Pacaya-Samiria,
la tierra de los `ríos espejo', es, como todos sabemos, la
más grande de nuestras reservas nacionales; hoy, el peligro
que se cernía sobre ella, ha pasado. Pero hasta del más
negativo de los episodios se puede sacar algo bueno. El asunto de
Pacaya-Samiria sirvió, por lo menos, para que un recóndito
paisaje de nuestro territorio se convirtiera en noticia de primera
vez, ese exótico nombre y toda la riqueza natural que encierra.
Asimismo, muchos se han enterado de que sus dos millones ochenta mil
hectáreas la hacen la tercera zona reservada más grande
de toda la Amazonía y la cuarta de Sudamérica.
Su variadísima fauna, sus maravillosas y ricas especies
de flora, la belleza de sus paisajes y su gran potencial fueron
difundidas durante semanas en esta página, que sólo
buscaba hacer entender la necesidad de incorporar esta reserva,
como tantas otras, a nuestra economía a través de
un manejo integral que tome como base las propuestas ambientales.
Pero sobre este rinconcito de Amazonía nunca se habrá
dicho todo. Aunque en esta pátina nos dedicamos por semanas
a divulgar sus secretos, sus naturales tesoros, aunque hemos hablado
y escrito de sus animales, de sus vistosas aves y flores, de sus
peces y aguajales, de sus ríos obscuros que todo lo reflejan
como espejos... siempre habrá algo más.
Hoy, cuando la calma ha vuelto, hemos creído interesante
contarles la pequeña historia del "shansho" (Opisthocomus
hoazin), un extravagante vecino de la amazonía que puede
ser observado en Pacaya-Samiria acicalándose en los ríos
espejo...
El pasado s bado apa reció en nuestra revista "Somos"
una interesante nota sobre la tierra de los "ríos-espejo".
¿Su autora?, la Dra. Grace Servat, joven ornitóloga
especializada en aves tropicales, a cuyo trabajo dedicamos una página
hace algunos meses. En la car tula de la mencionada publicación,
una criatura emplumada, de pico sonriente, penacho "punk"
y gesto entre altanero y enigmático, parece haber despertado
la curiosidad de nuestros fieles lectores. No son pocas las personas
que se han dirigido a esta página preguntando quién
es tal personaje. Se trata, pues, de una de las aves más
extravagantes que habitan en la Amazonia y que fácilmente
puede ser admirada bebiendo su reflejo líquido en las riberas
de Pacaya-Samiria: es el pshanshon (tambien llamado gitano o hoatzín)
y que responde al nombre científico de Opisthocomus hoazin.
Sin duda, la más rara de las aves que se puedan ver.
El tal shansho es del tamaño de una pava pechugona y pequeña.
Su plumaje no es vistoso, ni escandalosamente carnavalesco, como
el de los multicolores guacamayos. Más bien, de su "traje"
podemos decir q ue es "tímido" y "recatado",
en tonos que van del crema al marrón con rastros de intenso
naranja (visibles sólo con las alas extendidas). Su cabeza
es bastante pequeña y luce un penacho que recuerda a los
realizados por los más audaces peinadores de moda. No se
puede decir que sea un ave formalmente bella, pero sí sumamente
interesante.
Una de las cosas que más llama la atención de los
especialistas es su sistema digestivo y sus preferencias "gastronómicas".
Mientras las demás aves, casi todas, se alimentan principalmente
de insectos, frutos, peces, granos o carroña, el shanso prefiere
seguir la "dieta de la vaca". Es decir, gusta de comer
¡hojas!. ¿Un ave herbívora?. Como se sabrá,
si se revisa algún libro de zoología, éste
resulta un asunto muy raro.
Sin embargo, lo que parece aún más extraño
a los especialistas, es que el resto de aves amazónicas no
hayan tenido la capacidad de adaptarse a un menú similar
al del shansho (teniendo en cuenta el abundante follaje de los árboles
amazónicos, sería lo más lógico).
Como nuestro extravagante amigo no tiene que volar demasiado en
busca de alimento, pues hojas hay a montones en su vecindario y
su dieta es poco energética, ha sabido hacerse muy ocioso.
Sólo está en capacidad de volar, pesadamente, distancias
cortas y se la pasa más bien de rama en rama buscando más
hojas.
Ya que despide fuertes olores, debido a su proceso digestivo similar
a los de los rumiantes, su carne no es apreciada ni siquiera por
esos grandes depredadores que son los hombres; casi no los cazan,
aunque a veces sí como trofeos. En las riberas de los ríos
y cochas de la Amazonía, donde abundan los árboles
de hojas duras como el renaco (Ficus trigona), allí puede
encontrarse al shansho masticando sus verdes manjares. En caso de
peligro aprovecha de sus bien desarrolladas patas y su pico resistente
para trepar a las ramas más altas y ponerse, así,
a buen recaudo.
Nuestro amigo pertenece a la clase de aves que podrían ser
Nuestro amigo pertenece a la clase de aves que podrían ser
tomadas como ejemplo romántico. Las observaciones han dejado
conocer que son extremadamente fieles con sus parejas, y sólo
la muerte logra separarlas (algo que deberían aprender muchas
parejas de nuestra especie).
Si bien son buenos esposos y esposas, no se puede decir que se
preocupen demasiado de la "decoración" y el "cuidado
de la casa", pues hacen sus nidos con ramitas frescas pero
sin mucha atención y pulcritud. Quien ve uno no se llevaría
una buena impresión. Sin embargo, hay que tomar en cuenta
que estas aves sí se preocupan, y mucho, de la seguridad
de sus polluelos. Así, construyen sus nidos a poca altura
y sobre el agua para que en caso de amenaza los pequeñines
brinquen y escapen nadando, actividad para la que tienen especial
talento.
Las dos peculiares garras que poseen en cada ala confundieron durante
siglos a los científicos; durante mucho tiempo los estudiosos
estuvieron convencidos que nuestro shansho era descendiente directo
del Archaeopteryx, pájaro-fósil, suerte de eslabón
perdido que permite ver cómo los reptiles fueron evolucionando
en aves. Sin embargo, desde hace ya algunas décadas los sofisticados
métodos de análisis genético vienen arrojando
nuevas luces sobre sus orígenes que lo alejan de ese fósil
pre-histórico.
Esta es, pues, en apretada síntesis la historia del emplumado
personaje que apareció en la car tula de "Somos".
Una de las aves más peculiares del planeta que habita en
nuestra amazonía. El Opisthocomus hoazín, extravagante
vecino que podrá seguir comiendo y "flojeando"
en la tranquilidad de la tierra de los ríos-espejo.
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