Diario El Comercio Lima -Perú 09 - 11 -1998

Martha Meier MQ.

 
Unesco y la sociedad planetaria
Recorriendo América con un mensaje de vida...
 

Las distintas comunidades y generaciones deben trabajar solidariamente para lograr el desarrollo armónico de nuestro planeta.

El protagonista de esta historia es Sebastián Petiot, un joven francés de 26 años, de transparente mirar y sonrisa sincera. Ingeniero de telecomunicaciones, dejó de lado un trabajo seguro, estable y bien remunerado en los Estados Unidos para recorrer _con los bolsillos vacíos_ más de veinte mil kilómetros de América del Sur ¿Su afán? Difundir las propuestas de la Sociedad Planetaria.

Cargó en la mochila los sueños y para hacerlos realidad partió de Bahía, Brasil, hace ya algunos meses. El 'verde' peregrinar culminará a fines de este año en Caracas, Venezuela. La huella de su mensaje ha quedado impresa en Paraguay, Uruguay, Argentina, Bolivia y Chile. Petiot se encuentra ahora en el Perú y después de haber dado charlas en algunos colegios de Lima, esta tarde en la Alianza Francesa de Miraflores informará sobre el referido programa de la UNESCO.

"La Sociedad Planetaria acentúa el sentido de responsabilidad de la ciudadanía con respecto al patrimonio cultural y natural, subrayando la necesidad de que las distintas comunidades y generaciones trabajen solidariamente para lograr el desarrollo armónico de nuestro planeta".

Paralelamente a las palabras, con las que una nota de prensa de la Alianza Francesa anuncia la realización de un coloquio ambiental esta tarde, corre la inspiradora historia de Sebastián Petiot, joven ingeniero de telecomunicaciones que dejó una prominente carrera para convertirse en mensajero de vida...

DESPERTARES

Ocurrió en mayo del año pasado. Podría decirse que fue una revelación o un repentino abrir los ojos. Aquella conexión inexplicable e inesperada con lo que nos hace verdaderamente humanos le sucedió de mañana: un súbito destello de ese fuego olvidado, de ese canto interior _llamado alma por algunos y por otro espíritu o simplemente conciencia_ de esa fuerza creadora hoy casi sepultada bajo el peso de ropajes, máscaras y poses.

Como si se rebelara a la asfixia del caos de la vida moderna, de la comodidad, del consumismo, de la loca carrera que nos tiene a todos adormecidos, desconectados de nuestro propio ser, andando de aquí para allá despojados de todo afán, salvo el de llegar primero a metas impuestas nadie sabe por quiénes, una voz brotó desde lo más profundo y gritó ¡no!

"Todo me iba bien _dice Sebastián, con marcadísimo acento francés_, pero una mañana desperté sintiendo que la vida era más que trabajar, ganar un sueldo y pensar sólo en el bienestar propio. Sentía la necesidad de hacer algo por otros, por el planeta en que vivimos".