| Si
asumimos que la vida está en el corazón, entonces
el corazón de América es verde y se llama Amazonía.
Sí, y es que en la frondosidad de esa extensísima
región, la vida palpita con más esplendor que en ningún
otro punto del globo. Fue para discutir sobre las posibilidades
de esta verde vastedad que del 20 al 24 de agosto se hizo a Lima
sede de una importante reunión internacional: “Experiencias
para el desarrollo sostenido de la Amazonía”. Los especialistas
allí reunidos coincidieron en afirmar que llegó la
hora de recuperar el tiempo perdido, y que la experiencia acumulada
a lo largo de décadas, en que las semillas del cambio no
lograron germinar, permitirá, ahora sí, aprovechar
el potencial de esta región desde una perspectiva ecológica.
Un evento, pues, de gran trascendencia para el
Perú. Recordemos que gran parte de este valioso corazón
nos pertenece y que de su saludable palpitar depende en gran medida
nuestro futuro...
Si nos preguntasen qué comparten Brasil, Perú, Bolivia,
Venezuela, Colombia, Ecuador, Surinam y Guayana, automáticamente
responderíamos: “pues todos estos son países
pobres, en vías de desarrollo y, en su mayoría tienen
monstruosas deudas externas que crecen cada día. Eso es lo
que comparten”.
Nadie pretende negar que esas aseveraciones son
ciertas, pero restringirnos a ellas es ver tan sólo el lado
oscuro de las cosas, ya que lo que comparten estos países
es algo mucho más positivo. Se trata del más grande
tesoro que nadie hubiera podido jamás soñar: la Amazonía.
Un territorio de gran riqueza natural, que juega
un papel fundamental en la regulación del clima planetario,
que purifica una gran parte del oxígeno de nuestra atmósfera,
y que además (según opinan los expertos) es hogar
de por lo menos un tercio de todas las formas de vida animal que
existen sobre la Tierra.
Y eso no es todo... En la verde vastedad de esta
región se encuentran árboles de dura y cotizada madera,
plantas esenciales para la medicina, la industria y la alimentación,
especies animales altamente cotizadas a nivel internacional y de
valor incalculable para la ciencia y la alimentación. Además
en la región abundan recursos no renovables como el petróleo,
el gas, y minerales valiosos como el oro y el zinc, por nombrar
sólo un par.
Resulta pues increíble que a la hora de
las “negociaciones” estos países sean considerados
“pobres” por aquellas mismas naciones que miran con
asombro (no sin envidia) tanta voluptuosidad, y que sostienen que
de los bosques húmedos tropicales del planeta, son los de
la Amazonía los más ricos.
Amazonía peruana
Más del sesenta por ciento de nuestro país corresponde
a la Amazonía; nuestra porción verde de corazón
es pues enorme: ¡más de setenta mil kilómetros
cuadrados! Y no sólo eso, sino que el Amazonas, esa “gran
herida, como un tajo dulce y caliente de agua” (robándole
palabras a un hermoso poema sobre este río de la poeta Doris
Moromisato) nace, abundante en peces, en tierra peruana.
Tantos tesoros, sin embargo, han sido irracionalmente
explotados; la tala indiscriminada, la agricultura intensiva, la
ganadería, la exploración petrolífera, la pesca
intensiva lejos de traer beneficios y riqueza han derivado en deterioro
ambiental (una situación que se repite en casi toda la región).
Desde comienzos de los años setenta se ha
estado tratando de enrumbar el desarrollo por caminos más
“inteligentes”, sin embargo mezquinos intereses económicos,
el desprecio por las tecnologías nativas, y un desconocimiento
profundo de la realidad amazónica impidieron que esto se
concretara. Muchas experiencias valiosas han habido en estos años,
también propuestas alternativas, sin embargo por tratarse
de hechos aislados, proyectos demostrativos, no tuvieron mayor repercusión.
Felizmente las cosas están cambiando y los actuales logros
parecen anunciar un verdadero cambio.
Así por ejemplo, tenemos la valiosa experiencia
de la Cooperativa Forestal Yanesha (COFYAL) que con apoyo de USAID
y gracias a la gestión y asesoría técnica de
Ronco Consulting Corporation está demostrando cómo
la explotación racional del bosque sí puede ser una
actividad económicamente viable, y una propuesta a considerarse
en los Planes Nacional de Desarrollo.
Experiencias compartidas
Para analizar y definir las bases que permitan
el desarrollo sostenido de esta vasta región ( y en especial
de la parte peruana) se realizó en Lima la reunión
internacional “Experiencias para el Desarrollo Sostenido de
la Amazonía”.
El evento fue organizado por el Proyecto “Apoyo
a la Política de Desarrollo de Selva Alta (APODESA)”,
el Instituto Nacional de Desarrollo (INADE) y la Fundación
Peruana para la Conservación de la Naturaleza (FPCN) y gracias
a los auspicios de USAID, la Cooperación Técnica Suiza,
World Wildlife Fund, Conservation International, y otras entidades
internacionales. Contándose con la colaboración de
la Universidad Agraria dela Molina, los Institutos de Investigación
de la Amazonía Peruana (IIAP), el Instituto de Investigación
Agraria y Agroindustrial (INIAA) y la Oficina Nacional de Evaluación
de Recursos Naturales (ONERN).
Participaron además organismos de desarrollo
no gubernamentales, así como multi gubernamentales (UICN,
CCT, PNUD, PNUMA, ICCA, BID, entre otras).
En el encuentro se expusieron los logros más
resaltantes en lo que se refiere al manejo integral y racional de
los bosques amazónicos donde la experiencia de la COFYAL
fue tomada como modelo. Participaron como expositores conocidos
especialistas como el economista Ignacy Sachs, Antonio Brack Egg,
el Ing. José Lizárraga entre otros.
Se realizaron talleres en los que se discutieron
las metodologías para la conservación de la diversidad
ecológica, se lanzaron nuevas propuestas para la reorganización
del territorio y las actividades agrícolas de la población
etc.
El evento contó con la participación
de instituciones públicas y privadas, organizaciones agrarias,
productores agrarios, comunidades nativas (como los Yanesha que
llegaron desde la zona del Pichis-Palcazú).
Ponencias y discusiones valiosas que sirven para
confirmar las alternativas. Y es que frente al proteccionismo extremo
que, sin tomar en cuenta los requerimientos de una creciente población
amazónica, pretende que estas zonas permanezcan intactas,
y enfrentando también a aquellos que reclaman una inmediata
explotación comercial e industrial de las riquezas ecológicas,
hay una sensata propuesta, una opción ecológica que
combina la viabilidad económica y social con la necesidad
de conservar el bosque como un recurso esencial del trópico
húmedo.
El intercambio de experiencias en los demás
países amazónicos, las nuevas propuestas y la difusión
de los logros a nivel latinoamericano han sido algunos de los valiosos
aportes de esta reunión que esperamos genere una política
consciente para un adecuado desarrollo de nuestra Amazonía.
Este frágil corazón merece ser mejor
atendido; recordemos además que sólo somos tres los
`pacífico-amazónicos': Colombia, Ecuador y Perú,
y ante una eventual integración de los países de la
Cuenca del Pacífico ser la selva amazónica peruana
la de mayor extensión y riqueza potencial. Una clara ventaja,
pues, que tenemos que empezar a conservar a gran escala y sostenidamente.
Y es que, por donde se le mire, de nuestro pedacito verde de corazón
depende en gran medida el futuro...
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