Diario El Comercio Lima -Perú
20-07-1991

Martha Meier MQ.

 
Pequeñas víctimas del egoísmo
 

El argumento más utilizado para convencernos de la necesidad de proteger el entorno es el de hacernos ver que la Tierra no nos pertenece, que es de nuestros hijos e hijas y que a ellos hay que dejarles un entorno sano. Pasa muchas veces, sin embargo, que los terribles problemas ambientales logran hacer perder de perspectiva a las verdaderas, y más inocentes, víctimas. Que el camino recorrido tras el ansiado, y poco comprendido, progreso no ha sido el más correcto, es asunto que a estas alturas de la historia ya nadie pone en duda. Basta mirar las heridas abiertas de las selvas, el paso apurado de los desiertos, ríos y mares envenenados, la desolada y desnuda piel de las montañas. Los gases asfixiantes que envuelven a las grandes ciudades del planeta los millones de ojos suplicantes. Niños y niñas, con hambre, muriendo antes de haber comprendido que estaban vivos. Todo es un patético ejemplo de lo mal que andan las cosas.

Estamos, pues, atrapados en un egoísta sistema que se apoya en la explotación violenta e irracional de los recursos naturales, en arrancar del vientre de la tierra lo que no se ha sembrado. Un sistema que sostiene la riqueza de unos cuantos a costa de la pobreza de millones. Compartir, es una palabra que se repite poco en estos tiempos, lamentablemente...

No pocas veces ocurre que la esplendorosa flora y fauna del planeta (en peligro por los descalabros causados por los "adultos responsables") desvía la atención de las verdaderas y más inocentes víctimas del caos ecológico. Las niñas y los niños, que nada tienen que ver en las pésimas decisiones políticas, a quienes nada se les consulta son los más afectados. La creciente polución de nuestras apretadas ciudades, por ejemplo, afecta mucho más profundamente a los "enanos". Un organismo en crecimiento (y por tanto aún en formación) necesita de agua pura, una dieta variada y balanceada, espacio para jugar y aire limpio. Algo cada vez más escaso.

Un documento preparado por la Conferencia Episcopal Peruana informa que para el dos mil, diez millones de pequeños y pequeñas peruanas (menores de catorce años) compartirán con nosotros este golpeado territorio. Informan, además, que en la actualidad viven cerca de ocho millones y medio, la mayoría procedentes de familias pobres y necesitadas. Esto, seguramente, ayudará a que los argumentos antinatalistas cobren vigor. Salidas malthusianas, egoístas e inhumanas es lo menos que se necesita. Si bien es cierto se debe ordenar el crecimiento demográfico y reducirlo, no hay que caer en el juego de promover campañas masivas que nos exponen exclusivamente a nosotras, las mujeres, a una serie de sustancias y métodos peligrosos y en experimentación. No dejemos tampoco que ocurra que las campañas de planificación se dirijan exclusivamente a las mujeres marginales para que "no sean reproductoras de pobreza", según se expresan los planificadores. No hay que perder la brújula: la pobreza debe ser atacada desde otros frentes. Acabar con los verdaderos agentes empobrecedores de nuestras sociedades nos ayudará, a la vez, a liquidar las mismísimas raíces del deterioro ambiental.

Triste realidad

Todos los problemas ambientales que nos aquejan, repercuten directamente sobre los más chiquitos. El empobrecimiento de los suelos, la pérdida de tierras cultivables, el abandono del campo, la baja productividad agrícola...Tenemos, por ejemplo, que casi la mitad (exactamente cuarenticinco por ciento) de la población infantil presenta problemas de desnutrición. Si bien es cierto que otras son las causas de esta vergonzosa situación, los problemas antes mencionados no hacen más que profundizarla.

Nuestro país, el Perú, está en tercer lugar a nivel latinoamericano en lo que se refiere a mortalidad infantil, con ochentitres muertes por cada mil nacimientos (cada día cientos de niñas y niños mueren debido al hambre y a enfermedades que a las puertas del siglo veintiuno parecen increíbles: diarrea, enfermedades respiratorias y otras que pudieron ser prevenidas por vacunas).

Sólo el 44 por ciento de la población cuenta con agua potable, sólo diez por ciento tiene acceso a los programas de salud, un tercio de la población en edad escolar no tiene acceso a la educación, más de un millón de peruanitos y peruanitas deben realizar arduos trabajos tanto en el campo como en las polucionadas ciudades.

Pequeña muestra de los múltiples problemas a los que, por nuestro egoísmo e indiferencia, debe enfrentarse la niñez. La premisa ecologista de conservar por el bien de las futuras generaciones no debe olvidar el trabajar, hoy, por mejorar y elevar la calidad de vida de los más pequeños. No hay recurso más grande para una nación que sus hombres y mujeres y en este sentido las niñas y los niños son los únicos capaces de hacernos soñar y prometernos que habrá un mañana...

El Comercio Pagina de Ecología