Ampay. Palabra dulce y cortita.
Musical nombre para una pequeña montaña cubierta
de nieve perpetua, un copo de algodón a la distancia, un
extenso campo de plumas blancas. Centinela que guarda un recóndito
rincón de los Andes sur orientales peruanos. A este poco
conocido macizo de la Cordillera de Vilcabamba, debe su nombre
una de las áreas naturales protegidas más bellas
de nuestra sierra: el Santuario Nacional de Ampay.
Verdadera isla biológica donde se ubican cuatro zonas
de vida natural, en las que medra una asombrosa diversidad de
especies de flora y fauna, muchas exclusivas del lugar. Escondidos
en las alturas de Apurímac se extienden estos paisajes,
que parecen arrancados del más hermoso de los sueños.
Tierra de pequeñas y grandes lagunas, donde se dan cita
aves acuáticas; tímidos riachuelos y cristalinas
cascadas, fuentes de agua alimentadas desde hace milenios por
los deshielos.
Estamos en el imperio de las "intimpas", los árboles
del sol, un lugar que ha quedado felizmente "capturado"
para siempre en 153 páginas. Esta noche, en la sede del
Club Apurímac, de Lima, será presentado "El
Santuario Nacional de Ampay: Refugio de la Intimpa en Apurímac,
Perú". Tal hazaña ha sido posible gracias al
esfuerzo de Rainer Hostnig y Ciro Palomino, los autores del libro.
Hoja tras hoja nos revela los secretos de este pedacito de paraíso
llamado Ampay... Puyas de Raimondi, más conocidas en Apurímac
como "titanca". Cactus diversos. Algas y líquenes
que crecen sobre la nieve misma. Musgos, helechos, hongos. Orquídeas
que parecen gotas de color salpicadas sobre el verde intenso.
Tillandsias, bellas plantas epífitas, es decir flora no
parásita que puede desarrollarse sobre otras plantas, especialmente
en las ramas de los árboles descolgándose como guirnaldas.
Fucsias de rojo intenso. Begonias. La cantuta, flor símbolo
peruano.
Romerillo, árbol del género Podocarpus -única
conífera nativa de nuestro país-, que toma aquí
el poético nombre de intimpa, voz quechua que quiere decir
árbol del sol, y que por estas fechas se encuentra en plena
actividad reproductiva.
Nutritivos frutos como la siraca, muju-muju, tumbo, entre otros.
Plantas como la verbena, acaricida natural para el ganado ampliamente
utilizada en la medicina veterinaria tradicional. La utilísima
muña, repelente "ecológico" que aleja
a los bichos de los granos y tubérculos almacenados. Hay
que sumar, además, una interminable lista de especies medicinales,
utilizadas por los lugareños para remediar diversos males.
Así, por ejemplo, tenemos el capulí, cuyas hojas
en infusión son buen remedio para la tos y las irregularidades
cardiacas; El llantén de altura, recomendado para cólicos
y gastritis, o el molle, cuyas hojas en infusión se ingieren,
en la zona, para casos de hepatitis.
Este es apenas un fragmento de la amplísima información,
sobre las riquezas de la flora del Santuario Nacional de Ampay,
que divulgan los autores Rainer Hostnig y Ciro Palomino.
REFUGIO SILVESTRE
Ampay es un verdadero refugio para variedad de especies de nuestra
fauna, muchas de ellas en peligro de extinción. Por estos
bosques y cerros proliferan los pumas, las tarucas y venados,
la vizcacha y, a saber, en las partes menos accesibles de las
laderas de la quebrada de uno de los ríos del lugar: el
Pachachaca, sobreviven aún unos pocos ejemplares del cada
vez más amenazado oso de anteojos.
Se albergan también en este santuario serrano, un centenar
de especies de aves, entre las que destacan la variedad de pintorescos
colibríes o picaflores.
Existe una sola especie de reptil: La serpiente andina, o "pata-pata",
tan simpática ella que su mordedura es inofensiva. Esta
es también tierra del cuy silvestre, del zorro, el cóndor
y halcones como el killincho, la gaviota serrana, diversas palomas,
loritos y patos, entre otros. Fauna abatida, lamentablemente considerada
"trofeo" por los dizque "deportistas" y por
los cazadores furtivos; Formas de vida que retroceden al ritmo
de su hábitat depredado, por el sobre pastoreo y la tala
de árboles para utilizar la madera como leña.
Los estudiosos Hostnig y Palomino son, sin embargo, optimistas
y consideran que poco a poco, gracias al apoyo de las poblaciones
rurales, al trabajo de los grupos ambientales y a la mayor conciencia
"verde", las cosas empiezan a cambiar. "Ampay tiene
un inmenso potencial para el desarrollo de un turismo alternativo,
es decir ecológico y de aventura. Desarrollar proyectos
que beneficien a las comunidades aledañas es el mejor 'seguro
de vida' para este bellos paraje".
LA AVENTURA DEL TURISMO
El Santuario Nacional de Ampay, amen de la biodiversidad que
cobija, es un verdadero emporio de bellezas paisajísticas,
con imponentes grutas e interesantes restos arqueológicas
(como las ruinas de Q'orimarca, entre otras). Estamos, pues, ante
una importancia polo de atracción turística que
debiera sustentar, en la zona, el desarrollo a gran escala de
la llamada 'industria sin chimeneas'.
Rainer Hostnig y Ciro Palomino indican en su "El Santuario
Nacional Ampay: Refugio de la Intimpa en Apurímac Perú",
a presentarse esta noche: "A pesar de estar lejos de los
centros del andinismo internacional, el Ampay se presta de forma
ideal para excursiones y deportes de alta montaña. La época
más propicia es de mayo a octubre, por lo despejado del
cielo".
Hostnig, belga convertido en peruano por amor a esta tierra y
opción, sostiene: "Para gente con espíritu
de aventura y buena condición física, hay una ruta
muy atractiva en términos ecológicos, paisajísticos
y arqueológicos. Se trata del camino al bosque de intimpas
de Pacobamba, ya en la provincia de Andahuaylas, así como
a la fortaleza precolombina Llaqtapata, en la cima de un cerro
que se eleva en forma casi perpendicular en el cañón
del río Pachachaca".
El destacado arquitecto de Abancay Enrique Alfaro, uno de los
colaboradores de esta hermosa edición nos recuerda: "Para
quienes gustan del contacto con la naturaleza, existen muchas
posibilidades de pasar agradables y excitantes momentos, ya sea
con caminatas hacia lugares exóticos, práctica de
la fotografía, canotaje, entre otras... Las pocas personas
de fuera que han tenido la oportunidad de conocerlo difícilmente
borrarán de la memoria su impresionante paisaje y la calidez
de su ambiente natural y cultural".
Ampay para conocer. La obra de Hostnig y Palomino es sin duda
una ventana, una puerta de entrada a un paraíso incomparable,
incrustado en los Andes sur orientales, cerca muy cerquita al
cielo, en un departamento que por algo fue bautizado como Apurímac,
que en quechua quiere decir "El Dios que habla"...