Diario El Comercio Lima -Perú
03 -05-1995

Martha Meier MQ.

 
Paracas
Crónica de una muerte anunciada...
 

Finalmente sucedió. No podía ser de otra manera. Las advertencias han sido muchas mas las autoridades no tomaron las drásticas medidas necesarias. La destrucción volvió a hacer de las suyas en Pisco, en la hermosa Paracas. Sigue creciendo la amenaza contra nuestra Reserva Nacional. La agonía no cesa. El mar, envenenado, vomitó peces sobre la playa. ¿Hasta cuándo? Es la pregunta. Por largo tiempo las fábricas de harina de pescado han operado con impunidad. Pisco y Paracas, son patéticos ejemplo del desarrollo mal enfocado, de la miopía de quienes se empeñan en disfrazar de progreso lo que es apenas crecimiento económico. Las ganancias a corto plazo son para unos pocos. Las pérdidas a largo plazo afectan a la mayoría. El "progreso" que se nos quiere vender para el "sur chico", incluida Paracas, es el que llevó al colapso ambiental a Chimbote. Progreso que no es más que vulgar "retroceso": retroceso de posibilidades para cualquier propuesta turística, retroceso de la vida silvestre, y el nivel de credibilidad de este sector del empresariado peruano; retroceso de los derechos a un ambiente equilibrado y de las esperanzas de la niñez, de las mujeres y hombres del Perú a un mañana mejor, sustentable, ecológicamente viable. "Crónica de una muerte anunciada"; "Chimbote y Paracas: Almas Gemelas". Si la destrucción pesquera fuera novela o largo-metraje, éstos serían los dos títulos posibles para una historia de horror y desencanto...

Más de cincuenta gramos de aceite y cerca de doce gramos de desechos orgánicos... ¡por cada litro de agua! Este es el resultado preliminar de los análisis realizados por especialistas de la Facultad de Pesquería de la Universidad San Luis Gonzaga, de Ica. Las muestras fueron recogidas en el litoral de Pisco, frente a las plantas de procesamiento de harina y aceite de pescado. Los resultados fueron divulgados por el ingeniero Talledo, jefe del laboratorio de la mencionada facultad.

JOYA AMENAZADA

La contaminación no respeta límites, ni fronteras, menos aun las líneas imaginarias que limitan un área natural protegida como la Reserva Nacional de Paracas. Estamos en una importantísima zona arqueológica y silvestre, única reserva marina del Perú. Paracas es hogar de cientos de especies, entre las que se destacan tortugas, aves guaneras y marinas, peces, mamíferos como los delfines, los lobos marinos. El paraje es uno de los principales puntos, en el planeta, de concentración de aves migratorias.

Las fábricas aledañas de harina de pescado son una amenaza constante. Las esperanzas del "sur chico" de alcanzar el desarrollo gracias a la "industria sin chimeneas", el turismo, están siendo abortadas por las chimeneas y desagües de estas plantas procesadoras.

15 DE JULIO: OJALA

El último domingo el ministro de Pesquería, Jaime Sobero Taira, indicó que el 15 de julio próximo vence, indefectiblemente, el plazo para que las empresas procesadoras de pescado presenten sus Programas de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA). Según el ministro se apunta a revertir la contaminación que afecta nuestro litoral. Manifestó que vencido el plazo se inspeccionará cada una de las empresas y que se les cancelará las licencias a las que, en seis meses, no cuenten con una planta de agua de cola (para el tratamiento de sus residuos líquidos) y una rejilla de retención de sólidos. No está demás recordar, sin embargo, que el plazo de presentación de los PAMA ha venido sufriendo sucesivas postergaciones por presión de las propias empresas.

ENGORDANDO POLLOS

La de la harina de pescado es una industria verdaderamente ilógica. Los peces que debieran alimentar directamente a la población, principalmente a la niñez, son "pulverizados". Esta harina es luego mayoritariamente exportada pues goza de gran demanda internacional como... ¡alimento para animales! La contribución de la harina de pescado a la dieta nacional es... ¡mínima! Se da indirecta y encarecidamente a través del engorde de aves. Una industria que escupe sus venenos y malos olores sin reparos y sin culpas.

