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más que busquemos a lo largo y ancho del globo, no encontraremos
lugar donde hayan decidido vivir más aves que en el Perú.
Hasta donde se conoce, tenemos el récord mundial de mil setecientas
especies, de las cuales, más de la mitad viven en nuestra amazonía
y la mayoría son exclusivas de nuestras tierras.
Tomemos una de nuestras reservas, Pacaya-Samiria por ejemplo. Solamente
allí podemos encontrar más de trescientas especies
de aves. Datos como este han logrado que, hoy, la contralora Luz
Aurea Sáenz esté reconsiderando su aprobación
inicial al controvertido contrato que permitiría actividades
petroleras en el inmenso lote 61, que ocupa gran parte de esta,
nuestra amazónica reserva. Hasta allá viajamos con
ella para conocer de cerca la zona y escuchar las opiniones de los
expertos que durante años han venido realizando estudios
en la tierra de los ríos espejo. Mientras las autoridades
deciden qué hacer, es bueno que conozcamos más sobre
las peculiaridades de este alucinante paraje. Después de
todo, pronto podríamos perderlo...
Pacaya-Samiria, la tierra de los ríos espejo. El sol herido
se resbala detrás de la alta espesura alargando en su trayecto
todas las sombras.
A esta hora, los murciélagos chillan atrapando al vuelo
insectos sobre el río. La cercana oscuridad delata la presencia
de infinitas luciérnagas. Una joven mujer, cargada de palos
y finas redes, se interna en el vientre de la selva que anochece.
Es Grace Servat, bióloga de la Universidad de San Marcos
y experta en el estudio de aves amazónicas. Los palos, que
pesadamente arrastra, serán colocados cerca a los árboles
donde se guarecen o alimentan las aves que ha decidido evaluar.
Las finísimas mallas las atará a esos palos (tal como
se hace para jugar al vóley, sólo que las dejará
sueltas) y volverá junto al resto de su grupo. Allí,
esperará hasta la mañanita siguiente. Antes de que
el sol emerja de la espesura, antes también de que las aves
abandonen su guarida y salgan a buscar su desayuno, Grace se internará
nuevamente en el verde y lascivo vientre para completar la faena
y tensar las mallas. A lo largo del día caerán en
la trampa aves de diversos plumajes: `A menos que quiera atrapar
un ave nocturna, debo abrir las redes temprano, pues por las noches
mayormente revolotean murciélagos y vampiros', nos dice.
Descifrando los misterios
La joven ornitóloga forma parte del grupo que estudia esta
inmensa reserva, gracias a un convenio firmado entre el Instituto
Smithsoniano (con sede en Washington) y el Comité Local de
Desarrollo de la Reserva Pacaya-Samiria (COREPASA). Reconocidos
especialistas norteamericanos junto a científicos del Museo
de Historia Natural realizan investigaciones sobre la bio-diversidad
de la zona. Hay aves rapaces, necrófagas y nocturnas. En
Pacaya-Samiria se pueden ver, por ejemplo, halcones, gavilanes,
shihuangos, buitres sobrevolando la zona en busca de sus presas
así como la águila arpía, el Manshaco (Mycteria
americana) o el Paujil (Crax mitu)
Infinidad de loros y guacamayos con sus vistosos y muticolores
trajes de pluma, son una suerte de comparsa carnavalesca que constantemente
cruzan el cielo o coquetean en la alta rama de un árbol.
Elegantes y estiradas garzas se acicalan reflejadas en estos ríos
de aguas lentas y oscuras: es la Casmerodius albus, hermosa y blanca
especie. A su lado una flota de Yacupatitos (Heliornis fulica) se
desplaza veloz por el quieto espejo. Sería larguísimo
enumerarlas todas`, nos dice la Dra. Servat, quien el miércoles
viajó a Estados Unidos para seguir un curso de perfeccionamiento
en Washington. Partió con la infinita tristeza de saber que
la amenaza de la destrucción petrolera ensombrece el paisaje
de este paraíso. `Algo se podrá hacer allá
para defender Pacaya-Samiria', dijo poco antes de partir...
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