Diario El Comercio Lima -Perú
05-10-1991

 
El "Shansho": Extravagante vecino de Pacaya-Samiria
 
Pacaya-Samiria, la tierra de los `ríos espejo', es, como todos sabemos, la más grande de nuestras reservas nacionales; hoy, el peligro que se cernía sobre ella, ha pasado. Pero hasta del más negativo de los episodios se puede sacar algo bueno. El asunto de Pacaya-Samiria sirvió, por lo menos, para que un recóndito paisaje de nuestro territorio se convirtiera en noticia de primera vez, ese exótico nombre y toda la riqueza natural que encierra.

Asimismo, muchos se han enterado de que sus dos millones ochenta mil hectáreas la hacen la tercera zona reservada más grande de toda la Amazonía y la cuarta de Sudamérica.

Su variadísima fauna, sus maravillosas y ricas especies de flora, la belleza de sus paisajes y su gran potencial fueron difundidas durante semanas en esta página, que sólo buscaba hacer entender la necesidad de incorporar esta reserva, como tantas otras, a nuestra economía a través de un manejo integral que tome como base las propuestas ambientales.

Pero sobre este rinconcito de Amazonía nunca se habrá dicho todo. Aunque en esta pátina nos dedicamos por semanas a divulgar sus secretos, sus naturales tesoros, aunque hemos hablado y escrito de sus animales, de sus vistosas aves y flores, de sus peces y aguajales, de sus ríos obscuros que todo lo reflejan como espejos... siempre habrá algo más.

Hoy, cuando la calma ha vuelto, hemos creído interesante contarles la pequeña historia del "shansho" (Opisthocomus hoazin), un extravagante vecino de la amazonía que puede ser observado en Pacaya-Samiria acicalándose en los ríos espejo...

El pasado s bado apa reció en nuestra revista "Somos" una interesante nota sobre la tierra de los "ríos-espejo". ¿Su autora?, la Dra. Grace Servat, joven ornitóloga especializada en aves tropicales, a cuyo trabajo dedicamos una página hace algunos meses. En la car tula de la mencionada publicación, una criatura emplumada, de pico sonriente, penacho "punk" y gesto entre altanero y enigmático, parece haber despertado la curiosidad de nuestros fieles lectores. No son pocas las personas que se han dirigido a esta página preguntando quién es tal personaje. Se trata, pues, de una de las aves más extravagantes que habitan en la Amazonia y que fácilmente puede ser admirada bebiendo su reflejo líquido en las riberas de Pacaya-Samiria: es el pshanshon (tambien llamado gitano o hoatzín) y que responde al nombre científico de Opisthocomus hoazin. Sin duda, la más rara de las aves que se puedan ver.

El tal shansho es del tamaño de una pava pechugona y pequeña. Su plumaje no es vistoso, ni escandalosamente carnavalesco, como el de los multicolores guacamayos. Más bien, de su "traje" podemos decir q ue es "tímido" y "recatado", en tonos que van del crema al marrón con rastros de intenso naranja (visibles sólo con las alas extendidas). Su cabeza es bastante pequeña y luce un penacho que recuerda a los realizados por los más audaces peinadores de moda. No se puede decir que sea un ave formalmente bella, pero sí sumamente interesante.

Una de las cosas que más llama la atención de los especialistas es su sistema digestivo y sus preferencias "gastronómicas". Mientras las demás aves, casi todas, se alimentan principalmente de insectos, frutos, peces, granos o carroña, el shanso prefiere seguir la "dieta de la vaca". Es decir, gusta de comer ¡hojas!. ¿Un ave herbívora?. Como se sabrá, si se revisa algún libro de zoología, éste resulta un asunto muy raro.

Sin embargo, lo que parece aún más extraño a los especialistas, es que el resto de aves amazónicas no hayan tenido la capacidad de adaptarse a un menú similar al del shansho (teniendo en cuenta el abundante follaje de los árboles amazónicos, sería lo más lógico).

Como nuestro extravagante amigo no tiene que volar demasiado en busca de alimento, pues hojas hay a montones en su vecindario y su dieta es poco energética, ha sabido hacerse muy ocioso. Sólo está en capacidad de volar, pesadamente, distancias cortas y se la pasa más bien de rama en rama buscando más hojas.

Ya que despide fuertes olores, debido a su proceso digestivo similar a los de los rumiantes, su carne no es apreciada ni siquiera por esos grandes depredadores que son los hombres; casi no los cazan, aunque a veces sí como trofeos. En las riberas de los ríos y cochas de la Amazonía, donde abundan los árboles de hojas duras como el renaco (Ficus trigona), allí puede encontrarse al shansho masticando sus verdes manjares. En caso de peligro aprovecha de sus bien desarrolladas patas y su pico resistente para trepar a las ramas más altas y ponerse, así, a buen recaudo.

Nuestro amigo pertenece a la clase de aves que podrían ser Nuestro amigo pertenece a la clase de aves que podrían ser tomadas como ejemplo romántico. Las observaciones han dejado conocer que son extremadamente fieles con sus parejas, y sólo la muerte logra separarlas (algo que deberían aprender muchas parejas de nuestra especie).

Si bien son buenos esposos y esposas, no se puede decir que se preocupen demasiado de la "decoración" y el "cuidado de la casa", pues hacen sus nidos con ramitas frescas pero sin mucha atención y pulcritud. Quien ve uno no se llevaría una buena impresión. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que estas aves sí se preocupan, y mucho, de la seguridad de sus polluelos. Así, construyen sus nidos a poca altura y sobre el agua para que en caso de amenaza los pequeñines brinquen y escapen nadando, actividad para la que tienen especial talento.

Las dos peculiares garras que poseen en cada ala confundieron durante siglos a los científicos; durante mucho tiempo los estudiosos estuvieron convencidos que nuestro shansho era descendiente directo del Archaeopteryx, pájaro-fósil, suerte de eslabón perdido que permite ver cómo los reptiles fueron evolucionando en aves. Sin embargo, desde hace ya algunas décadas los sofisticados métodos de análisis genético vienen arrojando nuevas luces sobre sus orígenes que lo alejan de ese fósil pre-histórico.

Esta es, pues, en apretada síntesis la historia del emplumado personaje que apareció en la car tula de "Somos". Una de las aves más peculiares del planeta que habita en nuestra amazonía. El Opisthocomus hoazín, extravagante vecino que podrá seguir comiendo y "flojeando" en la tranquilidad de la tierra de los ríos-espejo.