. En las
zonas aledañas, llamadas por los expertos "de influencia",
se ha permitido la proliferación de una serie de fábricas
sin realizarse los estudios de impacto ambiental pertinentes y
sin tomarse las precauciones del caso. Para la Licenciada Denisse
Chávez Cuentas, directora del área "Mujeres
y Desarrollo Sustentable", de la Red Nacional de Acción
Ecologista, es: "Básico comprender que las zonas de
influencia de una reserva deben gozar de un tratamiento especial.
A estas alturas hay consenso en la necesidad de tomar precauciones
para evitar que las industrias causen estragos ambientales, tales
precauciones deben redoblarse cuando se trata de instalar plantas
harineras, mineras o de cualquier otra índole, en una zona
de influencia a una reserva natural de la importancia de Paracas.
En RENACE apostamos por otro tipo de proyecto de desarrollo para
estas zonas aledañas, como el eco-turismo, la artesanía,
la acuicultura y proyectos agro-industriales".
CAMBIAR DE RUMBO
La nueva varazón de peces en la zona de Pisco-Paracas,
ha ocurrido con él reinicio de las operaciones harineras.
Luego de varias semanas de inactividad de las fábricas
por la veda, que decretara el Ministerio de Pesquería,
las fábricas de harina de pescado han empezado a andar
"a toda máquina". En su libro "El olor del
dinero" sobre la contaminación pesquera en Chimbote,
el destacado investigador Juan Carlos Sueiro, del "Instituto
para el Desarrollo de la Pesca y la Minería-IPEMIN"
afirma: "Se necesita atender de manera específica
e intensa la relación entre producción económica
y ambiente. Que la primera sólo esté sujeta exclusivamente
a decisiones empresariales en función del mercado de los
bienes que produce no es suficiente. Es factible, económica
y técnicamente, implementar un programa de renovación
tecnológica en la industria pesquera que sirva para disminuir
el impacto ambiental. Más aún, su adopción
generaría mayores ingresos en el corto plazo. Por otro
lado, los costos que éste ocasionaría deben sustentarse
en el principio del que contamina paga".
Cambiar de rumbo es, pues, posible. Sólo hace falta decisión
política y un real compromiso del empresariado. Aplicar
el concepto del que "contamina paga" llevará,
sin duda, a que las playas destruidas, el aire envilecido, las
especies exterminadas y las aguas envenenadas tengan un costo
que se refleje en el producto final. Cuándo destruir el
ambiente deje de ser un asunto "barato" y sin sanción,
las empresas aprenderán, a la fuerza, que... ¡es
mejor prevenir que lamentar!