En 1986 la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, sacó a la luz datos que nos ayudan a comprender que de hecho existen actividades productivas más útiles e "inteligentes". Según lo reveló la FAO, una fábrica de harina de pescado, de tamaño mediano, puede llegar a generar aguas residuales con una demanda bioquímica de oxígeno equivalente a la de una ciudad de... ¡un millón de habitantes!

Estas aguas residuales, de alto contenido orgánico, es la que fluye incesante e impunemente hacia el mar, literalmente "asfixiando" la vida marina y causando los estragos que se han visto.

LA IMPUNIDAD

A fines del verano de 1994 la contaminación de la bahía de Paracas era ya insostenible. El presidente del "Instituto Paracas", Diego Benavides Norlander, en un intento de revertir esta situación presentó una demanda ante la Fiscalía Provincial de Pisco, contra las empresas responsables de la debacle. Hoy un año después ¿cuál es la situación? Pues, la contaminación persiste y no se conocen de sanciones, ni multas. A decir del doctor Ricardo Brousset Salas, abogado ambientalista y directivo del "Frente Ecológico Peruano: Felipe Benavides", en nuestro país impera la impunidad en el caso de los delitos ecológicos. "En Paracas como en Chimbote y otros escenarios de contaminación pesquera o minera, asuntos como el Código del Medio Ambiente y los Recursos Naturales (CMARN); el Código Penal que también contempla estos aspectos; los reglamentos y leyes de los propios ministerios son "letra muerta". Las autoridades respectivas son sumamente blandas y comprensivas con los infractores y no se comprometen a hacer cumplir la ley, menos aún si el "pillaje" viene de una empresa privada".

DEFENDIENDO EL TURISMO

Nuestras autoridades no se cansan de repetir sobre el "boom" turístico que vive el país. El propio presidente, ingeniero Alberto Fujimori, ha manifestado que para su gobierno el turismo representa una de las bases principales para la reactivación económica. Según declaraciones, difundidas en la revista "Aeropuerto 2000", el ingeniero Fujimori sostiene: "Los turistas no vienen simplemente porque tenemos atractivos, sino cuando hay condiciones mínimas para que se sientan cómodos y seguros".

La zona de Pisco-Paracas está, sin duda, perdiendo grandes posibilidades por la creciente contaminación. Difícil que ningún turista se sienta "cómodo" en medio de tanto deterioro ambiental y menos aún "seguro", por las implicaciones sobre su salud.

La misma revista, de reciente aparición y que acertadamente dirige Martín Garay, recoge en otro marco declaraciones que nos ayudan a reflexionar sobre la importancia de la conservación ambiental para el turismo. Se trata de las opiniones del Vice-Ministro de esa cartera, Pablo de la Flor. El experto sostiene: "Lo que está de moda en el mundo es actualmente el ecoturismo. Y el Perú por sus especiales características geográficas, de flora y fauna, representa un singular atractivo".

Las opiniones de estas autoridades nos ayudan a comprender mejor que: "Defender nuestras riquezas naturales, es la mejor forma de apoyar el turismo".

RECURSOS EN RETIRADA

Para la cineasta y publicista Silvia Kantor Pallant, vinculada al proyecto "Consejo Nacional para el Turismo Ecológico-CONECOTUR", el caso de Paracas demuestra cómo nuestros recursos turísticos y naturales están siendo sistemáticamente diezmados, por actividades mal encaminadas.

"A lo largo y ancho del Perú, importantes centros arqueológicos y paisajes silvestres, que constituyen un claro motor para el desarrollo económico y social son seriamente dañados. En el caso de Paracas la situación es totalmente incoherente. Dejando de lado su fundamental importancia para la conservación y reproducción de especies marinas, la zona encierra importantes restos arqueológicos y cumple un papel decisivo como centro de recreación y descanso. Está estratégicamente situada relativamente cerca a Lima. Esto permite, por ejemplo, que turistas que vienen por negocios y breves días a la capital, puedan "darse un salto". Nuestras autoridades y la empresa privada deben comprender que el futuro de nuestra franja costera se llama: T-u-r-i-s-m-o" y no "harina", ni "aceite", ni "procesadoras minerales", concluyó.

