En
varias ocasiones nos hemos referido a los estragos ambientales que
causan los conflictos armados. Este artículo de ecología
es el primero del presente año. Por ello hemos querido tratar,
una vez más, el tema de la Paz.
Es doloroso reconocerlo pero nuestro único hogar, el universo,
este pequeñito y azul balón llamado Tierra, ha recibido
una patada que lo dirige hacia la guerra. Nadie sabe como; ni con
que lógica se formaron los equipos; nadie preguntó si
queríamos entrar en este macabro juego. Pero aquí estamos
todos: mujeres, hombres, niñas, niños. Asustados, prendidos
con uñas y dientes a nuestra esfera, soñando con frenarla,
esperando que no caiga en el vacío de un partido en el que
sólo habrá perdedores. Mientras tanto, la oscura fanfarria
de los tambores de guerra anuncia lo inminente. Algunos ya decidieron
qué día estará el primer proyectil: quince de
enero si Hussein no ser retira de Kuwait y no acepta una última
conversación con Bush.
Guerras, dicen, ha habido siempre y siempre habrá, pero
ésta, opinan los especialistas, podría ser la más
cruel y terrible, pues mucho han `progresado' nuestras técnicas
de muerte...
Con la mirada triste, visiblemente emocionado y tratando de evitar
lo que ya parece inevitable, Su Santidad Juan Pablo II dirigió
a su acostumbrado mensaje por Año Nuevo.
Este hombre que conoció en carne propia los horrores dela
Segunda Guerra Mundial, que vio como morían millones de seres
humanos y que comprobó que las batallas no sólo erosionan
el paisaje, sino también las almas dijo: `Con sentimientos
de congoja, mis deseos se dirigen al Oriente Medio, en la esperanza
de que 1991 sea para todos un año de paz y no de guerra'.
Un deseo que, seguramente, todas las lectoras y lectores de esta
página comparten.
Lamentablemente, su congoja tiene fundamento. A estas alturas los
analistas políticos no vislumbran una posibilidad pacífica
al conflicto del Golfo Pérsico; la guerra -dicen- es `inminente'
¿Quien tiene la culpa? sin duda ese grupo de líderes
que se empeña en lucir su macho poderío en esta guerra,
quizá la mas cruel de todas las que haya visto nuestra especie.
El costo de la guerra
En esa árabe y árida escenografía, las armas
químicas y biológicas serán cosa de todos los
días. Probablemente hayan también algunas (o muchas)
explosiones nucleares. La factura ambiental de estas, nuestras,
modernas batallas será inmensa.
Tierras y fuentes de agua quedarán profundamente envenenadas
con los gases neuro tóxicos y otras inmundicias químicas
que allá se utilizarán. Mortíferos virus y
bacterias, diseminados por toda la zona, y , probablemente, llegarán
impulsados por los vientos hacia otras regiones. De utilizarse artefactos
nucleares (hoy miles de veces más potentes que los de Hiroshima),
algo similar ocurrirá con la radiactividad.
Pero no sólo el uso de tales `maravillas tecnológicas'
(desarrolladas gracias al despilfarro diario de casi tres mil millones
de dólares) impactará negativamente sobre el entorno...Según
se dio a conocer hace pocos días en Londres, el incendio
(inevitable en una guerra) de los cientos de inmensos depósitos
de petróleo de la zona en conflicto, podría ocasionar
una gigantesca humareda que sería visible inclusive a mil
quinientos kilómetros de Kuwait. Y no sólo eso...según
un químico británico esta humareda impediría
la formación de los vientos monzones y sus usuales lluvias
(esa agua fresca de la que dependen unos mil millones de seres humanos
en el Asia). Además, los humos bloquearían los rayos
solares y por tanto la temperatura podría descender veinte
grados centígrados, causando estragos sobre los frágiles
ecosistemas de la zona. Y cómo si todo esto no fuera suficiente:
el agua de las lluvias quedaría seriamente contaminada y
envenenaría además suelos y aguas subterráneas.
Pero más allá del costo ecológico está
el costo social. Un conflicto de tales magnitudes deja cicatrices
en el alma muy difíciles de borrar. La guerra es un asunto
en el que se despilfarran recursos económicos. El planeta
necesita escuelas, hospitales, maquinaria agrícola programas
que permitan recuperar la fertilidad de los suelos y reforestar
los desiertos. Los seres humanos necesitan alimentos agua fresca,
viviendas dignas, medicinas, ¡NO! guerras.
Es una vergüenza que en un planeta donde prácticamente
media humanidad pasa hambre, el mundo `desarrollado' invierta la
escandalosa suma de un trillón de dólares cada año
en armas. Los ejemplos dan asco: un solo submarino del tipo Trident
cuesta unos 1,400 millones de dólares, es decir el costo
equivalente de una campaña de vacunación infantil
masiva que salvaría la vida de un millón de niños
cada año. Un solo submarino nuclear cuesta igual que el presupuesto
anual para la educación de casi doscientos millones de niños...
Una aventura sin retorno
En días pasados el Papa dijo que una eventual guerra en
el golfo sería una `aventura sin retorno'. Eso no es exagerado.
Recordemos lo que Amador Mahtar M'Brown (de la UNESCO) escribiera
en 1982 en su libro `Las raíces del futuro: `La guerra ha
cambiado hoy en día de naturaleza. Es tal la capacidad y
potencia destructora de las armas nucleares modernas, así
como de las armas químicas y biológicas, que un conflicto
entre las grandes potencias (en el que inevitablemente se emplearían
esas armas) acarrearía la destrucción de la humanidad.
Lo que distingue radicalmente a la época actual de las precedentes
es esta capacidad que tiene la humanidad de destruirse. Este hecho
no tiene precedentes en la historia y es menester recordarlo constantemente'.
No caigamos, pues, en el juego ridículo de tomar partido
por uno u otro bando: en una guerra no hay buenos y malos, ni ganadores
ni perdedores. En una guerra los ejércitos serán siempre
los malos y el resto de la humanidad (usted, yo, nuestros hijos
amigos y parientes) los más grandes perdedores.
Esperamos como Juan Pablo II que 1991 sea un año de paz
y no de guerra. Ojalá no se sigan despilfarrando recursos
en herramientas de muerte y más bien esos fondos se destinen
a solucionar la pobreza de tantos hombres, mujeres y niños.
Sólo cuando haya paz, y la justicia social y los derechos
humanos sean más que frases, podremos lograr que nuestro
planeta sea el paraíso que tanto soñamos...
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