Las distintas comunidades y generaciones
deben trabajar solidariamente para lograr el desarrollo armónico
de nuestro planeta.
El protagonista de esta historia es Sebastián Petiot, un
joven francés de 26 años, de transparente mirar
y sonrisa sincera. Ingeniero de telecomunicaciones, dejó
de lado un trabajo seguro, estable y bien remunerado en los Estados
Unidos para recorrer _con los bolsillos vacíos_ más
de veinte mil kilómetros de América del Sur ¿Su
afán? Difundir las propuestas de la Sociedad Planetaria.
Cargó en la mochila los sueños y para hacerlos
realidad partió de Bahía, Brasil, hace ya algunos
meses. El 'verde' peregrinar culminará a fines de este
año en Caracas, Venezuela. La huella de su mensaje ha quedado
impresa en Paraguay, Uruguay, Argentina, Bolivia y Chile. Petiot
se encuentra ahora en el Perú y después de haber
dado charlas en algunos colegios de Lima, esta tarde en la Alianza
Francesa de Miraflores informará sobre el referido programa
de la UNESCO.
"La Sociedad Planetaria acentúa el sentido de responsabilidad
de la ciudadanía con respecto al patrimonio cultural y
natural, subrayando la necesidad de que las distintas comunidades
y generaciones trabajen solidariamente para lograr el desarrollo
armónico de nuestro planeta".
Paralelamente a las palabras, con las que una nota de prensa
de la Alianza Francesa anuncia la realización de un coloquio
ambiental esta tarde, corre la inspiradora historia de Sebastián
Petiot, joven ingeniero de telecomunicaciones que dejó
una prominente carrera para convertirse en mensajero de vida...
DESPERTARES
Ocurrió en mayo del año pasado. Podría decirse
que fue una revelación o un repentino abrir los ojos. Aquella
conexión inexplicable e inesperada con lo que nos hace
verdaderamente humanos le sucedió de mañana: un
súbito destello de ese fuego olvidado, de ese canto interior
_llamado alma por algunos y por otro espíritu o simplemente
conciencia_ de esa fuerza creadora hoy casi sepultada bajo el
peso de ropajes, máscaras y poses.
Como si se rebelara a la asfixia del caos de la vida moderna,
de la comodidad, del consumismo, de la loca carrera que nos tiene
a todos adormecidos, desconectados de nuestro propio ser, andando
de aquí para allá despojados de todo afán,
salvo el de llegar primero a metas impuestas nadie sabe por quiénes,
una voz brotó desde lo más profundo y gritó
¡no!
"Todo me iba bien _dice Sebastián, con marcadísimo
acento francés_, pero una mañana desperté
sintiendo que la vida era más que trabajar, ganar un sueldo
y pensar sólo en el bienestar propio. Sentía la
necesidad de hacer algo por otros, por el planeta en que vivimos".