Las
heridas de la guerra no sólo dejan huella en el espíritu
de los pueblos. La sangrienta irracionalidad además de destruir
lo más sagrado: la vida humana, causa estragos a nivel ambiental.
La finalidad del movimiento ecologista es la paz.
Construir un futuro más justo, donde los recursos naturales
sean aprovechados de manera coherente para beneficio de todas
y todos los habitantes de nuestro planeta y donde la naturaleza
pueda ser preservada para las futuras generaciones depende de
lograr la paz.
En mitad de la batalla no hay posibilidad para
la conservación ni la recuperación del ambiente,
menos aún para la justicia y el bien social.
Los tambores de guerra, el fuego y el estruendo causan irreparables
pérdidas.
El inmenso potencial creativo e intelectual que
se pierde con cada injusta muerte es incalculable. Mentes, espíritus
y sueños destruidos son una cara de la funesta moneda.
Erosión; pérdida de bosques; muerte de especies
de flora y fauna; contaminación de fuentes de agua; cultivos
y suelos heridos son la otra cara de la masacre.
Desde hace casi dos años la ex Yugoslavia
es escenario de lamentables sucesos que han cobrado la vida de
miles de mujeres, hombres y niños. La sangre sigue fluyendo
y cada gota tiñe de duelo el paisaje.
A mediados del año pasado, el cardenal Franjo
Kuharic en nombre de todos los Obispos Católicos de Croacia
se pronunció sobre los estragos morales y ambientales de
esta guerra, como todas, sin sentido.
A continuación resumimos sus opiniones aparecidas
en el Diario Novi Vjesnik-Nedjelja y enviadas a nuestra redacción
por el párroco Drago Balvanovic, de la Parroquia San Leopoldo
para los Católicos de Lengua Croata.