Diario El Comercio Lima -Perú
08- 06-1991

 
La triste agonía de Lima
 

Lima. No hace tanto tiempo como para haberlo olvidado...

El aroma quieto y azulito de los parques se derramaba por toda la ciudad. Los jacarandas, intensos y morados, competían con los matices de los crepúsculos. Amarillas, azules, coloradas, peculiares diseños en sus alas, las mariposas se agitaban sobre flores de alucinantes tonalidades. Escondida en la altura del bambú, la cuculí levantaba vuelo mientras entonaba su melancólico canto de amor. Nísperos, moras, melocotones, naranjas y manzanas, bastaba levantar el brazo para alcanzar lo que invitaban todos esos árboles que adornaban las avenidas. Los jazmines perfumaban la siesta mientras el sonido transparente de una campana atravesaba una ciudad de aire limpio, de jardines constantes y reposada calma.

Nadie supo cómo la inalterable dulzura de este paraje se transformó en caos, ni qué conjuro transformó los patios en basurales. Lima es hoy una gran urbe, polucionada, violenta, asfaltada, una ciudad de sombras y escombros. Trabajo solidario, esfuerzo conjunto, responsabilidad e imaginación de las autoridades, participación vecinal, es lo que se requiere para que recuperemos nuestra añorada Ciudad Jardín...

Para pasar la vida humana, cesando los escándalos y alborotos y no habiendo guerra, verdaderamente es una de las buenas tierras del mundo, pues vemos que en ella no hay hambre ni pestilencias, ni llueve ni caen rayos ni relámpagos, ni se oyen truenos antes, siempre está el cielo sereno y muy hermoso (Por increíble que parezca, la buena tierra a la que tanto alaba el cronista Cieza de León es...¡Lima!, la misma ciudad que hoy está al borde del colapso ambiental...)

Lima es, hoy, una ciudad inmensa y, como tal, sufre los típicos problemas de las grandes ciudades. Lamentables asuntos que se ven profundizados por una dramática y creciente pobreza. Muchos y muchas jóvenes, que no conocieron más Lima que esta, sucia y triste, al mirarla no logran explicarse por qué los españoles decidieron establecer la capital de un importante Virreynato en valle tan seco. Vale la pena, pues, remontarnos en el tiempo y volver a los días del curaca Taulichusco, cuando el territorio de la aún no fundada Lima era una sucesión de perfumadas chacras, una dulce e inalterable campiña sembrada de árboles frutales y rodeada de bosques. La zona albergaba diversidad de especies que los yungas, antiguos vecinos de nuestra capital, cazaban por su carne. Donde no vemos hoy más que humos y basurales, revoloteaban aves de todo tipo, pavas, perdices, palomas. Cuenta la historiadora Rostorowski que en las múltiples lagunas, que aunque nos parezca increíble por aquí abundaban, se criaba variedad de nutritivos peces. Zorros y pumas perseguían venados grises (Odocoileus virginianus) que se refugiaban en el frescor de lomas aledañas, en esos cerros que hoy sólo saben mostrar su piel de piedras y sequedad.

Los conquistadores escogieron, pues, el más amplio valle costeño y uno de los más fértiles. Un paraje de bondadoso clima cuyas especiales características le permitió cultivar sin problemas la mayoría de especies vegetales traídas del otro lado del mundo. Los extensos bosques brindaron leña abundante, el transparente río Rimac agua suficiente y el mar cercano fácil acceso. Lamentablemente siglos de irresponsabilidades y egoísmo frente al medio ambiente han transformado la azul dulzura de aquella campiña en una urbe al borde de crisis ecológica...

Lima en emergencia ambiental

En días recientes se celebró el Foro Lima, recursos ambientales, crisis y alternativas. Jorge Ruiz de Somocurcio, del Centro de Investigación de Proyectos Urbanos Regionales CIPUR, una de las entidades organizadoras, conversó con nuestra página comentando: Lima tendría que ser declarada en emergencia ambiental. Los pocos recursos existentes están por desaparecer. Hemos perdido casi la totalidad de suelo fértil, las aguas del río Rimac están severamente contaminadas y así nuestras playas y el aire de la ciudad. Cada día se producen tres mil toneladas y media de basuras pero sólo hay capacidad de recojo de dos mil quinientas. El resto se bota al río, se quema en los parques o queda allí no más donde se dejó, agravando los mencionados problemas... La ciudad crece desordenadamente a un ritmo de tres y medio por ciento. Cada año se incorporan a la población urbana más de doscientos mil habitantes, es decir como si cada año trajéramos a la población completa de Ica. Hay que ordenar, planificar pues cada día son más quienes viven hacinados, sin acceso a servicios básicos con las consecuencias de epidemias que ya estamos viviendo.

Un panorama sin duda lamentable y angustioso. Pero conociendo de la sólida organización vecinal en los barrios populares, de la forma en que allí se viene trabajando para mejorar el entorno, no es difícil vislumbrar salidas. Las autoridades deben tomar conciencia sobre la real situación y dar alternativas creativas, apuntar hacia proyectos de salud, de reciclaje de aguas servidas y basuras. Proteger las últimas áreas verdes de nuestra ciudad y proponer proyectos masivos de reforestación. Una tarea en que cada uno de los hombres y mujeres de la capital tendremos que participar...