Diario El Comercio Lima -Perú
26-06-1993

Martha Meier MQ.

 
La papa:
Inmenso tesoro inca
 

Si no fuera por ella los rusos nunca hubieran podido disfrutar su "vodka" y, probablemente, seguirían calentándose el cuerpo con aquel anterior brebaje típico de uvas fermentadas al que se añadía un trozo de carne para "darle sabor".

Fea y arrugada esta maravillosa especie vegetal andina es una de los tantos tesoros que el Tahuantisuyo aportó para beneficio, no sólo de la industria alcohólica rusa, sino principalmente de la dieta mundial. El "culpable" de tan magnífico "descubrimiento" fue el conquistador Juan de Castellanos. Hasta donde se sabe don Juan andaba la zona andina, de la actual Colombia, y llegó a un poblado abandonado. En la soledad de esas casas encontró, según su propio relato, "maíz, frijoles y trufas". Las supuestas "trufas" eran nada más y nada menos que...¡papas!, uno de los más grandes tesoros incas.

Nuestro buen tubérculo ayudaría, siglos más tarde, a combatir el flagelo del hambre a lo largo y ancho del mundo. La papa, sin embargo, no la vio fácil para ganarse la confianza y aceptación de las mujeres y hombres de Europa: los campesinos la suponían venenosa y en cierta zona llegó a prohibirse porque se creía "producía lepra". Hoy, la nutritiva papa es uno de los alimentos principales y se cultiva en todos los rincones de nuestro maltrecho planeta.

En los últimos días se desarrolló en Lima el: "I Forum Internacional: Exaltación de la Papa", organizado por el Club Departamental Cusco, el Comité Nacional de Productores de Papa y el Indecopi.

A continuación publicamos "La maravillosa Papa", documento presentado en el mencionado simposio por quien fuera ministro de Salud, Dr. Uriel García, presidente del Club Departamental Cusco y dinámico promotor de tan importante cita. (Martha Meier M.Q.)

El producto vegetal, desarrollado con técnicas agrícolas muy elaboradas de nombre Solanum tuberosum, más conocido por el nombre andino de " papa ", es el obsequio más generoso que pueblo alguno haya hecho para el bienestar de la humanidad. Si agregamos a esto los otros productos alimenticios de uso difundido como: tomate, frijol, maíz o el maní, podemos decir que la civilización peruana precolombina es benefactora de la humanidad.

La papa fue de primordial importancia para el desarrollo de las antiguas culturas del Perú. En el proceso de perfeccionamiento de las cepas más nutritivas y resistentes a las plagas es posible que se cometieran errores que llevaron al ocaso a importantes culturas. Esto puede haber ocurrido en Chavín, por ejemplo, tan misteriosamente desaparecida.

Los antiguos peruanos, especialmente las civilizaciones costeñas (las asentadas en orillas del mar y en los oasis desérticos), supieron de las propiedades nutritivas de la papa.

Como lo hizo notar nuestro más destacado paleopatólogo, el profesor Pedro Weiss, la papa fue deificada y vinculada con el piso ecológico en el que se producen las mejores papas. Así se entiende que existan ceramios de las culturas costeñas Nazca, Mochica y Chimú representando magníficos ejemplares del tubérculo. En éstos hay, además, representaciones de rostros humanos con huellas de la enfermedad conocida como Uta o Leishmaniasis, conjuntamente a genitales masculinos y femeninos. Verdadera ideografía ecológica que vincula a la papa con los valles interandinos (1000 a 3000 metros de altura sobre el nivel del mar) donde mejor se ha adaptado el cultivo y donde existe, de manera endémica, dicha enfermedad.

Es interesante anotar, además, que al ser introducida en Europa, la papa fue considerada símbolo de fertilidad, una suerte de talismán afrodisíaco.
Aliada de la niñez La introducción de la papa como alimento de consumo masivo, permitió un sustancial incremento poblacional debido a la disminución de la mortalidad infantil.

Resulta que después del destete, los niños, requieren un alimento complementario rico en calorías y con una buena proporción de proteínas. La papa contiene 9 por ciento de proteínas y éstas están formadas por la lista completa de aminoácidos. La papa no necesita de añadidos para mejorar su calidad alimenticia, especialmente cuando se administra a los niños. Esta propiedad del tubérculo peruano permitió un aumento poblacional en la Europa de los siglos XVII al XIX. En eso se basó, posiblemente, la superchería sobre sus propiedades vinculadas a la fecundidad.

Si en vez de distribuir un millón de vasos de leche, alimento poco apropiado para los niños en destete, se repartiera un millón de raciones de papilla a base de nuestra buena papa y de otros productos andinos como frijoles, pallares, maíz, kiwicha, etc..., la alimentación de nuestra niñez, con mayores riesgos de enfermar y morir por desnutrición, sería mucho más racional y salvadora. La agricultura peruana, además, se vería favorecida grandemente.

Hace algunos años, el Centro Internacional de la Papa desarrolló un procedimiento para la elaboración de una papilla a base de puré de papas al que se le agregaba cereales diversos, según la disponibilidad estacional. Esta papilla desecada con una técnica intermedia muy sencilla resultó, en las pruebas de aceptación, todo un éxito. Una bolsa de 10 raciones costaba apenas un dólar. Desafortunadamente la indolencia y los grandes monopolios de la industria alimenticia, tan poderosa como la bélica y la farmacéutica, han impedido que tan buena idea se desarrolle.
Hace poco el Amauta Carlos Ochoa dijo que la producción anual de papas, en el mundo, es...¡diez veces superior al monto de lo saqueado por los conquistadores españoles en el cuarto del rescate!, antes de asesinar a nuestro inca Atahualpa.

Si consideramos que las papas que usa el mundo son, en 90%, las mismas desarrolladas por los incas se puede decir, sin pecar de chauvinistas, que cada año los peruanos multiplicamos por diez el rescate de Atahualpa, sin obtener a cambio ni un mísero centavo por tan extraordinario aporte.

(Dr. Uriel García)