ECONOMIA Y AMBIENTE

En su obra "Economía Ambiental", el ingeniero Amadeo Gómez Marmanilla, de la Universidad Nacional de Ingeniería, dice: "...la Economía y la Ecología deben hallar los principios de una vinculación estricta. Las decisiones económicas tienen que tomar en cuenta el componente ecológico, si se quiere evitar el derrumbamiento de la civilización". Y añade: "La industria arroja desechos, inunda el aire con humos, sus residuos envenenan los suelos ¿Cuánto paga por contaminar el ambiente? Nada. En sus costos empresariales no se incluye el daño al ambiente, el costo social. La contaminación perjudica a las generaciones presentes y afectará a las futuras. El mercado descarta el valor de estas externalidades, los precios del mercado son entonces erróneos. Fallados. Esta falla del mercado obliga a la intervención del Estado". Queda claro, pues, que es urgente hacer cumplir la ley.

NECESARIA INDEMNIZACION

Para el ecologista Wilfredo Pérez Ruiz, director de PRODENA (Pro-Defensa de la Naturaleza) es fundamental que se logren sanciones ejemplares. "Se requiere, además, ejercer el principio de "quien contamina paga". El poder judicial debiera llevar a estos irresponsables empresarios a indemnizar a la Reserva Nacional de Paracas, a los hoteles de la zona que se están viendo afectados y, principalmente, al sindicato de pescadores artesanales, pues se ha puesto en riesgo su subsistencia. Cientos de familias podrían verse desplazadas por otro tipo de violencia: la de la contaminación. No es posible que por beneficiar a un puñado de empresas se arriesgue así la salud de la población, se atente contra nuestro patrimonio ecológico y cultural y se vulnere el derecho que nos asiste de gozar de un ambiente sano", concluyó.

CUIDAR EL "VECINDARIO"

La Reserva Nacional de Paracas está en peligro. En las zonas aledañas, llamadas por los expertos "de influencia", se ha permitido la proliferación de una serie de fábricas sin realizarse los estudios de impacto ambiental pertinentes y sin tomarse las precauciones del caso. Para la Licenciada Denisse Chávez Cuentas, directora del área "Mujeres y Desarrollo Sustentable", de la Red Nacional de Acción Ecologista, es: "Básico comprender que las zonas de influencia de una reserva deben gozar de un tratamiento especial. A estas alturas hay consenso en la necesidad de tomar precauciones para evitar que las industrias causen estragos ambientales, tales precauciones deben redoblarse cuando se trata de instalar plantas harineras, mineras o de cualquier otra índole, en una zona de influencia a una reserva natural de la importancia de Paracas. En RENACE apostamos por otro tipo de proyecto de desarrollo para estas zonas aledañas, como el eco-turismo, la artesanía, la acuicultura y proyectos agro-industriales".

CAMBIAR DE RUMBO

La nueva varazón de peces en la zona de Pisco-Paracas, ha ocurrido con él reinicio de las operaciones harineras. Luego de varias semanas de inactividad de las fábricas por la veda, que decretara el Ministerio de Pesquería, las fábricas de harina de pescado han empezado a andar "a toda máquina". En su libro "El olor del dinero" sobre la contaminación pesquera en Chimbote, el destacado investigador Juan Carlos Sueiro, del "Instituto para el Desarrollo de la Pesca y la Minería-IPEMIN" afirma: "Se necesita atender de manera específica e intensa la relación entre producción económica y ambiente. Que la primera sólo esté sujeta exclusivamente a decisiones empresariales en función del mercado de los bienes que produce no es suficiente. Es factible, económica y técnicamente, implementar un programa de renovación tecnológica en la industria pesquera que sirva para disminuir el impacto ambiental. Más aún, su adopción generaría mayores ingresos en el corto plazo. Por otro lado, los costos que éste ocasionaría deben sustentarse en el principio del que contamina paga".

Cambiar de rumbo es, pues, posible. Sólo hace falta decisión política y un real compromiso del empresariado. Aplicar el concepto del que "contamina paga" llevará, sin duda, a que las playas destruidas, el aire envilecido, las especies exterminadas y las aguas envenenadas tengan un costo que se refleje en el producto final. Cuándo destruir el ambiente deje de ser un asunto "barato" y sin sanción, las empresas aprenderán, a la fuerza, que... ¡es mejor prevenir que lamentar!