En
Buenos Aires metafóricamente hablando- la cosa está
que arde. Más de cuatro mil especialistas y representantes
oficiales de más de 160 países del globo se encuentran
reunidos para discutir temas 'acalorados'. Así es, la capital
Argentina es desde el último lunes 2 de noviembre sede de
la IV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de
las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o COP4. El
espíritu de las COP es lograr acuerdos que permitan implementar
la Convención de Cambios Climáticos, uno de los más
importantes instrumentos acordados durante la Cumbre de la Tierra,
realizada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992.
La última de ellas se desarrolló el pasado diciembre
en Japón. Allá se delineó lo que hoy se conoce
como el Protocolo de Kyoto. Suscrito por más de medio centenar
de países, el documento combina ambiciosas metas y novedosos
mecanismos para reducir las emisiones de los llamados 'gases invernadero'.
Según datos tales emisiones estarían llevando a
un dramático cambio en los patrones climáticos del
globo. Faltan aún firmas y ratificaciones para su entrada
en vigor y es, casualmente, en la búsqueda de consenso
que se viene trabajando estos días en la ciudad del Tango...
La húmeda huella de El Niño, su secuela de destrucción
sobre una extensa porción de América. La furia desatada
de los vientos convertida en el temible Mitch, huracán
que ha robado miles de vidas a su paso y borrado pueblos enteros.
Lluvias que recuerdan los bíblicos relatos sobre el diluvio.
Frágiles glaciares que empiezan a derretirse por sutiles
incrementos en la temperatura. Inviernos menos fríos, veranos
cada vez más tórridos, estaciones que no llegan
o que pasan casi desapercibidas. Prácticamente hoy no hay
recoveco en este planeta nuestro donde la gente no comente "el
clima se ha vuelto loco".
Y esa "locura" ya no está siendo tomada por
la ciencia como un simple arrebato natural sino como el preámbulo
de lo que se nos viene si fábricas, automóviles,
centrales térmicas y otras maravillas terrestres -que con
voracidad consumen y queman combustibles fósiles- siguen
'escupiendo' su gama de gases a la atmósfera.
DE RIO A BUENOS AIRES
En 1992, en la trascendental Cumbre de la Tierra, realizada en
Río de Janeiro, Brasil, los gobiernos del globo decidieron
que era tiempo de hacer algo para revertir las amenazas sobre
nuestro ambiente. Así nació, entre otros importantísimos
convenios internacionales, la Convención sobre Cambios
Climáticos.
Desde Río se ha venido andando lentamente en el afán
de avanzar mecanismos que permitan reducir la emisión de
los llamados 'gases invernadero' sin desplomar un modelo económico
y de desarrollo básicamente sustentado en el uso del petróleo.
Tras la cita de Río se realizaron sucesivas conferencias
de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas
sobre el Cambio Climático, COP.
La anterior se realizó en diciembre del año pasado,
en Kyoto, Japón. Ahora y hasta fines de esta semana, la
COP4 se desarrolla en Buenos Aires, Argentina. Se apunta a lograr
un acuerdo sobre las propuestas del llamado Protocolo de Kyoto,
que básicamente establece compromisos para reducir por
lo menos en 5% -con relación a los niveles de 1990- las
dañinas emisiones, en el período del 2000 al 2012.
AVANCES Y RETROCESOS
Para países como Alemania, por ejemplo, el asunto es parte
de su agenda política desde hace algunos años y
sus metas son mucho más ambiciosas.
Los germanos aseguran que sus reducciones serán de hasta...
¡8%! Esta decisión ha llevado a la Comunidad Europea,
en su conjunto, a asumir tan importante reto.
Estados Unidos de Norteamérica se ha convertido, de alguna
manera, en principal propulsor y vocero de la protección
climática. La administración del presidente Bill
Clinton, sin embargo, ha sido enfática al señalar
que no ratificará el Protocolo sin una participación
significativa de los países en vías de desarrollo.
Como se sabe varias de estas naciones son reacias a asumir compromisos
formales indicando que sus emisiones per cápita son bajísimas
comparadas a las de los países más desarrollados.
Según un reciente cable de la agencia noticiosa AP, firmado
por Oscar Serrat: "El Gobierno Norteamericano es uno de los
pocos que se negó a firmar el Protocolo de Kyoto, alegando
que los compromisos que impone pesan desproporcionadamente sobre
los países industrializados". Según la misma
agencia. "El temor norteamericano es que la reducción
del empleo de combustibles fósiles, especialmente petróleo
y carbón, produzca un aumento del costo de la energía
y elimine numerosos puestos de trabajo".
Sea como fuere, vale la pena resaltar que el país del
norte es uno de los que más propuestas ha aportado para
concretar fórmulas adecuadas y flexibles que permitan alcanzar
ciertas metas.
COMPROMISO PERUANO
Nuestro país, el Perú, está representado
en la cita de Buenos Aires por una delegación que lidera
Gonzalo Galdos, presidente del Consejo Nacional del Ambiente,
CONAM, e integrada por destacados especialistas entre los que
figuran el doctor Alberto Pasco Font, la ingeniera Josefina Takahashi,
jefa del Instituto Nacional de Recursos Naturales, Inrena, y el
empresario ambientalista Eduardo Zevallos Bellido, presidente
del Comité de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible Perú
2021.
Vale la pena recordar que nuestro país -pese al descalabro
ambiental que padece por la explotación rapaz de sus riquezas
naturales y la contaminación resultante de una industria
tecnológicamente obsoleta- contempla el tema de la reducción
de 'gases invernadero' en una propuesta legislativa.
Así es. El anteproyecto de la nueva Ley Forestal y de
Fauna, incluye un impuesto a la contaminación por uso de
combustibles generadores de las referidas emisiones, que se aplicaría
a partir del año 2025. La doctora Marcela López,
directora de Asuntos Especializados de la Cancillería,
nos informó que el Perú asumirá los compromisos
del Protocolo de Kyoto.
¿Y AHORA?
Mientras tanto el panorama de lo que saldrá de Buenos Aires
no está claro. No faltan los anuncios pesimistas asegurando
que la cita de las Naciones Unidas concluirá sin avances
significativos. Y no quedará más que esperar a la
COP5 del año venidero, cuya sede sería probablemente
Turquía.
Se dispara entonces la célebre pregunta del ilustre conservacionista
chileno Godofredo Stutzin ¿sirven las conferencias ecológicas?,
Con la que tituló en 1977 un artículo aparecido
en "El Mercurio", de Santiago.
Se respondía el mismo Stutzin: "Un creciente sentimiento
de frustración se apodera inevitablemente de quienes asisten
a estas conferencias con la mente puesta no sólo en los
papeles, que van formando montañas representativas de otros
tantos bosques talados, sino más que nada en los porfiados
hechos que, no obstante las recomendaciones, resoluciones, evaluaciones
y planes de acción, siguen su curso rumbo a la agonía
biológica del planeta. Todo indica, por desgracia, que
homo sapiens no será capaz de enmendar su rumbo suicida
'por la razón' y que sólo aprenderá la lección
ecológica 'por la fuerza', a través de los castigos
cada vez más drásticos que le ha de propinar la
misma naturaleza".