Diario El Comercio Lima -Perú
03-04-1993

Martha Meier MQ.

 
Balances ambientales de una guerra.
En Croacia mueren también las aves y los árboles
 
Las heridas de la guerra no sólo dejan huella en el espíritu de los pueblos. La sangrienta irracionalidad además de destruir lo más sagrado: la vida humana, causa estragos a nivel ambiental.

La finalidad del movimiento ecologista es la paz. Construir un futuro más justo, donde los recursos naturales sean aprovechados de manera coherente para beneficio de todas y todos los habitantes de nuestro planeta y donde la naturaleza pueda ser preservada para las futuras generaciones depende de lograr la paz.

En mitad de la batalla no hay posibilidad para la conservación ni la recuperación del ambiente, menos aún para la justicia y el bien social.

Los tambores de guerra, el fuego y el estruendo causan irreparables pérdidas.

El inmenso potencial creativo e intelectual que se pierde con cada injusta muerte es incalculable. Mentes, espíritus y sueños destruidos son una cara de la funesta moneda. Erosión; pérdida de bosques; muerte de especies de flora y fauna; contaminación de fuentes de agua; cultivos y suelos heridos son la otra cara de la masacre.

Desde hace casi dos años la ex Yugoslavia es escenario de lamentables sucesos que han cobrado la vida de miles de mujeres, hombres y niños. La sangre sigue fluyendo y cada gota tiñe de duelo el paisaje.

A mediados del año pasado, el cardenal Franjo Kuharic en nombre de todos los Obispos Católicos de Croacia se pronunció sobre los estragos morales y ambientales de esta guerra, como todas, sin sentido.

A continuación resumimos sus opiniones aparecidas en el Diario Novi Vjesnik-Nedjelja y enviadas a nuestra redacción por el párroco Drago Balvanovic, de la Parroquia San Leopoldo para los Católicos de Lengua Croata.