Diario El Comercio Lima -Perú
01 – 11 –1990

Martha Meier MQ..

 
En busca del tiempo perdido
 

Si asumimos que la vida está en el corazón, entonces el corazón de América es verde y se llama Amazonía. Sí, y es que en la frondosidad de esa extensísima región, la vida palpita con más esplendor que en ningún otro punto del globo. Fue para discutir sobre las posibilidades de esta verde vastedad que del 20 al 24 de agosto se hizo a Lima sede de una importante reunión internacional: “Experiencias para el desarrollo sostenido de la Amazonía”. Los especialistas allí reunidos coincidieron en afirmar que llegó la hora de recuperar el tiempo perdido, y que la experiencia acumulada a lo largo de décadas, en que las semillas del cambio no lograron germinar, permitirá, ahora sí, aprovechar el potencial de esta región desde una perspectiva ecológica.

Un evento, pues, de gran trascendencia para el Perú. Recordemos que gran parte de este valioso corazón nos pertenece y que de su saludable palpitar depende en gran medida nuestro futuro...

Si nos preguntasen qué comparten Brasil, Perú, Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador, Surinam y Guayana, automáticamente responderíamos: “pues todos estos son países pobres, en vías de desarrollo y, en su mayoría tienen monstruosas deudas externas que crecen cada día. Eso es lo que comparten”.

Nadie pretende negar que esas aseveraciones son ciertas, pero restringirnos a ellas es ver tan sólo el lado oscuro de las cosas, ya que lo que comparten estos países es algo mucho más positivo. Se trata del más grande tesoro que nadie hubiera podido jamás soñar: la Amazonía.

Un territorio de gran riqueza natural, que juega un papel fundamental en la regulación del clima planetario, que purifica una gran parte del oxígeno de nuestra atmósfera, y que además (según opinan los expertos) es hogar de por lo menos un tercio de todas las formas de vida animal que existen sobre la Tierra.

Y eso no es todo... En la verde vastedad de esta región se encuentran árboles de dura y cotizada madera, plantas esenciales para la medicina, la industria y la alimentación, especies animales altamente cotizadas a nivel internacional y de valor incalculable para la ciencia y la alimentación. Además en la región abundan recursos no renovables como el petróleo, el gas, y minerales valiosos como el oro y el zinc, por nombrar sólo un par.

Resulta pues increíble que a la hora de las “negociaciones” estos países sean considerados “pobres” por aquellas mismas naciones que miran con asombro (no sin envidia) tanta voluptuosidad, y que sostienen que de los bosques húmedos tropicales del planeta, son los de la Amazonía los más ricos.

Amazonía peruana

Más del sesenta por ciento de nuestro país corresponde a la Amazonía; nuestra porción verde de corazón es pues enorme: ¡más de setenta mil kilómetros cuadrados! Y no sólo eso, sino que el Amazonas, esa “gran herida, como un tajo dulce y caliente de agua” (robándole palabras a un hermoso poema sobre este río de la poeta Doris Moromisato) nace, abundante en peces, en tierra peruana.

Tantos tesoros, sin embargo, han sido irracionalmente explotados; la tala indiscriminada, la agricultura intensiva, la ganadería, la exploración petrolífera, la pesca intensiva lejos de traer beneficios y riqueza han derivado en deterioro ambiental (una situación que se repite en casi toda la región).

Desde comienzos de los años setenta se ha estado tratando de enrumbar el desarrollo por caminos más “inteligentes”, sin embargo mezquinos intereses económicos, el desprecio por las tecnologías nativas, y un desconocimiento profundo de la realidad amazónica impidieron que esto se concretara. Muchas experiencias valiosas han habido en estos años, también propuestas alternativas, sin embargo por tratarse de hechos aislados, proyectos demostrativos, no tuvieron mayor repercusión. Felizmente las cosas están cambiando y los actuales logros parecen anunciar un verdadero cambio.

Así por ejemplo, tenemos la valiosa experiencia de la Cooperativa Forestal Yanesha (COFYAL) que con apoyo de USAID y gracias a la gestión y asesoría técnica de Ronco Consulting Corporation está demostrando cómo la explotación racional del bosque sí puede ser una actividad económicamente viable, y una propuesta a considerarse en los Planes Nacional de Desarrollo.

Experiencias compartidas

Para analizar y definir las bases que permitan el desarrollo sostenido de esta vasta región ( y en especial de la parte peruana) se realizó en Lima la reunión internacional “Experiencias para el Desarrollo Sostenido de la Amazonía”.

El evento fue organizado por el Proyecto “Apoyo a la Política de Desarrollo de Selva Alta (APODESA)”, el Instituto Nacional de Desarrollo (INADE) y la Fundación Peruana para la Conservación de la Naturaleza (FPCN) y gracias a los auspicios de USAID, la Cooperación Técnica Suiza, World Wildlife Fund, Conservation International, y otras entidades internacionales. Contándose con la colaboración de la Universidad Agraria dela Molina, los Institutos de Investigación de la Amazonía Peruana (IIAP), el Instituto de Investigación Agraria y Agroindustrial (INIAA) y la Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN).

Participaron además organismos de desarrollo no gubernamentales, así como multi gubernamentales (UICN, CCT, PNUD, PNUMA, ICCA, BID, entre otras).

En el encuentro se expusieron los logros más resaltantes en lo que se refiere al manejo integral y racional de los bosques amazónicos donde la experiencia de la COFYAL fue tomada como modelo. Participaron como expositores conocidos especialistas como el economista Ignacy Sachs, Antonio Brack Egg, el Ing. José Lizárraga entre otros.

Se realizaron talleres en los que se discutieron las metodologías para la conservación de la diversidad ecológica, se lanzaron nuevas propuestas para la reorganización del territorio y las actividades agrícolas de la población etc.

El evento contó con la participación de instituciones públicas y privadas, organizaciones agrarias, productores agrarios, comunidades nativas (como los Yanesha que llegaron desde la zona del Pichis-Palcazú).

Ponencias y discusiones valiosas que sirven para confirmar las alternativas. Y es que frente al proteccionismo extremo que, sin tomar en cuenta los requerimientos de una creciente población amazónica, pretende que estas zonas permanezcan intactas, y enfrentando también a aquellos que reclaman una inmediata explotación comercial e industrial de las riquezas ecológicas, hay una sensata propuesta, una opción ecológica que combina la viabilidad económica y social con la necesidad de conservar el bosque como un recurso esencial del trópico húmedo.

El intercambio de experiencias en los demás países amazónicos, las nuevas propuestas y la difusión de los logros a nivel latinoamericano han sido algunos de los valiosos aportes de esta reunión que esperamos genere una política consciente para un adecuado desarrollo de nuestra Amazonía.

Este frágil corazón merece ser mejor atendido; recordemos además que sólo somos tres los `pacífico-amazónicos': Colombia, Ecuador y Perú, y ante una eventual integración de los países de la Cuenca del Pacífico ser la selva amazónica peruana la de mayor extensión y riqueza potencial. Una clara ventaja, pues, que tenemos que empezar a conservar a gran escala y sostenidamente. Y es que, por donde se le mire, de nuestro pedacito verde de corazón depende en gran medida el futuro...