Diario El Comercio Lima -Perú 11 - 11 -1998

Martha Meier MQ.

 
Unidos contra el calor y el caos..
 
En Buenos Aires metafóricamente hablando- la cosa está que arde. Más de cuatro mil especialistas y representantes oficiales de más de 160 países del globo se encuentran reunidos para discutir temas 'acalorados'. Así es, la capital Argentina es desde el último lunes 2 de noviembre sede de la IV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, o COP4. El espíritu de las COP es lograr acuerdos que permitan implementar la Convención de Cambios Climáticos, uno de los más importantes instrumentos acordados durante la Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992.

La última de ellas se desarrolló el pasado diciembre en Japón. Allá se delineó lo que hoy se conoce como el Protocolo de Kyoto. Suscrito por más de medio centenar de países, el documento combina ambiciosas metas y novedosos mecanismos para reducir las emisiones de los llamados 'gases invernadero'.

Según datos tales emisiones estarían llevando a un dramático cambio en los patrones climáticos del globo. Faltan aún firmas y ratificaciones para su entrada en vigor y es, casualmente, en la búsqueda de consenso que se viene trabajando estos días en la ciudad del Tango... La húmeda huella de El Niño, su secuela de destrucción sobre una extensa porción de América. La furia desatada de los vientos convertida en el temible Mitch, huracán que ha robado miles de vidas a su paso y borrado pueblos enteros.

Lluvias que recuerdan los bíblicos relatos sobre el diluvio. Frágiles glaciares que empiezan a derretirse por sutiles incrementos en la temperatura. Inviernos menos fríos, veranos cada vez más tórridos, estaciones que no llegan o que pasan casi desapercibidas. Prácticamente hoy no hay recoveco en este planeta nuestro donde la gente no comente "el clima se ha vuelto loco".

Y esa "locura" ya no está siendo tomada por la ciencia como un simple arrebato natural sino como el preámbulo de lo que se nos viene si fábricas, automóviles, centrales térmicas y otras maravillas terrestres -que con voracidad consumen y queman combustibles fósiles- siguen 'escupiendo' su gama de gases a la atmósfera.

DE RIO A BUENOS AIRES

En 1992, en la trascendental Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro, Brasil, los gobiernos del globo decidieron que era tiempo de hacer algo para revertir las amenazas sobre nuestro ambiente. Así nació, entre otros importantísimos convenios internacionales, la Convención sobre Cambios Climáticos.

Desde Río se ha venido andando lentamente en el afán de avanzar mecanismos que permitan reducir la emisión de los llamados 'gases invernadero' sin desplomar un modelo económico y de desarrollo básicamente sustentado en el uso del petróleo. Tras la cita de Río se realizaron sucesivas conferencias de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP.

La anterior se realizó en diciembre del año pasado, en Kyoto, Japón. Ahora y hasta fines de esta semana, la COP4 se desarrolla en Buenos Aires, Argentina. Se apunta a lograr un acuerdo sobre las propuestas del llamado Protocolo de Kyoto, que básicamente establece compromisos para reducir por lo menos en 5% -con relación a los niveles de 1990- las dañinas emisiones, en el período del 2000 al 2012.

AVANCES Y RETROCESOS

Para países como Alemania, por ejemplo, el asunto es parte de su agenda política desde hace algunos años y sus metas son mucho más ambiciosas.

Los germanos aseguran que sus reducciones serán de hasta... ¡8%! Esta decisión ha llevado a la Comunidad Europea, en su conjunto, a asumir tan importante reto.

Estados Unidos de Norteamérica se ha convertido, de alguna manera, en principal propulsor y vocero de la protección climática. La administración del presidente Bill Clinton, sin embargo, ha sido enfática al señalar que no ratificará el Protocolo sin una participación significativa de los países en vías de desarrollo. Como se sabe varias de estas naciones son reacias a asumir compromisos formales indicando que sus emisiones per cápita son bajísimas comparadas a las de los países más desarrollados.

Según un reciente cable de la agencia noticiosa AP, firmado por Oscar Serrat: "El Gobierno Norteamericano es uno de los pocos que se negó a firmar el Protocolo de Kyoto, alegando que los compromisos que impone pesan desproporcionadamente sobre los países industrializados". Según la misma agencia. "El temor norteamericano es que la reducción del empleo de combustibles fósiles, especialmente petróleo y carbón, produzca un aumento del costo de la energía y elimine numerosos puestos de trabajo".

Sea como fuere, vale la pena resaltar que el país del norte es uno de los que más propuestas ha aportado para concretar fórmulas adecuadas y flexibles que permitan alcanzar ciertas metas.

COMPROMISO PERUANO

Nuestro país, el Perú, está representado en la cita de Buenos Aires por una delegación que lidera Gonzalo Galdos, presidente del Consejo Nacional del Ambiente, CONAM, e integrada por destacados especialistas entre los que figuran el doctor Alberto Pasco Font, la ingeniera Josefina Takahashi, jefa del Instituto Nacional de Recursos Naturales, Inrena, y el empresario ambientalista Eduardo Zevallos Bellido, presidente del Comité de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible Perú 2021.

Vale la pena recordar que nuestro país -pese al descalabro ambiental que padece por la explotación rapaz de sus riquezas naturales y la contaminación resultante de una industria tecnológicamente obsoleta- contempla el tema de la reducción de 'gases invernadero' en una propuesta legislativa.

Así es. El anteproyecto de la nueva Ley Forestal y de Fauna, incluye un impuesto a la contaminación por uso de combustibles generadores de las referidas emisiones, que se aplicaría a partir del año 2025. La doctora Marcela López, directora de Asuntos Especializados de la Cancillería, nos informó que el Perú asumirá los compromisos del Protocolo de Kyoto.

¿Y AHORA?

Mientras tanto el panorama de lo que saldrá de Buenos Aires no está claro. No faltan los anuncios pesimistas asegurando que la cita de las Naciones Unidas concluirá sin avances significativos. Y no quedará más que esperar a la COP5 del año venidero, cuya sede sería probablemente Turquía.

Se dispara entonces la célebre pregunta del ilustre conservacionista chileno Godofredo Stutzin ¿sirven las conferencias ecológicas?, Con la que tituló en 1977 un artículo aparecido en "El Mercurio", de Santiago.

Se respondía el mismo Stutzin: "Un creciente sentimiento de frustración se apodera inevitablemente de quienes asisten a estas conferencias con la mente puesta no sólo en los papeles, que van formando montañas representativas de otros tantos bosques talados, sino más que nada en los porfiados hechos que, no obstante las recomendaciones, resoluciones, evaluaciones y planes de acción, siguen su curso rumbo a la agonía biológica del planeta. Todo indica, por desgracia, que homo sapiens no será capaz de enmendar su rumbo suicida 'por la razón' y que sólo aprenderá la lección ecológica 'por la fuerza', a través de los castigos cada vez más drásticos que le ha de propinar la misma naturaleza".