Si
no fuera por ella los rusos nunca hubieran podido disfrutar su
"vodka" y, probablemente, seguirían calentándose
el cuerpo con aquel anterior brebaje típico de uvas fermentadas
al que se añadía un trozo de carne para "darle
sabor".
Fea y arrugada esta maravillosa especie vegetal
andina es una de los tantos tesoros que el Tahuantisuyo aportó
para beneficio, no sólo de la industria alcohólica
rusa, sino principalmente de la dieta mundial. El "culpable"
de tan magnífico "descubrimiento" fue el conquistador
Juan de Castellanos. Hasta donde se sabe don Juan andaba la zona
andina, de la actual Colombia, y llegó a un poblado abandonado.
En la soledad de esas casas encontró, según su propio
relato, "maíz, frijoles y trufas". Las supuestas
"trufas" eran nada más y nada menos que...¡papas!,
uno de los más grandes tesoros incas.
Nuestro buen tubérculo ayudaría,
siglos más tarde, a combatir el flagelo del hambre a lo
largo y ancho del mundo. La papa, sin embargo, no la vio fácil
para ganarse la confianza y aceptación de las mujeres y
hombres de Europa: los campesinos la suponían venenosa
y en cierta zona llegó a prohibirse porque se creía
"producía lepra". Hoy, la nutritiva papa es uno
de los alimentos principales y se cultiva en todos los rincones
de nuestro maltrecho planeta.
En los últimos días se desarrolló
en Lima el: "I Forum Internacional: Exaltación de
la Papa", organizado por el Club Departamental Cusco, el
Comité Nacional de Productores de Papa y el Indecopi.
A continuación publicamos "La maravillosa
Papa", documento presentado en el mencionado simposio por
quien fuera ministro de Salud, Dr. Uriel García, presidente
del Club Departamental Cusco y dinámico promotor de tan
importante cita. (Martha Meier M.Q.)
El producto vegetal, desarrollado con técnicas agrícolas
muy elaboradas de nombre Solanum tuberosum, más conocido
por el nombre andino de " papa ", es el obsequio más
generoso que pueblo alguno haya hecho para el bienestar de la
humanidad. Si agregamos a esto los otros productos alimenticios
de uso difundido como: tomate, frijol, maíz o el maní,
podemos decir que la civilización peruana precolombina
es benefactora de la humanidad.
La papa fue de primordial importancia para el desarrollo
de las antiguas culturas del Perú. En el proceso de perfeccionamiento
de las cepas más nutritivas y resistentes a las plagas
es posible que se cometieran errores que llevaron al ocaso a importantes
culturas. Esto puede haber ocurrido en Chavín, por ejemplo,
tan misteriosamente desaparecida.
Los antiguos peruanos, especialmente las civilizaciones
costeñas (las asentadas en orillas del mar y en los oasis
desérticos), supieron de las propiedades nutritivas de
la papa.
Como lo hizo notar nuestro más destacado
paleopatólogo, el profesor Pedro Weiss, la papa fue deificada
y vinculada con el piso ecológico en el que se producen
las mejores papas. Así se entiende que existan ceramios
de las culturas costeñas Nazca, Mochica y Chimú
representando magníficos ejemplares del tubérculo.
En éstos hay, además, representaciones de rostros
humanos con huellas de la enfermedad conocida como Uta o Leishmaniasis,
conjuntamente a genitales masculinos y femeninos. Verdadera ideografía
ecológica que vincula a la papa con los valles interandinos
(1000 a 3000 metros de altura sobre el nivel del mar) donde mejor
se ha adaptado el cultivo y donde existe, de manera endémica,
dicha enfermedad.
Es interesante anotar, además, que al ser
introducida en Europa, la papa fue considerada símbolo
de fertilidad, una suerte de talismán afrodisíaco.
Aliada de la niñez La introducción de la papa como
alimento de consumo masivo, permitió un sustancial incremento
poblacional debido a la disminución de la mortalidad infantil.
Resulta que después del destete, los niños,
requieren un alimento complementario rico en calorías y
con una buena proporción de proteínas. La papa contiene
9 por ciento de proteínas y éstas están formadas
por la lista completa de aminoácidos. La papa no necesita
de añadidos para mejorar su calidad alimenticia, especialmente
cuando se administra a los niños. Esta propiedad del tubérculo
peruano permitió un aumento poblacional en la Europa de
los siglos XVII al XIX. En eso se basó, posiblemente, la
superchería sobre sus propiedades vinculadas a la fecundidad.
Si en vez de distribuir un millón de vasos
de leche, alimento poco apropiado para los niños en destete,
se repartiera un millón de raciones de papilla a base de
nuestra buena papa y de otros productos andinos como frijoles,
pallares, maíz, kiwicha, etc..., la alimentación
de nuestra niñez, con mayores riesgos de enfermar y morir
por desnutrición, sería mucho más racional
y salvadora. La agricultura peruana, además, se vería
favorecida grandemente.
Hace algunos años, el Centro Internacional
de la Papa desarrolló un procedimiento para la elaboración
de una papilla a base de puré de papas al que se le agregaba
cereales diversos, según la disponibilidad estacional.
Esta papilla desecada con una técnica intermedia muy sencilla
resultó, en las pruebas de aceptación, todo un éxito.
Una bolsa de 10 raciones costaba apenas un dólar. Desafortunadamente
la indolencia y los grandes monopolios de la industria alimenticia,
tan poderosa como la bélica y la farmacéutica, han
impedido que tan buena idea se desarrolle.
Hace poco el Amauta Carlos Ochoa dijo que la producción
anual de papas, en el mundo, es...¡diez veces superior al
monto de lo saqueado por los conquistadores españoles en
el cuarto del rescate!, antes de asesinar a nuestro inca Atahualpa.
Si consideramos que las papas que usa el mundo
son, en 90%, las mismas desarrolladas por los incas se puede decir,
sin pecar de chauvinistas, que cada año los peruanos multiplicamos
por diez el rescate de Atahualpa, sin obtener a cambio ni un mísero
centavo por tan extraordinario aporte.
(Dr. Uriel García)