Diario El Comercio Lima -Perú 07 - 01 -1998

Martha Meier MQ.

 
Santuario nacional de Ampay
Entre la nieve y los árboles del sol...
 

Ampay. Palabra dulce y cortita. Musical nombre para una pequeña montaña cubierta de nieve perpetua, un copo de algodón a la distancia, un extenso campo de plumas blancas. Centinela que guarda un recóndito rincón de los Andes sur orientales peruanos. A este poco conocido macizo de la Cordillera de Vilcabamba, debe su nombre una de las áreas naturales protegidas más bellas de nuestra sierra: el Santuario Nacional de Ampay.

Verdadera isla biológica donde se ubican cuatro zonas de vida natural, en las que medra una asombrosa diversidad de especies de flora y fauna, muchas exclusivas del lugar. Escondidos en las alturas de Apurímac se extienden estos paisajes, que parecen arrancados del más hermoso de los sueños. Tierra de pequeñas y grandes lagunas, donde se dan cita aves acuáticas; tímidos riachuelos y cristalinas cascadas, fuentes de agua alimentadas desde hace milenios por los deshielos.

Estamos en el imperio de las "intimpas", los árboles del sol, un lugar que ha quedado felizmente "capturado" para siempre en 153 páginas. Esta noche, en la sede del Club Apurímac, de Lima, será presentado "El Santuario Nacional de Ampay: Refugio de la Intimpa en Apurímac, Perú". Tal hazaña ha sido posible gracias al esfuerzo de Rainer Hostnig y Ciro Palomino, los autores del libro. Hoja tras hoja nos revela los secretos de este pedacito de paraíso llamado Ampay... Puyas de Raimondi, más conocidas en Apurímac como "titanca". Cactus diversos. Algas y líquenes que crecen sobre la nieve misma. Musgos, helechos, hongos. Orquídeas que parecen gotas de color salpicadas sobre el verde intenso.

Tillandsias, bellas plantas epífitas, es decir flora no parásita que puede desarrollarse sobre otras plantas, especialmente en las ramas de los árboles descolgándose como guirnaldas. Fucsias de rojo intenso. Begonias. La cantuta, flor símbolo peruano.

Romerillo, árbol del género Podocarpus -única conífera nativa de nuestro país-, que toma aquí el poético nombre de intimpa, voz quechua que quiere decir árbol del sol, y que por estas fechas se encuentra en plena actividad reproductiva.

Nutritivos frutos como la siraca, muju-muju, tumbo, entre otros. Plantas como la verbena, acaricida natural para el ganado ampliamente utilizada en la medicina veterinaria tradicional. La utilísima muña, repelente "ecológico" que aleja a los bichos de los granos y tubérculos almacenados. Hay que sumar, además, una interminable lista de especies medicinales, utilizadas por los lugareños para remediar diversos males. Así, por ejemplo, tenemos el capulí, cuyas hojas en infusión son buen remedio para la tos y las irregularidades cardiacas; El llantén de altura, recomendado para cólicos y gastritis, o el molle, cuyas hojas en infusión se ingieren, en la zona, para casos de hepatitis.

Este es apenas un fragmento de la amplísima información, sobre las riquezas de la flora del Santuario Nacional de Ampay, que divulgan los autores Rainer Hostnig y Ciro Palomino.

REFUGIO SILVESTRE

Ampay es un verdadero refugio para variedad de especies de nuestra fauna, muchas de ellas en peligro de extinción. Por estos bosques y cerros proliferan los pumas, las tarucas y venados, la vizcacha y, a saber, en las partes menos accesibles de las laderas de la quebrada de uno de los ríos del lugar: el Pachachaca, sobreviven aún unos pocos ejemplares del cada vez más amenazado oso de anteojos.

Se albergan también en este santuario serrano, un centenar de especies de aves, entre las que destacan la variedad de pintorescos colibríes o picaflores.

Existe una sola especie de reptil: La serpiente andina, o "pata-pata", tan simpática ella que su mordedura es inofensiva. Esta es también tierra del cuy silvestre, del zorro, el cóndor y halcones como el killincho, la gaviota serrana, diversas palomas, loritos y patos, entre otros. Fauna abatida, lamentablemente considerada "trofeo" por los dizque "deportistas" y por los cazadores furtivos; Formas de vida que retroceden al ritmo de su hábitat depredado, por el sobre pastoreo y la tala de árboles para utilizar la madera como leña.

Los estudiosos Hostnig y Palomino son, sin embargo, optimistas y consideran que poco a poco, gracias al apoyo de las poblaciones rurales, al trabajo de los grupos ambientales y a la mayor conciencia "verde", las cosas empiezan a cambiar. "Ampay tiene un inmenso potencial para el desarrollo de un turismo alternativo, es decir ecológico y de aventura. Desarrollar proyectos que beneficien a las comunidades aledañas es el mejor 'seguro de vida' para este bellos paraje".

LA AVENTURA DEL TURISMO

El Santuario Nacional de Ampay, amen de la biodiversidad que cobija, es un verdadero emporio de bellezas paisajísticas, con imponentes grutas e interesantes restos arqueológicas (como las ruinas de Q'orimarca, entre otras). Estamos, pues, ante una importancia polo de atracción turística que debiera sustentar, en la zona, el desarrollo a gran escala de la llamada 'industria sin chimeneas'.

Rainer Hostnig y Ciro Palomino indican en su "El Santuario Nacional Ampay: Refugio de la Intimpa en Apurímac Perú", a presentarse esta noche: "A pesar de estar lejos de los centros del andinismo internacional, el Ampay se presta de forma ideal para excursiones y deportes de alta montaña. La época más propicia es de mayo a octubre, por lo despejado del cielo".

Hostnig, belga convertido en peruano por amor a esta tierra y opción, sostiene: "Para gente con espíritu de aventura y buena condición física, hay una ruta muy atractiva en términos ecológicos, paisajísticos y arqueológicos. Se trata del camino al bosque de intimpas de Pacobamba, ya en la provincia de Andahuaylas, así como a la fortaleza precolombina Llaqtapata, en la cima de un cerro que se eleva en forma casi perpendicular en el cañón del río Pachachaca".

El destacado arquitecto de Abancay Enrique Alfaro, uno de los colaboradores de esta hermosa edición nos recuerda: "Para quienes gustan del contacto con la naturaleza, existen muchas posibilidades de pasar agradables y excitantes momentos, ya sea con caminatas hacia lugares exóticos, práctica de la fotografía, canotaje, entre otras... Las pocas personas de fuera que han tenido la oportunidad de conocerlo difícilmente borrarán de la memoria su impresionante paisaje y la calidez de su ambiente natural y cultural".

Ampay para conocer. La obra de Hostnig y Palomino es sin duda una ventana, una puerta de entrada a un paraíso incomparable, incrustado en los Andes sur orientales, cerca muy cerquita al cielo, en un departamento que por algo fue bautizado como Apurímac, que en quechua quiere decir "El Dios que habla"...