Diario El Comercio Lima -Perú 14 - 01 -1998

Martha Meier MQ.

 
Villa de las maravillas
¿Qué sería Lima sin ti?
 

Aquí la paz. Aquí la vida. La totora alargando su verde talle hacia las nubes. El agua quieta, aflorando desde hace milenios en estos terrenos salinos cercanos al mar. Aguas procedentes de los deshielos andinos, de la cuenca del Rímac y de antiguas zonas de riego en las partes altas cercanas al lugar que han creado un universo maravilloso. Garzas blanquísimas como la espuma cercana alzan repentino vuelo. Otras de plumas azules como detenidas en el tiempo, como estatuas, como piedras.

De los juncos y totorales escapa el canto de alguna ave escondida. Aquí el verdor. Aquí la última zona silvestre dentro del perímetro urbano de la capital del Perú. Estamos en los Pantanos de Villa, verdadera joya ecológica que se salvó de ser sepultada bajo la gruesa lápida de cemento, fierros y esteras que aniquilaron tantos otras rincones de una ciudad que, como una fiera enloquecida, ha empezado a devorarse a sí misma. Ultimo reducto de la naturaleza, sitio de vital importancia para la supervivencia de más de un centenar de aves acuáticas y migratorias, amenazada hoy por una nueva fábrica. Dentro de cuatro días, el domingo, Lima cumple. ¡463 años de fundada! Buena fecha para dirigir la mirada hacia ese paraíso y preguntarse ¿qué sería de esta ciudad sin su último pedacito salvaje?

El domingo Lima está de fiesta. Este 18 de enero, la capital del Perú cumple 463 años de fundada. Cómo andan las cosas algunos dicen que más bien de... ¡fundida!, Especialmente en lo que a asuntos ecológicos se trata. La fábrica y los pantanos

En las últimas semanas la Zona Reservada de los Pantanos de Villa, verdadera "Villa de las Maravillas", se ha convertido una vez más en noticia de primera plana. ¿La razón? Nada agradable ni 'verde', por cierto. Demás está referirse una vez más a lo que la opinión pública ya conoce: la horrorosa mole construida por la empresa Lucchetti, a escasos metros de lo que es el último refugio de vida silvestre de la capital.

¿Por qué las autoridades, que hay se rasgan las vestiduras por este pequeño paraíso, esperaron a que la mole estuviera prácticamente terminada para armar el lío? Es la pregunta que da vueltas en la cabeza de muchos. De esta interrogante se desprenden otras muchas. En este descabellado caso, sin embargo es difícil hallar respuestas lógicas, coherentes o por lo menos convincentes. ¿Arrollo o desarrollo?

El asunto tiene enfrentado al Concejo de Lima. El alcalde Alberto Andrade recién ahora dice ¡No!, Tras haber sentenciado a muerte al Parque Salazar del distrito de Miraflores, que lo erigió como figura política. Regidores piden la paralización de la obra, su demolición, el "recorte" de algunos metros de altura.

Otros representantes del municipio limeño manifiestan su preocupación por la posibilidad que la inversión extranjera se vea amenazada por estas "marchas y contramarchas". Razón tampoco les falta.

La empresa Lucchetti S.A., como se sabe de capital chileno, tras el tremendo "chongo" que se ha armado, asegura, ahora tener gran preocupación por los aspectos ambientales y que se compromete a preservar la joya ecológica llamada Pantanos de Villa. En fin...

"Si de buscar culpables se trata -indica un vocero de la Red Nacional de Acción Ecologista (Renace-Perú)- habría que señalar al ex ministro de Agricultura, Absalón Vásquez. Durante su periodo estuvo encarpetado el proyecto de decreto ley que hubiera declarado Santuario Nacional esta bella zona. Por lógica los alrededores habrían quedado reservados y hoy no estaríamos viviendo este patético problema. Fue la falta de visión y nulo compromiso con la conservación de Vásquez lo que nos ha llevado a la actual situación en el Caso Villa", concluyen.

Isla de vida

Para bien o para mal el asunto de Lucchetti ha puesto sobre el tapete, otra vez, conceptos como desarrollo, inversión, libre empresa. ¿Qué queremos para el futuro de nuestra ciudad? ¿Qué es lo verdaderamente importante? Estas son preguntas que deberíamos contestarnos este domingo, cuando la maltratada capital apague una velita más.

Los Pantanos de Villa son una isla de vida, rodeada de asfalto. Su sólo nombre es sinónimo de un pequeñito rincón que siempre logró vencer la feroz batalla de la supervivencia. Aprovechar con fines pedagógicos y turísticos este lagunar costero, donde prolifera variada flora y fauna, es una prioridad.

Ordenar el crecimiento de la ciudad y conservar sus últimas áreas verdes es obligación de las autoridades. Respetar la vida, ante todo, en beneficio de todas y todos, es el reto. Y mientras todo parece entrampado, un callejón sin salida, cae el sol sobre el agua y la pinta de colores, mientras la silueta de una estilizada garza parece recortada sobre el luminoso escenario.