Diario El Comercio Lima -Perú 19-01-1991

Martha Meier MQ.

 
Lima : Belleza escondida
 

456 años de fundada celebró ayer Lima. Hoy, la alguna vez llamada Ciudad Jardín es una gigantesca urbe rodeada de esteras, barro y basurales que crece arrasándolo todo con el desorden de sus pasos. Ruidos incesantes de toda clase, humos y hedores que el calcinante sol de verano profundiza.

Suciedad y pobreza. El caos que hoy reina es el patético resultado de años de improvisación y egoísmo frente al medio ambiente.

La Lima de Pizarro, con menos de un centenar de habitantes y 214 hectáreas de superficie, cubre hoy cuarenta mil hectáreas y es habitada por casi siete millones de personas, muchas de los cuales recuerdan aún el aroma quieto de los parques, el color intenso de sus flores y el canto potente de la cuculí...

Jorge Eduardo Eielson en su novela-collage Primera Muerte de María nos da una visión lúgubre de la Lima del futuro. Y se pregunta: "Pero ¿qué cosa era Lima? ¿Esa playa interminable, sembrada de pescado y pájaros muertos? ¿Esa espantosa humedad que todo lo podría y lo llenaba de polilla? ¿Esos pobres hermanos suyos cubiertos de arena, de harapos y de piojos?.."

Esta es, sin duda, una visión pesimista, pero por lo general la literatura se ha esforzado en darnos ese tipo de imágenes de nuestra ciudad. De la pobre se ha dicho casi de todo: "Horrible" dijo Salazar Bondy. Martín Adán en su Casa de Cartón se refiere a ella como "Lima, la sucia Lima, caballista, comercial, deportiva, nacionalista tan seria..." . Y Herman Mellville en su "Moby Dick" nos habla de "...la imposible Lima, la ciudad más triste y extraña que se pueda imaginar..."

No uno sino muchos problemas

ñas y los limeños producimos un kilogramo de basura al día, es decir que los habitantes de esta entristecida urbe "fabricamos" en conjunto tres toneladas y media de desperdicios cada 24 horas. Como si las basuras no fueran suficiente problema, hemos asfaltado casi la totalidad de nuestras tierras fértiles (no sólo en el valle del Rimac sino además en los del Chillón y Lurín). Y si hablamos de ríos tenemos que decir que el río "hablador" se ha transformado en uno de los más sucios del planeta, un río muerto que aniquiló la rica fauna que antaño habitaba en sus aguas.

Hay quienes miran con nostalgia esa Lima que se nos escapó y hasta podrían jurar que fuimos victimas de un conjuro maléfico. Pero ¿qué pasó con Lima? ¿En qué momento perdimos el rumbo?...

Si bien, es cierto que nuestras autoridades pocas veces han actuado con una visión a largo plazo, el peso de la responsabilidad no debe caer exclusivamente sobre sus hombros. En el caso de un juicio todos y todas nosotras tendríamos que sentarnos sobre el banquillo de los acusados. Si los casi siete millones que hoy somos pusiéramos un granito de arena, un poco de esfuerzo y cariño para aligerar las faenas de limpieza y conservación de la ciudad, indudablemente Lima volvería a ser la bella Ciudad Jardín, el sueño eterno de poetas y trovadores.

Quizá el barón Von Humboldt tuvo razón cuando escribió: "Un egoísmo frío gobierna a todos y lo que no sufre uno mismo no da cuidado al otro". Le faltó añadir que inclusive lo que a todos atañe importa poco. Indudablemente lo que la ciudad necesita, hoy cumplidos sus 456 años, es que sus habitantes comprendan que de ellos depende transformarla en una metrópoli limpia, refrescada por la sombra de los árboles y el colorido perfume de las flores y con sus casas, edificios y monumentos limpios. Las autoridades, es cierto, deben hacer también lo suyo en asuntos como el ordenamiento del comercio ambulatorio, en la restricción a vehículos obsoletos y contaminantes, en el reciclaje de aguas servidas. .Juntos, autoridades, vecinos y vecinas, debemos trabajar para volver a traer ese pasado de esplendor.

El mejor de los parajes

Que nadie se atreva a decir lo contrario, Lima se fundó en el mejor de los parajes del calcinante desierto costeño. Si las huestes de don Francisco Pizarro determinaron que aquí debía establecerse la capital del Perú fue porque se trataba de un valle fértil y cercano al mar; inalterable campiña rodeada de frondosos bosques y refrescada por un río de aguas transparentes. Mucho anduvieron los españoles descartando en su recorrido otros poblados y parajes por no reunir las condiciones óptimas para establecer la que sería una de las capitales más importantes de la Colonia.

Fue sólo aquí, en las tierras del curaca Taulichusco, donde los españoles se dieron cuenta de que se podría desarrollar una grandiosa ciudad. Hoy, 456 años después, de cada uno de nosotros depende recuperar lo que fue esta Lima de la que Cieza de León escribiera: "...hay muchas estancias y heredamientos, donde los españoles tienen sus ganados y palomares y muchas viñas y huertas muy frescas y deleitosas, llenas de las frutas naturales de la tierra, y de higuerales, platanales, granadas, cañas dulces, melones, naranjas, limas, cidras, toronjas y las legumbres que se han traído de España; todo tan bueno y gustoso que no tiene falta, antes digno por su belleza para dar gracias al gran Dios y Señor nuestro que lo crío. Y cierto, para pasar la vida humana, cesando los escándalos y alborotos y no habiendo guerra, verdaderamente es una de las buenas tierras del mundo, pues vemos que en ella no hay hambre, ni pestilencia, ni llueve, ni caen rayos ni relámpagos, ni se oyen truenos, antes siempre está el cielo sereno y muy hermoso"...