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Lima. No hace tanto tiempo como para
haberlo olvidado...
El aroma quieto y azulito de los parques se derramaba por toda la
ciudad. Los jacarandas, intensos y morados, competían con
los matices de los crepúsculos. Amarillas, azules, coloradas,
peculiares diseños en sus alas, las mariposas se agitaban
sobre flores de alucinantes tonalidades. Escondida en la altura
del bambú, la cuculí levantaba vuelo mientras entonaba
su melancólico canto de amor. Nísperos, moras, melocotones,
naranjas y manzanas, bastaba levantar el brazo para alcanzar lo
que invitaban todos esos árboles que adornaban las avenidas.
Los jazmines perfumaban la siesta mientras el sonido transparente
de una campana atravesaba una ciudad de aire limpio, de jardines
constantes y reposada calma.
Nadie supo cómo la inalterable dulzura de este paraje se
transformó en caos, ni qué conjuro transformó
los patios en basurales. Lima es hoy una gran urbe, polucionada,
violenta, asfaltada, una ciudad de sombras y escombros. Trabajo
solidario, esfuerzo conjunto, responsabilidad e imaginación
de las autoridades, participación vecinal, es lo que se requiere
para que recuperemos nuestra añorada Ciudad Jardín...
Para pasar la vida humana, cesando los escándalos y alborotos
y no habiendo guerra, verdaderamente es una de las buenas tierras
del mundo, pues vemos que en ella no hay hambre ni pestilencias,
ni llueve ni caen rayos ni relámpagos, ni se oyen truenos
antes, siempre está el cielo sereno y muy hermoso (Por increíble
que parezca, la buena tierra a la que tanto alaba el cronista Cieza
de León es...¡Lima!, la misma ciudad que hoy está
al borde del colapso ambiental...)
Lima es, hoy, una ciudad inmensa y, como tal, sufre los típicos
problemas de las grandes ciudades. Lamentables asuntos que se ven
profundizados por una dramática y creciente pobreza. Muchos
y muchas jóvenes, que no conocieron más Lima que esta,
sucia y triste, al mirarla no logran explicarse por qué los
españoles decidieron establecer la capital de un importante
Virreynato en valle tan seco. Vale la pena, pues, remontarnos en
el tiempo y volver a los días del curaca Taulichusco, cuando
el territorio de la aún no fundada Lima era una sucesión
de perfumadas chacras, una dulce e inalterable campiña sembrada
de árboles frutales y rodeada de bosques. La zona albergaba
diversidad de especies que los yungas, antiguos vecinos de nuestra
capital, cazaban por su carne. Donde no vemos hoy más que
humos y basurales, revoloteaban aves de todo tipo, pavas, perdices,
palomas. Cuenta la historiadora Rostorowski que en las múltiples
lagunas, que aunque nos parezca increíble por aquí
abundaban, se criaba variedad de nutritivos peces. Zorros y pumas
perseguían venados grises (Odocoileus virginianus) que se
refugiaban en el frescor de lomas aledañas, en esos cerros
que hoy sólo saben mostrar su piel de piedras y sequedad.
Los conquistadores escogieron, pues, el más amplio valle
costeño y uno de los más fértiles. Un paraje
de bondadoso clima cuyas especiales características le permitió
cultivar sin problemas la mayoría de especies vegetales traídas
del otro lado del mundo. Los extensos bosques brindaron leña
abundante, el transparente río Rimac agua suficiente y el
mar cercano fácil acceso. Lamentablemente siglos de irresponsabilidades
y egoísmo frente al medio ambiente han transformado la azul
dulzura de aquella campiña en una urbe al borde de crisis
ecológica...
Lima en emergencia ambiental
En días recientes se celebró el Foro Lima, recursos
ambientales, crisis y alternativas. Jorge Ruiz de Somocurcio, del
Centro de Investigación de Proyectos Urbanos Regionales CIPUR,
una de las entidades organizadoras, conversó con nuestra
página comentando: Lima tendría que ser declarada
en emergencia ambiental. Los pocos recursos existentes están
por desaparecer. Hemos perdido casi la totalidad de suelo fértil,
las aguas del río Rimac están severamente contaminadas
y así nuestras playas y el aire de la ciudad. Cada día
se producen tres mil toneladas y media de basuras pero sólo
hay capacidad de recojo de dos mil quinientas. El resto se bota
al río, se quema en los parques o queda allí no más
donde se dejó, agravando los mencionados problemas... La
ciudad crece desordenadamente a un ritmo de tres y medio por ciento.
Cada año se incorporan a la población urbana más
de doscientos mil habitantes, es decir como si cada año trajéramos
a la población completa de Ica. Hay que ordenar, planificar
pues cada día son más quienes viven hacinados, sin
acceso a servicios básicos con las consecuencias de epidemias
que ya estamos viviendo.
Un panorama sin duda lamentable y angustioso. Pero conociendo de
la sólida organización vecinal en los barrios populares,
de la forma en que allí se viene trabajando para mejorar
el entorno, no es difícil vislumbrar salidas. Las autoridades
deben tomar conciencia sobre la real situación y dar alternativas
creativas, apuntar hacia proyectos de salud, de reciclaje de aguas
servidas y basuras. Proteger las últimas áreas verdes
de nuestra ciudad y proponer proyectos masivos de reforestación.
Una tarea en que cada uno de los hombres y mujeres de la capital
tendremos que participar...
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