Aquí la paz. Aquí
la vida. La totora alargando su verde talle hacia las nubes. El
agua quieta, aflorando desde hace milenios en estos terrenos salinos
cercanos al mar. Aguas procedentes de los deshielos andinos, de
la cuenca del Rímac y de antiguas zonas de riego en las
partes altas cercanas al lugar que han creado un universo maravilloso.
Garzas blanquísimas como la espuma cercana alzan repentino
vuelo. Otras de plumas azules como detenidas en el tiempo, como
estatuas, como piedras.
De los juncos y totorales escapa el canto de alguna ave escondida.
Aquí el verdor. Aquí la última zona silvestre
dentro del perímetro urbano de la capital del Perú.
Estamos en los Pantanos de Villa, verdadera joya ecológica
que se salvó de ser sepultada bajo la gruesa lápida
de cemento, fierros y esteras que aniquilaron tantos otras rincones
de una ciudad que, como una fiera enloquecida, ha empezado a devorarse
a sí misma. Ultimo reducto de la naturaleza, sitio de vital
importancia para la supervivencia de más de un centenar
de aves acuáticas y migratorias, amenazada hoy por una
nueva fábrica. Dentro de cuatro días, el domingo,
Lima cumple. ¡463 años de fundada! Buena fecha para
dirigir la mirada hacia ese paraíso y preguntarse ¿qué
sería de esta ciudad sin su último pedacito salvaje?
El domingo Lima está de fiesta. Este 18 de enero, la capital
del Perú cumple 463 años de fundada. Cómo
andan las cosas algunos dicen que más bien de... ¡fundida!,
Especialmente en lo que a asuntos ecológicos se trata.
La fábrica y los pantanos
En las últimas semanas la Zona Reservada de los Pantanos
de Villa, verdadera "Villa de las Maravillas", se ha
convertido una vez más en noticia de primera plana. ¿La
razón? Nada agradable ni 'verde', por cierto. Demás
está referirse una vez más a lo que la opinión
pública ya conoce: la horrorosa mole construida por la
empresa Lucchetti, a escasos metros de lo que es el último
refugio de vida silvestre de la capital.
¿Por qué las autoridades, que hay se rasgan las
vestiduras por este pequeño paraíso, esperaron a
que la mole estuviera prácticamente terminada para armar
el lío? Es la pregunta que da vueltas en la cabeza de muchos.
De esta interrogante se desprenden otras muchas. En este descabellado
caso, sin embargo es difícil hallar respuestas lógicas,
coherentes o por lo menos convincentes. ¿Arrollo o desarrollo?
El asunto tiene enfrentado al Concejo de Lima. El alcalde Alberto
Andrade recién ahora dice ¡No!, Tras haber sentenciado
a muerte al Parque Salazar del distrito de Miraflores, que lo
erigió como figura política. Regidores piden la
paralización de la obra, su demolición, el "recorte"
de algunos metros de altura.
Otros representantes del municipio limeño manifiestan
su preocupación por la posibilidad que la inversión
extranjera se vea amenazada por estas "marchas y contramarchas".
Razón tampoco les falta.
La empresa Lucchetti S.A., como se sabe de capital chileno, tras
el tremendo "chongo" que se ha armado, asegura, ahora
tener gran preocupación por los aspectos ambientales y
que se compromete a preservar la joya ecológica llamada
Pantanos de Villa. En fin...
"Si de buscar culpables se trata -indica un vocero de la
Red Nacional de Acción Ecologista (Renace-Perú)-
habría que señalar al ex ministro de Agricultura,
Absalón Vásquez. Durante su periodo estuvo encarpetado
el proyecto de decreto ley que hubiera declarado Santuario Nacional
esta bella zona. Por lógica los alrededores habrían
quedado reservados y hoy no estaríamos viviendo este patético
problema. Fue la falta de visión y nulo compromiso con
la conservación de Vásquez lo que nos ha llevado
a la actual situación en el Caso Villa", concluyen.
Isla de vida
Para bien o para mal el asunto de Lucchetti ha puesto sobre el
tapete, otra vez, conceptos como desarrollo, inversión,
libre empresa. ¿Qué queremos para el futuro de nuestra
ciudad? ¿Qué es lo verdaderamente importante? Estas
son preguntas que deberíamos contestarnos este domingo,
cuando la maltratada capital apague una velita más.
Los Pantanos de Villa son una isla de vida, rodeada de asfalto.
Su sólo nombre es sinónimo de un pequeñito
rincón que siempre logró vencer la feroz batalla
de la supervivencia. Aprovechar con fines pedagógicos y
turísticos este lagunar costero, donde prolifera variada
flora y fauna, es una prioridad.
Ordenar el crecimiento de la ciudad y conservar sus últimas
áreas verdes es obligación de las autoridades. Respetar
la vida, ante todo, en beneficio de todas y todos, es el reto.
Y mientras todo parece entrampado, un callejón sin salida,
cae el sol sobre el agua y la pinta de colores, mientras la silueta
de una estilizada garza parece recortada sobre el luminoso escenario.